La vida en un poema escrito en una servilleta. La vida en un Fa sostenido. La vida en una canción reproducida por un iPod. La vida en una nota.

Life on a love poem written on a napkin. Life on a F-sharp. Life on a tune played by an iPod. Life on a note.

miércoles, octubre 29, 2008

Noche refugio vicio

Noche, refugio, vicio.
Calma, peligro, extraña quietud.
Nociva, sombría, asesina.

Marlboro, Pablo, Suka.
Vodka, jugo de naranja, servilleta mojada.
Pudor y lujuria en una hamaca.


Músicos:
los cómplices de esta agradable soledad.


Bambi Shaker, ¡pónme otra vez a Ray Charles!
No, esas sillas no están ocupadas. De nada.
¿Me prestas tu yeskero, porfa?


La magia de salir entre semana.


Quiero viajar solo a Buenos Aires, a lo hippie.
¿Por qué coño será que no me habla por Messenger?
Tiene razón esa película: “la soledad está subestimada”.

Cierro los ojos y bailo en mi mente.
Entrega, pasión, plácida vulnerabilidad.
Alucino, imagino, estoy ido.

I don’t need drugs.
No, thanks.
I have music.


Y a la noche.
Y a mi noche.


Y a la noche también.

viernes, octubre 24, 2008

Synecdoche, New York


Escrita y dirigida por Charlie Kauffman.

Protagonizada por
Philip Seymour Hoffman.

Ahora díganme si, después de saber quiénes trabajan en esta
película y de ver este tráiler, no surge dentro de ustedes una insoportable desesperación –tal y como me pasó a mí- de ver este film que cuenta con todos los atributos de una obra maestra del cine…


jueves, octubre 23, 2008

Dimitri from Paris: Monsieur House


A Night at the Playboy Mansion (2000) es uno de los clásicos indiscutidos del house. Editado en plena efervescencia del french-house, este álbum fue todo un acontecimiento de la música electrónica. Invitado por Hugh Hefner para que musicalizara una de sus tantas fiestas en la Mansión Playboy, Dimitri from Paris ofreció un set con muchas de las canciones que fueron recogidas en esa obra maestra. Cuando vino a Caracas en 2002, el Dj francés declaró –refiriéndose a esa fiesta-: “Yo hice mi trabajo, pero creo que nadie le prestó mucha atención, mientras unos bebían whisky y esnifaban cocaína en la orilla de la piscina, otros tenían sexo a la vista de todos”. Sin embargo, el CD fue aplaudido a nivel mundial. De hecho, sigue siendo hasta la fecha un hito comercialmente hablando. Luego editó un CD doble llamado After the Playboy Mansion (2002), en mi opinión, aburrido y predecible, que le dio la razón a aquellos que aducen que las segundas partes nunca son buenas. Desconozco qué es lo que se dice de las terceras partes, pero este año Dimitri from Paris edita el tercer disco de esta serie, titulado Return to the Playboy Mansion, donde vuelve a mostrarnos excelentes temas de ese género de las 120 bpm, confirmando por qué es considerado uno de los mejores Dj’s del house a nivel mundial. Dimitri from Paris sigue haciendo música como la ciudad que aparece en su alter ego: elegante, exquisita, soberbia.

miércoles, octubre 22, 2008

Paris, Paris, Paris...

lunes, octubre 20, 2008

Manías


A Isabel le gusta comerse la puntica de la canilla. Tanto que, cuando la compra, la desprende con su mano izquierda y le propina un buen mordisco, aun sin haberla pagado. No le da pena ese acto barbárico frente a los que hacen la cola para pagar en la caja. Si por casualidad compra la canilla recién salida del horno, entonces se apura para llegar a su casa y echarle mantequilla. Disfruta más ver cómo se derrite la mantequilla en el pan que incluso comérselo. Hay veces en que deja la puntica de la canilla coloreada de amarillo grasiento en algún rincón de la cocina. Su mamá, cuando ve esos pedacitos de pan regados por el comedor, se pregunta quién en la casa tendrá esa bendita manía. Sospecha que es su marido.


A Martha le gusta comerse la pizza fría, de nevera. La pide por teléfono, baja, la busca y espera a que se aclimate para meterla en el refrigerador. Espera un par de horas y luego la saca y se la come mientras ve televisión. “El frío es lo que le da sabor a la pizza”, sentencia. Es por eso que no le gusta pedirla con tocineta o con pepperoni: “porque la grasa fría sabe feo, guácatela”.


