La vida en un poema escrito en una servilleta. La vida en un Fa sostenido. La vida en una canción reproducida por un iPod. La vida en una nota.

Life on a love poem written on a napkin. Life on a F-sharp. Life on a tune played by an iPod. Life on a note.

viernes, agosto 24, 2007

De cómo un beso terminó siendo más dulce


Mariela caminaba con ese ritmo desenfadado que tanto la caracterizaba por el bulevar de Sabana Grande. Además era viernes y eran casi las 6 de la tarde, por lo que se podrán imaginar que, ciertamente, andaba de una manera frenética en el ocaso de esa semana en pleno epicentro urbano, donde pronto se darán los hechos que le dan vida a este relato.

Resulta que las aceras de Caracas son lo más parecido a una autopista, pero de peatones; quién sabe si el tráfico de gente es peor al congestionamiento que se da en las horas pico en la Francisco Fajardo, por la abrumante cantidad de vehículos. Igualito tienes que esquivar a las personas lentas y atravesadas, cambiar de canal y hasta se tiene que contar con cualidades de equilibrista, para no tropezar con los cientos de tarantines de comercio informal que colman el suelo de cemento de nuestra ciudad.

Sin embargo, hubo uno de estos tarantines que nuestra veloz Mariela no supo esquivar: un puestico de venta de donas, que siempre veía de medio lado con la tentación que se sobredimensiona justo cuando se les es más prohibido a las mujeres: cuando están en dieta. Una dieta que tenía visos de “reto-apuesta” que hizo con su mejor amiga Valentina y que cumplía a cabalidad, pero que peligraba justo cuando ya iba a terminar la semana.

Una sola dona. La blanquita con chispitas de colores fue la única cosa que pudo detener a este vendaval de emociones llamado Mariela Villanueva. Ésta era su dona favorita, era el dulce que contaba con el puesto más alto dentro de sus preferencias culinarias.

En lo que se detuvo ante el tarantín, vino al ataque el impertinente vendedor de donas quien, con la labia sui generis de este tipo de personajes, comenzó a poner a prueba la determinación de Mariela, quien en esos instantes se planteaba el balance que siempre se hace cuando se está a punto de tomar decisiones que se saben prohibidas.

Por su cabeza pasaron muchas cosas a la vez. Ahora bien, trataré de resumirles lo que en ese mundillo pasó. Primero, tendría que violar una de las reglas del reto-apuesta que había hecho con Valentina, que era la promesa de total sinceridad en caso de que se hubiera cometido este tipo de pecados. Y si creen que ambas contaban con la posibilidad de tomar el atajo de la mentira, entonces no tienen ni idea del poder que puede llegar a tener una amistad que por más de 18 años ha existido entre la dos, pues se conocen lo suficiente como para ponerse una a la otra al descubierto. Asimismo debería enfrentar las consecuencias psicológicas luego de haber sucumbido ante la tentación, pues ya saben ustedes que la mente es capaz de aumentar hasta un par de kilos al cuerpo de una mujer. Y, por si fuera poco, tendría que calarse el chalequeo de su beibe-beibe Daniel, quien no la dejaría en paz por la débil fuerza de voluntad ahora demostrada por su amada.

Después de este inventario de obstáculos, ya pudiéramos dar por hecho que Mariela haya decidido salir por la puerta grande del desafío, pero no. Recordemos que nunca podemos dar por sentado ninguna suposición en la mente de una mujer. Acto seguido, en un arrebato de inconsciencia -que es como tienen que hacerse este tipo de cosas- Mariela le dio el billete de Bs. 2 mil al vendedor atorrante, tomó la dona y la mordió…

El mordisco convirtió a las chispitas de colores en fuegos artificiales de alegría y libertad que explotaron dentro del cielo de su paladar. En fin, fue un mordisco que hizo aún más feliz a nuestra Mariela y, que terminó siendo dentro del propio cuerpo de Marielita, en una experiencia casi hasta erótica, porque hay que ver que el acto de comerse una delicia como ésta con el afrodisíaco de lo prohibido, bien puede terminar teniendo connotaciones orgásmicas.

El mordisco fue, en efecto, un solo mordisco; sólo eso bastó para saciarla, ya que luego inteligentemente botó el cuerpo del delito en la primera papelera que encontró. Mariela estuvo tan complacida y satisfecha de lo sucedido, que no le pasó ni pío por su cabecita, no dejó que hubiera lugar para el arrepentimiento.

