La vida en un poema escrito en una servilleta. La vida en un Fa sostenido. La vida en una canción reproducida por un iPod. La vida en una nota.

Life on a love poem written on a napkin. Life on a F-sharp. Life on a tune played by an iPod. Life on a note.

domingo, enero 31, 2010

Noah and the Whale: a work of art from a broken heart


Blue skies are coming,
but I know that it's hard
CHARLIE FINK

When it comes down to judge the music I've been listening to lately, I've been applying some strict criteria: if the music has soul and touches me, then it's good. That's it. I don't care the genre, or if that music is been played either by an unknown group or by one of my favorites. That being said, Noah and the Whale's First days of spring (2009) is one of the most alive records I've ever listened to in years. This London-based group was originally formed by Charlie Fink, Laura Marley, Tom Hobden, Urby and Doug Fink. But Laura left the band after breaking up with Charlie. First days of spring is the sound of Charlie's broken heart. And yes, this is sad music that gets far from what this band once offered with their first record. But it's beautiful music, too. The poetry condensed into each and single one of its lyrics, and the classical music-treated arrangements have made of this record an authentic masterpiece. If your heart have been recently broken and you listen to this album, this music will give you that nudge to throw it all away, to get rid of those painful feelings, to leave that winter behind. It's been a long time since I didn't listen to an album that talked to me as much as this. You've got to listen to this music, you owe it to your heart.

This is the video for Blue skies

jueves, enero 28, 2010

La creación y el contexto, según David Byrne


"La creatividad no surge de adentro hacia afuera. Al contrario, viene de afuera hacia adentro. El arte no es algo materializado a partir de lo que el artista siente. El proceso creativo sucede al revés. La forma es lo que viene primero, y luego es el artista quien se encarga de 'llenar' esa forma."

Esta fue la sentencia con la que David Byrne dio inicio al conversatorio titulado "La creación al revés", que tuvo lugar en el Bell House de Brooklyn. En este foro, el célebre artista, músico y escritor norteamericano presentó su tesis de que, todo lo que el artista crea, está determinado por aquello que le rodea.

Byrne prometió a la audiencia que iba a hablar desde su perspectiva de músico: "Cuando yo tocaba con Talking Heads, el estilo de las canciones que componíamos venía dado porque sabíamos en qué tipo de locales donde las íbamos a tocar, que eran sitios como CBGB's: bares pequeños donde aspirábamos capturar la atención del público, tocándoles música esencialmente bailable."

Un grupo de imágenes, mostradas en una pantalla sobre la tarima del Bell House, sirvieron como apoyo audiovisual para que Byrne explicara la importancia que ostenta el contexto en el proceso creativo.

En una de las primeras fotos se podía ver a un grupo de percusionistas de África Occidental que tocaba sus tambores al aire libre. "Esos instrumentos y esas canciones fueron hechas específicamente para ser tocadas en ese lugar", apuntó Byrne.

Otra imagen mostraba una catedral construida en la Edad Media, mientras se reproducía un fragmento de una pieza de música compuesta en esa misma época. Byrne argumentaba que la estética de esa música -monótona, suave, espiritual-, respondía a las características físicas y conceptuales de esos templos.

A continuación, la ilustración de un lujoso palacio vino acompañada de una composición de Mozart. "Escuchen, escuchen esto -invitaba Byrne a los presentes- ¿no les parece que esta música ornamental, exquisita, no le viene convenientemente apropiada a ese tipo de sitios?"

Con argumentos sólidos, documentados y con la ayuda de su genial sentido del humor, Byrne lograba hacer entender a los presentes su posición de que la música estaba condicionada por el sitio donde posteriormente iba a ser tocada.

Un grupo de imágenes, donde se mostraba algunos humildes y pequeños recintos donde se tocaba música clásica durante la época en la que esta aún no era muy popular, sirvieron de apoyo para esta parte de su presentación. Los sitios que se mostraban en esas fotos eran más que todo pequeñas iglesias y pequeños teatros. Las piezas de la época eran de una sonoridad tenue y cuya armonía recaía en los pocos instrumentos para los que estaban compuestas. La música era 'pequeña', como los sitios en donde era tocada.

