martes, enero 31, 2012

Instrucciones para volverse loco


Si usted desea volverse loco, lea con atención las siguientes instrucciones. Entre las tantas maneras que existen para hacerlo, pocas son tan efectivas como la de enamorarse.

Salga y busque una mujer que le guste, una que sea de su “tipo”: esa que mejor responda a sus preferencias. En lo que vea una acérquesele, pregúntele el nombre y su número de teléfono. Dígale que desea tomarse un café con ella o cualquier otra invitación que suene inocente en este mundo de desconfiados. No se defraude usted si ésta le rechaza, pues seguramente con tantos hombres casados y tantos hombres que gustan de otros hombres, habrá muchas otras mujeres disponibles. Usted siga intentando hasta que una le diga que sí.

Lo del café es una mera excusa para conocerla, para reafirmar si le sigue gustando una vez que converse con ella. Recuerde, la atracción física es impactante pero efímera y poco confiable. Para que usted realmente llegue a enamorarse tiene que conocerla bien. Si le gusta lo que conoce de ella, usted comenzará a sentirse extraño, distinto a como usualmente se comporta. Comenzará a pensar en ella todo el tiempo, ocasionalmente se debatirá entre llamarla o enviarle un mensaje de texto, y perderá mucho tiempo pensando (incluso ensayando) en lo que le va a decir. Usted empezará a hablarle de ella a sus amigos, a quienes también les pedirá consejos sobre mujeres, restaurantes y sitios llamativos para impresionarla.

Para que estos sentimientos se fortalezcan, usted sólo debe salir a menudo con ella. Conózcala mejor. Gánese la confianza para reclamar su derecho de besarla. Hable con ella todos los días, ya verá que luego querrá hacerlo a toda hora. No escatime en gastos, cómprele detalles, invítela a cenar, impresiónela con historias fantásticas de su juventud. (Y si no tiene, invéntelas.) Con el tiempo se sentirá más extraño aún: invencible y con un optimismo avasallante; nada le parecerá imposible.

Si desea enamorarse aun más rápido, lleve la relación al plano físico. A contrario de la creencia popular, es el cuerpo, no la mente, lo que conduce la gente a la locura. Una vez consumado el encuentro corporal, el amor le permitirá encontrarle sentido a las canciones de Arjona, cantar con fuerza las baladas épicas de Montaner y bailar al ritmo de esas bachatas cursis que usted antes despreciaba; usted andará por la calle silbando y sonriendo como un verdadero idiota –aislado, egoísta, tal y como lo definieron los griegos.

Usted fantaseará con el día en que se casen, los hijos que tendrán, la casa en donde vivirán. Llegado este punto usted se sentirá mucho más extraño: no le hará caso a los reproches de su madre, las diatribas políticas ni a los motorizados que le roban el paso en la autopista.

Cuando usted se finalmente enamore, usted perderá toda conexión con la realidad. Cuando usted finalmente se enamore, usted se volverá loco.

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