sábado, octubre 13, 2012

Te espero


Te espero.

No te preocupes, estoy acostumbrado a esperar.

La paciencia es una de las pocas virtudes que ostento. No me estreso en las colas de los bancos, ni me inquieto cuando me toca hacer alguna diligencia en alguna oficina pública.

Siempre llevo conmigo una revista, un libro, o mi iPod cuando la circunstancia lo permite. A veces le busco conversación a quien está a mi lado. Así el tiempo parece pasar más rápido y entonces termino con prontitud el trámite que tenía pendiente. El hecho es que yo veo cómo me las arreglo.

Yo sé esperar.

Lo he hecho muchas veces en mi corta vida. En algunas ocasiones la espera ha dado sus frutos, en otras no. Pero eso no me desalienta. Cuando sé que tengo que esperar, me preparo. Me armo de paciencia y busco algo qué hacer.

A la mente hay que mantenerla ocupada. En eso ayudan mucho los libros -ellos evitan que la mirada se nos vaya a los lados, al techo, al reloj. Uno tiene que procurar por hacer un sensato consumo del tiempo. Por eso es que muchos caen en desesperación.

Así que cuando te prometí que te iba a esperar, es porque no tengo ningún problema en hacerlo. Claro que me gustaría tenerte acá, eso no lo niego. Pero esperarte se me hará mucho más posible gracias a lo que siento por ti.

Sé que tampoco fue que nos prometimos exclusividad. Si llegas a conocer a alguien que te guste y con el que te gustaría tener algo, sólo avísame para darle fin a esta espera. Me dolerá, pero créeme que eso se me pasa con vino, buenas canciones y tiempo. Luego, desde acá, te desearé todo lo mejor. De corazón.

Pero la decisión de esperarte sigue en pie. Por algo quiso la vida que nos conociéramos cuando lo hicimos. No creo que la sonrisa que llegó a mi vida cuando te conocí haya sido en vano. Asimismo, si llego a conocer a alguien por acá, te lo haré saber. Me dolerá, créeme que decírtelo también me dolerá, pero recuerda que nada puede ir mal cuando se es sincero.

Te espero.

Y tranquila que nos irá bien. Yo seguiré haciendo lo que vine a hacer por acá y terminaré lo que empecé. Seguiré viviendo este sueño que cada día que pasa toma más forma de realidad.

Insisto: no te preocupes, yo estoy acostumbrado a esperar. Confía en mí, esta promesa es sincera. Recuerda que cuando uno es sincero nada puede ir mal, ¿vale? Pase lo que pase, si tú y yo actuamos con sinceridad, nunca nos podrá ir mal.

Y yo, cuando te digo que te espero, estoy siendo sincero.

Te espero.

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