La vida en un poema escrito en una servilleta. La vida en un Fa sostenido. La vida en una canción reproducida por un iPod. La vida en una nota.

Life on a love poem written on a napkin. Life on a F-sharp. Life on a tune played by an iPod. Life on a note.

lunes, julio 30, 2007

¡La Vida es una Nota ha sido premiado!

Me complace informarles, con toda la emoción del mundo, que La Vida es una Nota ha obtenido, de parte de Naky Soto, el Premio al Blog Pensante. Cuenta Naky que “el premio nace de un blogger en EEUU con la intención de, así como lo haremos el 31 de agosto, poner en plataforma a personas que además de encantarnos con sus ocurrencias nos estimulan a pensar, más allá de la lectura en pantalla”.

Primero que nada quiero expresar mi inmenso agradecimiento a Naky, por haber considerado a este blog como una fuente de pensamiento y de aprendizaje. A continuación les posteo los 5 blogs que me hacen pensar a mí. Ésos que, después de leerlos, te siguen en tus pensamientos y habitan por un tiempo en tu cabeza. Aquí van pues los blogs –sin orden de prioridad alguno- que me hacen sentir todo eso:

Minos: Porque escribe unas deliciosas crónicas de viaje y de alucinantes conciertos a los que va por allá por Madrid. Por compartir con todos su lectores esas experiencias que vive estando lejos de su país natal. Por hacernos sentir con sus fotos, videos y palabras como si realmente estuviéramos tripeando en un concierto de Ozzy, Rolling Stones o Drexler, o caminando por Pompeya. Por dejarme pensando en que pronto quizá sea yo también el que escriba desde allá.

Wolfstrife: Porque me siento orgulloso de contar con un gran amigo que tiene un indiscutible talento para narrar y para crear relatos que estimulen a tu imaginación, hasta el punto de hacerlas casi reales. Porque es un narrador que te deja pensando con todas esas historias que nacen desde su “vicisitud”.

Naky: Porque posee una enorme sensibilidad a la hora de escribir sus relatos, que siempre involucran amistades y experiencias propias. Porque estimulan tanto a la creación artística que ya tiene en su haber un cortometraje inspirado en uno de sus escritos. Porque siempre me deja pensando con sus escritos, que son toda una rendija para fisgonear en ese mundo tan enigmático y exquisito de la feminidad.

Anita: Porque fue la que me impulsó a esto de escribir en un blog. Porque todavía recuerdo cuando me convenció, tomándonos un café en el Soma del Trasnocho, a que compartiera mis escritos con la blogósfera entera. Porque su pasión por la literatura me inspira a escribir. Porque lo que ha escrito en su blog siempre da pie para una reflexión, un pensamiento, un sentido recuerdo.

Fabián: Porque se arriesgó a proponernos su ambiciosa teoría del fin de la razón. Porque su devoción por Fito Páez me ha inspirado en más de una ocasión a escribir algo. Porque sus escritos se alimentan del detalle, de los pormenores que hacen tan sabroso a cualquier texto.

Las reglas que deben seguir los que han sido galardonados con este premio son:

1) Si, y solo si, alguien te da el premio, escribe un post con los 5 blogs que te hacen pensar.
2) Enlaza el post original para que la gente pueda encontrar el origen del premio.
3) Opcional, enseña el botón del premio enlazando el post que has escrito dando tu premio. Hay una versión del botón en plateado y otra en dorado.

jueves, julio 26, 2007

Jueves


Nos encantaba salir a comer los jueves por la noche. Luego de que salía del trabajo a eso de las 6 y media, iba a buscarla, una hora de cola de por medio, a su casa en La Trinidad. Soportaba el tráfico con sólo imaginarme que pronto estaría agarrándole suavemente su mano izquierda ante la puerta del restaurant. Quizá ese era el momento que más disfrutaba: justo cuando Alberto nos abría la puerta y entrábamos a esa atmósfera deliciosa que nos seducía con sus aromas.