Estoica y avasallante se metió en el atestado vagón del Metro que, en tan sólo dos estaciones, la dejaría a dos cuadras de la casa de su cuchi-cuchi Daniel. Tanto se concentró Mariela en disfrutar la dona, que pudo retener en su boca hasta mucho después -ya sabrán por cuánto- el sabor que tanto le había dado placer.

Finalmente logró salir del infernal vagón y, en un instante de descuido mental, la volvió a asediar el miedo y el desasosiego, momentos antes de llegar a la casa de su novio. Resulta que Mariela es ese tipo de personas que refleja estados mentales como ese inundando de rojo su cuello y sus cachetes, como suele sucederle a las personas blancas que no pueden esconder las malditas sensaciones delatoras de su ser. Así que se detuvo por un momento y, antes de que el novio la llegara a ver, respiró profundo y logró atenuar el rojo que se había instalado en todo su rostro.

Decidió finalmente relajarse para llegar más calmada al apartamento de su novio, otro de los que la conoce tan bien que es capaz de desnudar todo secreto de lo que en sólo cuestión de minutos había ocurrido. Daniel abrió la puerta y Mariela, al verlo, logró aplacar toda inquietud y actuar con toda la normalidad del mundo, comenzando con el típico beso que se dan los novios cuando tienen más de ciertas horas sin verse.

Sin embargo Daniel no pudo ocultar, luego de concluido el beso, un desconcierto ciertamente agradable con lo que acababa de sentir. Mariela analizó la expresión de su novio que ahora amaba más que nunca -porque ya bien sabemos lo capaces que son los besos para exagerar el amor-, y sintió que su falta había sido descubierta. Sin embargo su culpabilidad no lograba delatarla, sino que la ocultó tras una sonrisa nerviosa y la pregunta que inmediatamente después le haría a Daniel y que, por cierto, es una de las más peligrosas que toda mujer puede hacerle a un hombre:

-“¿Qué pasa mi cielo, no te gustó?” –preguntó con suspicacia.
- Al contrario, mi vida, no quiero sonar maricón ni nada por el estilo… -decía mientras miraba hacia abajo- lo que pasa es que… no sé por qué –subió la mirada y se acercó lo suficiente como para besarla de nuevo-, pero este beso terminó siendo como más dulce que los demás.

Mariela sonrió finalmente aliviada mientras volvían a besarse, pues nunca pensó que la más inesperada de las reacciones de su novio, terminara siendo la mejor de todas.

viernes, agosto 10, 2007

Capitán Melao: buenas canciones en electropop


Hay discos que parecieran invitarte a que los compres sin haberlos escuchados propiamente. Y cuando este tipo de discos terminan siendo todo un placer para tus oídos y tus emociones, es cuando agradeces haberle respondido afirmativamente a la intuición que te motivó a comprarlo. Así me pasó con Lágrima (2007) de Capitán Melao.

Capitán Melao es el nombre artístico de Javier Weyler, ex baterista de esa importante banda caraqueña de los 90 llamada Claroscuro y actual baterista del importantísimo trío londinense llamado Stereophonics. Weyler nació en Argentina, creció en Caracas y actualmente reside en la lluviosa metrópolis de Londres. Quizá esta mezcla de residencias y diversas experiencias musicales hayan influido en el sonido de Lágrima, un álbum que empezó a tener forma desde hace 8 años y que ha sido editado por Black Beans Music, la disquera que maneja Weyler junto a Erik Aldrey (Le Picó) y cuyo acento está puesto sobre ese antiguo pero sabroso arte de hacer buenas canciones.

Lágrima tiene un intro genial: Buenas taldes! incluye el sampleo de uno de estos chamos margariteños que fungen como guías del Castillo de Matasiete. Teclados lúdicos y una imponente batería acompañan a la característica forma de hablar de este tipo de chamitos. El segundo corte es el romántico Tu querer, donde podemos apreciar por vez primera la dulce voz de Weyler, que precisamente se termina convirtiendo en uno de los atributos más fuertes de esta producción. A continuación viene Estelar, cantada a dúo con Natalia Lafourcade, el primer single del disco (cuyo magnífico video les posteo abajo), y que se mantuvo por varias semanas en las primeras posiciones del portal de Itunes.

