La vida en un poema escrito en una servilleta. La vida en un Fa sostenido. La vida en una canción reproducida por un iPod. La vida en una nota.

Life on a love poem written on a napkin. Life on a F-sharp. Life on a tune played by an iPod. Life on a note.

martes, febrero 20, 2007

Van Hunt: la nueva promesa del R&B de la vieja escuela


Uno cuando escucha a nuevos artistas siempre espera con encontrarse con casos como el de Van Hunt. En este 2006 que acaba de irse, este cantautor, guitarrista y productor, editó uno de los álbumes que le hace merecedor del título de revelación del R&B: On the jungle floor. Es que lo sabroso de escuchar trabajos como estos, es que precisamente uno siente la esperanza de saber, que en este siglo XXI, siguen habiendo nuevos talentos que hacen música de altísima calidad.

El inicio de este excelente disco es If I take you home, un tema que, desde ya, nos muestra las dos principales influencias de su autor, o lo que los gringos llamarían un “Curtis Mayfield meets Prince”. Y, aunque al sonar muy parecido a este par de leyendas del R&B, Van Hunt pueda quedar terminando como una mala copia de ellos, el tema y el disco en general quedan muy bien parados.

A continuación viene el tema más funky y bailable de toda la producción: Hot stage lights. Le sigue la delicada balada Daredevil Baby, cuyo suave intro explota en una batería y una guitarra que preparan el ambiente para el mensaje final de la canción. El quinto tema, Ride ride ride, evidencia otra de las grandes influencias de este artista emergente: Jimi Hendrix. Tiene una deliciosa onda retro, muy parecida a la del rock de Lenny Kravitz.

Otra de las canciones que destacan por el talento compositivo de su autor, es Mean sleep, con una estructura muy a lo Prince, cantado a dúo con Nikka Costa (precisamente una de las protegés del Purple One). Character es, definitivamente, la pieza más Curtis Mayfield. De hecho, pareciera que Van Hunt se convirtiera, en este tema, en toda una reencarnación de él. Si alguna vez quieren imaginarse cómo se escucharía Curtis Mayfield si todavía estuviese vivo, no duden en escuchar este exquisito tema.

No sense of crime es un excelente tema funk minimalista, que es cantado con el escaso pero contundente acompañamiento de un bajo funkeado y un teclado. Otro tema que logra sorprendernos es el “ochentoso” At the end of a slow dance, en el que pareciera escucharse una peculiar mezcla entre la guitarra de The Edge (U2), el vocalista de The Killers y The Cure: toda una interesantísima combinación. The thrill of this love es otro tema que nos hace recordar esa muy bien lograda mezcla entre Curtis Mayfield y Prince.

On the jungle floor (2006) es indudablemente uno de los mejores discos de R&B que haya escuchado en estos días, y que además haya sido hecho por un artista joven y rebosante de talento como Van Hunt. Por eso es que cuando uno escucha la clásica música negra de los 70, esos pensamientos nihilistas que te hacen creer que no se puede volver a hacer música de esa genial calidad, se ven minimizados con discos como éste que, en la actualidad, nos da tanta alegría a todos los seguidores del R&B.

Nota: Aquí les posteo el video de la excelente canción Dust, incluida en su primer disco homónimo y editado en el 2004.


miércoles, febrero 14, 2007

Contigo


Contigo soy,
contigo siento,
contigo tengo,
contigo.

Contigo voy,
contigo vengo,
contigo vuelvo,
contigo.

Contigo fue,
contigo sé,
contigo iré,
contigo.

Contigo tiempo,
contigo viento,
contigo fuego,
contigo.

Contigo quiero,
contigo deseo,
contigo sexo,
contigo.

Contigo viví,
contigo fui,
contigo ayer,
contigo.

sábado, febrero 10, 2007

Desorden Público: ¡Las Estrellas del Caos te ponen a gozar!


