La vida en un poema escrito en una servilleta. La vida en un Fa sostenido. La vida en una canción reproducida por un iPod. La vida en una nota.

Life on a love poem written on a napkin. Life on a F-sharp. Life on a tune played by an iPod. Life on a note.

miércoles, noviembre 23, 2011

Riccardo Muti explica el arte de la dirección musical

domingo, noviembre 13, 2011

Lo que nunca te dije


Estos últimos días han sido difíciles.



Pasó. Una de esas cosas que sabes que pasarán, y que temes a que finalmente pasen, pasó. No hay manera de prepararse para algo que te va a hacer sentir mal, incluso cuando sabes que va a pasar. Como cuando sabes que alguien que quieres va a morir pronto: el saberlo no te ofrece consuelo alguno.

Cuando finalmente lo supe sentí algo que escapa el encierro de los adjetivos. Fue algo frío, lo sentí en el pecho, y se quedó allí hasta quién sabe cuándo. Lo único que puedo decir es que me sentí mucho peor que lo que inicialmente esperaba.

Creo que eso me pasó contigo desde el principio: nunca sospeché lo importante que serías cuando te conocí. Nunca sospeché lo mucho que te querría luego de conocerte. Nunca sospeché cuánto me dolería no tenerte.

Ya sabía que eras especial para mí, pero realmente caí en cuenta de cuánto lo eras justo cuando no te tuve más. Sí, como que es verdad eso de que nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde.

Me convertí en eso, en un cliché: en una frase pajúa de libro de autoayuda, en eso que te dicen mientras te dan un abrazo lento con cara de lástima. Me convertí en un pendejo que llora al escuchar canciones de Carlos Baute.

Pero lo que más me duele de todo esto es lo que nunca te dije. Que te amaba, por ejemplo. Que me hiciste sentir cosas que nadie más me ha hecho sentir. Que me hiciste volver a creer en el amor. Que pasé de ateo a creyente de esa religión de los que se agarran de manos y se hacen promesas eternas.

Se me acabaron las sonrisas, se me acabaron las ganas de comer dulce a media tarde. Envidio a los que van juntos al cine, a los que aparecen con alguien en la foto de su perfil en Facebook. Me convertí en un cínico al que la vida le sabe a mierda.

Pero lo que más me duele, más incluso que no tenerte, es nunca haberte dicho que te amaba. Cosa que nunca antes le había dicho a alguien. Cosa que nunca antes había podido decirle a alguien. Yo creía que había amado antes, pero para amar verdaderamente necesitas que la otra persona también te ame. Eso del amor one-way no existe: lo que tú y yo teníamos era un viaje compartido que iba y volvía hacia el mismo lugar.

Lo peor de todo es que no te guardo rencor. En situaciones como esta siempre es más fácil agarrarle arrechera a lo demás, pero no. La arrechera es conmigo. Y por nunca haberte dicho lo que nunca te dije.

Que te amaba, por ejemplo.

Lo que más me duele es querer decírtelo ahora: justo cuando ya no sirve para nada.

martes, noviembre 01, 2011

Picasso y Marie-Thérèse: una inspiración apasionada



I see you before me my lovely landscape MT
and never tire of looking at you,

stretched out on your back in the sand,

my dear MT, I love you.

PABLO PICASSO


El cuerpo desnudo de una mujer acostada: su cabeza reposa sobre su brazo derecho; las líneas de su rostro expresan el éxtasis posterior al amor de los cuerpos; las curvas de sus senos y el triángulo escondido de su pubis completan el primer retrato de placer y sumisión, inocencia y lujuria que muestra Picasso et Marie-Thérèse: L'amour fou en la Gagosian Gallery de Nueva York.


I. El encanto de una explosión creativa

París, 1927: Picasso ve a una chica rubia salir de una estación de metro. Se le acerca y le dice: "Soy Picasso, tú y yo vamos hacer grandes cosas juntos". La chica muestra señales de desconcierto: no conoce a quién le está hablando. Picasso, con el ego ciertamente herido, la lleva a la librería más cercana para mostrarle su trabajo. Ella mira con atención las fotos que el artista le muestra. Al final de este improvisado encuentro, termina fascinada por la obra y deslumbrada por su autor. Días después ella visita a Picasso en su estudio, éste comienza a pintarla y ambos comienzan a amarse. Así se daría inicio a una de las pasiones más prolíficas e influyentes de la historia del arte moderno.

