La vida en un poema escrito en una servilleta. La vida en un Fa sostenido. La vida en una canción reproducida por un iPod. La vida en una nota.

Life on a love poem written on a napkin. Life on a F-sharp. Life on a tune played by an iPod. Life on a note.

sábado, diciembre 23, 2006

Lo MEJOR del 2006

Este año fue de buena música. Este par de listas son una prueba de ello. Las producciones que están allí incluidas son las que, en mi opinión, alcanzaron el nivel musical más destacado. Las que lograron hospedarse en mi memoria. Las que me hicieron recordar por qué la música es el arte que me hace sentir más vivo. Porque si bien todas las músicas pueden entrar por mis oídos, sólo la buena música es la que logra incorporarse en mi imaginario emocional. Estos discos fueron los culpables de eso –y mucho más- durante todo este año:

Nacional


1) Empatía – Gerry Weil, Pablo Gil & Nené Quintero
2) Suburbia – Embas
3) Super Pop Venezuela – Los Amigos Invisibles
4) 11 cuentos – Chucknorris
5) Dance Venezuela Vol. I – Compilador: José Luis Pardo
6) Coctel #5 - Masseratti 2lts
7) La Canción de Venezuela – Aquiles Báez y Aquiles Machado
8) Simón Díaz Remixes – Compilador: David Rondón
9) Baticonga – Nené Quintero
10) Beethoven’s 5th & 7th - Gustavo Dudamel y la Orquesta Sinfónica de la Juventud Venezuela

Internacional

1) State of Mind - Raul Midón
2) Spain Again – Michel Camilo & Tomatito
3) St. Elsewhere - Gnarls Barkley
4) Lunático – Gotan Project
5) Once Again – John Legend
6) Colorblind – Robert Randolph & the Family Band
7) Buika – Concha Buika
8) Get used to it – Brand New Heavies
9) 3121 – Prince
10) Hear the sound – Victor Davies
11) Sing (if you want it) – Omar
12) Joya – C-Funk
13) Tinta Roja – Andrés Calamaro
14) Timeless – Sergio Mendes
15) Talk to la bomb – Brazilian Girls
16) 12 segundos de oscuridad – Jorge Drexler
17) Ahí vamos – Gustavo Cerati
18) Testimony vol. I: Life & Relationship – India.Arie
19) Ain’t nobody worryin’ – Anthony Hamilton
20) On the jungle floor – Van Hunt

jueves, diciembre 21, 2006

John Legend: otra vez sublime


En el año 2004 se editó uno de mis discos predilectos de todos los tiempos: Get lifted. El responsable de dicha obra se llama John Stephens, quien, previendo en lo que pronto habría de convertirse, se hizo llamar artísticamente John Legend. En su ópera prima están grabadas memorables canciones arregladas en un género que los especialistas se empeñan en denominar neo-soul, con el cual aspiran expresar, en un juego de palabras, que no es puramente soul y que a la vez es un nuevo soul. So high y Ordinary people son sólo dos ejemplos de la gran calidad de las composiciones de este cantautor que, otrora, colaborara con Alicia Keys, Lauryn Hill, Jay-Z, Janet Jackson y Kanye West: su padrino musical.

Luego de dos años de un éxito sin precedentes –por lo menos en el último lustro- para un novel artista masculino: 8 nominaciones al Grammy -de las cuales ganó tres-, una importante gira por los Estados Unidos y un gran número de grabaciones para discos de otros artistas (Fort Minor, Sergio Mendes, Common y los tributos a Luther Vandross y Sly Stone), vuelve de la mano de Kanye West y William Adams (mejor conocido como Will.I.Am, líder de Black Eyed Peas) para grabar su segunda placa: Once Again.

Desde la primera canción de este disco (Save room), puede escucharse a un John Legend más adulto, con su voz más áspera y con arreglos que logran un sonido retro, emulando a leyendas del soul como Marvin Gaye (Each day gets better y Slow dance), apoyándose en la inclusión de más guitarras eléctricas y órganos, con una presencia de una rítmica más orgánica reemplazando a los beats que escuchábamos en su predecesor. En esta apuesta con tendencias a elogiar a la música negra de los 60 y 70, Legend incluso le hace arreglos de música disco a la alegre P.D.A. (We just don’t care).