A Luis le gusta buscarle conversación a gente desconocida y que sospecha que no volverá a encontrarse más. Se inventa personajes. Ha sido abogado, médico de ambulatorio y profesor de lengua y literatura. Su personaje favorito: miembro de un nuevo partido político cuyo lema reza: “Todo lo que necesitas es amor”. Si se sienta en un taxi y hay cola, pues él se encarga de darle al taxista todo un discurso acerca de los fundamentos ideológicos de su partido “lennonista”. A veces se emociona tanto hablando de él que le ha pasado por la cabeza crearlo en la realidad. Al salir del taxi se lo promete a sí mismo, pero luego de media hora cae en cuenta de que, si lo llegara a hacer, pues perdería uno de los mejores personajes de su repertorio.


A Andrea le gusta imaginarse cómo duermen sus compañeros de clase. Le da curiosidad saber cómo se visten. Si se ponen piyamas, una franela y un mono o si simplemente se acuestan vistiendo sólo ropa interior. Le da intriga saber si duermen de lado, boca arriba o boca abajo. Le gustaría saber si duermen abrazando un peluche, una almohada. Ella duerme de lado, en posición fetal, la cobija cubriéndole hasta los hombros.


A Ignacio le gusta comerse las semillas de maíz del paquete de cotufas que no lograron explotar. Sus favoritas son las más tostadas, ésas que brotan un poco de esa piel blanca, indicio de lo que no llegaron a ser. Le gusta el sonido que se genera cuando las muerde. Cuando está en el cine se come las cotufas con rapidez para devorarse las semillas que le aguardan en el fondo. En su casa ha calculado el tiempo exacto para que su microondas deje muchas semillas sin explotar. Son 2 minutos y treinta y siete segundos.


A Francis el gusta re-estructurar completamente su cuarto dos veces al año. Cambia la disposición de la cama, mueve la mesita de noche y la peinadora. Pone nuevas fotos en la pared de su clóset y nuevos flyers en su corcho. Incluso ha cambiado el color de su cuarto. Una vez le pidió a su novio que pintara cada una de sus paredes con un color distinto. Esto lo hizo sólo una vez. Él argumentó que el cuarto le había quedado como un salón de pre-escolar.


A Daniel le gusta meter las papas fritas dentro de un sundae de chocolate con syrup de chocolate y maní. Lo único que le pide a la cajera de McDonald’s es que las papas estén recién fritas y no muy saladas. Es su merienda favorita, pero siempre la come solo. A sus compañeros de trabajo les asquea verle comer ese “postre de locos”. Cuando Daniel va a Wendy’s, pide unas papas grandes y un frosty mediano. No es lo mismo.


A Victor le gusta mirar a la gente que escucha música con audífonos en la calle. Le gusta adivinar qué es lo que están escuchando. No se les acerca, no les pregunta nada. Lo determina analizando lo que hacen mientras escuchan su música. La manera en como mueven su cabezas, la mirada que ponen, la expresión de sus rostros. Cuando ve a alguien que escucha música con el ceño fruncido, le dan unas ganas irrefrenables de acercársele y decirle que, para cambiar su estado de ánimo, sólo es cuestión de poner otra canción.

martes, octubre 14, 2008

Una mesa más, dos solitarios menos


La semana pasada tuve que ir a Altamira para hacer un par de diligencias. Creí que iba a salir de ellas a mitad de mañana, pero todos sabemos cómo es esta ciudad con los planes que uno hace. Terminé a eso de la una y media de la tarde y con bastante hambre. Decidí comer en uno de esos restaurantes que quedan en la parte baja del Centro Plaza. Me senté y pedí un batido de melocotón y una milanesa de pollo a la suiza con papas fritas. Cuando el mesonero me trajo el batido, vi que justo en frente de mi mesa estaba una chama comiendo, sola, como yo. Vestía una camiseta blanca y una bufanda verde. Era pelirroja y calculé que debía estar cerca de sus treinta. Tenía pinta de bohemia y era gordita, como pa’ mí pues. Llevaba puestos unos audífonos. Me pregunté qué estaría escuchando. En eso recibí un mensaje de texto. Lo leí y lo respondí. En lo que puse el celular sobre la mesa, escuché que me decían:


- ¡Hey! ¡Chamo! –era ella- ¿te importa si te pido que vengas a sentarte a comer conmigo? Bueno… si quieres, ¿no?, es que te veo solo y yo estoy sola… -y dibujó unos puntos suspensivos en el aire, que duraron lo que me tomó irme hasta su mesa.

- Claro, tranquila –le respondí, entre incrédulo y tímido.

- Es que comer solo es terrible, ¿sabes? Yo siempre hago esto. Cuando me toca comer sola y veo a otra persona que también está comiendo sola, así como tú, yo le digo pa’ que comamos juntos y listo, yo no le paro.

- Estoy completamente de acuerdo contigo… comer solo es lo peor del mundo…

- Terrible… -volvió ella con sus puntos suspensivos mientras comenzaba a instalarse uno de esos incómodos silencios entre dos personas que se acaban de conocer.

