La vida en un poema escrito en una servilleta. La vida en un Fa sostenido. La vida en una canción reproducida por un iPod. La vida en una nota.

Life on a love poem written on a napkin. Life on a F-sharp. Life on a tune played by an iPod. Life on a note.

domingo, enero 28, 2007

La invencible

Esa tarde no pude vencer a la lluvia. Por más que intenté, salí derrotado. Porque ustedes bien saben cómo es la lluvia con su empeño en hacernos sentir miserables. En teñir todo de su lánguido gris.

Primero traté de esconderme en mi cama. Me arropé cubriendo hasta mi cabeza, escudando mi cuerpo ante cualquier ataque. Busqué mi iPod, que suelo guardar debajo de mi almohada, para luego ponerme los audífonos y así proteger mis oídos de cualquier susurro o secreto maligno, de ésos que suelen escucharse cuando las gotas ciegas impactan contra el suelo. Me refugié entonces en Shostakovich o en Dvorak, la verdad es que ahora no recuerdo muy bien, y me dediqué a esperar a que la lluvia cesara. O mejor dicho, a resistir ante su desmedida afrenta.

Pero perdí, debo ser sincero. Luego de un tiempo creí que todo había acabado y, con la prudencia del caso, bajé la cobija para poder sacar mi cabeza y ver por la ventana para confirmar el fin de la amenaza. En efecto, la lluvia había terminado. Las calles húmedas como imágenes de la post-guerra. Gente caminando como zombies, sobrevivientes del diluvio. Uno que otro precavido con su paraguas aún abierto.

Decidí entonces retirarme toda la cobija y quitarme el iPod de los oídos, mientras sonaba la mitad del segundo movimiento del “Concierto No. 1 para violín y orquesta” de Shostakovich. ¡Ahora sí recuerdo bien! De hecho, recuerdo con especial nitidez todo lo que aconteció después. Salí de mi cuarto a la cocina con una sensación triunfalista –ficticia, ya verán por qué- para tomarme un vaso de agua. Todo estaba bien, todo en calma. Terminé de tomarme el vaso y regresé a mi cuarto para volver a acostarme, porque la verdad era que la noche anterior había dormido muy poco.

Cuando entré al cuarto, tomé lentamente el pomo de la puerta para trancarla y con un pequeño atisbo al anverso –creo que ése fue el error-, tuve justo en frente de mí la foto que me había tomado con ella en aquel maravilloso abril – ¡Dios santo, qué bello abril!, cantarían a dúo Fito y Spinetta-, donde salíamos sonrientes mirando a la cámara, abrazándonos con todo el amor del mundo. Allí justamente fue donde me reconocí totalmente derrotado. Una mueca tragicómica se había apoderado de mi rostro y de mi pensamiento. Ambos, desde ese instante, empapados de gris.

Una melodía estruendosa inundaba ahora todo mi cuarto, la del tercer movimiento del funesto –lo digo por el momento- concierto de Shostakovich, que salía de los audífonos de mi iPod. Y, por si fuera poco, volvía a llover. Era un hecho. La lluvia, otra vez, volvía a joderme.

martes, enero 23, 2007

Rage against the machine: la reunión anhelada

Es un hecho. Una de las bandas más polémicas y emblemáticas de los 90, se reunirá para cerrar el célebre festival Coachella como banda titular. Esta excelente noticia representa una magnífica oportunidad para volver ver a este cuarteto californiano en tarima. Zack de la Rocha junto a Tom Morello, Tim Commerford y Brad Wilk escribieron verdaderos himnos del rock, canciones que, llenas de protesta iracunda “contra la Maquina”, lograron mucho más que un inmenso éxito comercial: fueron todo un mito.

