domingo, noviembre 13, 2011

Lo que nunca te dije


Estos últimos días han sido difíciles.



Pasó. Una de esas cosas que sabes que pasarán, y que temes a que finalmente pasen, pasó. No hay manera de prepararse para algo que te va a hacer sentir mal, incluso cuando sabes que va a pasar. Como cuando sabes que alguien que quieres va a morir pronto: el saberlo no te ofrece consuelo alguno.

Cuando finalmente lo supe sentí algo que escapa el encierro de los adjetivos. Fue algo frío, lo sentí en el pecho, y se quedó allí hasta quién sabe cuándo. Lo único que puedo decir es que me sentí mucho peor que lo que inicialmente esperaba.

Creo que eso me pasó contigo desde el principio: nunca sospeché lo importante que serías cuando te conocí. Nunca sospeché lo mucho que te querría luego de conocerte. Nunca sospeché cuánto me dolería no tenerte.

Ya sabía que eras especial para mí, pero realmente caí en cuenta de cuánto lo eras justo cuando no te tuve más. Sí, como que es verdad eso de que nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde.

Me convertí en eso, en un cliché: en una frase pajúa de libro de autoayuda, en eso que te dicen mientras te dan un abrazo lento con cara de lástima. Me convertí en un pendejo que llora al escuchar canciones de Carlos Baute.

Pero lo que más me duele de todo esto es lo que nunca te dije. Que te amaba, por ejemplo. Que me hiciste sentir cosas que nadie más me ha hecho sentir. Que me hiciste volver a creer en el amor. Que pasé de ateo a creyente de esa religión de los que se agarran de manos y se hacen promesas eternas.

Se me acabaron las sonrisas, se me acabaron las ganas de comer dulce a media tarde. Envidio a los que van juntos al cine, a los que aparecen con alguien en la foto de su perfil en Facebook. Me convertí en un cínico al que la vida le sabe a mierda.

Pero lo que más me duele, más incluso que no tenerte, es nunca haberte dicho que te amaba. Cosa que nunca antes le había dicho a alguien. Cosa que nunca antes había podido decirle a alguien. Yo creía que había amado antes, pero para amar verdaderamente necesitas que la otra persona también te ame. Eso del amor one-way no existe: lo que tú y yo teníamos era un viaje compartido que iba y volvía hacia el mismo lugar.

Lo peor de todo es que no te guardo rencor. En situaciones como esta siempre es más fácil agarrarle arrechera a lo demás, pero no. La arrechera es conmigo. Y por nunca haberte dicho lo que nunca te dije.

Que te amaba, por ejemplo.

Lo que más me duele es querer decírtelo ahora: justo cuando ya no sirve para nada.

2 comentarios:

Mario dijo...

Been there done that. La etapa de ansiedad es la peor.

No regrets, they don't work. No regrets, they only hurt.

Carla C. dijo...

ay noooo Vitico me partiste el alma. Pero se de lo que hablas. Tranquilo, que el amor que no se va, el que te haga decir que la amas en serio, ya llegará. Mientras, concha visita mi blog de embarazo y comenta... Jajaja.. no vale, te quiero. Tomemonos ese café cónchale.