- ¿Y qué estabas escuchando ahorita? –le pregunté, intentando saciar mi curiosidad, a la vez que aprovechaba para aniquilar al silencio.

- El último de Madonna. Es malazo, pero como soy una fan enamorada… pues tengo que escucharla, qué carajo.

- A mí me gusta la canción que tiene con Justin. ¡Es muy buena!

- Ése es el problema, ¡que es la única buena en todo el disco!, jeje. ¿Y tú en qué estabas pensando? Porque estabas pensando en algo, ¿no? Parecías preocupado. Mira que estuve a punto de no decirte nada...

- Bueno, es que estoy a punto de graduarme y la verdad no estoy muy seguro de lo que vaya a hacer con mi vida.

- Ése es un problema universal, amigo mío. Así que tranquilo. Pero, ¿qué pasa?, ¿qué te gusta hacer? –me preguntó, escrutándome con genuino interés.

- Umm... me gusta la música y escribir.

-¿En serio? !Qué fino! ¿Y entonces?, ¿cuál es el problema, pues? Ya sabes qué te gusta hacer. ¡Entonces hazlo! ¡Ya está!

- Jeje –dije abrumado por su pragmatismo.

- No te rías –sentenció, seria-. Imagínate la gente que no sabe todavía qué es lo que le gusta hacer. ¡Esa gente sí está jodida!

- De pana…

- Yo descubrí qué era lo que quería a punto de cumplir los 30. Me le adelanté a la crisis, ¡ja! –exclamó con auténtica satisfacción-. Yo trabajaba en Procter y ganaba un sueldazo, ¿sabes?, pero lo mío era diseñar ropa y carteras. Así que me asocié con una chama que estudió conmigo en el liceo y que estaba metida en la movida del diseño y montamos una tienda en el Centro. Lo que gané en Procter lo reuní y me fui a Nueva York para estudiar diseño. Pero nada de Parson’s, ni esos institutos carísimos. Comencé a hacer cursitos por aquí, cursitos por allá, hasta que empecé a hacer ropa.

- ¡Qué arrecho! ¡A mí también me gustaría vivir en Nueva York! Bueno… y en París también… -solté, reconociendo que había sonado quizá demasiado ambicioso.

- Pues anda a las dos. ¿O es que acaso tienes que elegir sólo una? En esta vida hay tiempo suficiente como para vivir en la dos.

- Oye, muchas gracias. Creo que necesitaba escuchar a una persona como tú.

- No seas gafo –dijo, intentando minimizar el gran favor que me había hecho-. Seguro lo habías pensado pero no habías tenido todavía las bolas para asumirlo. Y disculpa que te hable así, pero si uno no le habla duro a las personas indecisas como tú, nunca agarran el hilo…

- Tranquila. Muchas gracias, en verdad.

- De nada. Pero bueno… mucha habladera y mucha paja, pero ya tengo que agarrar el Metro para el Centro. Búscame en facebook, me llamo G****** B*****. Me cuentas lo que vayas a hacer, pero no me vayas a echar los perros, mira que soy lesbiana. Sí, decir eso fue toda una tragedia para mi familia –dijo alargando las vocales, sobreactuando con gracia-, pero eso da material como para otro almuerzo, ¿no crees?

- Claro que sí.

- Y ya sabes… ¡está terminantemente prohibido volver a almorzar solo! –decretó, amenazante, con tono de orden militar-. Si ves a otra persona que esté comiendo sola por ahí le dices para que te acompañe. Y si es una jevita, hasta le echas los perros y todo. Total… queda una mesa más y dos solitarios menos.

viernes, octubre 10, 2008

The Roy Hargrove Quintet: jazz clásico, jazz exquisito


Roy Hargrove es uno de los trompetistas más versátiles e interesantes del jazz norteamericano. The RH Factor, uno de sus tantos proyectos, le valió el reconocimiento de la audiencia gracias a su deliciosa propuesta de acid jazz. Exitosas giras por Europa y Norteamérica le mereció una destacada notoriedad en la escena de la música negra. Sin embargo, la crítica no estuvo entre sus aliados. Alegaba que la propuesta funky de Hargrove carecía de novedad y de relevancia. A comienzos de este año Hargrove edita junto a su quinteto Earfood, jazz más maduro, más depurado, quizá porque alude a una sonoridad mucho más tradicional. Con esta producción Hargrove no deja de coquetearle al funk; de hecho su jazz sigue siendo muy bailable, pero definitivamente toma otra trayectoria, una cuyo destino es una propuesta musical muy bien lograda. Si 2008 ha sido un gran año para el jazz, entonces Earfood es una de sus más sólidas evidencias.

