lunes, enero 02, 2012

Cambiando (o de cómo me comporto cuando veo a gente que no quiero ver)


En estos días me encontré en Times Square a una compañera del liceo que tenía más de diez años sin ver, y que pertenece a ese grupo de personas que, por alguna u otra razón, no quieres ver más nunca. Aún me pregunto que trató de decirme la vida con este increíble encuentro.

Viví poco más de ocho años en Puerto La Cruz: desde tercer grado hasta quinto año de bachillerato. Allí fui feliz: tuve buenos amigos, una perrita, fui bastante a la playa y tuve más amores platónicos que reales. Y aunque tuve mis conquistas, pues desde pequeño fui inteligente y atractivo, era muy tímido -lo cual es un mero eufemismo para decir que era un pendejo. En efecto, creo que sigo siéndolo, pero un poco menos que antes. (Eso espero.) De esto me di cuenta al ver cómo reaccioné al encontrarme a la chama en cuestión. Aunque pensándolo bien, a lo mejor esta inusual faceta de mi personalidad que pronto conocerán no fue producto de evolución o de crecimiento, sino más bien de cómo me termino comportando cuando me encuentro a personas que no me caen bien...

S: ¿Vitico?

V: ¿Ah? -alcancé a decir confundido porque no la reconocía.

S: ¿Tú no eres Victor? ¿Victor Marín?

V: Sí, y tú eres...

S: ¡Sabrina! ¡Sabrina Ruggieri! ¡De Puerto! -me dijo y me abrazó como si yo estuviese realmente contento de verla...

V: Ah, ok. Claro que me acuerdo de ti -aquí fue donde caí en cuenta de quién era, haciendo un inventario de lo que ella no tenía antes: unas tetas más grandes y una nariz más perfilada.

S: ¡Victor, pero tú sí estás bello!, ¡cómo has cambiado!

V: O sea, que antes era feo.

S: Jajaja, ¡tú siempre con tus cosas, vale! Mira y cuéntame, ¿qué es de tu vida?, ¿qué haces aquí en Nueva York?, ¿te graduaste?, ¿te casaste?

V: Sí, bueno, me gradué hace dos años de ingeniero electró-

S: ¡Ay, pero deja el misterio, chico! ¡Dime pues!, ¿te casaste?

V: No, todavía no.

S: ¡Qué bien! Bueno, digo, no lo vayas a tomar mal... lo que pasa es que, ¿tú sabes quién está viviendo acá en Nueva York? ¡Verónica! ¡Verónica Méndez!

V: ¿Sí? Oye, no sabía...

S: Sí, vale, nos vimos en estos días y estuvimos recordando un poco de cosas del liceo. Incluso hasta me contó que una vez tú te le habías declarado a ella, ¡qué bolas esa vaina!, ¿no? ¡Lo peor es que ni sabíamos que tú también estabas viviendo aquí!

V: ¿Sí? Oye, tampoco sabía que ustedes fueran tan buenas amigas -"¿ustedes no y que se odiaban en el liceo pues?", me provocó preguntarle, pero me distraje un poco con el par de tetas mejoradas que parecían querer salirse de su escote.

S: Sí, y me dijo, "es que Vitico es muy lindo..." -¿Y por qué me rebotó entonces?- Dígame si te viera ahora... ¿qué diría?... ¿tú no la tienes en Facebook a ella?

V: ¿Por qué habría de tener en Facebook a una chama que me rebotó y que nunca me paró bolas en el liceo?

S: Ay, chico, tú sí eres cómico... ¡'tás igualito que en el liceo! -¿no y que había cambiado?

V: Bueno, fino verte, estamos hablando... -alcancé a decir intentando terminar la conversación, pero...

S: Ya va, Vitico, ya va, ¡vamos a cuadrarte a Verónica pues!, mira que está bellísima, y se graduó y todo, ¡pero está más solaaaa!

V: Sí va, ahora yo puedo rebotarla a ella.

S: ¡Ay, sí!, ¡deja que la veas! Se operó... está más flaca... ¡está más bellaaaa!

V: Lamento informarte que a mí no me gustan las tetas operadas.

S: ¿Ah, sí?, ¿y tú crees que no me he dado cuenta que ya van dos veces que te me has quedado viendo las mías?, picarón...

V: Lo que pasa es que se te estaban moviendo como que mucho y pensé por un momento que iba a tener la fortuna de ver aunque sea una de ellas.

S: Ay, Victor, eres terribleeeee... ay chico, y no sé... tienes como algo... mira que si no estuviera comprometida hasta te echo los perros y qué Verónica ni qué nada...

V: Bueno, decídete entonces.

S: Jajaja tú sí eres tremendo, vale, ¿qué te pasó a ti? ¡tú no eras así en el liceo! No vale, yo amo a mi gordo... que no te conté... se llama Roberto, Roberto Gómez y trabaja con una contratista del gobier-

V: Bueno, bueno, ¿me vas a pasar el teléfono de Verónica o qué?

S: Claro, claro es 917 xxx xxxx. Y aprovechemos de una vez ya y me das el tuyo. Mira que me vine sin mi gordo y quién sabe si a una por acá le dan ganas de un desliz, una cosa...

V: Acá estamos a la orden.

S: Jajaja oye la verdad es que he gozado contigo Victor Marín, hay que ver que la gente cambia, vale... la gente cambia...

V: Ujúm...

1 comentario:

Mario dijo...

Esas vainas pasan Vic. Luego de casi 10 anios una chama que NUNCA ME DIO LA HORA en el liceo, luego de verme, si le provoco estar conmigo (claro, tres chamos despues) y diciendo: 'conchale vale, yo debi pararte bolas'

Una vaina impresionante. Luego de diez anios ella ase dio cuenta que era un 'buen partido' antes, ni la hora compadre.

Eso si me dio dolor de bolas. Si no se pudo cuando yo queria, tampoco va a ser cuando tu quieras.

Awante alli Vic. Un abrazo.