La vida en un poema escrito en una servilleta. La vida en un Fa sostenido. La vida en una canción reproducida por un iPod. La vida en una nota.

Life on a love poem written on a napkin. Life on a F-sharp. Life on a tune played by an iPod. Life on a note.

jueves, abril 26, 2007

Dudamel dirigiendo la quinta de Mahler: un sueño hecho realidad



Hace un año asistía al Aula Magna de la UCV para disfrutar en vivo del Concierto de Aranjuez, de Joaquín Rodrigo, interpretado por Luis Quintero junto a la Orquesta Sinfónica Municipal de Caracas, dirigida por el Maestro Rodolfo Saglimbeni. En esa ocasión también se estaría tocando la quinta sinfonía de Gustav Mahler. Inicialmente y por cuestiones de tiempo, lo que tenía pensado era irme luego de finalizado el concierto para guitarra.

Sin embargo, todo cambiaría luego de que una señora, de unos 60 años que tenía al lado, me dijera: “¿Tú no te pensarás ir ya, no?” Le respondí que no tenía mucho tiempo y que, en efecto, pensaba retirarme. Ella contraatacó: “¿Y tú te piensas pelarte ese espectáculo? ¿No miras las sillas que están poniendo en la tarima? Mira que esta sinfonía se escribió para más de cien músicos en escena”. Mi respuesta no fue expresada en palabras, simplemente decidí volver a mi puesto y me senté para disfrutar del “espectáculo” en cuestión.

Comenzó la cosa y mi vida cambiaría para siempre. No estoy exagerando: acababa de presenciar una sinfonía que, desde ese instante, la hice mía. La hice mi sinfonía favorita.

Un tiempo después, mientras leía el periódico, encontré una reseña que hablaba maravillas de un concierto que había dirigido Dudamel en Londres. La sinfonía que había dirigido era, precisamente, la quinta de Mahler. Elogios de varios medios habían sido publicados luego de su impecable dirección. En un pequeño cuadro que estaba al lado de esa nota, se decía que la sinfonía era una de las predilectas de Dudamel. El joven director manifestaba que sentía una cercanía bastante especial con esa obra. Mientras le pedía el matrimonio a su futura esposa, el soundtrack del momento era el scherzo -el tercer movimiento- de la sinfonía en cuestión.

La primera vez que vi a Dudamel fue en diciembre del año pasado, dirigiendo otra de mis sinfonías favoritas: la cuarta de Brahms. Mientras presenciaba su espectacular forma me dirigir, anhelaba profundamente escucharle la quinta sinfonía de Mahler. Entonces se convirtió en sueño. Un sueño que a veces me parecía lejano. Simplemente creía que debía esperar mucho tiempo para ello.

Pero el martes 6 de Marzo, apareció en el periódico el increíble anuncio –no miento, lo leí como diez veces para asegurarme que lo que leía era verdad- de que Dudamel iba a dirigir en el Aula Magna, mi sinfonía favorita. En lo que pude, fui a buscar mi entrada.

El día llegó: domingo 18 de marzo. En el programa aparecía que la primera parte consistiría en el Concierto No. 1 para piano y Orquesta de Chopin, y que sería interpretado por Sergio Daniel Tiempo. El Concierto se me hizo larguísimo, porque la verdad es que estaba bastante desesperado. Al fin concluyó, vino el intermedio y comenzaron a añadir las sillas para los músicos que debían incluirse.

Casi toda la tarima se llenó de músicos con sus instrumentos. La madera pulida, los metales brillantes, la imponente percusión y dos enormes arpas decoraban el escenario de lo que, en instantes, iba a suceder.

Dudamel entró y las manos me comenzaron a sudar incontrolablemente. Señaló con el dedo al trompetista quien dio las primeras notas de la marcha fúnebre. El primer movimiento sonó con una soberbia que atemorizaba. Dudamel saltaba inspirado con su batuta. Las caras de los músicos expresaban intensidad. Para el segundo movimiento seguía existiendo una fuerza intimidante: los chelos se movían desafiantes de un lado al otro, los violines también confirmaban que pueden sonar oscuros; en fin, el sonido de todos los músicos tocando a la vez era ciertamente fascinante.

Comenzó el scherzo con su precioso vals. Vals que se vio interrumpido por el inoportuno sonido de un celular. Gustavo se vio obligado a detener la sinfonía debido al incómodo percance. Sin embargo reanudó la dirección y concluyó el tercer movimiento.