Casi 7 años teníamos sin escuchar material original de la banda caraqueña que enseñó a los venezolanos a bailar ese ritmo tan sabroso del ska. Lo bueno, sin duda, se hace esperar. Estrellas del caos es un álbum mayúsculo, de ésos que sólo nos puede brindar una banda con más 21 años de trayectoria en la escena local.

Este disco no pudo comenzar de mejor forma: una presentación antológica a cargo del maestro Jacques Braunstein, quien desde el comienzo nos anuncia que lo que pronto escucharemos será toda una experiencia de “heavy heavy sabor latino”. Y es allí donde Desorden pondrá el acento en su última producción: en lo latino. No en vano, los desordenados se han especializado, a lo largo de todos estos años, en esto de fusionar, con éxito, ritmos latinos con ska.
Digna muestra de ello es el primer tema como tal: Hardcore mambo, donde los metales destilan mambo puro, se mezclan con guitarras punk y terminan con un coro inspirado en la Fania: “¡Las estrellas del caos te ponen a gozar!”. Le sigue Hipnosis, un tema que exuda el ska más clásico con los versos a los que Horacio Blanco ya nos tiene acostumbrados.

Luego viene No vale la pena, un ska bastante pegajoso. Antarjami es un interludio que nos prepara para Espiritual, un reggae muy bien hecho con excelentes arreglos de metales y con un coro que nos invita a brincar “por un mundo mejor”. Después viene lo que, en mi opinión, es la mejor canción de todo el disco: El tren de la vida. Es el mejor porque desde su épico intro, uno presiente que está por escuchar una de las mejores canciones que Desorden nos ha ofrecido en mucho tiempo. Es un ska-cumbia muy sabroso, muy bailable, mientras la letra celebra la maravilla de la vida, acompañado de un soberbio acordeón tocado por Campa, de la banda mexicana El Gran Silencio.

Lamentablemente luego de este temazo viene otro que, en mi opinión, queda muy débil después de este. Me refiero a Pegajoso. Luego de este bajón viene Crack, otro ska con buenos acompañamientos vocales que cantan sobre esta locura de guerras: “el mundo está echando pa’ atrás”. A continuación viene otro de los mejores temas del disco: San Antonio, un clásico ska en el que un punteo de guitarra sustituye a los metales para darle cierto aire de surf-rock. Cabe destacar el interesante arreglo de teclados a cargo de Francisco Díaz, quien también funge como productor del disco.

El track número 11 es el bailable Baila mi cha, cha, ska, le sigue el reggae Uma vacina, donde Horacio canta en portugués, acompañado de Paparazzi (Papashanty Saundsystem), quien entona sus características melodías de reflexión y esperanza. Después viene el excelente ska-punk de Sepulturero, un tema que nos hace recordar al Desorden de Plomo Revienta (1997). Le sigue el guaguancó de Política criminal.

Finalizando el disco, Desorden se hace acompañar de un par de Slackers: Vic Ruggiero (voz y órgano) y David Hillyard (saxo) para la versión libre pero sabrosa del clásico del ska jamaiquino Monkey Ska, tema que es reinterpretado seguidamente en La Mona Cumbita. Ella me espera es el encargado de cerrar el disco, con un intro de tambores que anteceden al reggae y al ska, donde vuelve a destacar el versátil teclado de Francisco Díaz.

De esta manera termina Estrellas del caos, una producción redonda que desde ya debe considerarse como una de las mejores grabaciones hechas en nuestro país, con impecables arreglos en los metales y con una esencia latina muy bien lograda. Mención especial para el vistoso arte del disco, muy detallado y muy bien hecho. Desorden Público logra producir así un álbum que confirma sólidamente su madurez con una calidad que, por dos décadas, la ha hecho ser toda una referencia del latin ska más allá de nuestras fronteras.

martes, febrero 06, 2007

Me enamoré de una loca


No sé que me está pasando últimamente, pero me estoy enamorando de cada loca… Porque si de por sí las mujeres son un misterio, son ese gran signo de interrogación que nos seduce; el hecho que estén, además locas, es como que demasiado. Así conocí una este domingo que fui para Bellas Artes, para ver si conseguía un DVD de una de esas películas fritas que a mí me gustan. A mi lado tenía una chama que olía muy rico (como a durazno) y que se estaba llevando Amélie y Delicatessen, dos de mis películas francesas favoritas de mi director francés favorito, Jean Pierre-Jeunet. Pagamos casi al mismo tiempo y, sin planearlo, ambos íbamos en dirección hacia la Galería de Arte Nacional.

