lunes, diciembre 15, 2008

Las señales


Me suelo guiar por mi intuición. Eso que algunos llaman “sexto sentido”. En fin, soy un practicante de lo subjetivo. Y, por más increíble que parezca, me ha ido bien. Esta religión muy pocas veces me ha dejado mal. Por el contrario, mi fe siempre aumenta.

Cuando conozco a alguien suelo ser certero con la primera impresión que tengo de esa persona. Cuando conozco a una persona que no me cuadra mucho, es muy probable que nunca me caiga bien. Por el contrario, si conozco a alguien bueno, transparente y sincero, es bastante seguro que mantenga esa percepción de esa persona por un buen tiempo. Pero me equivoco también. Lo que pasa es que tan pocas son las veces que eso me ha pasado, que realmente éstas no deben considerarse para la reflexión que ahora comparto con todos ustedes.

Resulta que, hace 3 años, conocí a una chama en un viaje. Una chama con la que tuve algo corto, pero especial. Era belga, pelirroja, tenía ojos verdes, tocaba arpa clásica y hablaba francés. (Lo suficiente como para enamorarme.) Nos conocimos en una de las noches más mágicas que he tenido en mi vida. La conocí en una calle de Zúrich a eso de las diez de la noche. Al día siguiente el tren que me llevaría a Frankfurt saldría a las 7 y media de la mañana. No tenía mucho dinero así que decidí pasar la noche en la calle hasta que abriera la estación de trenes.

Buscando un sitio donde pernoctar, conocí a un par de chamos de Zúrich, un colombiano y la belga. Se llamaba Aurore y estaba en Zúrich porque allí estudiaba música en un conservatorio. Hablamos toda esa noche. El colombiano tocó guitarra; cantó canciones de Juanes, Manu Chao, Bob Marley y Metallica. Uno de los chamos de Zúrich nos contaba lo difícil que era estudiar ingeniería en Europa. Ella me encantó con la dulzura de su voz afrancesada.

Pasamos la noche cantando, fumando y tomando Beck’s. Yo pasé prácticamente toda la noche hablando con ella. Yo le contaba lo peligroso que era Caracas. Ella me contaba lo costoso que era vivir en Zúrich. Yo le hablaba en un pésimo inglés. Ella me hipnotizó con su perfecto francés.

La noche transcurrió muy rápido, como suele comportarse el tiempo cuando la estás pasando muy bien. Ella me guió hasta la estación de trenes y nos despedimos, no sin antes intercambiar MSN’s y teléfonos. Mientras esperaba a que llegara el tren no hacía otra cosa que pensar en ella.

Trenes, encuentro furtivo. Before Sunrise.

Cuando llegué a Venezuela la agregué a mi MSN y la llegué a llamar varias veces desde la cabina de un centro de comunicaciones. Ella me hablaba de los problemas que tenía con su novio. Yo le hablaba de mi deseo de estudiar un postgrado en Europa. Deseo que ella se encargaba de motivar. “Así podría verte de nuevo”, recuerdo que dijo en una de las pocas veces que se atrevió a hablar en español.

La relación MSN-Centro de Comunicaciones iba de lo mejor hasta que nos distanciamos por un par de meses. Yo estaba full con la universidad, ella debía prepararse para una audición importante para entrar a estudiar en un conservatorio en Lucerna. El hecho es que ella no se conectó más por MSN y yo decidí no distraerme más por una ilusión que a ratos se me hacía dolorosa e inalcanzable.

Sin embargo, sucedió algo bastante peculiar una tarde de verano. Veía televisión y, pasando por los canales, vi que en TNT estaban pasando Before Sunrise. Inmediatamente pensé en ella. Luego pasé por film&arts y estaban pasando una entrevista a una de las arpistas de la Filarmónica de Viena. Volví a pensar en ella. Estos recuerdos fueron muy intensos, tanto que tuve que apagar el televisor y buscar el periódico para tratar de distraerme. En lo que abro el suplemento de Turismo de El Universal, me encuentro con una “Ruta para dejarse encantar por Bruselas”.

Bruselas: capital de Bélgica. Tierra natal de Aurore.

Las “coincidencias” se habían transmutado en señales. Sentí que algo me estaba diciendo que era hora de volver a llamarla. Salí de mi casa al Sambil para llamarla desde un centro de comunicaciones.

La primera vez que marqué su teléfono me salió el mensaje de una contestadora hablado en alemán. No era ella. Antes, era su voz la que me decía que dejara un mensaje con un número de teléfono. Temí que hubiese cambiado su celular. La segunda vez que la llamé no me cayó la llamada. A la tercera va la vencida, pensé. Pero me contestó un tipo. Le dije, temeroso de que fuera su novio, que deseaba hablar con Aurore. Esperé que me dijera que me había equivocado y que luego me trancara el teléfono. Pero no. Me pasó a Aurore, quien al escuchar mi voz, pegó un grito de emoción por la sorpresa. “Je pensais à toi! (¡Pensaba en ti!)”, me dijo. Yo no lo podía creer. Hablamos por casi 10 minutos que fueron la gloria total. Me dijo que quería verme, que cuándo iba a visitarla en Lucerna -donde ahora estaba viviendo.

De manera que, en esa ocasión, las señales parecieron hablarme y yo parecía haberlas seguido de manera correcta.

Pero ya tenemos meses que no nos hablamos. Ya no la veo conectada en MSN. La agregué en Facebook, pero no contesta mis mensajes. Y no tengo ganas de llamarla a su celular. No sé si la podré volver a ver. En este momento las posibilidades como que se me hacen bastante remotas. Es por eso que ahora me pregunto –y les pregunto- lo siguiente:

¿Cómo reconocer una señal? ¿Cómo saber que no es algo que nosotros tomamos por conveniencia? ¿No será más bien un reflejo de lo que nosotros queremos ver? ¿De lo que nosotros escogemos como mensaje de un ente superior? ¿Es que acaso existen realmente las señales?

Les contaré más de esta historia si llego a saber otra cosa de ella.

O si es que se reúnen de nuevo bastantes señales increpándome a que la vuelva a llamar…

5 comentarios:

Anónimo dijo...

wow... no sé si te sirva de consuelo, y espero que puedas volver a comunicarte con ella... pero tan sólo la experiencia en sí es algo que no tiene precio :)

_eL mismo que viste y calza... dijo...

Yo viví algo similar a lo de vos.
La sensación es muy fuerte.
Son como dosis de adrenalina que te corren por todo el cuerpo. Por sensaciones como esas uno puede diferenciar como esa energía te hace sentir entre el musculo y los huesos. La experiencia te mostrara como creer en esas señales. Te recomiendo que leas o veas algo de Alejandro Jodorowsky, estoy seguro que te lo vas a tripiar.
Saludos.


_tEo...

Toto dijo...

Es tal cual Before Sunrise. Quien quita seguro estas caminando por la calle menos pensada y allí esta.

*Mari dijo...

¿Cómo reconocer una señal? ¿Cómo saber que no es algo que nosotros tomamos por conveniencia? ¿No será más bien un reflejo de lo que nosotros queremos ver? ¿De lo que nosotros escogemos como mensaje de un ente superior? ¿Es que acaso existen realmente las señales?

(Ok... justamente me estaba preguntando eso hace unas horas... yo creo que dejaré de creer en las "señales"... Además no vale la pena desde que existe el facebook que, definitivamente, es el mayor asesino de ilusiones que jamás ha existido... =S Saluditos)

El hombre del sombrero gris dijo...

veetee, aún no lo he leído pero... joder!!!! me vas a volver con el cuento de las señales???
jajaj... un abrazo loco

aguante!!