Un mito que se desvanece en el 2000, debido a que Zach de la Rocha (vocalista), decide abandonar la agrupación alegando agotamiento creativo entre sus integrantes para emprender su –fallido- camino como solista. En paralelo, los otros tres integrantes consiguen a Chris Cornell (ex-Soundgarden) como vocalista para formar Audioslave, una banda que prometió quizá demasiado, porque significaba la mixtura de dos bandas legendarias. Para la fecha, Audioslave ha editado tres discos con un mediano éxito comercial; pero el regreso de Cornell a su segundo disco como solista y los comentarios de fuentes cercanas a la banda de que su más reciente disco (Revelations, 2006) sería el último que grabarían, avivaron las esperanzas de que Rage Against the Machine se reuniría de nuevo.

Pero ya no hay cabida para los rumores. El cartel del Coachella es oficial y tiene impresa una gran verdad que nos emociona: Rage Against the Machine ha vuelto.

domingo, enero 21, 2007

Deftones: vulnerabilidad hardcore



A finales de la década de los 90, una nueva corriente del rock parecía insuflarle aire nuevo a un género que daban por muerto. El nü-metal revitalizó al rock con una mezcla entre metal, hip-hop y hardcore. Entre esas aguas se movieron sus precursores: Primus, Faith No More, Red Hot Chili Peppers y Rage Against the Machine, entre otros. Aunque la explosión comercial se dio con bandas como Korn, P.O.D., Limp Bizkit y Coal Chamber; el éxito se diluyó, y el público se agotó confirmando la débil estirpe de estas agrupaciones.

Sin embargo, hubo sus excepciones. Incubus –para mí, sí estuvo dentro del nü-metal, escuchen Fungus Amongus (1996) ó S.C.I.E.N.C.E. (1997) si no me creen- y Deftones. Precisamente esta última banda ha mejorado sólidamente con los años. Desde su ópera prima Adrenaline (1995), cargada de potentes riffs de guitarra y eufóricos gritos; pasando por Around the fur (1997), donde comenzamos a escuchar la consolidación de su ambiguo estilo; White Pony (2000), el cual ha sido más vendido de toda su discografía, Deftones (2003), disco oscuro y a ratos abstracto; hasta el excelente Saturday Night Wrist (2006).

El último disco de Deftones sigue dando fe de la mejora de su calidad musical. Hole in the earth es un comienzo perfecto: dulces melodías y un coro pegajoso acompañado de un delicado arpegio de guitarra. Este tema sintetiza la esencia de este quinteto californiano: la vulnerabilidad disfrazada de ira en la voz de Chino Moreno, y las pesadas pero melódicas guitarras de Stephen Carpenter.

Precisamente esta carga de melodía dentro del tímido hardcore que aún ostentan, se puede escuchar en el lento pero profundo Beware, Cherry Waves y Xerces. Mientras que su lado más heavy se hace sentir en Rapture, Rats!rats!rats!, Mein –donde está incluida la poco notoria colaboración de Serj Tankian- y en el intenso Combat.

Lo único que, considero, atenta con la indiscutible calidad de este disco, ha sido la inclusión de un par de interludios que carecen de coherencia por su localización y débil contenido: el instrumental u,u,d,d,l,r,l,a,b,select,start, y el hip-hop Pink cellphone.

Asimismo, se puede reconocer la influencia que ha tenido el trabajo de Chino Moreno, en su proyecto paralelo Team Sleep, en la tranquila y sentida Riviere, canción que cierra la docena de temas de Saturday Night Wrist.

Deftones sigue manteniendo así el nivel que han alcanzado desde que supieron deslastrarse del nü-metal, género que los vio nacer. Si bien considero que han tenido un punto de inflexión en su trayectoria con su penúltimo trabajo (Deftones), con este nuevo disco han sabido superar este escollo y reivindicarse ante la audiencia que siempre aguarda sus producciones con antelación, curiosidad y, sobre todo, una gran expectativa que sólo hacen sentir las pocas bandas que, con perseverancia y talento, se han mantenido en esta tarima mediática que es, hoy en día, la escena musical.

lunes, enero 15, 2007

Gourmet Venezuela


Mi tocayo Víctor Moreno conduce el delicioso programa “Gourmet Venezuela” por el canal Gourmet, los lunes a las 9 de la noche: todo un exquisito recorrido gastronómico a lo largo y ancho de nuestro país.