Olvido es sin duda mi canción favorita de todo el disco. La voz grave de Weyler le confiere el apropiado tono de melancolía que requiere la sentida letra de esta canción, que también cuenta con una lánguida percusión y unos cellos que le añaden aún más drama. Le sigue A piel, un tema que continúa con esa atmósfera serena pero intensa que le dejó su predecesora.

En Terraplén, sube el tempo y el ánimo para darle paso a otro de los mejores temas del disco: Entrelíneas, donde una guitarra acústica acompaña a unos muy buenos arreglos vocales de Weyler. La canción concluye con un excelente arreglo de trombón a cargo de Vladimir Peña, ese excelente músico de Fauna Crepuscular que, en más de una ocasión, se ha encargado de hacerles los metales a Los Amigos Invisibles y al primer disco de Chulius & the Philarmónicos.

Le sigue la canción que le da título al disco: una balada electropop bastante melódica y romántica. En Te amanezco lo acompaña en la guitarra quien fuera su compañero con ese mismo instrumento en Claroscuro: Carlos Reyes, el líder de la también exitosa agrupación caraqueña de hip-hop y trip-hop ChuckNorris.

Lágrima se me ha convertido entonces en esa rara y escasa especie de discos que te dan mucho más de lo que inicialmente esperaba. Uno no puede hacer otra cosa sino admirar el gran talento compositivo de Javier Weyler, un músico que nos confirma su integral y sólido talento musical; ya sea sentado frente a la batería, cantando frente al micrófono o componiendo una buena canción con su guitarra.

lunes, agosto 06, 2007

De cómo una vez entré a un café para conocer, sin querer pero al final queriendo, al amor de mi vida cuando fui a comprar cigarros, ¡qué estrés!


Simplemente la vi y me enamoré. Así de sencillo. Su belleza no admitía siquiera la duda. Había entrado a ese café para comprarme una caja de Marlboro. Así que podrán imaginarse el inmenso estrés que cargaba encima como para fumar en esa tarde acalorada.

Cuando abrí la puerta no me había percatado de su presencia. Pero en lo que estaba pagando la caja de cigarros, miré hacia mi lado izquierdo y allí estaba. Su cara fue lo primero que vi y lo que de inmediato me sedujo.

Debo haberme concentrado de tal manera mirando su hermoso rostro, que la señora de la caja tuvo que decirme una vez y luego gritarme otro par de veces: “¿Señor tiene los 50?... ¿Señor?...”, decía mientras progresivamente alzaba la voz. “Yuju…”, fue su último intento decente de hacerse escuchar, mientras los que estaban en la cola comenzaban a impacientarse. “¡Señor le estoy preguntando que si tiene los 50!”, no aguantó más y me gritó enfurecida como debe hacérsele a los pendejos que se quedan como en la luna. “¡Así es que trata a los pendejos que se quedan como en la luna!”, pareció decir un imbécil que estaba por ahí. “Disculpe…”, dije buscando en los bolsillos los 50 que ya sabía que no tenía. “Pero no los tengo…”. Tomó entonces mi billete de 5 mil visiblemente amargada y me dio con mala gana el vuelto en miles de monedas de 50. “¡Esta sí es arrecha!”, pienso ahora que lo recuerdo, porque cuando verdaderamente pasó mi atención tenía dueña y una carita linda y pecosita como para verla a mi lado todos los amaneceres de mi vida.

Sí, hasta esas cosas pasan por la mente de uno cuando se enamora. Y también pasan cosas como la que hice a continuación. Fue una de ésas que haces automáticamente, sin pensar muy bien por qué las haces. No sólo ya me había ganado el desprecio momentáneo de la cajera, sino de las dos o tres, tal vez cuatro personas de la cola cuando decidí regresar y pedirle a la amargada que me pedía los 50 “una servilletica, por favor, mire que es cuestión de vida o muerte”. La tipa me miró como que “¿qué le pasa a éste?” y los de la cola me miraban como que “¿y tú vas a seguir?”.