En su nueva producción se puede evidenciar un esfuerzo por alcanzar un mayor nivel compositivo en el hipnótico e introspectivo tema Show Me, sin duda una de las mejores canciones del disco. De igual forma, puede identificarse la influencia que han tenido las colaboraciones con otros artistas en el sonido de sus nuevas canciones. Maxine es un ejemplo fehaciente de ello, pieza muy parecida a la -muy recomendable- Please baby don’t incluida en Timeless (2006) de Sergio Mendes.

Sin embargo Legend, sabiamente, recurre a la fórmula que le trajo buenos resultados en Get lifted. Esto puede escucharse en temas como Again, Stereo –donde vuelven a escucharse los beats como base rítmica-, la romántica Where did my baby go, y Another Again, quizá la canción que más se parezca a las de su primer disco, una intensa balada ejecutada bajo el trío típico de jazz: piano, contrabajo y batería –aunque en ocasiones pueda escucharse una tímida guitarra al fondo.

Coming home cierra este disco de la misma manera en como comenzó: toda una exquisitez sonora. Esta es, quizá, la pieza más ambiciosa de todo el disco. Aquí Legend canta con sentida nostalgia el anhelado regreso a casa de los soldados que luchan por su país en tierras lejanas: "Someday I’ll be coming home…" Termina con un excelso coro gospel que amplifica aún más el sentimiento. ¡Toda una belleza!

En Once Again, John Legend confirma su altísima calidad y su indudable talento vocal. Este trabajo justifica contundentemente su título, ya que cuando lo escuchamos volvemos a deleitarnos con sus excelentes canciones. Once Again es una sólida evidencia de que con Get lifted no me equivoqué en lo absoluto: John Legend sigue siendo uno de los artistas que más admiro, respeto y disfruto de todo el espectro musical del momento.

lunes, diciembre 18, 2006

El despecho de Diana

Once botellas de Solera light, una caja de Marlboro y un sabor ácido que no logro quitar de mi garganta. Estas son las evidencias tangibles de lo que pasó anoche. De lo que no tuvo que haber pasado.

¿Que cómo comenzó todo esto? Te cuento… Diana me había mandado un mensajito diciéndome, por enésima vez, lo mal que se sentía por haberle terminado a Federico. Intenté consolarla, diciéndole que eso era lo mejor que tenía que pasar. Que así no se tendría que calar las loqueras de ese tipo. Pero ella insistía en que sentía horrible, y la verdad es que hasta por un momento llegó a darme lástima, ¿sabes? Esa caraja quería burda al imbécil ese. No sé, yo siempre le tuve vaina. Pues nada, le dije que se viniera a mi apartamento para que habláramos, para que se le pasara la cosa. Ella dijo que vendría de inmediato y, en efecto, llegó a la media hora.

Cuando llegó, Diana no era ella misma, no sé si me entiendes. Tenía los ojos hinchados y su cara no podía ocultar el malestar que la aquejaba. En lo que entró al apartamento, se fue directo al balcón y encendió un cigarro, ¿te imaginas a Diana fumando? Eso es para que veas cómo termina actuando la gente cuando no se halla a sí misma, cuando dejan de ser ellos. Estuve a punto de regañarla, pero como ella me conoce, me dijo con su mano derecha sosteniendo al cigarro encendido: “A mí no me vengas con mariqueras, mira que yo no vine a que me miraran feo”. Te podrás imaginar lo grave que estaba como para que estuviera hablando con groserías y todo.

