La vida en un poema escrito en una servilleta. La vida en un Fa sostenido. La vida en una canción reproducida por un iPod. La vida en una nota.

Life on a love poem written on a napkin. Life on a F-sharp. Life on a tune played by an iPod. Life on a note.

lunes, octubre 29, 2007

La Vida es una Nota cumple su primer año


La Vida es una Nota cumple un año de existencia. Un año que celebra de tomarse “en serio” esto de escribir, esto de que cualquiera pueda leerte a lo largo y ancho de la internet, para bien o para mal. Pero créanme que, sin duda alguna, más ha sido lo bueno que lo malo en estos 365 días de entradas, comentarios y satisfacciones.

He tenido la oportunidad de compartir con ustedes textos que estaban todos amontonados en un poco de carpetas en el disco duro de mi computadora durante años, de publicar ideas que escribía mientras estaba en una clase aburridísima en la universidad. He recibido premios por parte de otros colegas blogueros, que me han dado inmensas alegrías; he descrito sentimientos que han sido inspirados por personas, experiencias, y por escritos de otros amigos de la blogósfera que sólo he podido conocer gracias a este blog. Y precisamente creo que eso es lo más merece celebrarse en este día. El hecho de que se genere ese mágico diálogo, a través de los comentarios que me dejan personas alrededor del mundo –conocidas y desconocidas-, es lo más sabroso de todo esto.

Sin duda habrán escritos que gusten más que otros, pero créanme que todos merecieron la pena de convertirse en entradas de este blog. Y el hecho de que te tomes un tiempito para leer y luego comentar cada entrada es digno de celebrar y de agradecer.

A todos los que me leen –sea una vez al año o con frecuencia-, a todos los que me dejan comentarios y a los que no –porque también me he enterado que son bastantes- debo agradecerles su lectura de La Vida es una Nota. Y, esperando que sigan acompañándome durante más tiempo, les doy las gracias por leer, escuchar y, sobretodo gozarse a esta vida que, ahora más que nunca y gracias a todos ustedes, es y seguirá siendo toda una nota.

¡Gracias!

viernes, octubre 26, 2007

Retratos hablados


Ay, mami linda vecina,
ya sé que estás divina

JOSÉ LUIS PARDO


“ALQUILO ESTUPENDO APARTAMENTO, FRENTE A ESTACIÓN LOS SÍMBOLOS, 78 m2, 2 habitaciones, 2 baños, cocina empotrada, terraza. 0414-2051452”. Este era el aviso del apartamento que Gerardo había alquilado, diagonal a la plaza Las Tres Gracias y, efectivamente, muy cerca a la estación de Metro Los Símbolos. El apartamento queda en el tercer piso del Edificio Libertador, una de esas edificaciones antiguas que sólo tienen 4 plantas, sin ascensor, y que, si se les ve desde la entrada, tienen la estructura de un rectángulo: cada lado corto contiene dos apartamentos, uno al lado del otro, y los lados largos comunican, con extensos pasillos y escaleras de granito, al otro par de apartamentos que completan cada piso.

Gerardo tiene 27 años y es médico, aún sin especialización y con una sensibilidad especial para trabajar en zonas populares. Es en ese aspecto donde Caracas se le hace perfecta, debido a la amplia oferta de comunidades con escasos recursos, a las que él puede prestar sus servicios. Por la tarde, culmina de pintar de blanco las paredes de la sala y, extenuado, decide echarse un baño, para luego ir a la panadería a comprar jamón y queso. Cuando sale y cierra las dos cerraduras de su puerta, y las otras dos de la reja, escucha que en uno de los apartamentos que están a su espalda, alguien también abre otra puerta.

