Una celebración de amor
A mi jermia
Me sentí feliz por ella.
Y me sentí feliz de la misma manera en la que me he sentido cuando uno de mis amigos me ha contado que ha decidido casarse con la persona que más quiere.
El matrimonio es un tema cuyas connotaciones negativas parecieran resonar más que las positivas. Sin embargo, voy a tomarme la libertad de escribir algo que aplaude las cosas buenas que ciertamente ofrece.
Y lo voy a hacer desde la subjetividad que represento respecto a este tema.
Quien escribe esto, ni está ni ha estado casado. Soy un tipo solitario que tiene una experiencia casi nula en cuanto a relaciones de pareja. Soy un tipo que además vive con la ingenuidad de los románticos. Como verán, quizá estoy poco calificado para escribir sobre el tema, pero eso tampoco quiere decir que no pueda hacerlo. (Quién sabe, a lo mejor hasta puedo terminar brindando un particular punto de vista desde la subjetiva posición del espectador.)
Me gustaría invitar entonces a quienes se han casado, a quienes piensan hacerlo pronto, y también a quienes no están de acuerdo con el matrimonio (y por ende nunca piensan casarse), a leer esta nota que decide enfocarse sobre esa faceta positiva -y poco publicitada- del matrimonio.
Aclaro: yo también tengo mis diferencias con el tema, así que tampoco pretendo dedicarle una oda cursi al casamiento.
Lo primero que les voy a pedir, a efectos de proponer un contexto apropiado para esta lectura, es que apartemos a un lado ciertas concepciones negativas que existen sobre el matrimonio.
Que si es una obligación que impone la sociedad o la iglesia. Que si "para toda la vida" es una frase muy larga, irreal, imposible. Que si la fidelidad no existe. Que si el sexo se hace menos frecuente con el paso del tiempo en las parejas casadas. Que si el matrimonio no es más que un contrato. Que si no hace falta casarse para tener una exitosa vida en pareja. Etcétera.
Los invito a que veamos por un momento, o por el tiempo que pueda tomar leer este escrito, al matrimonio como una celebración. Como una celebración de amor.
Lo segundo que me gustaría pedir a quien lee esto va a depender del "estado civil" que actualmente ostenta.
Si estás casado, haz un ejercicio de memoria y reflexiona sobre esas cosas buenas que tiene el matrimonio.
Si tienes pareja pero que no te has casado todavía, trata de visualizar cómo sería vivir esas cosas con esa persona con la que estás involucrado(a) sentimentalmente.
Si no tienes pareja, imagina cómo sería vivir esas cosas con esa persona que te gusta o de la que estás enamorado(a).
Y si estás en contra del matrimonio, haz un ejercicio de tolerancia por unos minutos, y trata de comprender a las personas que sí se han casado o las que sí están de acuerdo con lo que el matrimonio propone.
¿No les parece curioso que dos personas que nacieron en momentos y lugares distintos decidan unir sus vidas y forjar un destino en común?
¿No les parece maravilloso que alguien los esté esperando en casa al final de un día difícil?
¿No les parece un privilegio tener a alguien con quien conversar antes de acostarse?
¿No les parece fantástico compartir las noches con alguien en ese sitio donde también soñamos?
¿No les parece un privilegio contar con una persona que cuide de ti cuando estás enfermo?
¿No les parece grandioso tener a la persona que más quieres a tu lado, apoyándote emocional y hasta financieramente en tu proyecto de vida?
¿No les parece extraordinario haber decidido compartir con esa persona tus inseguridades y tus debilidades, pero también tus triunfos y tus logros?
¿No les parece fascinante haber decidido ofrecerle nuestra desnudez física y sicológica a esa persona?
¿No les parece que es del carajo compartir un hogar y una vida con la persona que más amas?
¿No les parece que el amor es la herramienta más poderosa para renunciar definitivamente a la soledad?