En fin, terminó diciéndome que ella venía a que la escucharan. Y eso fue lo que hice. Aunque la verdad no la escuché mucho, porque ella no decía gran cosa. Quizá decía algo pero luego se le perdía la mirada, sus ojos siempre terminaban mirando al balcón, como buscando el infinito, yo qué sé. Balbuceaba un Federico, que si el amor, que si el engaño; todo esto con sollozos de por medio. Nunca la había visto así. Fíjate que hasta hubo un momento en el que me preguntó si tenía algo para beber. Sí, me costó creerlo. ¿Primero fumando, y ahora y que tomando? Equis, ahí estaba yo para servirle y saqué de la nevera un par de Soleras light, que no estaban tan frías, por cierto, pero que igual terminamos tomando.

Y volvía a repetirse la cosa. Ella decía una que otra frase mirando hacia al balcón, y yo me limitaba a verla y escucharla. Seguimos bebiendo hasta el punto en el que yo perdí la cuenta, mientras a ella se le ponían colorados los cachetes. Yo me senté en el sofá y ella se quedó asomada en el balcón. Ahora no recuerdo muy bien, pero en un instante imperceptible, la sentí a mi lado. La verdad es que estaba muy cerca de mí. Me pasó entonces, por encima de mi cuello, su brazo izquierdo y la sentí caliente, porque además había llegado con un suéter negro que nunca se quitó. Lo siguiente que vi fue su rostro ladeado frente al mío. Sus ojos no me miraban a mí, más bien parecían buscarme la boca. Nunca imaginé que eso estuviese pasando. Su piel y su aliento tan cerca, su olor de despecho. Pero pasó. Y lo peor es que no ofrecí resistencia alguna.

Y ahora es que me arrepiento. Creo que ése es el sabor desagradable que se me quedó instalado en la garganta. Uno como que se termina arrepintiendo demasiado tarde de las cosas. Pero así es como me siento: entre el arrepentimiento y la incertidumbre de cómo vayamos a quedar después de todo esto.

Ya sé que se ha despertado. Lo sé porque desde aquí veo su rostro sin que ella lo sepa. Total, creo que hasta ni le importa. Está despierta, pero sigue callada. Callada, pero mirando, con sus ojos aún hinchados, el póster de Jimi Hendrix que está pegado en la puerta derecha de mi clóset.

jueves, diciembre 14, 2006

Brand New Heavies: el regreso de la hija pródiga


Londres, en 1990, se convierte en el epicentro del acid jazz, género que representa la mixtura entre jazz, R&B, funk, soul y disco, albergando a un par de acontecimientos musicales que desarrollaron exitosamente dicho estilo: Incognito (liderado por Bluey Maunick) y Brand New Heavies (trío integrado por Simon Bartholomew, Andrew Levy y Jan Kincaid).

Este par de agrupaciones se convierten entonces en referentes mundiales de este sonido de la música negra, acompañados de artistas como Omar y Soul II Soul. Y aunque pudiera decirse que, a mediados de los 90, tanto Incognito como Brand New Heavies llegaron a ganarse el respeto de la crítica y la acogida del público londinense junto a cierta audiencia norteamericana, el éxito de este género crecería exponencialmente con la aparición en escena de un músico rebelde y fanático de Stevie Wonder llamado Jay Kay, mejor conocido como Jamiroquai. El telón de la escena musical se abre, entonces, para un espectáculo cuyo soundtrack corre a cuentas de este sonido fundado en la capital inglesa.

Brand New Heavies se convierte así en uno de los estandartes del acid jazz al influenciar a bandas de la talla de Jamiroquai y Los Amigos Invisibles –quienes luego de escuchar un cassette deciden trabajar en este particular sonido. El génesis del éxito de este trío londinense estuvo materializado en su álbum homónimo (1990), cuya voz recaía en Jay Ella Ruth. Sin embargo, un sello estadounidense (Delicious Vynil) les sugiere volver a grabar ese disco con la voz de N’ Dea Davenport. Un consejo que, sabiamente, tomó la banda alcanzando así el aplauso unánime de la audiencia del país del Tío Sam. Luego grabarían otras importantes producciones -Heavy rhyme experience (1992) y la favorita de sus seguidores, Brother Sister (1994)- manteniendo a Davenport como vocalista.