“Ay papá, pero si ahí está mi vecinita linda”, piensa Gerardo, refiriéndose a la chama que ya había pillado, cuando hacía la mudanza. Ella termina de cerrar su puerta, se voltea y dice:
―Hola vecino, ¿terminaste de mudarte?
―Hola… sí, la tortura ya terminó, jeje ―sonríe tímidamente y aprovechando la ocasión, se le presenta―. Me llamo Gerardo ¿y tú?
―Estela, pero llámame Lita, mira que ese nombre es de anciana amargada. ¿Bajamos? Así aprovechamos y nos conocemos, sin llegar a esos pavosos lugares comunes como el “estoy a la orden por cualquier cosa”, o el clásico “no dudes en tocar si te hace falta un poquito de azúcar” ―en estas palabras, se resumía la colorida personalidad de Estela: toda una caraqueña desenfadada, espontánea, jodedora―. ¿Y qué haces con tu vida? ―inició ella el interrogatorio.
―Soy médico, pero de los que son pelabolas, ésos que trabajan en ambulatorios, ¿y tú? ―le devolvió la pregunta, abrumado ante tanta simpatía junta.
―Estudio Idiomas en la Central, pero estoy terminando ya mi tesis ―responde, mostrando seriedad por primera vez en el diálogo.
―Y cuéntame ―prosigue con curiosidad de recién llegado―, ¿qué tal se vive aquí?
―Mira, la zona se ha puesto burda de peligrosa ―afirma, añadiéndole dramatismo a la conversación―, pero el hecho de que tengas la estación de Metro cerca, ya es mucha vaina, ¿sabes? ―concluye encogiendo sus hombros.
―¿Y la gente?
―Bueno, los que viven al lado mío son un par de jodedores. Uno es “el maestro”, que da clases en el IUDEM, y que tiene una vida sexual tan intensa, que se hace sentir en la pared de mi sala; y el otro es “el Pessoa de Chacao”, un carajo que es poeta y que, cuando está hasta’l culo de marihuana, se cree la reencarnación de ese escritor portugués. Son un vacilón― él sonríe ya totalmente cautivado, y su pensamiento dice algo como “¡qué depinga es esta caraja!”; ella continúa―. Ahí ―señalando la puerta pintada con una réplica de una obra de Jesús Soto ―vive “la francesa”, una chama que es pintora y que está frita pa’l coño. A veces sale por ahí descalza hasta el abasto que queda en la esquina, con una camiseta Ovejita verde oliva y unos pescadores negros manchados de pintura ―descienden hasta el primer piso, y ella continúa con su presentación―. Este piso es el “súper aburrido”: en todos los apartamentos viven las típicas familias de clase media, ¿sabes? En el 7, vive “el inútil”: un varón domado por una fiera, que le para unos peos arrechísimos, con unos gritos como para que todo el mundo se entere. Aunque dicen por ahí las malas lenguas, que con todo y lo “inútil” que es, le pega más cachos a la cuaima esa que ni te cuento ―a esto último, Gerardo no logra prestarle mucha atención, ya que bajando las escaleras hasta la planta baja, pudo obtener una vista cenital de los talentos físicos de Lita: “¡Coño, y aparte tiene unas teticas bien y todo!”, pensó. Estela prosigue:
»―Aquí en la planta baja, viven el nonno Donatello, que celebró el triunfo de Italia en la ambulancia de Rescarven, después del soponcio que le dio, y la nonna Malena, una señora súper tierna que hace unos pastichos divinos. En el 3, vive “el chavista impertinente”, que a veces le da por poner a todo volumen los discursos de su presidente, junto a los desafiantes “¡viva Chávez no joda!”, que grita desde la ventana de su cocina. Mientras que en el 2, vive González, el único PM decente que he conocido en mi vida, es viudo y vive solo, y de vez en cuando se pone a cantarle boleros a su amada… bueno eso digo yo, aunque gracias a él es que los malandros no nos joden tanto por aquí.

Llegan a la entrada del edificio, se dan un beso en el cachete y se despiden. Ya no importan las últimas palabras que se han dicho, porque, de igual forma, ambos cayeron en los lugares comunes que Estela tanto rechazaba. Y, aunque pudiera decirse que Gerardo ha quedado ya con una muy buena idea del sitio donde vivirá, realmente no es eso lo que ocupa su mente. Piensa que, si en un principio se había sentido atraído físicamente por su vecina, la sensación de ahora es agradablemente distinta. Porque si el cuerpo es lo que atrae llamando tu atención, la personalidad, entonces, es lo que enamora.

lunes, octubre 22, 2007

Angelique Kidjo: celebrando la impureza del ser humano


Apartando a un lado las diferencias que se puedan tener respecto a las etiquetas que poseen ciertos géneros musicales, debemos reconocer que, cuando uno habla de “world music”, existe un acuerdo unánime en que nos estamos refiriendo a una música regida por la mixtura de sonidos de distintas partes del mundo.

