La vida en un poema escrito en una servilleta. La vida en un Fa sostenido. La vida en una canción reproducida por un iPod. La vida en una nota.

Life on a love poem written on a napkin. Life on a F-sharp. Life on a tune played by an iPod. Life on a note.

domingo, abril 29, 2012

Rock and MAU: un episodio contemporáneo de cultura caraqueña

Se dice que para que un evento pueda considerarse histórico es necesario que pase cierto tiempo. Esta distancia, algunos argumentan, garantizaría cierta objetividad que es ajena a los juicios inmediatos. De todas formas, me atrevería a decir que lo que presencié el tres de marzo del 2012, en el Teatro de Chacao, hizo historia en la escena musical caraqueña.

El evento, titulado “Rock and MAU”, reunió a destacados integrantes del rock caraqueño (La vida Bohème, Nana Cadavieco, Rawayana, Viniloversus y Malanga) y a la Movida Acústica Urbana: un grupo de jóvenes virtuosos que ha redefinido la manera en que se interpretan -y en que se conciben a- los ritmos tradicionales.

Según este mismo colectivo, la idea fue de Diego “El negro” Álvarez, destacado percusionista que no sólo ha tocado junto a agrupaciones de jazz, música venezolana e incluso orquestas sinfónicas, sino que también ha prestado su talento para bandas de la escena alternativa como el dúo de música electrónica Maseratti2lts. Álvarez encarna en sí mismo esa peculiar coyuntura entre lo tradicional y lo alternativo que se dio cita en ese maravilloso recinto que abrió sus puertas en Chacao hace pocos meses.

La idea de por sí es bastante original, pero en mi opinión esta cualidad no es la más relevante. Lo que para mí resulta verdaderamente trascendental es su aporte a la identidad cultural de la ciudad. La comunión entre ritmos tradicionales y otros más modernos representa un hito en la música que se hace en la ciudad de Caracas.

La capital de Venezuela ostenta una escena musical muy interesante. Muchísimos músicos, tanto de bandas de rock como de ensambles, editan sus discos de manera auto-gestionada y sus conciertos llenan locales, recintos y teatros de una manera que hace cinco años hubiese resultado impensable. La oferta también es rica: por las noches se puede ir a disfrutar tanto de un buen jazz y un concierto de rock como de las impecables presentaciones que tiene la MAU en sitios como el Trasnocho Lounge.

En este contexto es donde obtiene aun más importancia la maravillosa empresa que han desplegado los músicos de la MAU y de algunas bandas caraqueñas. El rock que se está haciendo en la ciudad, tomando en cuenta su sonido y la idiosincrasia manifiesta en las letras de sus canciones, puede en efecto comenzar a considerarse caraqueño, y la música que tocan los ensambles que integran a la MAU también posee una particularidad, rítmica y armónica, que la hace única si se le compara con lo que está pasando en la escena contemporánea del folklore en Brasil o en Argentina.

Sin embargo, Rock and MAU viene a representar un nuevo capítulo en la formación de la identidad de la música caraqueña. En uno de los “ensayos abiertos” que tuvo lugar en el Trasnocho Lounge, escuché las primeras notas de la versión de “Un buen salvaje”, original de La vida bohème, y de inmediato supe que estaba presenciando mucho más que “un tema de rock arreglado en ritmos tradicionales”. Acá se está ante algo que constituye, más que una re-interpretación o una manera ingeniosa de fusionar géneros, una re-definición de la música caraqueña.

Quizá más de un seguidor de estas bandas no conocía lo que era (y cómo sonaba) un joropo oriental, un tamunangue o un merengue antes de ver a su banda favorita en el Teatro de Chacao. Pero en el momento en el que escucha uno de sus temas arreglado en uno de estos géneros, no sólo va a cantarlo y a disfrutarlo, sino que un nuevo ritmo se incorporará a su catálogo musical. Cuando esa persona está coreando las geniales estrofas de “No hay” de Nana Cadavieco, también está asimilando ese género en el que está arreglado -uno que hasta ese instante probablemente le era extraño. En esa aceptación comenzará a modificarse la noción de identidad que tiene de la música autóctona de su ciudad. En ese registro también hay mucho de pertenencia. En ese disfrute hay mucho de apropiación.