Supongo que estas salidas eran como una de esas cosas que las parejas suelen confeccionar y hacer suyas. Porque a nosotros cómo nos encantaba comer los jueves por la noche. Era algo nuestro. Era lo más nuestro que llegamos a tener. Tanto así que los archiconocidos enemigos de la intimidad de las parejas -entiéndase nuestros amigos y familiares-, lo respetaban al punto de no tratar de hacer planes para nosotros en ese día, nuestro día.

Los jueves por la noche solíamos iniciar nuestra cena de la siguiente forma: ella pedía un daikiri de fresa y yo una Solera light. Luego venía Alberto a recomendarnos lo que, para él, era siempre el plato del día: filet de dorado al ajillo. Cosa que nunca terminábamos ordenando pero que él, con estoica perseverancia, siempre insistía en recomendarnos. Al final ella siempre terminaba pidiendo un lomito prosciutto, mientras que yo siempre terminaba ordenando un linguini calamari. De manera que ya el placer estaba servido.

Degustábamos nuestros platos con el soundtrack de lo que ella hablaba, que usualmente incluía comentarios destructivos de sus compañeros de trabajo. De cómo Roberto trataba malísimo a Violeta, su novia; y cómo, en lo que salían del trabajo, él cambiaba radicalmente su trato llenándola de caricias y amapuches que terminaban empalagándola. “Un carajo bipolar, pues”, decía ella con esa sonrisa pícara que tanto me gustaba, agregándole ese último adjetivo gracias a una búsqueda en Google de términos que en principio desconocía, pero que pronto investigaba para poder usarlos después con la propiedad del caso. Y yo simplemente la escuchaba. Porque cómo me gustaba escucharle todo lo que decía. No le discutía nada. No era oportuno el reprocharle algo. Porque cuando hablaba como una posesa, era cuando más linda se veía. Habiendo ya concluido la comida procedíamos a pedir los postres. O mejor dicho el postre: un brownie gelato que era lo suficientemente grande y exquisito como para que pudiéramos disfrutarlo los dos por igual.


Ahora que lo pienso, nuestro amor se acabó precisamente porque, poco a poco, ya las semanas no tenían esos jueves. Digamos que por el abundante trabajo de uno y de otro, el insoportable tráfico de la ciudad, el alto costo de los restaurantes o cualquier otra de esas excusas urbanas que terminan derrumbando un amor tan delicioso como ése.

El hecho es que no hubo más jueves. No hubo más jueves con ella.

Y ya nada es igual que antes. Yo sigo, de vez en cuando, yendo al mismo sitio, por supuesto. Sigo saludando con cariño a Alberto cuando entro. Y sigo pidiendo lo mismo: mis predilectos linguini calamari, pero no les puedo mentir.

Ya no saben igual que antes, maldita sea.

lunes, julio 23, 2007

Dudamel y la Quinta de Mahler

En un post anterior ya les había descrito la profunda y sensible relación que tengo con la quinta sinfonía de Gustav Mahler. En aquella ocasión, les había detallado el enorme privilegio de haberla escuchado bajo Las Nubes de Calder que cubren el Aula Magna de la UCV, dirigida por Gustavo Dudamel. Sin embargo, en esta ocasión me dedicaré a informarles, con toda la alegría del mundo, la salida al mercado de una grabación de la Deustche Grammophon –la disquera más importante del mundo en lo que a música clásica se refiere- precisamente de la Sinfonía No. 5 de Gustav Mahler, dirigida por el mismo Dudamel e interpretada también por la Orquesta Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar.

El disco fue grabado casualmente en el Aula Magna de la UCV, en febrero de 2006 y ya puede conseguirse en las más importantes discotiendas de Caracas. En Esperanto del Centro San Ignacio fue donde lo conseguí, por ponerles un ejemplo. De manera que invito a todos a los que participan en esto que llamamos La Vida es una Nota, a que compren el disco y lo escuchen y, sobre todo, sientan esta obra maestra de la música tocada por esta orquesta integrada exclusivamente por venezolanos que se ha hecho célebre a nivel mundial.