Nota: les posteo un EPK del disco.


martes, octubre 07, 2008

Las primeras citas: una disertación


Una vez escuché en un programa de radio que en las primeras citas uno no llega realmente a conocer a esa otra persona con la que se sale, uno conoce a su “agente”, es decir, una especie de personaje que se encarga de “venderse” con sus mejores cualidades. Uno trata de impresionar al otro, uno trata de ser efectista, habiendo siempre para ello espacio para la exageración, o lo que es aún peor: la mentira.

Ahora bien, la gravedad de todo esto radica en que, durante esa primera cita, uno puede terminar enamorando a esa otra persona con ese personaje que uno ha montado. Y, muchas veces, uno también puede llegar a enamorarse de la versión exagerada de esa otra persona. Si la primera cita puede ser el comienzo de una bonita historia de amor, entonces será el de una buena historia de ficción. ¿Acaso no será ésa una de las tantas razones por la que las relaciones no terminan en buen puerto? ¿Acaso lo que empieza mal no termina irremediablemente de la misma forma?

¿Entonces quiere decir que uno debería “ser uno mismo” en la primera cita? Tampoco creo que tenga mucho sentido ser totalmente transparente y contar todo cuando uno empieza a conocer a alguien. Siempre hay que dejar espacio para la curiosidad, para la intriga. A fin de cuentas, las citas no son más que un “juego de seducción” -Gustavo Cerati dixit. Lo difícil está en saber diferenciar el misterio de la ilusión, el enigma de la imaginación. La clave, en mi ingenua opinión, está en no caer en la tentación de la mentira. Pero no es fácil. ¿Cuántas veces no hemos recurrido a ella tratando de buscar la atención de esa otra persona que nos gusta?

Porque también cabría preguntarse cuánto de ilusión hay en el amor, cuánto de fantasía hay en una relación. ¿Cuántas veces uno no se ha enamorado de la idea de estar enamorado?

Toda esta reflexión surgió cuando vi a una pareja almorzando en un restaurante. Parecía que estuviesen saliendo por primera vez. Era como si todo estuviese calculado. La forma en que hablaban; la timidez de ella, la cautela de él. La forma en que él tomaba la servilleta, la manera como ella tomaba la copa de vino. Si en efecto llegaran a salir más adelante, ¿seguirán haciendo lo mismo?, ¿seguirán haciendo esa coreografía de la diplomacia –que no es más que un disfraz elegante de la mentira? ¿O, por el contrario, con el pasar del tiempo él ya no pedirá un syrah para impresionarla, sino que pedirá una Coca-Cola que es lo que realmente quería tomar?

¿Por qué no se comienza aunque sea con un poquito de sinceridad?

¿Acaso el amor, el sentimiento más poderoso de este mundo, no debiera ser auténtico?

Y lo pregunto porque en estos días casualmente hablaba con una prima de esto. Ella lleva 12 años casada con quien fuera su mejor amigo. Y supo que quería casarse con él luego de un viaje que hicieron con un grupo de amigos de la universidad a Choroní. Ellos nunca fueron novios, pero llevaban mucho tiempo conociéndose. Ese viaje terminó siendo la confirmación de que él era el hombre de su vida. “Es que nos la llevábamos demasiado bien. Casi nunca peleábamos. Había como un feeling que era mucho más intenso que el que hay entre dos personas que son sólo amigos, ¿sabes? Y él siempre se me mostró como lo que era. Y así lo quería. Allí estaba el hombre de mi vida: un chamo que primero fue mi amigo pero que, con el tiempo, se convirtió en un hombre a quien llegué a amar. ¿Tú no tienes una amiguita por ahí, y sales con ella y la pasas chévere pero que, muy dentro de ti, realmente no la ves como a una amiga?”

La pregunta me dejó profundamente pensativo. Peor aún: la preguntica me dejó preocupado. ¡Claro que he tenido amigas así! ¡Por eso es que me pregunto todo esto! ¿Acaso son imprescindibles las citas para conocer a alguien? ¿Qué pasa cuando llevas conociendo toda la vida a alguien y con el tiempo eso que sientes por ella evoluciona hacia otra cosa? ¿El amor está prohibido para dos amigos que se conocen demasiado?

O es que el amor verdadero no se trata de conocer a alguien ni mucho, ni poco, ni demasiado, sino lo suficiente…

viernes, octubre 03, 2008

Tu tormenta


Las gotas que caen con una terquedad nerviosa.
El cristal de tu recuerdo que se me empaña.
La humedad del ayer que incomoda.

Este frío y este ruido y este hastío.

Los truenos silenciando mi protesta.


Y yo espero la calma después de tu tormenta.


Los vidrios desfigurados de mi ventana.
Las gotas dan lástima con su orgullo.
El agua también ensucia.

La lluvia termina, pero no así su prepotencia.
Queda el vaho frío sobre el suelo, el viento y el puedo.
Quedan sucios los testigos de esto que llaman el después.



No todo queda en calma después de tu tormenta.

miércoles, octubre 01, 2008

Pas vrai!