La vida en un poema escrito en una servilleta. La vida en un Fa sostenido. La vida en una canción reproducida por un iPod. La vida en una nota.

Life on a love poem written on a napkin. Life on a F-sharp. Life on a tune played by an iPod. Life on a note.

miércoles, febrero 27, 2008

Habla pegao


Lo único bueno que me dejó el paro petrolero fue haberla conocido. Antes de venirme a casa de mis viejos en Puerto la Cruz la conocí en el cumpleaños de un pana de la universidad. Comenzamos a hablar desde el mismo momento en que nos presentaron. Ella se tuvo que ir temprano a su casa, pero el feeling entre los dos era más que evidente. Habríamos hablado en esa fiesta como una hora, una hora que por cierto se nos hizo insoportablemente corta. Nos intercambiamos los teléfonos como Dios manda. Lo que ninguno de los dos sabía en ese momento era la inmensa importancia que recaería sobre nuestros celulares…

Al despedirme de ella en la fiesta, le dije que al día siguiente me iría a Puerto La Cruz, pero también le dije que no se preocupara, que desde allá la iba a llamar del celular de mi mamá, que tenía habla pegao. Era la época en la que todavía ni pasaba por nuestras mentes que nuestros celulares Telcel algún día se llamarían Movistar.

Desde mi primera noche en Puerto la Cruz la llamé, y durábamos, en promedio, un par de horas hablando por teléfono. No me pregunten de qué podíamos estar hablando tanto. Si hay algo realmente inexplicable en este mundo es lo infinito que puede terminar siendo el temario que se establece en las conversaciones por teléfono entre dos personas que se gustan. Lo que sí les puedo decir es que las orejas me quedaban calientes de tanto hablar, la figura de la batería en el celular de mi mamá siempre terminaba titilando y mi corazón se aceleraba desde que oía la primera nota del ringtone cuando ella me llamaba.

Recuerdo que hasta apostábamos sobre el día en que acabaría la llamada huelga petrolera: “esto no debe durar mucho”, le decía yo, mientras que ella me aseguraba que “esto va pa’ largo…”. Entre muchas otras cosas maravillosas nos prometimos hacer un viaje a Choroní, ir para un Caracas-Magallanes e ir para un concierto de Oscar D´León. Recuerdo que hasta hablamos sobre el video de Roxana Díaz. Recuerdo también que tardábamos para despedirnos como media hora. Y que, antes de colgar, nuestro ritual incluía distintos besos en distintas partes del cuerpo: “Te mando un beso que apenas toque tu piel tres dedos por debajo de tu ombligo”, recuerdo que le decía. “Te mando un beso que termine siendo un mordisco debajo de tu barbilla”, me respondía ella.

Todas esas noches se convirtieron en los momentos del día que esperaba con más antelación. Y, las noches en las que por una u otra razón no podía hablar con ella, mi arrechera no era normal. Ahí fue cuando me di cuenta que la chama me tenía mal. El paro terminó y al día siguiente regresé para Caracas. Ella y yo estábamos súper contentos porque al fin íbamos a vernos en persona y hacer realidad todas esas promesas y esos besos que nos habíamos hecho a través de los auriculares de nuestros celulares.

Pero, como la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, ella no iba a hacer ninguna excepción conmigo. Resulta que cuando llegué a Caracas me enteré que todos los profesores habían decidido hacer, en la misma semana, los exámenes que no pudieron realizarse por el paro. Sólo pude verla el mismo día que regresé a Caracas. Ella me fue a buscar al terminal de autobuses. Nos vimos, nos abrazamos fuertemente y nos besamos con locura. Hicimos uno de esos espectáculos que suelen hacer esas parejitas que logran aislarse del mundo entero. Para ellos sólo basta el diámetro que hacen sus cuerpos cuando se unen, lo demás está de sobra.

Durante esa primera semana de clases no la pude ver. Igual tuve que ponerle a mi celular habla pegao. Y, aunque el plan en cuestión se me hacía muy costoso, tenía que hacer lo que fuera necesario para seguir hablando con ella. Pero también tenía que estudiar bastante porque no me había ido muy bien en los primeros exámenes del trimestre. En fin, no pude verla. Ella tampoco perdió su tiempo. En una de esas cosas que todavía luego de cinco años no logro comprender, ella volvió con su ex-novio.

Al final del trimestre pasé todas las materias que inscribí, pero también la había perdido a ella. Me la encontré un par de veces en estos cinco años. Cinco años en los que no pudimos cumplirnos todo eso que nos habíamos prometido por teléfono. No pude cocinarle mis famosos espaguetis a la marinera. Ni ella pudo mostrarme el tatuaje que tenía en una parte de su cuerpo que nunca se atrevió a decirme. No pude hacerle el amor en el ascensor de su edificio. Ni ella pudo recitarme poemas de Victor Hugo en su perfecto francés.