En lo que se adelantó, fue que pude apreciar su belleza: tenía el cabello castaño y rizado, era delgada, tenía su piel de un tono sensualmente bronceado, buenas tetas –gracias a Dios naturales-, y unas buenas nalgas. Estaba chévere pues. Cuando creía que iba a entrar al museo, cruzó a su derecha y entró al Parque Los Caobos. Se sentó en el primer banco que vio libre y sacó su par de DVD’s de la bolsa de plástico, para dedicarse a leer una de sus contraportadas. Sentía que debía actuar de inmediato y, estando cerca de ella, fue cuando tuve el chance de buscarle algo de conversación. Comencé comentándole algo sobre las películas, pero el lomito del diálogo, lo verdaderamente sabroso, es lo que les escribo a continuación:

Ella: Soy naturalista.
Yo: ¿Naturalista? ¿Y cómo es eso? ¿Es algo así como ambientalista? –dije pa’ ver si la pegaba pronunciando enfáticamente el adjetivo.
Ella: Bueno… tenemos cosas en común, pero nosotros somos más auténticos… -afirmó con absoluta convicción.
Yo: Disculpa, pero sigo sin entender…
Ella: Los naturalistas le rendimos culto a la naturaleza, ¿sabes? O sea, somos vegetarianos, por ejemplo, protegemos el ambiente y los recursos naturales, y estamos full en contra de la industrialización –decía mientras ladeaba su rostro sereno y miraba al ambiente que la envolvía.
Yo: Ah… es decir, que es como una religión.
Ella: ¿Religión? Para nada… detesto esa palabra. Prefiero llamarle culto –su semblante ahora exudaba dureza, estaba como arrecha.
Yo: Oye, primera vez que escucho algo parecido. Y cuéntame… ¿hay mucha gente en este culto? –dije en tono afable y de exagerado interés para ver si enmendaba la cosa.
Ella: ¡Uff! ¡Muchísima! Cada día crecemos más. El otro día nos reunimos un gentío para lo de Spencer Tunnick, ¿sabes? –me preguntó con su rostro, nuevamente emocionado.
Yo: ¿En serio? ¿Y no te dio como cosa desnudarte en público? – le pregunté como para ir ganando confianza.
Ella: ¡No vale! Si así son nuestros encuentros, nuestras reuniones.
Yo: ¿Así cómo? ¿Desnudos? –pregunté con sincero asombro.
Ella: Sí –respondió con firmeza.
Yo: Es decir, que son nudistas también…
Ella: ¡No! Así nos llama la gente que no sabe… Nosotros somos naturalistas.
Yo: ¿Y dónde se reúnen? –ya el gusano de la curiosidad me había picado...
Ella: Que si en casas, en parques naturales, en alguna que otra playita, en fincas… De hecho, la semana pasada la pasamos demasiado bien en una parrilla que hicimos en El Junquito –volvía a hablar emocionada mientras yo en realidad lo que quería decirle era: ¿Cómo es la vaina?
Yo: ¿En El Junquito? ¿Y no les dio frío? ¿No les dijo nada la gente? –fueron entonces mis preguntas diplomáticas, comparadas con la que tenía en mente.
Ella: Bueno, la gente siempre nos molesta, pero ya nosotros estamos acostumbrados. ¡Pero el frío sí nos los tripeamos full! –recordaba con alegre sinceridad.
Yo: Y… no sé… ¿no les picaron los zancudos?- fue lo único que se me ocurrió preguntarle…
Ella: Jaja, ¡tú sí eres loquito! -¿Y ésta es la que me dice a mí loquito?, pensé.
Yo: Pero ya va, hay algo que no me cuadra. Primero me habías dicho que eras vegetariana, y me acabas de decir que habían hecho una parrilla en El Junquito, ¿sabes? Y ¿qué me dices de los pacos? ¡Segurito ésos sí que los han tenido que ladillar bastante!
Ella: Mira, lo que pusimos a la parrilla fueron unas berenjenas, unas chayotas y unos pimentones que a la brasa quedan divinos. Y claro que nos han molestado los pacos, sobre todo en los parques pero, ¿sabes cómo le respondemos nosotros?
Yo: La verdad es que no tengo ni idea… -es que la verdad era que ya nada podía sorprenderme…
Ella: ¡Que los seres humanos también somos animales! ¿Y cómo andan los animales en los parques, en los zoológicos? ¡Al natural! – decía a la vez que estallaba en una carcajada de obviedad, violando los límites de mi asombro.
Yo: Querrás decir desnudos…
Ella: ¿Y eso a la final no es lo mismo?
Yo: Supongo…
Ella: No suenas muy convencido pero, ¿sabes qué? Así también estaba yo al principio, pero si te animas… te puedo invitar a una de nuestras reuniones…
Yo: ¿En serio? ¡Qué fino! ¡Gracias! –me emocioné sinceramente con la posibilidad de poder verla “al natural”, sin embargo mi emoción echó un frenazo:- Pero… un momento… ¿tengo que ir desnudo?Ella: No, bueno… Sólo en la primera reunión se puede ir vestido… Pero me tienes que prometer que no vas a ir sólo a vernos por la curiosidad y la cosa. Mira que hay un gentío que va a la primera reunión sólo para vernos y burlarse de nosotros y, por supuesto, nunca vienen más.
Yo: No vale, tranquila que tienes mi palabra. Cuenta con eso… Dame tu cel entonces pa’ cuadrar…