A continuación, les posteo unas maravillosas palabras del propio Gustavo Dudamel que describen precisamente su relación con esta sinfonía:

«Del mismo modo que para las orquestas juveniles tocar Beethoven es un sueño, otro tanto sucede con Mahler. Sí, existen dificultades individuales. Cada instrumento es, en ocasiones, como un solista. Pero el reto surgió de los propios músicos de la orquesta. Querían realmente hacer esta obra. Me limité simplemente a seguirles. Por lo que a mí respecta, la sinfonía significa muchísimo, ya que se trata de la obra con la que gané el concurso Mahler en Bamberg (en 2004). Debido a eso se ha convertido en un punto de referencia musical para toda mi vida. »

«Lo que todo el mundo recuerda de esta obra es el adagietto. Pero para mí lo más importante es la posición que ocupa ese movimiento dentro de la obra. Hay que pensar en la estructura como un todo, en cómo es posible que una obra que comienza con una marcha fúnebre avance hacia un segundo movimiento lleno de desesperación, luego se encamine hacia un tercer movimiento lleno de alegría y felicidad, que a continuación crece y conecta con el amor con el adagietto, y que más tarde, al final del quinto movimiento, haya llegado a la esperanza.»

«En el segundo movimiento se habían producido atisbos de esta atmósfera de esperanza, pero en ese momento colapsan y la atmósfera vuelve a ser de desesperación. Cuando esta música reaparece en el último movimiento, la sensación pasa a ser: ‘Ahora puedo realmente tener esperanza, antes no podía’. En otras palabras, toda la obra es una compleja progresión. Hay una búsqueda de destino en la Quinta de Mahler, y ya se oye una señal de eso en el ritmo de fanfarria que abre la trauermarsch, con ecos del ritmo del comienzo de la Quinta de Beethoven.»

«Esta sinfonía es un gran desafío; una sinfonía donde realmente tienes que buscar para encontrar el centro. La orquesta ha de tener una técnica excepcional y una enorme sensibilidad: en esta obra hay extremos de felicidad, tristeza, depresión y esperanza. Algunas personas dicen que tienes que haber vivido muchos años para haber experimentado esa emoción y ser capaz de comunicarla. Yo creo que lo más importante es simplemente sentirla y tocar.»

martes, julio 17, 2007

Tu lado oscuro


Quiero conocer tu lado oscuro.
Pasear, con una vela encendida, por las sombras de tu alma.

No todo puede ser tan malo.

Quiero averiguar eso de ti que disgusta.
Eso que no disfrutan los demás.
¿Quién sabe?, hasta podría no estar de acuerdo con ellos.

Quiero embarrarme los pies en los pantanos de tu ser.
No puede ser tan malo.
Hay gente que le gusta, ¿sabes?

Quiero visitar tu lado oscuro para ver, si de verdad, es tan oscuro como dices.
A lo mejor peco de ingenuo, pero insisto en intentarlo.

Quiero entrar sin permiso.
Quiero colearme para fisgonear en lo que no quieres que nadie sepa.
Porque debe haber algo malo en ti.
No todo puede ser tan bueno.
Debe haber un balance, ¿no?

Porque debo aceptarte completa.
Sólo estaré seguro de amarte cuando te abrace y abarque por igual a la luz y la sombra.
Insisto en conocerte toda.
Porque no puede ser tan malo.
No puede…



Expectante aguardo lo que pueda descubrir de ti.
Porque no importa lo que consiga estoy seguro que,
como todo lo que ya sé de ti,
eso también terminará gustándome.

domingo, julio 08, 2007

Los mejores pepitos del mundo


A Barquisimeto y a su gente.
Y a su comida, por supuesto.