No obstante el cuarto movimiento se vio interrumpido de nuevo por otro sonido de un celular. Dudamel detuvo, esta vez notablemente más molesto, la dirección y en lo que pensaba reanudarla volvió a sonar el mismo celular. El mejor joven director del mundo volvió a detener la sinfonía y una tormenta incómoda parecía bajar de las nubes de Calder. “¡Gracias al animal que no puede apagar el celular en el Aula Magna, esto es indignante!”, dijo un señor del público con acento español. La gente aplaudió a manera de castigar al imprudente. Dudamel respiró profundo y prosiguió con el adaghietto, el movimiento más hermoso de toda la sinfonía.

Con la normalidad de regreso, vino el quinto y último movimiento, el rondó, el cual está tocado completamente en mayor y que nos anuncia al final lo que Mahler, con su evolución tonal, nos quiere expresar con esta sinfonía: la vida no es más que la transición desde una oscuridad asfixiante como la muerte, al vals como preludio para la calma que sucede a la tormenta; esa calma que sólo da paso a ese grito en tonalidad mayor, la tonalidad alegre que presagia la esperanza.

domingo, abril 15, 2007

Jorge Drexler: la melancolía dura 12 segundos oscuros


Una cuerda de guitarra vibrando hipnóticamente en intervalos de 12 segundos. Así comienza este gran disco del cantautor originario de Montevideo, Jorge Drexler. Y es que cuando se escribe algo sobre este uruguayo, necesariamente se debe resaltar su enorme talento a la hora de hacer canciones. Piezas con menos de cuatro minutos de duración, pero con un mensaje contundente, cantado por una voz que instantáneamente crea –y recrea- atmósferas emotivas.

Desde el principio de 12 segundos de oscuridad (2006), uno puede darse cuenta de que la carga de melancolía es lo que más lo diferencia –y resalta- de su anterior y excelente producción Eco (2004). No en vano Drexler se fue a componer las canciones para su último disco a una playa en Montevideo, cercana al faro que está en Cabo Polonio, un lugar donde no existe electricidad y, por ende, se plantea un contraste bastante fuerte entre la oscuridad y la luz intermitente que viene del faro. Este contraste es el que hace que este disco tenga un perfil casi temático: aquí la tristeza es la regla, pues pareciera que todo el disco estuviese cantado en esa tonalidad menor tan agradable de la voz de Drexler. Sorprenden también los fabulosos –e inusuales en el trabajo de Drexler- arreglos de vientos que contiene el disco.

El segundo tema, La vida es más compleja de lo que parece, donde se hace acompañar de Kevin Johansen, es uno de los mejores del disco. Su título lo dice todo, sobran las palabras. Transoceánica, forma parte de la dupla de covers que Drexler incluye en esta producción. Este tema es original del grupo brasilero Titas y contiene geniales versos donde, como diría mi estimado Fabián, “todas las rimas terminan siendo esdrújulas”. El otro tema que el cantautor versiona es High & dry, original de Radiohead. Drexler se apropia totalmente de él, cantado con un pésimo inglés pero con un ritmo milonguero íntimo. Exquisito.

12 segundos de oscuridad fue producido por Juan Campodónico (Bajofondo Tango Club) y cuenta con la colaboración de varios amigos de Drexler. En El otro engranaje, lo acompaña Leonor Watling y, de nuevo, Kevin Johansen. En Disneylandia, uno de esos típicos poemas cantados de Drexler, lo acompaña su hermano Pablo en la programación.

Hay otra colaboración en este disco que merece todo un párrafo para ella sola. Me refiero a Soledad, cantada a dúo con la dulce voz de Maria Rita. Esta no sólo ha sido la canción que más me ha gustado de este disco, sencillamente es una de las mejores de todo el repertorio del uruguayo. La letra de por sí es un hermoso poema. Si el tema central de todo este disco es la melancolía, pues esta pieza representa el pico más sensible de esa emoción.

Destacan también La infidelidad en la era informática, adornada con los tonos típicos del Messenger; Inoportuna, con una letra llena de una franqueza avasallante y Quien quiera que seas, con un intenso piano tanguero.