jueves, febrero 01, 2007

Anthony Hamilton: R&B para amar y reflexionar


Revisando en internet las listas de lo mejor de este 2006, en lo que a música se refería, me encontré, por lo menos en tres listas diferentes, a Ain´t nobody worryin’ de Anthony Hamilton, como uno de los mejores discos de R&B que se habían grabado este año. Decidí escucharlo y la verdad es que he quedado gratamente sorprendido con la música de este cantautor, desconocido para mí hasta hace un par de meses.

Ain´t nobody worryin’ comienza con el soberbio Where did it go wrong, tema cuyo coro es recitado en forma de prédica y que enseguida llama la atención. Destacan también las baladas Can´t let go, donde un teclado hammond se encarga de construir un ambiente íntimo para las melodías que tiernamente entona Hamilton; Pass me over, sin duda la mejor canción de todo el disco, que explota en un sublime coro gospel y que te hace sentir que desde ya has escuchado una obra maestra; y Never love again, una de las últimas canciones en la que queda flotando la interrogante de cómo amar otra vez cuando has quedado profundamente herido de una relación.

Otra de las piezas que hacen de este un excelente disco, es la que le da título al mismo; ya que en ella se puede volver a sentir ese tono de canción en forma de prédica, sólo que en esta ocasión resulta muy conveniente, dado el contenido de la letra que reflexiona sobre la violencia, el hambre y la guerra en el mundo.

El canto de Hamilton es vehemente y lleno de una colorida versatilidad vocal; puede ser reflexivo, romántico, severo o melancólico cuando la canción así lo requiera. Así es el caso del reggae Everybody, un tema lleno de buena vibra cantado con un falsete elocuente de un festivo optimismo.

Aint nobody worryin’ de Anthony Hamilton ha sido, para mí, uno de esos geniales descubrimientos musicales que, ahora, he decidido compartir con ustedes. Esta producción, aun contando con arreglos sobrios y sencillos, impacta por su contenido elocuente de sentimiento. Este tipo de novedades la agradecen, ciertamente, nuestros oídos que se reconocen extasiados por esta música negra bien hecha y, sobre todo, muy bien cantada.