En estos días me mandó una friend request en Facebook. Su relationship status: engaged to Juan Andrés Balza -su novio durante estos últimos cinco años. Por lo que dicen los mensajes que algunos de sus amigos dejan en The Wall, se casan en Mayo y pronto se van a vivir a Toronto. Al terminar de leer todo esto, cerré la ventana del Facebook y lo maldije. Lo maldije de la misma manera en que maldecía al celular cuando ya no tuve más esas noches de promesas, de ilusión; noches que se hacían especiales tan sólo con abrir la tapa del celular y saber, que en un corto y mágico instante, escucharía su voz.

miércoles, febrero 20, 2008

Los Mono: el éxito y su particular ruta hacia su destino


Pareciera que el éxito tuviera maneras bastante particulares de llegarle a ciertos artistas. Ejemplos sobran, pero lo que es verdaderamente único es el éxito que ha alcanzado -y la forma en la que lo ha hecho- el grupo chileno Los Mono.

Los Mono es una banda que se formó bajo la batuta del importante productor chileno Vicente Sanfuentes. El cuento va así: el Canal 13 de Chile contrata a Sanfuentes para que le haga la música a una serie. Sanfuentes reúne entonces a destacados músicos de la escena chilena como Sebastián Silva, Christian Moraga (ex-guitarrista de Los Tetas, actualmente
Funky-C), Nea Ducci y Gonzalo Gonzalez para grabar diez temas, cuyas letras respondían a ciertas exigencias que le había hecho el canal de televisión. Resulta que luego de tener listas las diez canciones, la relación del músico con el canal llegan a su fin, pues nunca se llegó a transmitir dicho programa de televisión. Original Hamster , como también se le conoce a Sanfuentes, decide poner a la disposición del mundo entero, a través de su página en Internet, los diez tracks que había grabado.

Luego de haber puesto a Somos los que estamos en Internet, título del disco que incluía esos diez temas, Chris Ellison (afamado productor que ha trabajado con bandas de la talla de Coldplay) se reúne con Sanfuentes para firmar a Los Mono para el sello Sonic360. Se edita entonces el disco, se retira de la página de Internet y se comienza a vender en portales como Itunes y Amazon.com.

Ahora bien, lo que realmente contribuye al éxito que han tenido Los Mono, fue el video del single correspondiente a la canción Promesas. Dirigido por Pablo González, este video que resultó ser una mezcla perfecta entre simpleza y genialidad (se los posteo abajo para que lo vean “con sus propios ojos”), ha logrado tener casi un millón de vistas a través del portal Youtube -quien lo tuvo en la sección de sus videos destacados- y ha ganado elogios de parte de miles de personas alrededor del mundo, entre los que se encuentra, nada más y nada menos, que el rapero Kanye West, quien recomendó a este “chilean supergroup” desde su
blog.

Somos los que estamos también fue considerado por el portal Itunes como uno de los mejores discos del 2007. En conclusión y como les decía al comienzo de este escrito, el éxito siempre llega, y de la forma menos pensada, a propuestas musicales tan geniales como esta.



jueves, febrero 14, 2008

Hoy


Hoy tengo ganas de verte.
De oler la brisa de la cercanía que te trae.

Hoy tengo ganas de escucharte.
De bailar con la música que sale de tus labios.

Hoy tengo ganas de que me mires.
De tratar de no sonar nervioso cuando más lo estoy.

Hoy tengo ganas de que estés.
De no tener que mirar al horizonte con los binoculares de mi ansiedad.

Hoy tengo ganas de cocinarte.
De conocer tu implacable veredicto sobre la degustación de mi ofrenda.

Hoy tengo ganas de cantarte.
De ver la geometría de tus párpados cuando canto mi canción favorita:


tú.

martes, febrero 12, 2008

Descubriendo a Marturet


Si existe una pieza de la música clásica de la que nunca me canso –y me temo que nunca me cansaré- de escuchar y de sentir, es la obertura-fantasía Romeo y Julieta de Tchaikovsky. Este pasado domingo tuve el inmenso placer de escucharla en vivo, tocada por la OSJVSB bajo la batuta del maestro Eduardo Marturet.

Esta sería la primera vez que vería a este importantísimo director y compositor venezolano, actual director de la Orquesta Sinfónica de Miami. También sería la primera vez que vería al joven y laureado trompetista Francisco Flores interpretando el Concierto para trompeta y Orquesta, compuesto por el armenio Alexander Arutunian.