Desafortunadamente en 1997, Davenport abandona la banda para dedicarse a su proyecto como solista, desencadenándose así una serie de interminables reemplazos, motivada al poco éxito de los discos que se graban con una voz distinta a la de ella. La próxima suplente sería Siedah Garrett para grabar Shelter (1997). Le sigue Carleen Anderson para la exitosa recopilación Trunk funk – The best of (1999). En 2002 se edita el poco notorio We won’t stop. Allaboutthefunk se graba en el 2004 con una nueva vocalista: Nicole Russo y, aunque fue apabullada por la crítica, a mí me gustó -aún reconociendo que su sonido dista mucho del que hizo famoso a los Heavies.

2006 significa el regreso de la extraordinaria N’ Dea Davenport a las filas de la agrupación que la vio crecer, y que se despidió del éxito –aceptémoslo- en el momento que se despidió de ella. Reconciliados todos, graban el delicioso Get used to it, un disco que recoge un conjunto de exquisitas canciones que nos devuelve la sonrisa que se nos dibujaba en la cara cuando escuchábamos los clásicos de los Brand New Heavies. Aunque comienza un poco flojo (We’ve got), la segunda canción titulada I don’t know why (i love you) es todo un himno de júbilo cantada por la voz que tanto extrañábamos. Le sigue la canción que le da el título al disco, y que es toda una fusión muy sabrosa de funk con reggae, que también repiten en We won’t stop. El funk más crudo se puede oír en piezas como Sex god, Right on y la excelente All fired up. Destacan también la balada Love is y el pop de I’ve been touched. No obstante, es en la quinta canción (Let’s do it again), cuando podemos escuchar, en mi opinión, la mejor lograda de toda esta producción: desde ya todo un clásico bailable.

En fin, Davenport regresa y asimismo Brand New Heavies vuelve a ofrecernos el mejor sonido que han confeccionado en estos comienzos de siglo. Get used to it es la emoción de que ese sonido, que tanto disfrutamos en el pasado, se esté conjugando en presente y de la voz de la hija pródiga del acid jazz: N’ Dea Davenport.

lunes, diciembre 11, 2006

Melocotones

El día para Natalia no termina en lo que llega a su casa luego de salir del trabajo. Más bien, el inicio del final del día –por llamarlo de alguna manera- ocurre en lo que abre la puerta de su casa a eso de las 9 y media, luego de más de una hora de cola en la Prados del Este. Marianella e Ignacio van rápido a la puerta a abrazar y besar a su mamá. Bueno, eso es lo ideal; ya que en ciertas ocasiones Ignacio, el menor, siempre llega con quejas del maltrato (coscorrones, terrorismo sicológico y demás) que le propina su hermana, la “chupetica de ajo” de Marianella.

Luego de la recepción brindada por sus hijos, Natalia mete en el microondas la cena hecha un par de horas antes por Meche, la muchacha de servicio del apartamento. Juan Andrés, su marido, le hace la misma pregunta de siempre: «¿Cómo te fue gorda? » A lo que Natalia responde con un «Chévere, mi amor, sin ninguna novedad», imitando con gracia el altisonante vocabulario policial. Natalia aborrece la rutina, y por ello siempre ejecuta maniobras –en apariencia estériles- para lograr su cometido.

Terminada la cena, se dirige al cuarto de sus hijos y ahí es donde empieza lo bueno. Que si prepararles el bulto y la ropa que se pondrán el día siguiente. Que si ordenarles el cuarto al mismo tiempo en que los regaña por el desorden. Que si acostarlos y arroparlos, y apagarles la luz, y darles la bendición con un besito en la frente.