Este disco cierra con la desgarradora Sanar: “Tu corazón va a sanar, va a sanar, va a sanar/ y va a volver a quebrarse (…)/ Nadie nace sabiendo que morir/también es ley de vida”. 12 segundos de oscuridad termina como comenzó, con una tristeza que no se canta a medias, sino que se asume como deben asumirse los despechos: intensamente.

domingo, abril 08, 2007

Buscando compañía


La gente en esta ciudad anda sola. No se dejen engañar por el bululú. Aunque haya montones de gente por la calle o en el Metro, todo el mundo aquí anda solo. Lo peor no es eso. Lo peor es que hacen todo lo posible por estar solos.

Pareciera que la soledad fuese un bien personal que debe ser cuidado, vigilado contra todo mal. Tú das los buenos días en una camionetica y nadie te los responde. Más bien todo su rostro muestra una mueca de repulsión, en vez de devolver esa señal “políticamente incorrecta” de cortesía.

Si te metes en el Metro, que suele estar hasta el culo de pasajeros, la gente intenta hasta lo imposible por no tener contacto físico con los demás. Y no me vengan a decir que es por lo de la inseguridad y esas pajas locas. La gente le tiene fobia a la compañía. A la cercanía de un extraño. Porque eso es lo que se siente en esta ciudad que es una hipérbole de gente. He allí, precisamente, una absurda ironía.

Por ejemplo, ahorita llueve y unas 7 personas nos hemos metido debajo de una parada de autobús. Y aun así nadie se habla. Alguien hizo un comentario sobre las lluvias que no se aguantan. No hubo respuesta. Lo que sí hubo, fue un tipo que no soportaba estar más debajo de la parada. No por el tiempo que probablemente estaba perdiendo. Sino porque la parada se había convertido rápidamente en refugio para muchos otros más. Había demasiada compañía. No soportó más y salió corriendo, prefiriendo así empaparse de agua pero resguardando, a fin de cuentas, su soledad.

Mientras tanto yo, desde aquí, los seguiré observando. Seguiré viéndolos correr bajo la lluvia y esquivando a los otros obstáculos humanos.

Mientras tanto yo estaré debajo de esta parada mirándolos y, para llevarles la contraria, estaré buscando compañía.

jueves, abril 05, 2007

En este país ya no hay hombres


Inspirado en las diversas y deliciosas conversaciones entre mi hermana y sus amigas de la Católica

Al final ella fue la que terminó invitándolo a él. Porque hay que ver que este muchachito es bien quedado, y hay que ver también que la globalización y la liberación femenina son una vaina. Pero ella no le paró a la globalización ni mucho menos, pero sí quiso intentarlo con lo último para ver cómo era la cosa.

“Mira muchachito -porque así le gustaba llamarlo-, ¿porqué no nos vemos en el Tolón?... No te preocupes, yo te paso buscando… No vale yo sé, pero le pido prestado el carro a mi mamá… Yo te lo brindo, tranquilo, cero rollos”.

Y salieron y él seguía quedado como siempre, pero como ahora ella era la mujer liberada, pues debía tomar el rumbo de las cosas, asumiendo la responsabilidad del caso. Si bien al principio le costaba sacarle las palabras de la boca al sujeto en cuestión, al pasar el tiempo ya a la cosa hasta podía llamársele conversación y todo.

-“¡Pero miren a la Melissita! -diría su atorrante pero encantadora amiga del alma Vanessita. ¿Es que no te da ni un poquito de vergüenza que te vean con ese pelabola, que no tiene ni un chevette como pa’ que uno pudiera decir algo, por lo menos?”

“¿Y qué vas a hablar tú, Vanessa del Carmen Méndez Mendoza? Si ya llevas como cinco reconciliaciones seguidas con el patán ese de Joseíto -le respondería desafiante Melissa Aurora Yagüe Fernández-. ¡Es más chica, déjame en paz con mi quedado, vale!”

Y precisamente eso era lo que reinaba en esa mesa: una paz, pero fastidiosísima que no daba ni para pensar en algo malo. Pero bueno, por lo menos el quedado se estaba soltando más, ya hasta estaba hablando de su abuela que cocinaba buenísimo y que tenía como 7 gatos, “¿qué loco no?, jajaja” (el único que se reía de eso era él). Pero para seguir con lo de las vaginas liberadas, ella se paró de la mesa y le agarró la mano al niño.

“Deja los nervios… sólo me fastidié de estar sentada. Vamos a caminar un poco”.

Siguieron caminando y caminando como una linda parejita de Caracas. Ella, con unas nalgas y unos senos prominentes venezolanísimos; y él, el típico pendejote jorobado que suele estar acompañando a estos mujerones.