Habiendo aclarado eso, me tomo la licencia de afirmar que la última producción de Angelique Kidjo, titulada Djin djin (2007), es uno de los discos más auténticos de “world music” que he escuchado en mucho tiempo. Sin duda, el gancho comercial de esta producción está dado por el importante cartel de invitados especiales que participan en esta placa: desde Alicia Keys, en Djin djin; Joss Stone, en la extraordinaria versión del clásico de los Rolling Stones, Gimme shelter (cuyo video les posteo abajo); Peter Gabriel, en Salala; la imponente voz de Josh Groban junto a la cada vez más insulsa guitarra de Carlos Santana –la cual me temo ha dejado de impresionarme durante el último par de años- en Pearls; el dúo Amadou & Mariam, en Senamou; y Ziggy Marley, en el sabroso reggae aderezado con melodías tribales de Sedjedo.

Sin embargo, la calidad de todos estos temas es altísima ya que confirma de igual forma la versatilidad de los otros artistas a la hora de interpretar temas llenos de folklore africano y de ritmos étnicamente disímiles. La otra mitad del disco está precisamente basada en estos ritmos, con la excepción de que la voz de Kidjo es la única protagonista de estas canciones.

De este conjunto de temas, el que más sobresale es la versión vocal que hace Kidjo del Bolero de Ravel y que tituló Lonlon, una genial interpretación de este clásico de la música académica, recitada con versos africanos acompañada de unas melodías vocales encargadas de ser el ritmo y la armonía del tema.

Djin djin ha sido una muy grata sorpresa para mis oídos que, aunque no están muy familiarizados con el tipo de música que este disco ofrece, pues igual agradecen escuchar música tan buena, música que celebra la impureza cultural que está dentro de cada uno de nosotros.


martes, octubre 02, 2007

Lo otro


La vaina comenzó cuando me escribió un mensajito, diciéndome que iba a venir a pasar el fin de semana en Caracas. Después que se graduó, se fue a trabajar a su tierra, a Maracay, y tú sabes que ella y yo siempre habíamos tenido nuestro cable pelao, ¿sabes? Entonces un día estábamos hablando por Messenger, y me contó que había terminado con su novio de por allá, y que pensaba pasar por Caracas para hacer unas diligencias en la embajada de Canadá, porque pensaba estudiar un postgrado en ese país. Entonces, nada, le dije que me avisara cuando estuviera por acá por Caracas: “pa ver si cuadramos algo”. La caraja como que se pilló la indirecta, ¿sabes?, y me dijo: “si va! te aviso cuando este por alla”.

En otro mensajito, que me llegó la tarde del sábado, decía que iba a rumbear esa noche con unos amigos en Vintage. Y, aunque tú bien sabes lo que detesto rumbear un sábado en el San Ignacio, le dije “fino nos vemos esta noche entonces”. Todo sea por unos besos, meterle mano y hasta quién sabe qué carajos podía terminarle haciendo esa noche.

Llegué al San Ignacio a eso de las 11 y media, y la llamé para preguntarle si ya habían llegado. Me dijo que sí, que me esperaba en la puerta del local por si los seguridad se ponían popy. Subí entonces las escaleras mecánicas y de lejos ya podía verla en la entrada. Mientras más me acercaba, mejor la podía detallar y la verdad es que hasta estaba más chévere de lo que pensaba. No sé si era el maquillaje o cómo estaba vestida, pero la verdad es que estaba bien chévere, bicho. La vi, habló con el seguridad y en seguida me dejó entrar. Una vez adentro me saludó como que muy cariñosa, lo digo porque el abrazo como que duró mucho y la verdad es que hasta me apretó burda. “Jejeje -pensé-, ¡esto está listo papá!”. Hablamos un rato antes de saludar a sus amigos y la caraja hasta me miraba raro, ¿sabes?, como cuando los culos quieren. Yo siempre he dicho que cuando una caraja quiere, la mirada le cambia pa’l coño, de pana que hasta intimidan.

