jueves, junio 12, 2008

Las abrazonas


Las abrazonas son unas gozonas
ANÓNIMO



Las abrazonas son ese tipo de mujeres que se la pasan abrazando a todo el mundo. Uno pudiera pensar que es porque son muy cariñosas y que el abrazo se les hace el medio perfecto para expresar todo su cariño. Pero no. Sólo quieren demostrarle al mundo lo populares que son, cuántas personas conocen y, sobre todo, a cuántas personas abrazan.

Yo sólo abrazo a las personas a quienes les tengo un cariño especial, o a las que quiero mucho y tengo un buen tiempo sin ver. Las abrazonas no comparten ese mismo criterio. A lo mejor te ven por la mañana y te abrazan pero, si te vuelven a ver por la tarde, van, te saludan y te vuelven a abrazar por supuesto. Y no te abrazan porque te quieran o porque sientan algo especial por ti. Te abrazan porque son abrazonas y punto.

Una vez salí con una abrazona. La conocí en la universidad y se tripeaba, como yo, ir a conciertos. A los dos nos gustaba Masseratti 2lts, así que cuadramos para ir a un toque que iban a dar en el Corp Group. Sería nuestra primera cita pero, por lo que estoy a punto de contarles, terminó siendo la única.

El concierto estuvo fino, pero cuando terminó y yo me disponía a salir del recinto, ella me detuvo y me dijo que me esperara, que ella quería saludar a los de Masseratti. Según ella, eran sus “panas del alma”. Habló con un seguridad, lo mareó con una buena labia y su buen par de tetas y logramos entrar al camerino. “¡Armando! ¡Fernando! ¿Cómo están mis morochos?”, les gritó a los hermanos Gómez y los abrazó fuertemente. La verdad es que incluso dudo que los conociera. Sus caras no parecían ser las de alguien que saluda a una “pana del alma”. Sin embargo, hicieron lo que yo mismo hubiese hecho si veo que una tetona viene a abrazarme con mucho cariño: le devolvieron el abrazo. (Ahora que pongo eso, la verdad es que no sé si un abrazo se puede devolver.)

“¿Y dónde va a ser la after-party mis morochos?”, les preguntó ella, más melosa que nunca. Ellos le dijeron que se iban a rumbear a Suka, en el San Ignacio, pero mostrando poco interés de querer verla allá. Imagino que ya estaban empalagados de tanto cariño exagerado. “Bueno, ¡nos vemos allá entonces mis morochos!”, se despidió de ellos, propinándole sendo abrazo a cada uno. Y fuimos.

Cuando llegamos al San Ignacio saludó y se abrazó con cuanto conocido se encontraba. Atravesar esa alfombra roja del esnobismo caraqueño que es el pasillo entre Whisky Bar y Suka nos tomó como una hora. No sólo abrazaba a todo el mundo sino que se ponía hablar con ellos un rato largo. A mí no me paró ni medio. No sólo eso, sino que cuando empezábamos a hablar para conocernos –para eso es que son las citas, ¿no?-, llegaba alguien que la conocía, interrumpiendo nuestro intento de diálogo. Finalmente llegamos a Suka y nos encontramos con los morochos lindos. Como era de esperarse, en lo que vieron que la abrazona volvería a hacerle justicia a su nombre y volvería a abrazarlos, los carajos se hicieron los locos y siguieron bebiendo y hablando con los panas con los que estaban. En lo que vio que ya no había más nadie a quién saludar, o mejor dicho, abrazar, se dignó a hablar conmigo. Me dijo que conocía a Asier y a El Enano de Caramelos de Cianuro, a Arístides de Malanga y a Leo de Fauna.

- Son burda de panas, cada vez que dan un concierto voy y los saludo.
- Y los abrazas, me imagino…
- ¡Pero claro! ¡Son demasiado panas!
- ¿Son tus panas del alma?
- Jaja, no tanto así, ¡sí eres exagerado! -¿y ahora yo soy el exagerado?

En eso se acercó alguien que conocía a la abrazona e interrumpió nuestra conversación, por enésima vez en la noche. Menos mal, lo más seguro era que terminara diciéndole un poco de vainas a la pendeja esa porque ya me tenía arrecho. Llegó más gente a Suka mientras transcurría la noche, lo que significaba que habían más personas a las que la abrazona podía, en efecto, abrazar. Para ese momento ya podía considerarme completamente ignorado por ella. Por suerte, me conseguí a mi primo afuera de Suka.

- ¡Primo! – me saludó con verdadero cariño, no como el de laqueteconté.
- ¿Qué dice el miki?
- Todo fino man, ¿qué estás haciendo? Si quieres te vienes pa’ mi casa, mis viejos se fueron pa’l apartamento de La Guaira, y voy a hacer una curdita. Ya cuadré con un poco ‘e culos que lo que van es pendiente.
- ¡Plomo!

En lo que estaba a punto de partir con mi primo, me encontré con la abrazona. Me preguntó que para dónde iba, que “ahora es que la cosa se estaba poniendo buena”. Le dije que estaba ladillado, que me iba para una reunión en casa de mi primo.

- Ay, ¿y ese es tu primo? ¡Mucho gusto! -y, antes de que pudiera advertirlo, mi primo ya estaba apresado por los brazos y el cariño exagerado de la abrazona.

Lo único de lo que me enorgullezco en esa noche, es que pude despedirme de la abrazona de una manera bastante chocante, al menos para ella.

No dejé que me abrazara.

3 comentarios:

eusucre dijo...

jejejeje!

hay q estar pilas con ese tipo de gente!

Débora Ilovaca Leiro dijo...

¡JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA!
Me reí demasiado con este cuento.

Saludos,
Deb.

Laura Strazzaboschi dijo...

jjajajajaja, Dios abrazona y farandulera la pana!!! Que buen cuento Vic... además, que chimbo sentirse como un accesorio de alguien, been there, felt that. Sucks! Ya sabes, cuando conozcas a la pelirroja, si te abraza...NEXT!