Tiempo después, cuando la música clásica alcanzó cierta popularidad, los teatros -y las tarimas- crecieron. Lo mismo pasó con la música. Las obras de Wagner, Bruckner, y posteriormente Mahler, eran trabajos ambiciosos, épicos, compuestos para cientos de instrumentos, con una abrumadora riqueza melódica y más complejidad y sofisticación armónica.

Sin embargo, Byrne alega que la relación música-contexto tomó un importante giro gracias a la aparición de la tecnología de la grabación. Según él, esto permitió que muchos artistas lograran cosas, musicalmente hablando, que antes no podían con la ayuda de los micrófonos. Asimismo, la reproducción de música grabada propició el surgimiento de sitios donde se presentaba música, pero sin la necesidad de tener a artistas sobre una tarima. Esto dio pie a la aparición de los Dj's y al posterior surgimiento del hip-hop. Las discotecas en la década de los 70 representarían el epítome de esta consideración.

Byrne siguió enumerando ejemplos de la relación música-contexto: "Las bandas que tocan en arenas (estadios), hacen música para ser tocadas en arenas". La música de U2 fue la que acompañó esta declaración -que quizá sea la "banda de arenas" más popular de la actualidad. "Cuando ellos tratan de tocar en sitios más pequeños, se les ve como incómodos, ¡hasta llegan a asustarse de tener al público tan cerca!"

"Los iPod son los 'recintos' de la música contemporánea. Esta música, comprimida, es dinámicamente estable y carece de detalles." Así describió Byrne la relación que existe entre la música y el destino final de su reproducción en la actualidad.

La última foto de la conferencia mostraba a un pájaro en un parque. Esto le permitió a Byrne explicar la particular forma en la que estos animales se comunican entre sí. Su lenguaje consiste de cantos. Miembros de una misma especie pueden cambiar la forma en que se comunican, condicionados por las características del lugar en donde habitan. A partir de la segunda mitad del siglo pasado, cuando los vehículos comenzaron a habitar las calles de Manhattan, muchos pájaros tuvieron que cambiar el registro sonoro de sus cantos, motivado por el ruido de las sirenas y las cornetas de los vehículos. Esta modificación respondió a las alteraciones que sufrió el medio ambiente. Y esto, según Byrne, es lo que mejor ilustra la importancia que tiene el contexto sobre el proceso creativo.

La gente aplaudió y vitoreó a este polifacético y siempre interesante artista. Yo hice lo propio porque de verdad disfruté mucho su conferencia. Admiré profundamente lo argumentada que estaba su tesis. Sin embargo, aún cuando pude estar de acuerdo con muchas de las cosas que postuló, diferí en parte de su propuesta.

Si bien reconozco la importancia que tiene el medio externo en el proceso creativo, no me parece que esté sólo determinado por lo que rodea al artista. Si Byrne estipula que la forma, entendida como el medio donde va a estar difundida la obra, es lo que viene primero dictando su esencia, entonces también el fondo debería tener igual o eventualmente mayor importancia.

¿Acaso no vale lo que el artista piense o sienta por dentro? ¿Acaso no importa lo que está tratando de decir? ¿Acaso el arte sólo se trata de la manera en la que el artista muestre ese mensaje? ¿Acaso no importa su preparación, sus experiencias? ¿Es que acaso no cuenta el hecho de que es el artista quien se encarga de filtrar las influencias externas para después usar las que más crea conveniente para presentar su discurso?

viernes, enero 22, 2010

Blakroc: this is not "black rock"


Garage-blues-rock duo Black Keys had always been great fans of hip-hop. Damon Dash, co-founder of Roc-A-Fella Records, was a big fan of the Black Keys. They had already recorded a couple of somewhat instrumental hip-hop tracks when they got a call from Dash, who wanted to propose them a hip-hop record project. They took charge of the "beats" and then called a group of rappers to add some verses. That list included Mos Def, RZA, Q-Tip, Raekwon, Pharoahe Monch and even the late ODB. The Black Keys and Dash entitled the project Blakroc. And it was given to life. When you listen to this first record -they have already recorded the sequel-, you can't just call it a rap-rock album. A lot of mediocre projects in music happen to carry that name. This isn't a fusion of two different genres, either. Blakroc (2009) is an entity made of obscure guitar riffs, superb drums, mesmerizing synths and great lyrics. When talented artists like these meet, they create works of art that refuse to hold on to any labels. This is great music. Name it as you like, but first listen to it.