Luego de esta “batalla campal” con sus hijos, viene el último ring con su maridito. Juan Andrés acostadísimo en el sofá viendo la tele e invitando sin éxito –como siempre- a que su esposa lo acompañe a ver el juego:
- Gorda, vente pa’ ligar al Magallanes… Anda chica mira que los caraquistas nos están dando paliza… Anda no seas así…
- No Juanchi…-lo rechaza amablemente-. Yo me voy al cuarto para ver Globovisión… Mira que Kiko está comiquísimo con ese chalequeo que le tiene aplicado a la pendeja de Carla…Además, estoy que no aguanto…
- Uy gorda, no me digas eso que me emocionas… Mira que esa era tu frase favorita cuando íbamos pa’ l (Motel) Orquídea… ¿Te acuerdas? – le pregunta con picardía-.
- ¡Ay ya Juan Andrés! –le responde con un tono más producto del agotamiento que de cualquier otra cosa que le produjese ese flashback erótico-. Quédate viendo tu juego tranquilo que yo me voy pa’l cuarto…

Aunque Natalia estuviese toda noqueada de esas intensas jornadas de trabajo-crianza de niños-crianza de marido, siempre terminaba acostándose tardísimo. La madrugada era, a la vez, inicio y final para la inagotable Natalia, que salía ahora del cuarto a la cocina en busca de un vaso de agua que le refrescara la sed de descanso. Y aunque lo usual era que después de consumido el vaso se fuera directo a la cama a acostarse, esta noche no sería la misma, pues había recordado que la semana pasada había comprado en el supermercado una lata inmensa de melocotones en almíbar: todo un sacrilegio para la dieta que recién comenzaba.

Sin embargo no lo pensó mucho y buscó el abrelatas que estaba en la segunda gaveta del lado derecho de la cocina. Lo tomó con firmeza admirando el brillo plateado de la lámina cortadora. El preámbulo de un crimen. Puso la pesada lata sobre el lavaplatos e hincó con fuerza la lámina resplandeciente del abrelatas. Lentamente le fue dando vueltas a la manilla mientras desde adentro relucía el brillo de ese mar de almíbar donde nadaban los obesos melocotones. Abierta ya completamente la tapa de la lata, tomó un tenedor de la primera gaveta del lado derecho de la cocina, y con una puntería abrumadora atravesó uno de los melocotones. Lo sacó de la lata mientras el almíbar descendía de la circunferencia amarillenta y caía en el fondo metálico del lavaplatos. Se llevó el melocotón a la boca y el propinó un mordisco salvaje: un bocado que excitó toda su boca produciéndole una eyaculación de saliva. Saboreó la fruta del pecado y sonrió. La sonrisa absoluta. La satisfacción del depredador. Un depredador frugívoro que finalmente, luego de ingestada la presa, se recostó en su lecho de sábanas blancas.

sábado, diciembre 09, 2006

Gnarls Barkley: ¿experimentación o jodedera?


Gnarls Barkley es un dúo formado por Danger Mouse y Cee-Lo. Danger Mouse es un Dj y productor musical inglés, cuya actual popularidad ha sido obtenida gracias a la polémica mezcla que hizo en el 2004, entre el clásico The White Album de The Beatles, y el disco con el que Jay –Z anunciaba su –fallido- retiro: The Black Album. El híbrido fue denominado The Grey Album y causó tal controversia –como molestias a Paul McCartney y a la crítica especializada- que lo hizo ser uno de los discos más descargados por Internet, ya que era el único medio a través del cual era posible conseguirlo. Y, por si fuera poco, también fue el productor del último y exitoso trabajo de Gorillaz (Demon Days, 2005).

Cee-Lo, por el otro lado, es un importante cantante norteamericano de neo-soul y hip-hop, cuya voz se asemeja mucho a la del legendario Al Green y a la de Andre3000 de Outkast -banda que por cierto ha colaborado mucho en sus discos.

Juntos han confeccionado St. Elsewhere (2006), que puede considerarse como un proyecto experimental debido a la gran innovación que representa el sonido que ha logrado. Gospel, funk, soul, trip-hop, y hasta visos de electrónica psicodélica junto a letras divertidas, hacen que esta producción sea una de las más geniales que haya escuchado en mucho tiempo.