Cuando se habla de identidad, suele afirmarse que sólo se puede llegar a querer lo que se conoce. Y en lo que a identidad se refiere, es imprescindible que para identificarnos con nuestras culturas, debamos primero darnos la oportunidad de conocerlas. En ese sentido, la experticia técnica de los músicos de la MAU empleadas al servicio del gran talento compositivo que ostenta cada una de estas bandas conforma un poderoso recurso a la hora de “presentarles” a los asistentes (si es que no lo han conocido antes) estos géneros o de confirmarles (a los que ya lo conocían) el gusto por lo tradicional.

Este, en mi opinión, es el mayor aporte del “Rock and MAU” y en definitiva lo que le da ese carácter de histórico: que esas excelentes canciones, tocadas por un magnífico grupo de músicos en géneros tradicionales, constituyen una inmensa contribución al desarrollo de la cultura caraqueña.

“Rock and MAU” desde todo punto de vista representa un triunfo. La genuina camaradería entre los miembros de la banda y la MAU, evidenciada en ese ensayo abierto (a ratos ciertamente conmovedora), y la manera en la que se acoplaron en tarima son indicadores de que no sólo está muy bien lo que están haciendo ahora, sino que lo que vendrá será aún mejor (entre los planes futuros se cuenta un disco grabado en estudio que incluirá los temas que fueron tocados en el Teatro de Chacao).

Tanto afuera (antes de entrar a la sala) como adentro (una vez iniciada la presentación) el entusiasmo era notable. Cada vez que entraba a tarima algunos de los cantantes o cuando uno de los músicos lucía su virtuosismo con su instrumento, los gritos y los aplausos proferidos por el público eran elocuentes de esa celebración de identidad: ese reconocimiento de la audiencia ante esa música que disfruta, y lo que quizá sea aún más importante, una música que es suya.

Yo no sé si esté pecando de apresurado al calificar al Rock and MAU como algo histórico. La verdad, ni me importa. Y no lo digo por rebeldía o por soberbia, lo digo  con la licencia que me otorgan el talento de todos esos músicos y sus ganas de juntarse y hacer que esa “música del futuro”, como llegó a sentenciarla el propio Diego Álvarez, suene a Caracas.

sábado, abril 21, 2012

Campo: a sophisticated latin discourse


Juan Campodónico has produced some of the most interesting acts in Latin-American –Cuarteto de Nos, Jorge Drexler, Bajofondo, Ximena Sariñana. He has now edited his first record as a solo artist under the name of CAMPO (2012): an astounding collection of songs in which he seamlessly puts together traditional latin genres like cumbia, candombe and tango with other more modern like hip-hop, indie-rock and dance-hall. According to him, by making this record he aimed to put more value to the already rich music made in South America. This amazing album then materializes this undertaking by delivering well-crafted pop songs, played in interesting rhythms in a very stylish way. CAMPO could be defined as a celebration of modern identity, and that remains in itself an impressive accomplishment.

This is the video for La marcha tropical

miércoles, abril 11, 2012

De ilusiones también se sufre

A lo largo de estos últimos meses contaba con la esperanza de recuperar a la última persona que amé, pero esta se vio aniquilada con la llegada de un email con el que supe que finalmente la había perdido. Más que esperanza, creo que tendría que haberle llamado fantasía.

Confieso que soy practicante cotidiano del daydreaming: me la paso fantaseando todo el tiempo, produciendo elaborados espectáculos que se montan sobre la tarima de mi mente. Lo que pasa es que todas esas esperanzas, ilusiones, fantasías, llámenlas como les dé la gana, son ficciones que pueden hacer daño.

