jueves, febrero 01, 2007

Anthony Hamilton: R&B para amar y reflexionar


Revisando en internet las listas de lo mejor de este 2006, en lo que a música se refería, me encontré, por lo menos en tres listas diferentes, a Ain´t nobody worryin’ de Anthony Hamilton, como uno de los mejores discos de R&B que se habían grabado este año. Decidí escucharlo y la verdad es que he quedado gratamente sorprendido con la música de este cantautor, desconocido para mí hasta hace un par de meses.

Ain´t nobody worryin’ comienza con el soberbio Where did it go wrong, tema cuyo coro es recitado en forma de prédica y que enseguida llama la atención. Destacan también las baladas Can´t let go, donde un teclado hammond se encarga de construir un ambiente íntimo para las melodías que tiernamente entona Hamilton; Pass me over, sin duda la mejor canción de todo el disco, que explota en un sublime coro gospel y que te hace sentir que desde ya has escuchado una obra maestra; y Never love again, una de las últimas canciones en la que queda flotando la interrogante de cómo amar otra vez cuando has quedado profundamente herido de una relación.

Otra de las piezas que hacen de este un excelente disco, es la que le da título al mismo; ya que en ella se puede volver a sentir ese tono de canción en forma de prédica, sólo que en esta ocasión resulta muy conveniente, dado el contenido de la letra que reflexiona sobre la violencia, el hambre y la guerra en el mundo.

El canto de Hamilton es vehemente y lleno de una colorida versatilidad vocal; puede ser reflexivo, romántico, severo o melancólico cuando la canción así lo requiera. Así es el caso del reggae Everybody, un tema lleno de buena vibra cantado con un falsete elocuente de un festivo optimismo.

Aint nobody worryin’ de Anthony Hamilton ha sido, para mí, uno de esos geniales descubrimientos musicales que, ahora, he decidido compartir con ustedes. Esta producción, aun contando con arreglos sobrios y sencillos, impacta por su contenido elocuente de sentimiento. Este tipo de novedades la agradecen, ciertamente, nuestros oídos que se reconocen extasiados por esta música negra bien hecha y, sobre todo, muy bien cantada.

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