Y no estoy solo al aseverar eso. Crazy, el primer sencillo de la placa, se convirtió en la primera canción en la historia del Reino Unido –lugar donde se lanzó inicialmente- en conseguir el primer lugar de las radios cuando sólo estaba disponible a través de Internet.

St. Elsewhere derrocha música innovadora que logra refrescar al mundo con pistas sencillas y letras que desconciertan agradablemente; en fin, un sonido que nace de dos mentes disímiles pero geniales que pareciera recordarnos que, aunque la experimentación sea lo más explícito del álbum, la música se inventó para divertirnos.

viernes, diciembre 08, 2006

The lost city de Andy García

En su primera película como director, Andy García le realiza un “homenaje artístico” a su tierra natal: Cuba, adaptando la novela “Tres tristes tigres” de Guillermo Cabrera Infante. The lost city describe el proceso de transición entre la caída del gobierno de Fulgencio Batista y la toma de poder de Fidel Castro.

Fico Fellove –interpretado también por García- es dueño de un importante local nocturno de La Habana y se ve obligado a tomar decisiones que cambiarán su vida dentro de la coyuntura que vive su país. La “revolución” remueve los cimientos de su núcleo familiar y del romance que tiene con Aurora –interpretada por la sensual Inés Sastre. Entre el resto del reparto resaltan Bill Murray por su enigmático y cómico personaje y Dustin Hoffman que, en sus intermitentes apariciones, logra con solidez un personaje oscuro y mafioso.

La música logra ser un personaje protagónico en la película ya que logra retratar de manera bastante detallada ese perfil artístico que tanto define al pueblo cubano. Debo destacar la cuidadosa selección de los temas que se escuchan en el film y que corre también por cuenta de Andy García. Asimismo debo elogiar la gran carga emotiva que tiene este largometraje. Esto pudiera sonar obvio debido a que viene dirigido por un hombre que públicamente ha manifestado su oposición al régimen castrista, constituyendo así una carga nostálgica que pudiera contaminarlo de subjetividad. Sin embargo, la transmisión de ese sentimiento de desarraigo y de impotencia, ante lo que sucede en el país donde uno ha nacido, llegó directamente a mi corazón como venezolano que vive actualmente una situación que atenta contra las libertades esenciales de todo ser humano. The lost city logra eso y mucho más.

Es una película muy bien hecha –vestuario, fotografía y escenografía impecables- y con una sensibilidad que Andy García ha sabido controlar con delicada sobriedad en su ópera prima.

miércoles, diciembre 06, 2006

Jimmy

Llegué con mi primo a la casa de una de sus amigas. Nos abrió la puerta la dueña de la casa, que amablemente nos recibió con un “Pasen mis hijos, encantada de conocerlos”, dándonos a la vez un beso a cada uno, mientras entrábamos en fila al apartamento. Si bien mi impresión inicial de la señora, había estado marcada por la gran simpatía con que nos había recibido, al transcurrir la noche la tipa me pareció tremenda loca. Por toda la casa había jaulas que guardaban animales exóticos dentro. Un tucán dentro de una gran jaula y un alacrán negro dentro de una pecera, fueron los que llamaron más mi atención. Aunque debo reconocer, que luego descubrí una jaula cerca de la cocina que estaba tapada por dos paños de cocina. Con gran indiscreción pero con todo respeto, le pregunté a la señora por el animal que misteriosamente allí vivía.

“¡Ay pero si el que esta ahí es mi Jimmy querido!”, dijo mirándome con sus enormes ojos verdes, que mostraba abriendo ampliamente sus párpados cada vez que hablaba con emoción. Si les soy sincero, la forma de mirarme era lo que más me desconcertaba de esta señora. Sin embargo, debía prepararme para lo peor. Retiró los paños, y por fin pude ver al animal en cuestión. Jimmy resultó ser una lechuza, con un plumaje entre marrón y gris, que miraba a su dueña con ese par de ojos enigmáticos y amenazantes. No sé por qué, pero siempre le he tenido como vaina a todos esos pájaros noctámbulos. Me cagan pues.

