John Mayer: encontrando la luz de la música

Nota: les posteo Belief
La vida en un poema escrito en una servilleta. La vida en un Fa sostenido. La vida en una canción reproducida por un iPod. La vida en una nota.
Life on a love poem written on a napkin. Life on a F-sharp. Life on a tune played by an iPod. Life on a note.


"Con esta lluviecita, lo que provoca es quedarse en la cama empijama’o abrazando a la jevita y viendo un programa de osos polares en el Discovery Channel."
-Anónimo
(bueno, no sé cómo se llama el pana que lo dijo, pues)

Mi vida sentimental durante el último par de meses ha sido patética. He salido con un par de chamas, pero cualquier vaina. Y esas porque aceptaron salir conmigo… Las demás me rebotaron. Unas, con los clásicos rebotes; las otras, con estos:
Rebote 1: María Cristina (MC), amiga de toda la vida. Siempre me ha gustado, así que en estos días, borracho, la llamé a su celular y me le declaré…
MC: No, Victor, lo que pasa es que… recuerda que Aníbal y yo nos dimos un tiempo…
Yo: Ajá, ¿pero Aníbal no y que ya se había empatado, pues?
MC: Sí, pero ahora yo le estoy dando un tiempo a él.
Yo: Ya va, ¿tú eres la que le está dando a él un tiempo? ¿Cómo es la vaina?
MC: Le estoy dando un chance para que… para que… ¡caiga en cuenta de que esa chama es una estúpida y que con la que en verdad le conviene estar es conmigo!
Yo: …
Rebote 2: Lucía (L). La conocí en ENVIVO. Le pedí el teléfono y me lo dio. En lo que le digo que la voy a llamar para salir con ella un día de estos…
L: No, Victor, no creo que pueda salir contigo.
Yo: ¿Y eso? No es nada serio tampoco, un café tipo tranquilo y ya… -traté de restarle importancia a la cosa.
L: Lo que pasa es que escuché que te estabas burlando de mi presidente y eso no lo tolero… -me dijo esto con seriedad.
Yo: Ah ok, eres chavista, yo no tengo ningún problema con eso.
L: Pero yo sí. No voy a salir con un escuálido golpista que, seguramente, se la pasa en marchas golpistas, apoyando paros golpistas, viendo canales de televisión golpistas…
Yo: …
Rebote 3: Estefanía (E). La conocí en un Metrobus. Nos pusimos hablar de música y conectamos de una. Había mucha cola, el viaje se nos hizo largo, así que me dio chance de invitarla a salir…
Yo: ¿Vas a hacer algo esta noche?
E: No creo, ¿por?
Yo: Si quieres te vienes pa’ la casa de un pana que va a hacer una parrilla esta noche. Nos ponemos a tocar guitarra y a cantar y tripeamos, ¿vas pendiente?
E: No, Victor –¿se dieron cuenta que todas comienzan rebotándome de la misma forma?-, de pana que me caíste burda de bien y todo, pero ahorita no me quiero enrollar…
Yo: ¿Qué pasa ahora? ¿Le diste un tiempo a tu ex-novio para que se diera cuenta que tú eres la chama que le conviene? ¿O eres chavista y se te hace imposible salir con un escuálido? Dime, ¡¿con qué coño me vas a salir ahora?!
E: …
En vista de estos desastrosos y frustrantes rebotes, me vi en la necesidad de diseñar una nueva estrategia. Asesorándome con varios panas y con varias amigas, llegué a una decisión: actuar completamente distinto a como suelo hacerlo con las mujeres, basándome en la premisa de que, si haciendo lo que hago no me ha dado resultados, quizá pueda tener éxito haciendo algo diferente. Con esto me refiero a:
- mentirles descaradamente,
- seguir el guión de un típico galán, e
- incluso ser un patán, (si así la situación lo amerita).
Todo esto mientras le doy rienda suelta a mi imaginación, entrando en un personaje que se construirá dependiendo de las características de la chama a la que le voy a caer.
Un amigo muy cercano se encargó de darle nombre a esta operación: “Experimento sociológico para evaluar la reacción de los culos ante patrones masculinos predeterminados”. En esta primera entrega –porque el cuento es largo-, me dediqué a describirles los rebotes que dieron pie a este proyecto: un trabajo de investigación que, como pronto verán, arrojó sorprendentes resultados…

De niño siempre me pregunté cómo se sentiría tocar una nube. Siempre pensé que el cielo era un montón de algodones de azúcar hechos por Dios. Todavía no sé qué se siente tocar uno de esos humos congelados. No he tenido la oportunidad de sacar la mano por la ventana de un avión, tal y como uno la saca por la ventana de un carro.
De niño siempre pensé que algún día los carros llegarían a volar. Los Supersónicos eran una de mis comiquitas favoritas y siempre creí que, en un futuro, las cosas en el mundo iban a ser como en esos dibujos animados. Ahora lo veo lejos; la tecnología ha avanzado, claro, pero creo que fui víctima de otra de esas grandes mentiras que salen por televisión.
De niño siempre me pregunté como sería estar sobre una tarima, tocando un instrumento en un concierto. Siempre veía que los músicos tocaban con mucha seguridad. Nunca veían al público. Fijaban su mirada en el suelo de madera. Una vez toqué en la Sala 2 del CELARG. No sé si logré mostrarme seguro, pero también miré el suelo de madera y entendí por qué lo hacían. Estaba muy nervioso.
De niño siempre me pregunté cómo sería besar a una chama. Una vez, paseando con mi abuelo en el Parque del Este, vi cómo una pareja se abrazaba y se besaba mientras sus cuerpos rodaban bajo una colina de grama. Mi abuelo, con rapidez, me llevó cargado para que viera a los monos y sus graciosos juegos. Mi primer beso fue en 6to grado, jugando La Botellita. Fue fino.
De niño siempre me pregunté cómo sería amar a alguien. Una vez vi cómo una prima lloraba sin consuelo. Creí escucharle, mientras le contaba a mi mamá, que lloraba por un hombre. Un hombre al que ella amaba y que aparentemente la había engañado. Ella le aseguraba a mi mamá que todavía lo amaba. ¿Lloraría por eso? ¿O lloraría por la traición? Nunca llegué a saberlo. Nunca entendí cómo alguien podía amar a otra persona que le había hecho algo tan malo. A esa corta edad ya el amor se me hacía como algo que no tenía mucho sentido.
Yo creo haber amado dos veces en esta vida.
Y sigo sin entenderlo.