Marilyn Manson: un demonio con el corazón roto

El pasado 2 de junio salió al mercado Eat me, drink me (2007), un disco que, según él, está inspirado en el cuento de “Alicia en el país de las maravillas”, original de Lewis Carroll. Sin embargo, esa justificación por sí sola es muy débil para resumirlo. Si bien se puede encontrar una que otra referencia a esa obra, lo que más sorprende luego de escuchar este trabajo, es que no se trata de otra cosa sino del propio Marilyn Manson. O mejor dicho del despecho de Marilyn Manson. Sí, aunque ustedes no lo crean, este individuo de apariencia andrógina-satánica, también tiene sentimientos o lo que en sus propias palabras resumió como “un conjunto de dolorosas emociones”, que surgieron de su reciente divorcio con la artista del fetiche Dita von Teese.
Este despecho, entre otras cosas, amenazó con bloquearlo creativamente de sus actividades predilectas: cantar y pintar. Luego de haber expuesto en París una serie de autorretratos, se sintió imposibilitado de hacer música o de tomar las riendas de cualquier acto creativo. Superado ese trance se reunió en un estudio con Tim Skold, quien lo ha acompañado en su banda desde el 2003, para componer y grabar los temas que integran Eat me, drink me. Skold se encargó de grabar el bajo y la guitarra, además de haber co-producido el disco con Manson. Es por ello que este disco es donde puede notarse con mayor claridad la ausencia total de los Spooky Kids, que en su momento lo acompañaron pero que han salido consecutivamente de la banda: Twiggy Ramírez, que quizá haya sido la ausencia más sentida del grupo y que aportó con su lánguido bajo y la co-autoría de muchos de los mejores temas de los discos donde participó; Ginger Fish, que fue un excelente baterista en vivo y en estudio; John5, que mantuvo siempre una guitarra rítmica impecable y Madonna Wayne Gacy (teclados), quizá el menos importante pero que, de igual forma, todos juntos lograron conformar en tarima una de las bandas en vivo más poderosas del metal contemporáneo.
Este disco desde el principio se deslinda de la línea que Manson ha trazado en sus trabajos anteriores. If I was your vampire abre con toda la estructura de un himno gótico: arpegios oscuros de guitarras y una cadencia que le aporta más sordidez al tema. Desde ya puede intuirse que el sonido es distinto y el ritmo, inquietantemente más suave. El segundo tema, Putting holes in happiness, es sin duda uno de los mejores. En él se puede identificar uno de los elementos diferenciadores a los que hacía alusión en el comienzo de este párrafo: los solos de guitarra interpretados por Tim Skold. En ningún otro disco de Manson se habían escuchado los solos de guitarra que tanto han caracterizado a la estructura típica de una canción de metal. No obstante, la ejecución de Skold es bastante irregular: mientras en unas canciones el solo se hace plácidamente oportuno, en la gran mayoría se sienten forzados y muy poco creativos.
En el tercer track, The red carpet grave, el ritmo sube hasta hacernos recordar los temas pesados de los discos anteriores de Manson. Ahora bien, la que le sigue, en mi opinión, es una de las mejores canciones que este peculiar rock star haya hecho en mucho tiempo: They said the hell’s not hot, donde Skold también se luce con la parte solista de guitarra. A continuación viene Just a car crash away, un tema con un ritmo bastante pausado y que, no por ello, deja de tener la intensidad de una canción desgarradoramente sincera. Digamos que éste sería el equivalente a un bolero tocado en rock gótico: “Love is a fire / burns all that it sees/ burns down everything/ burns down everything you think”.
El sexto tema es el primer single del disco: Heart-shaped glasses, con un peculiar y atractivo ritmo de batería. Esta canción está dedicada a su actual pareja, la modelo de 19 años de edad Evan Rachel Wood, quien lo acompaña en el video, dirigido por James Cameron, quien filmó escenas de una auténtica relación sexual entre el cantante y su nuevo amor. (El video es muy bueno pero su contenido me impide posteárselos en este blog.) Le sigue Evidence, donde se mantiene este ritmo suave, casi de balada oscura, que comienza con unas preciosas notas de piano y contiene excelentes arreglos de guitarra de Skold.
Si el disco hubiera continuado con temas tan buenos como estos, el disco sería sencillamente excelente. Sin embargo los otro cuatro que completan la oncena de temas son, a decir verdad, pésimos. Este cierre prácticamente hace que el disco en general termine siendo sólo bueno. Hasta ahí. No obstante escucharlo no deja de ser una experiencia entretenida y sorprendente. Personalmente nunca imaginé escuchar a un Marilyn Manson que dejara por un momento de maldecir a los demás, o de encarnar una nueva y controversial faceta en el personaje polémico que astutamente ha confeccionado. Nunca imaginé escucharlo tan reflexivo y tan sincero. Pues así, mis queridos amigos, es como suena un demonio con un despecho tan intenso como el infierno al que tantas veces le cantó.