La “loca ‘el coño esa” hablaba de Jimmy como si estuviera hablando de un hijo. “Sabes que Jimmy tiene su carácter. Hay veces en que se despierta como uno, malhumorado. Yo creo que debe tener ese ‘síndrome bipolar’ que dicen los siquiatras. Pero todo eso se le pasa, cuando le doy su desayunito de carnita molida con una rebanada de tomate. Eso le encanta. Se la pasa durmiendo todo el día. Por eso es que le tapo la jaula. Ya por la noche es que lo puedo sacar y acariciarle sus plumitas. Eso le fascina, fíjate que se pone como un perrito y todo para que le sobe debajo de sus alitas. También le gusta que lo suelte por la casa de noche porque le gusta pasear por ahí. Pero eso sí: él no le hace daño a nadie”. Acto seguido, abrió la jaula y me impacté por las garras afiladas que tenía y que me parecían muy grandes para el pequeño cuerpo del animalejo ese. La señora al agarrarlo le decía: “¿Verdad que mi nenecito de mamá no le hace daño a nadie?”. “¡Yo te aviso!”, pensé y salí como pude del lugar.

Luego de unas cuantas horas y unas cuantas birras, sentía unas ganas incontrolables de ir al baño. Así que fui rápidamente, porque la verdad ya no aguantaba más. Por un momento, llegué a pensar que me iba a hacer encima, en la sala y en frente de todo el mundo mientras me dirigía al sanitario. Abrí la puerta de ese baño diminuto, me desabroché la correa y justo antes de bajarme la bragueta y desahogarme, sentí una extraña presencia dentro del baño. Digamos que fue un presentimiento, o lo que los rastas llaman “una mala vibra”. Entonces volteo a mi derecha y hacia arriba, y veo a Jimmy montado encima de la baranda que sostiene la cortina de la ducha. Estaba allí mirándome directamente a los ojos. En ese momento, fue cuando me declaré presa del pánico. Mi memoria fue la gran culpable, ya que por mi mente pasaron escenas que había visto en el Discovery Channel, donde lechuzas como esas tomaban con sus fuertes garras a ratoncitos, y luego con su pico afilado destrozaban a la víctima sanguinariamente. Sin embargo, el cuerpo de uno parece reconocer cuando ya estamos dentro de algún baño, porque estando en este lugar, uno le da licencia de manera inconsciente a sus esfínteres, para que se relajen y hagan su labor. De manera que me encontraba frente a frente con un dilema hamletiano. En este caso, sería ser o dejar de ser padre. Ya que si me decidía a orinar frente a aquel animal, ponía en riesgo la pérdida de aquel instrumento, que me llevaría a poder celebrar en algún momento de mi vida, el día de la paternidad. Pero debía decidirme ya. Así que sin pensarlo mucho, cerré los ojos y me encomendé a Dios. Bajé la bragueta y con la frialdad que ameritaba el caso, lo saqué y oriné. Y oriné bastante, ya llevaba encima seis Soleras, por lo que el tiempo que duró satisfacer mi necesidad, se me hizo literalmente eterno con la presencia cercana de aquel depredador. Todo este miedo y esta angustia, se hicieron tangibles en una gran cantidad de sudor que me mojó entera la camisa. Me subí con rapidez la bragueta, abrí la puerta del baño y salí fugazmente. Aparte de tener toda la camisa empapada de sudor, debí haber salido con toda la cara pálida, ya que cuando me volví a encontrar con mis amigos me dijeron: “¡Coño Vitico! Duraste un año en el baño guon. ¿Y por qué tienes la camisa sudada y esa cara pálida? ¡Ajá! Mira que esa vaina no se hace en casa ajena rata”. Todos reían al unísono, con ese tono de algarabía típico de cuando llevas por lo menos una decena de birras. Mi primo, que también reía, me ofreció otra Solera. Decidí tomarla, no sin antes haber dudado por un rato, ya que si seguía bebiendo, pronto surgiría de nuevo la necesidad que me obligó a poner en riesgo mi masculinidad.