Sin embargo, me dio la servilletica con la mala gana que le caracterizaba. Me dispuse entonces a anotar en la servilletica con mi boligrafito azul -hay que ver que uno sí que suena gafo cuando está enamorado- un mensajito al amorcito de mi vida que decía lo siguiente: “Eres ahora lo más lindo de este mundo… ¿me regalas un pedacito de este ahora? 0414-213XXXX” Sí, el ahora lo puse en cursivas y todo. Empecé a caminar como quien no quiere la cosa -pero en verdad cuando caminas así es cuando más quieres la cosa- y me acerqué lentamente a la mesa donde estaba sentada ella con su amiga, la gorda. Y si ese gorda les sonó despectivo entonces me puedo dar por satisfecho, porque la gorda esa con su inmenso cuerpo no me daba espacio para entregarle la servilletica con el mensajito. Finalmente llegué a la mesa y le dije –al amor de mi vida no a la gorda-: “Disculpa… pero te vi y… y… bueno te escribí esto…”, y le entregué la servilletica con el mensajito con mi mano derecha tembleque. Ella sonrió con su carita linda y me la recibió no sin antes escuchar a la gorda que decía como gorda antipática que era: “Ay, Dani, ¿y si eso tiene burundanga?”. La volví a maldecir en mis pensamientos aunque creo que se me salió un “¡Cállate! Gorda de mier…”. Pero igual el amor de mi vida que ahora se llamaba Dani tomó la servilletica y me soltó tímidamente un “gracias”.

Todavía luego de un día entero estoy esperando por algún mensajito de Daniela –decidí llamarla así porque si la llamo Dani me acuerdo entonces de la gorda y ¡qué estrés! Porque estrés es lo que tengo ahorita mientras espero el mensajito de Daniela, el amor de mi vida. Pero no se preocupen que yo los mantendré informados sobre el mensajito que a lo mejor llega, pero qué estrés si no llega, o a lo mejor el estrés se me quita si no llega… ¡Coño qué estrés!

jueves, agosto 02, 2007

Macaco: ¡gracias a Myspace todopoderoso!


Es impresionante lo que uno puede terminar encontrándose en esa galaxia musical que es, el ahora celebérrimo portal de Internet, Myspace.com. La importancia que esta página representa, para la promoción global de una agrupación musical, trasciende todo tipo de ideas preconcebidas que se hayan tenido al respecto. En la actualidad, prácticamente es imperativo que una banda tenga uno de estos “espacios”. Digamos que es una manera de confirmar su presencia en el ciberespacio, ya que atrás han quedado muchas de sus “páginas oficiales”, cuya función original precisamente se ha visto menguada ante la popularidad de estos portales. Es por ello que ahora, si quieres saber cómo se escucha tal grupo, conocer su historia y las fechas de sus próximas presentaciones, pues buscas su Myspace y listo.

Hace un par de meses, mientras revisaba algunos Myspace de grupos españoles, me topé con una muy agradable sorpresa. Se llaman Macaco, son de Barcelona (España) y hacen muy buena música. Cuando comienzas a escucharlos puedes asociarlos muy fácilmente al sonido de Manu Chao o al de Sergent García. Sin embargo, uno se queda corto al tratar de definir su sonido teniendo como referencia el de estas dos agrupaciones, ya que su propuesta es una muy bien lograda fusión de flamenco con reggae, samba, funk y hip hop. Si quisiéramos clasificar su música, diríamos sin duda que se trata de un muy buen grupo de rock mestizo.

El disco que inmediatamente escuché, luego de haber visto el excelente video que tenían en su Myspace del tema Mamá Tierra (el cual les posteo abajo), fue su última producción editada en el 2006 y que lleva por título Ingravitto; un disco que, desde su intro, nos cautiva, y también termina siendo uno de ésos que se escuchan ininterrumpidamente de principio a fin. Aquí no hay desperdicio alguno, como suele ocurrir en los buenos discos.

Otro punto a destacar es la gran carga reflexiva de las letras de las canciones. Temáticas que van desde superar el pasado afrontando con valentía el presente (Con la mano levanta’), un llamado de conciencia a cuidar nuestra naturaleza (Mamá Tierra), la forma convulsionada de cómo vivimos la vida (Fast lane), el potencial que existe dentro de cada uno de nosotros (Somos luz, con La Mari de Chambao como invitada especial) hasta la hermosísima balada dedicada precisamente a la vida (Con hilo y aguja).

La verdad es que tenía bastante tiempo sin escuchar un disco que presentara una propuesta tan fresca y con unas letras que me hicieran reflexionar, mientras las canto a todo gañote, cuando las escucho en mi carro. Macaco ha sido, para mí, uno de esos descubrimientos que celebran la diversidad de géneros dedicada a transmitir un mensaje hermoso. Un mensaje que ahora comparto con ustedes y que espero que disfruten tanto como yo.