Llegaron al ascensor y en lo que se cerró la puerta, ella lo besó a él -¿o esperaban lo contrario?-, y por más apasionado que ella quiso hacerlo, por más apasionado que se veía desde afuera -porque de hecho se veía muy bien-, ella no sintió nada; bueno, nada internamente porque del quedado obviamente le sentía toda su masculinidad erguida; es decir, no sintió el hormigueo en la barriga que sintió muchas veces con su vecino, su profesor de tennis o con su carne de primo también se come.

El quedado no podía estar más contento de regreso a su casa, estaba todo orgullosote de haber estado con semejante mujerón: “Jajaja –seguía con otra de sus sonrisas, pronunciando enfáticamente las jotas con orgullo-, cuando se lo cuente a Rafa no me lo va a creer. Porque Rafa, yo sí te digo una vaina guón, ese beso la mató, luego de que yo le robé el beso –Ujum…- se quedó con una sonrisota que ni te cuento, porque si hubiéramos estado en otro sitio ni me quiero imaginar hasta dónde hubiésemos llegado… bueno, la verdad es que sí me lo he imaginado un par de veces, pero el hecho es que la dejé mal con ese beso broder porque dime, ¿qué otra cosa pudo significar esa sonrisota?”

Pues sí muchachito, Melissita siguió sonriendo durante toda la cola de regreso que agarró en la autopista. Y cuando llegó a su casa y se acostó a dormir, seguía sonriendo:

«Como que tienes razón Vanessita, en este país como que ya no hay hombres, pero por mi culpa no será…».

lunes, abril 02, 2007

John Mayer: the stillness within

Si hay algo que uno pueda agradecerle a una de obra de arte en estos tiempos agitados, en esta ciudad convulsa y en este desorden de país, es que te pueda brindar el significado de una de mis palabras favoritas en inglés: stillness -quietud o tranquilidad en español.

Eso y mucho más es lo que le queda a uno luego de escuchar Continuum de John Mayer, sin duda uno de los mejores discos que se editaron a finales de 2006. Porque si bien aborrecía el material que hizo famoso a este joven artista en el 2003, decidí escuchar este trabajo derrotando los antiguos prejuicios que se habían instalado en mí, convirtiéndose más bien en toda una exquisita experiencia auditiva.

Desde la primera canción uno puede presentir que será testigo de un discazo. Waiting on the world to change es un comienzo perfecto con una batería alegre acompañada de unas palmas y unas delicadas notas de piano. Más adelante está Belief, una canción con una temática reflexiva y referida a la guerra que luego se repetirá a lo largo del disco: “We’re never gonna win the world/we’re never gonna stop the war/we’re never gonna beat its belief/is what we’re fighting for”. El cuarto tema es uno de los mejores: Gravity, un delicioso blues con toda una atmósfera chill-out que relaja hasta al más inquieto. Le siguen la preciosa balada Heart of life y la funky Vultures.

Para el séptimo corte, Mayer se sumerge en toda una atmósfera acústica en la romántica Stop this train, en la que hace gala de esa cautivante melodía que aporta su voz y que tanto lo caracteriza, acompañado de arreglos vocales y de piano que le aportan más brillo a esta excelente canción. Seguidamente viene el mejor tema de toda la producción: Slow dancing in a burning room (cuyo video les posteo abajo), donde claramente se evidencia una muy fuerte influencia del dios de la guitarra Joe Satriani. Es una canción dulce, fresca y estimulante de sensaciones de ese stillness al que hacía referencia al principio de este escrito.

Si algo ha caracterizado a John Mayer durante estos años como cantante y guitarrista, ha sido su destacado talento para confeccionar excelentes versiones de otros artistas. En este disco no escapa de ello –gracias a Dios-, ya que se puede escuchar la magnífica versión de Bold as love, original de Jimi Hendrix.

Esta producción no ha podido cerrarse de mejor forma que con el maravilloso trío de canciones de despecho conformado por Dreaming with a broken heart, In repair y I’m gonna find another you.

Perfecto para relajarse, perfecto para una velada romántica y perfecto para sentirse bien con uno mismo. Todo eso es lo que termina siendo Continuum luego de que uno lo escucha. Por eso los invito para que lo disfruten y, por qué no, también compartan las distintas emociones que les haya producido escucharlo.


Nota: recomiendo también el disco en vivo (Try!, 2005) que grabó junto a su John Mayer Trio.