Desde que uno comienza a ver este programa es muy difícil no seguir viéndolo por el conjunto de sensaciones que transmite. Uno casi puede oler y sentir de cerca los aromas y sabores que graban las cámaras. Así fue mi experiencia desde que lo vi por primera vez.

Resulta que Víctor escoge un estado por programa y visita las cocinas más populares de la región, a fin de grabar la confección de los platos que más la caracterizan. Y, por si fuera poco, el equipo de producción de este programa logra unos registros visuales deslumbrantes de sitios emblemáticos de la región escogida: viñedos, haciendas, entre otras.

Asimismo destacan las breves entrevistas que Moreno le realiza a los invitados de cada emisión: personas representativas de la gastronomía del estado escogido. Mención especial para los excelentes programas dedicados a Caracas, Margarita, Barquisimeto y Carora.

Así que les recomiendo que, si tienen disponible este delicioso canal (al que no recomiendo ver cuando uno está muerto de hambre, ¡ojo!), no duden en ver este maravilloso programa que nos hace recordar los maravillosos recursos naturales y el magnífico sabor de nuestra tierra.

¡Qué sabrosa es Venezuela!

viernes, enero 12, 2007

¿Vida nueva?

Recibí el año nuevo con el estómago revuelto. Creo que la culpa la tuvo uno de esos croissant with eggs and cheese que me metí esperando al avión que me traería de regreso en el aeropuerto de Miami. De alguna u otra forma creo que la barriga de uno como que pareciera que no tuviese inmigración abierta, rechaza lo foráneo; no termina de acostumbrarse a esos desayunos dulzones del Norte. Sin embargo, la primera sensación en este 2007 no fue sólo la de ese desagradable malestar estomacal. Hubo muchas otras cosas que sentí dentro de mi cuerpo, y ¿por qué no decirlo?, en mi mente también.

La felicidad que me dio el viaje de Navidad con mi familia pronto se vio mezclada con miedo, incertidumbre. Reacción instantánea luego de haber leído el ejemplar de El Nacional del día 7 de Enero, luego de casi 2 semanas de no haber sabido nada –intencionalmente- del agitado acontecer de mi país. Digamos que me electrocuté con ese tremendo cable a tierra con el que me recibió el año nuevo en mi país: otro de los malestares que me atacaron por estos días. Leyendo dicho diario me debatía entre dos aguas de peligrosas corrientes: el no saber qué carajos es lo que va a pasar con mi país o, por el contrario, saber muy bien que lo que viene no es nada bueno.

De todas formas, sólo tomó estar en mi país un par de días para que se me disipara esa especie de remolino que sentía en mi estómago. Volver a pedir un con leche grande en la panadería. Hablar con mi abuelo. Oler el aire de Caracas en la autopista. Sentir de nuevo a mi ciudad. Disfrutar esto que cada vez se nos está haciendo más caro: vivir en nuestro país.

Porque si de las pocas cosas de las que estoy seguro en esta vida hay una que disfruto plenamente, es la de vivir en este país. Escuchar los grupos de música local. Leer las nuevas letras caraqueñas. Caminar por Altamira. Extasiarme con Dudamel, dirigiendo a jóvenes que han hecho pensar al mundo entero que la capital mundial de la música clásica es la misma que sale en mi partida de nacimiento.

Mientras tanto no seguiré ajeno a la realidad que me envuelve: seguiré leyendo El Nacional y viendo en Globovisión cómo mi país se derrumba cada día más; no sin antes gozármelo en este futuro inmediato en el que me sigo viendo habitando en él. Seguiré rezando para que vivir acá no sea tan costoso emocionalmente. Para que este sabor en mi garganta se diluya con los increíbles amaneceres que nos regala esta ciudad protegida por el Ávila, con el delicioso sonido del acento caraqueño: música que acalla todo aquello que se empeña en jodernos.