La relación entre Marie-Thérèse Walter y Pablo Picasso duraría poco más de diez años: desde 1927 hasta 1937, pero por décadas permaneció oculta como un secreto muy bien guardado. Walter no sólo fungiría como amante de Picasso (quien estaba casado en ese momento con la bailarina Olga Khokhlova) sino también como una de sus musas más importantes. Tan relevante fue su presencia en la carrera artística de Picasso, que éste llegó a confesar que Marie-Thérèse le había salvado la vida. La frase dista de ser exagerada: basta con mirar el antes y el después de Marie-Thérèse en la obra del pintor malagueño para apreciar el efecto de su inspiración.

Walter le brindaría un nuevo aliento al discurso de Picasso. Su cuerpo lo inspiraría a la experimentación con nuevas formas. Si bien Picasso comenzó por retratar a Walter de manera bastante realista, éste luego se dedicaría a trabajar con nuevos planos. En este sentido, hasta la silueta física de Walter representa una influencia en sí misma. Basta con ver algunas fotos mostradas en la exhibición para entender cómo el mismo Picasso explotaría sus rasgos -nariz afilada, frente corta, senos y muslos voluminosos- para desarrollar un innovador lenguaje que lo catapultaría como uno de los artistas más originales e influyentes del siglo XX. Picasso, re-imaginando a Walter, terminaría por re-inventar su arte.


II. Exhibición de una pasión oculta

L’amour fou, curada por el notable biógrafo de Picasso, John Richardson, y por la nieta de Marie-Thérèse, la historiadora de arte, Diana Widmaier Picasso, revela las diversas facetas por las que pasó Pablo Picasso a lo largo del período en que amó a Walter. La exhibición pudiera dividirse en tres segmentos: “realista” (compuesta por retratos, dibujos, esculturas), “abstracto” (pinturas que emplean un lenguaje menos lineal) y el “cubista” (los retratos más fascinantes de la muestra). En cada uno de ellos Picasso despliega a la vez un impresionante dominio y una asombrosa versatilidad a la hora de enfocarse en su único objetivo: representar a su objeto amoroso.

A lo largo de estas etapas se siente ese impulso experimental y arriesgado que llevaría a Picasso a convertirse en uno de las figuras más revolucionarias del arte moderno. En algunos de los cuadros realizados a finales de la década de los 20 destaca una marcada aproximación abstracta en la interpretación de Walter pero luego, desde comienzos de los 30 hasta cerca del final de la década, Picasso se inclinaría hacia cierto realismo que muchos han identificado como un antecedente natural de lo que luego se denominó como cubismo.

Los retratos de Walter al final de la década de los 30 son los más hermosos que se muestran en la galería. Aunque fundamentales, estas imágenes sólo logran actuar como complemento a lo que en definitiva es la verdadera esencia de la muestra: la expresión de una pasión. Las obras más impactantes que se exponen en la Gagosian Gallery son las que presentan -en diversas formas, técnicas y colores- la silueta desnuda de Walter: sumisa, placentera, dócil, vulnerable.

Célebre por su condición de mujeriego, Picasso, quien engañó a su esposa con Walter, luego engañaría a esta con Dora Maar -una fotógrafa surrealista. Algunos de los estudiosos de la vida del artista resaltan la importancia de Walter incluso comparando los cuadros que le dedicó a Dora: mientras a ella la pinta en sus retratos con tonos lúgubres y oscuros, a Walter la colorea con tonos mucho más brillantes y luminosos.

La marca que Walter dejó en la obra de Picasso sigue haciéndose sentir. No sólo su rostro aparece en tres ocasiones en el Guernica (1937), una de las pinturas más monumentales e icónicas del artista malagueño, sino que uno de los cuadros que ella inspiró, Nude, green leaves and bust (1932), fue vendida por 106,5 millones de dólares en una subasta de arte realizada en mayo del 2010.



No creo que haya otra exposición de arte que me haya marcado tanto como esta. Cada vez que terminaba de verla (fui a verla en cinco ocasiones), salía de la Gagosian con una extraordinaria sensación de placidez, fascinación y encanto. Un efecto que quizá sólo pueda ser explicado tras haber presenciado una obra maestra dedicada a expresar ese impulso que conduce el amor a la locura, ese instinto que logra anular nuestras mentes, esa fuerza que nos convierte en animales capaces de lograr lo imposible: eso que llaman deseo.