En ese sentido, el acto de enterarme de que la había perdido me dolió muchísimo y me dio unas cuantas noches de desvelo, pero debo reconocer que también me proporcionó algo de tranquilidad. No es que dejé de pensar en ella (para eso creo que hace falta mucho tiempo, demasiado quizá), pero reconozco que al desvanecerse esa ilusión me sentí un poco mejor.

Lo cual no implica que esté bien, porque no lo estoy, pero a fin de cuentas mis sentimientos ganaron algo de estabilidad, que a la vez me imagino se traduce en algo parecido a eso que llaman paz.

Verán, como experto en fantasear que soy, debo advertirles que al hacerlo se puede terminar pagando un precio muy alto. Soy de los que cree que vivir sin ningún tipo de esperanza no tiene sentido alguno, pero cuando no se da lo que uno espera que se dé, el coñazo genera una herida que tarda en cicatrizar. (No empleo este léxico clínico, además de cliché, con ánimos de impactar o exagerar: es el más apropiado para tratar de describir la sensación que uno sufre cuando una ilusión se vuelve mierda.)

Como decía Walt Disney, uno de los máximos fantaseadores de todos los tiempos: “la vida sin fantasía es una vida sin color y sin sabor; es una existencia insulsa.” Y no es que le esté quitando méritos a la realidad, si a ver vamos es ésta es la que le ha devuelto algo de estabilidad a ese mar picado en el que se habían convertido mis emociones. Pero vivir de la realidad, de manera exclusiva, también me parece insoportable.

No sé si me estoy haciendo entender porque la verdad es que en estos momentos hasta me cuesta entenderme a mí mismo, lo único que intentaba hacer con este post era redactar una reflexión sobre las potenciales consecuencias negativas que puede arrastrar una ilusión. (Y una que me empeñé tercamente en mantener.)

Me gustaría pensar que esto es momentáneo, que este arranque de pragmatismo es una suerte de mecanismo de defensa que se activa para poder pasar este doloroso trance. No quisiera dejar de ilusionarme, pero en este momento la razón me lo contraindica.

En este arranque de lucidez son muchas las interrogantes que me acosan:

¿Es mejor vivir en blanco o negro que andar deambulando en un limbo grisáceo? ¿Pueden en efecto morirse las fantasías? ¿Puede ser dañino mantener las esperanzas? ¿Es más llevadera una vida con certezas que una de quizás? ¿Es realmente mejor esto de vivir con la frialdad del pragmatismo? ¿Acaso el amor en sí mismo no escapa de racionalidades? ¿Acaso el acto de amar en sí mismo no es una especie de fantasía?

¿Cómo puede uno ilusionarse con volver a amar? ¿Cómo se puede volver a amar después de esto?


En días como estos hago un considerable esfuerzo por intentar disfrutar de esta relativa pero dolorosa tranquilidad, de evitar el acto de fantasear como quien trata de dejar un vicio, de quitarme el paraguas de la ilusión para empaparme bajo la tormenta cotidiana de la realidad.

En días como estos trato de estar mejor, que no es lo mismo que estar bien. Porque bien, no lo estoy.

lunes, abril 02, 2012

Sleigh Bells: when consolidation sounds just right


When I first listened to Sleigh Bells, I couldn’t do it for a long time. Their music was just too loud for my taste. However, there was something that kept me hooked to their sound. It was as if I knew that if I kept on listening to them, I might get into their music. And that’s what happened indeed. More than a year and a half has passed since this duo became a sensation. And they seem to have ingested this remarkable success with impressive maturity. If you listen to Reign of terror (2102), their sophomore record, you will have a very good idea on how they have been able to capitalize on their good moment, by offering even better material than their predecessor. If Treats ended up being too much, Reign of terror surprises us by its sobriety, which adds more consistency to their sound. Sleigh Bells acts like a stronger entity, one that manages to make astonishing music, and at the same time, a more powerful statement.

This is the video for Comeback kid