Me presentó a sus panas: un gordito que se creía que era el rey del reguetón, una amiga con cara de puta, pero que estaba bien fea, y una gordita bien pana y que no estaba tan mal, si te soy sincero. Bueno le caigo a ésta si la otra no me para bolas, pensé, pero marico, ¡es que de bolas que iba pa’lante con la caraja!, ¿sabes? La forma en la que me miraba y cómo me hablaba cerquita… ¡Dios! Hasta sus panas se pillaban la vaina, bueno, todos menos el gordito que se ponía como loco cuando ponían cualquier vaina que cantara Daddy Yankee.

Como a las dos de la mañana la vaina se puso medio chimba porque el maldito Dj lo que ponía era trance y pura música electrónica, ¿sabes? Esa maldita música que no te deja bailar con la caraja y ni siquiera hablar aunque sea un ratico con ella. Estaba maltripeando hasta que el carajo se dignó a poner merengue. ¡Ahora sí voy a bailar con ella!, pensé, y cuando menos lo esperaba me agarró la mano y me llevó a un sitio que no estaba tan full y bailamos. Bailamos cerquita y burda de sádico, la verdad es que bailaba muy bien. Siempre he pensado que hay una relación “directamente proporcional” entre la forma en que baila una caraja y cómo tira. Sé que suena burda de galla la vaina pero tú me entiendes, ¿no? Y la verdad es que, si esa ley se aplicaba a esta caraja y terminábamos tirando después, la íbamos a pasar del carajo.

Seguimos bailando mientras sentía cerquita su cuerpo caliente. Ahora sonaba Olga Tañón con una de sus canciones pajúas y, cuando busqué su cara, vi que me miraba más sádica que nunca. Te lo juro que hasta me cagué y todo, nunca la había visto así. Entonces ella acercó sus labios a los míos, explotando finalmente todo el queso que nos teníamos. Nos dimos los besos un rato largo, besos sádicos marico, besos full porno. Por un momento me pregunté si estábamos haciendo todo un espectáculo en el medio de la discoteca. Pero, si te soy sincero, tampoco me importó lo que pensaran los demás. Perros a cagar, bicho. Por un momento ella dejó de besarme y me miró con toda su cara sádica, créeme que esa cara pedía sexo. Se me quedó mirando por un rato largo como esperando que le dijera algo. Automáticamente le dije “Vámonos”, mientras le agarraba la mano y me la traía para la salida. “Dame un chance para despedirme de mis amigos”, me dijo casi rogándome porque se dio cuenta de que yo estaba un pelo desesperado. Le dije que sí y le solté la mano. “Te espero afuera”, le dije.

Estando afuera comencé a impacientarme porque ya había pasado como que demasiado tiempo y me cagaba que se apagara la cosa entre los dos. Luego me di cuenta que no, porque salió, me tomó la mano y seguía con su cara sádica. Buscamos el carro en el estacionamiento con las manos agarradas. Prendí el carro y le acaricié su pierna izquierda diciéndole que para dónde íbamos. Me dijo que no había ningún problema en ir a la casa de su prima, que era donde se estaba quedando. No hablamos más durante el camino hasta Los Palos Grandes. Llegamos y volvimos a besarnos como locos en el ascensor. No podíamos más, la verdad es que los dos estábamos desesperados por empezar a meternos mano y quitarnos la ropa y todo lo demás.


Todo estuvo del carajo, man. Sólo te diré que la caraja cumplió a cabalidad la relación del baile con el sexo, jajaja.


A eso de las seis y media de la mañana me paré para buscar el celular porque sonaba con el pitico ese de cuando llega un mensajito, “a lo mejor es mi vieja que se preocupa cuando salgo hasta tan tarde”, pensé, y la verdad es que el celular ya llevaba tiempo sonando y me daba paja que la caraja se fuera a levantar. Porque se veía que dormía sabroso. Incluso después de buscar y callar al celular, me quedé mirándola mientras dormía. Ahí fue cuando me empecé a sentir medio raro. Entonces fue cuando me cagué, porque la verdad es que no podía identificar lo que sentía, o en verdad sí lo podía identificar pero me cagaba, ¿sabes? Me cagaba que pudiera por terminar agarrándole mas cariño de lo que debía a la caraja, no sé si me entiendes. No vale, nada que ver, ¿qué carajo estoy diciendo? Más bien estaba lleno de ese orgullo todo masculino que uno siente después de haberse cogido un culito, ¿sabes? Sí, sí, yo creo que era eso. Bueno… espero que sea eso, y no lo otro…