This is the video for Ain't nothing like you (Hoochie Coo) featuring Mos Def and Jim Jones


miércoles, enero 20, 2010

Escondite


A veces te escondes tras un cuento de Cortázar
tras los versos de un poema de Montejo
tras la voz desafinada de Calamaro

A veces te ocultas entre las escenas de una película de Linklater
entre las dulces notas del bajo de McCartney
entre las veredas del París blanco y negro de Cartier-Bresson

A veces te refugias en un vagón de un tren que va a Barcelona
en las aceras cosmopolita de Gran Vía
en las galerías sin humedad del MoMA

A veces te pierdes en una de las tascas de Chacao
en una de las islas de Mochima
en uno de los restaurantes de Los Palos Grandes

A veces te escabulles entre la multitud del Metro
entre la gente que va a un concierto de rock
entre los carros que transitan la Prados del Este

A veces te desvaneces en las bocanadas de un Marlboro
en los sorbos de una copa de Malbec
en los gemidos de otros labios

A veces te cubres bajo las aceras de la Plaza Altamira
bajo las caminerías de Central Park
bajo la grama de las Tullerías


Pero siempre apareces


cuando menos me lo espero
cuando más me duele
cuando más te quiero


cuando menos me lo espero
cuando más me duele
cuando más te quiero

viernes, enero 15, 2010

Julian Casablancas: retro-futuristic pop marvel


The Strokes is one of my all-time favorite bands, so when I knew Julian Casablancas was about to release a solo record, I couldn't help but wonder how his music would sound. I was curious about finding out Casablancas' contribution to The Strokes' magnificent sound. 11th dimension, the record's first single, was the first song I listened to, but I didn't like it -at that moment. I decided to give it one more chance and I listened to the whole record from the beginning until the end. And that's when surprise stroked me. Phrazes for the young doesn't sound as you first might suspect, and yet it sounds just exactly as you might have thought at first. Sounds weird, right? Well, that's the thing. Casablancas has managed to embrace sounds coming out of synths, virtual drums and crazy effects while maintaining that vintage rock sound he once crafted with his former band. The final result is quite astonishing. Julian Casablancas has made a sophisticated sonic extravaganza through a remarkable sense of orchestration. The way he arranged the songs, overall and detail wise, is eloquent of his huge musical talent. Listening to Phrazes for the young is like getting that great gift you weren't expecting.

This is a live performance of Out of the blue

martes, enero 12, 2010

Laundry


Lavado

Al principio no sabía cómo hacerlo. La primera vez que fui a lavar mi ropa sucia en la lavandería que queda más cerca de mi casa, me le acerqué a una señora para preguntarle cuál era el procedimiento. "Read the instructions right there, honey", dijo mientras me señalaba un pequeño letrero en la esquina superior izquierda de la lavadora. En efecto, ese pequeño aviso mostraba toda la información que necesitaba.

Primero se abre la puerta y se mete la ropa, luego se echa detergente en una compuerta, seleccionas la temperatura del agua y finalmente metes los quarters. Son siete para una muda pequeña y catorce para una grande. Un proceso muy similar debe hacerse para secar la ropa. Se abre la secadora y se mete la ropa, luego se mete un quarter por cada ciclo de secado, se selecciona el grado de calor y luego se presiona el botón de start.