El pasado mes de abril tuve el delicioso placer de conocer Barquisimeto. Y digo delicioso, porque creo que una de las mejores maneras de conocer una ciudad es saboreándola, es decir, así como uno puede visitar sus principales monumentos, es imperativo también ejercer una especie de recorrido gastronómico para catarla, para degustar ese sabor que sólo ese destino nos puede brindar.

De Barquisimeto pude probar su celebérrimo chivo, su exquisito queso de cabra, su sabroso suero de leche y, por encima de todo, los mejores pepitos que me he comido en mi vida. No miento, ni exagero. Dentro del arraigado orgullo de los barquisimetanos -comparable con el de los maracuchos pero ciertamente más agradable-, existe un lugar especial para su calle El Hambre, un sector tan extenso físicamente como la diversa oferta gastronómica que dispone para sus comensales.

Siguiendo la recomendación de quien fuese mi compañero de viaje: mi estimado Fabián –todo un entusiasta guía de su querida ciudad-, nos fuimos al puesto “Los Caroreños” donde, aseguraba él, me iba a comer los mejores pepitos del mundo. Ante tal aseveración, un auténtico asombro que degeneró en una genuina intriga se apoderó del sentido de mi gusto para entregarme, como Dios manda, a los placeres de los sabores urbanos de la capital del Estado Lara.

Nos sentamos entonces en unas sillas Manaplas que rodeaban una mesa Manaplas repleta de envases de plástico, de todos colores, de ésos que almacenan las tradicionales salsas de un puesto de comida rápida. El colorido de la escena era ciertamente atractivo. Sin embargo, dentro de ese conjunto de salsas había una que destacaba por su peculiar contenido. Fabián me explicó que se trataba de una sustancia que, por estar rodeada de todo un aura de misterio, bien pudiera considerarse como un brebaje sencillamente porque nadie sabe qué carajos contiene.

El nombre: “chica sexy”. El contenido: el gran misterio. El sabor: tan bueno que se me hace imposible describírselos. Fabián también me comentó que hasta la famosa salsa en cuestión la vendían en ciertos lugares. En otras palabras, estamos hablando de una salsa con patente, ¡imagínense ustedes!

Los pepitos –que para la ocasión pedí mixtos- vinieron simplemente con salsa de tomate, mayonesa y abundante queso parmesano. Las salsas estaban allí para bañar al pepito de color y de sabor. Entonces fue cuando finalmente le metí el primer mordisco que me hizo llegar a la conclusión que ahora les transmito: era el mejor pepito que me había comido en mi vida entera.

Así que invito a mis queridos amigos lectores de La Vida es una Nota a que, si tienen chance de pasar por Barquisimeto, no dejen de ir a su calle El Hambre para comerse los mejores pepitos del mundo.

martes, julio 03, 2007

Too late


No se dio cuenta de todo lo que hacía. Como cuando él daba la cola y se quedaba mirándola, anhelándola. O como cuando le enviaba esos mensajitos, justo cuando ella más los necesitaba, porque bien sabemos lo oportuno que es el cariño. Ni se daba cuenta de la forma en que la escuchaba, cuando ella se lanzaba esos monólogos que eran eternos y aburridísimos, pero tan imprescindibles para él. Mucho menos se percató de esa vez cuando ella lo trató malísimo y él juró nunca más hablarle; en vano, por supuesto. Pasaron un par de días entonces, y él que se moría por volver a hablarle, por volver a ayudarla con sus tareas, por volver a tenerla cerca. Pero ella seguía sin darse cuenta. Si bien es cierto que el amor cambia a las personas, el tiempo no se queda atrás. Existe una relación entre el corazón y el transcurrir de los días muy íntima, cercana; demoledora. Él cambió. Y ella también. Lástima que el corazón de ella tampoco se haya dado cuenta de la importancia del tiempo. Lástima que, cuando se le subestima al tiempo, éste siempre te hará llegar demasiado tarde.