El programa comenzó con una maravillosa interpretación de Romeo y Julieta. Marturet le aportó la debida lentitud y sobriedad a la introducción de esta obra, considerada por muchos como un “poema sinfónico” debido a su estructura. Luego vendría la segunda parte: el conflicto entre Capuletos y Montescos, donde la sección de vientos se encarga de emular los estridentes espadazos, producto del férreo antagonismo que se gesta entre esas dos familias. Aquí Marturet logró que la Orquesta retumbara las nubes de Calder.

El tercer tema es, evidentemente, el más hermoso, pues representa al amor entre Romeo y Julieta. Aquí los violines se encargan de transmitirnos el sonido de ese sentimiento que termina siendo el personaje principal en este clásico de la literatura universal. Esta es la parte que más me gusta de toda esta obra y, coincidencialmente, la que mejor tocó la Orquesta. Puedo decir que, desde ese momento, Marturet había entrado desde ya en la lista de mis directores favoritos.

La segunda parte del programa correspondería al concierto para trompeta y orquesta. Sonriente, irradiante de una cálida seguridad, salió a tarima Francisco Flores con su brillante y pulida trompeta para ofrecernos un impecable concierto. Al final de su interpretación la audiencia lo llenó de aplausos una y otra vez. Tanto así que en su tercera salida al escenario buscó un cuatro y se lo dio a uno de los violinistas, a la vez que uno de los contrabajistas se acercaba al centro de la tarima con su pesado instrumento, conformándose rápidamente un magnífico trío que nos brindó un joropo para el deleite de todos los presentes. Ésta, muy probablemente, es una de las piezas que integrarán la primera producción de Francisco Flores próxima a editarse: todo un repertorio dedicado al folklore venezolano.

El programa cerraría con la primera sinfonía de Brahms que, aunque quizá sea la menos popular de este genial compositor alemán, no deja de ser hermosa y ciertamente intensa. Eduardo Marturet ha grabado las cuatro sinfonías de Brahms junto a la Berliner Symphonie Orchester, de manera que podíamos estar seguros que lo que pronto escucharíamos sería de una altísima calidad.

En efecto, desde el primer movimiento pudimos escuchar a un Marturet con un evidente dominio de esta sinfonía. El primer movimiento sonó soberbio. Los violines del segundo movimiento destacaron por toda su melancolía. El tercer movimiento brilló por ser el más alegre de toda la sinfonía. Finalmente, el cuarto movimiento, muy cercano sonoramente al final de la Novena de Beethoven, cerró con broche de oro ese mediodía mágico en el que escuchamos una vez más la belleza de ese extraordinario sonido que sale de la batuta y de los instrumentos de músicos de nuestro país.


Nota: Si no has escuchado Romeo y Julieta (es decir, tu vida todavía no tiene sentido), te la puedo hacer llegar con todo el placer del mundo, esto es: me agregas a tu Messenger (vitico2083@hotmail.com) y te la paso por ahí, ¿vale?

viernes, febrero 01, 2008

Midnight's zapping


Pasando por los canales de TV, en esta noche triste y fría, todo me recuerda a ti.

Puse Fox y me acuerdo cuánto odiabas a los Simpsons: “el programa de televisión más sobrevaluado de la historia”, recuerdo que decías. Luego pasé por Gourmet Channel y estaba el gordo que siempre hace sushi, tu comida favorita -que a mí no me gustaba para nada, pero que estoicamente engullía sólo para estar contigo. Después puse TNT y estaban pasando Lost in Translation, tu película favorita de todos los tiempos, donde asegurabas -con desafiante convicción- que Scarlett Johansson “tenía el pelo horrible” y que, por ende, no entendías cómo los hombres podíamos volvernos locos con ese “esperpento de mujer”. En HBO pasaban un documental de Madonna, la mujer que considerabas “la caraja más arrecha de todas”, aunque la verdad no creo que escucharas mucho su música. Puse Warner Channel y una escena de Friends mostraba a Joey –tu personaje favorito de la serie- recitándole un cuento infantil a Emma, la hija de Ross y Rachel. Justo antes de apagar la tele, puse Cinemax y pasaban la escena de Wedding crashers donde sale el personaje de Will Ferrell, con el que yo me reía como un loco, mientras tú no entendías cómo podía gustarme “ese humor gringo tan idiota”, ¿te acuerdas? Yo sí, esa noche tenías puesto un suéter negro y el pelo recogido y ese perfume que tanto me gustaba…

Incluso cuando apago la tele sigo recordándote. Lástima que no tenga un control remoto que pueda apagar todas estas imágenes de ti, imágenes que aún transmite la inextinguible señal de tu recuerdo.