Luego de estar viviendo 5 meses en Harlem y de lavar mi ropa religiosamente una vez por semana, puedo decir que soy un experto del laundry. No es una cosa del otro mundo, o algo de lo que me enorgullezca; sólo disfruto la tranquilidad de la certeza que te da la rutina. Mi experticia se basa en que ya conozco cuáles son las máquinas que están defectuosas, a qué hora del día va menos gente, y cuánto tiempo promedio tarda en lavarse y en secarse la ropa. (Son aproximadamente 53 minutos que reparto entre mi iPod y alguna revista que llevo para leer.)

Enjuagado

En estos días tuve que ir a otra lavandería. La otra estaba cerrada. El cambio, y su incertidumbre, me atacaron al final de un día particularmente difícil. De esos en lo que te sientes vulnerable, de esos en lo que no sientes pronóstico alguno de mejora.

Cambiar de lavandería es complicado. No sabes cuáles son las máquinas que están malas, la gente te mira con la rareza con la que se mira a los extraños, y las tarifas y los tiempos de las máquinas cambian. En fin, lo que normalmente me tomaba una hora, podría terminar tomándome mucho más si no contaba con buena suerte. Cosa que se me hacía inaccesible en ese momento.

En esa noche solitaria y fría parecieron haberse acumulado muchas cosas que me pasaron durante el día, y otras que creí haber dejado atrás. En la mañana me peleé con uno de mis panas del Instituto. Hizo un chiste sobre los latinos, y no me dio gracia. Me pareció ofensivo y se lo dije: "Let's take it outside". Sentí que había vuelto al liceo, con la excepción de que yo nunca me caí a coñazos en esa etapa de mi vida. No sé si mi reacción fue desproporcionada, pero al menos fue honesta. Al final él me pidió disculpas y la cosa no pasó a mayores.

Luego en la pasantía tuve un encontronazo con mi jefe. A mí no me arrecha que la gente crea que uno es un pendejo, a mí lo que me saca la piedra es que estén seguros de que uno es un pendejo. La discusión comenzó porque resulta que a mi jefe le ha dado por asignarme tareas justamente cuando está terminando el día. La cosa ya había pasado dos veces antes y me prometí que no me la iba a calar más. Le dije que no podía hacerlo, que lo dejaría para mañana. Él puso cara de culo, pero me supo a mierda. No me dejé montar la pata y aunque se sintió del carajo hacerlo, quedé con cierto sinsabor cuando salí de la oficina. Mi cuerpo rechaza el conflicto, pero en esta vida, y sobre todo en una ciudad como esta, a veces se hace algo más que necesario.

Secado

La ropa terminó de lavarse. Busqué un carrito, la puse ahí y me dirigí a la sección de secadoras. Metí la ropa en la secadora número 19. La escogí porque se veía que estaba nueva y en buen estado. Introduje tres quarters para obtener tres ciclos de ocho minutos.

La secadora da cuatro vueltas, luego se detiene y las retoma pero en el sentido contrario. En eso se parece a la etapa de exprimido en el lavado, donde la máquina pareciera querer expulsar o deshacerse de la ropa. (Cómo me gustaría hacer lo mismo con algunas personas en mi vida, o con los pensamientos que me generan tener esas personas en mi vida.)

¿Por qué nunca me contestó las últimas llamadas que le hice? ¿Por qué nunca me contestó ese último email que le mandé? ¿Será que nunca le llegó? ¿O será que nunca lo quiso responder? ¿Por qué me reprocho cada puta acción que hago? ¿Por qué será que el pequeño juez dentro de mi cabeza siempre me declara culpable de todo lo que hago? ¿Por qué a veces siento que soy mi peor enemigo?

El reloj de la secadora indica con sus números verdes que faltan cuatro minutos, pero en realidad serán como seis. Y a lo mejor puede que sean más. Puede que la ropa haya quedado húmeda, me temo que la muda que metí es muy grande para los 24 minutos de secado. Entonces tendré que meter otro quarter para otros ocho minutos.

Ocho minutos en los que la secadora seguirá dando vueltas y mi cabeza también. Ocho minutos que confirmarán que no somos más que ciclos dentro de un gran ciclo, esperando terminar para comenzar de nuevo.

Ocho minutos en los que tendré que esperar a que la ropa se seque.

De una vez por todas.