La vida en un poema escrito en una servilleta. La vida en un Fa sostenido. La vida en una canción reproducida por un iPod. La vida en una nota.

Life on a love poem written on a napkin. Life on a F-sharp. Life on a tune played by an iPod. Life on a note.

viernes, mayo 25, 2012

The Maccabees: this is when the magic happens


It took me just one listen to Given to the wild (2012), The Maccabees’ latest record, to feel genuinely awed by their music. Besides the obvious fact that that type of thing happens very rarely, what this group has achieved with their most recent effort is praiseworthy. Wall of arms (2010), their previous album, worked as a solid precedent in terms of its astounding sound. However, even when one could imagine what their following material would sound like, there was no chance one could expect such a stunning work like Given to the wild’s. The Maccabees’ emphasis in craft and detail is already eloquent, but I would even dare to say that this is also an inspired record. Just listen to the magnificent emotional climaxes they often managed to create within their songs. You could blame it on their talent and a considerable amount of hard work, and I would definitely agree, but inspiration had to play a definitive role among the greatness inherent to these songs. Given to the wild not only records this remarkable band’s growth, but it also captures the magic they had at their disposal while making it.

This is the video for Feel to follow

lunes, mayo 21, 2012

GENIALIDAD en stop motion


- La canción se llama In your arms, y la canta
Kina Grannis

- Realizar el video tomó 22 meses y se utilizaron 288 mil caramelos

- Fue dirigido por Greg Jardin



Acá pueden ver un video del “making of”:


miércoles, mayo 16, 2012

Callar(nos) para escuchar(nos)



Llevo poco más de dos meses viviendo en Buenos Aires. Es la segunda vez que vivo fuera de Venezuela: el país que me vio nacer y en el que he vivido la mayor parte de mi vida. También viví dos extraordinarios años en Nueva York. Tanto Estados Unidos como Argentina me han recibido con sus brazos abiertos, me han permitido estudiar, trabajar y disfrutar de un inconmensurable privilegio: crecer como profesional y como persona. Por eso es que estos dos países contarán con mi eterna gratitud.

El poco tiempo que llevo viviendo en Argentina me ha puesto en contacto con lo que sin duda es uno de sus valores más importantes: su gente. No creo que haya mejor manera de conocer la cultura de un país que sentarse a hablar con una persona de allí. Aunque más que hablar, uno lo que debería hacer es escuchar. Mi abuelo, una de las personas que más ha marcado mi vida, fue uno de los grandes conversadores que he conocido. Y lo era precisamente porque por sobre todas las cosas sabía escuchar a los demás.

Larry King, figura emblemática de la televisión norteamericana, llegó a confesar al retirarse del programa que conducía en CNN, que la mejor lección que le habían dado las más de 50 mil entrevistas que hizo (actual récord mundial) a lo largo de 53 años de carrera, era que sólo se podía aprender de una persona cuando uno guardaba silencio y la escuchaba.

Pero pareciera que escuchar es lo que menos estamos haciendo los seres humanos en este momento. Sólo basta con abrir las páginas de un diario, salir a la calle o conectarse en Internet para darse cuenta de que, aunque vivamos en un mundo cada vez más globalizado e interconectado, nuestras comunicaciones cada vez son más unidireccionales que nunca. Las redes sociales, en vez de acercarnos más, parecieran que constituyesen suelos fértiles para la crítica destructiva, los insultos y las opiniones radicales. Internet se está convirtiendo en un campo de guerra cuya arma más altisonante es la intolerancia.

No estamos usando todas estas poderosas herramientas para debatir, discutir, o comunicarnos mejor entre nosotros. No, pareciera que las estuviésemos utilizando para ver quién expresa la opinión más contundente, el punto de vista más intransigente o la perspectiva más irreverente. Lamentablemente estamos ejerciendo una especie de violencia que, aunque digital, también hace daño y habla de manera bastante negativa sobre cómo pensamos y actuamos.

El caso más reciente de esta creciente intolerancia se puso en evidencia con el caso de “Caracas, ciudad de despedidas”, video posteado en YouTube, en el que un grupo de jóvenes caraqueños expresan sus inquietudes sobre la posibilidad de irse de su país. Epítetos en 140 caracteres abundaron por Twitter, insultos se postearon en los muros de muchas cuentas de Facebook, y el tema se convirtió hasta en jodedera en forma de “memes”.

Sin embargo, las manifestaciones de intolerancia no sólo han sido provocadas por un tema tan importante y sensible como el de la emigración de los jóvenes en Venezuela. Temas mucho más banales que van desde la calidad del disco nuevo que saca cierta banda, declaraciones controversiales de figuras públicas, el vestido que usó fulanita en tal entrega de premios, o hasta el resultado de un partido de fútbol entre equipos históricamente rivales sirven como excusas para que afloren demostraciones de odio e irrespeto que, insisto, son elocuentes de la manera en la que nos estamos desenvolviendo en la segunda década del siglo XXI.

Es verdad, internet también se ha convertido en plataforma de iniciativas maravillosas provenientes de diversos campos: activismo político, ecología, creatividad en todas sus manifestaciones y campañas de concientización, entre muchas otras. Tengo el gran honor de contar con amigos que tienen blogs o cuentas de Twitter en las que postean brillantes reacciones ante fenómenos sociales recientes, pero también me temo que son casos muy puntuales dentro de una miríada de expresiones reprochables.

En el poco tiempo que llevo viviendo en Argentina he tenido la oportunidad de enfrentarme a eso que uno trae además de las maletas cuando llega a otro país: los prejuicios. He tenido la fortuna de hacer amigos argentinos (tanto de Buenos Aires como del interior) en pocas semanas, y a lo largo de conversaciones que he sostenido debo reconocer que sus actitudes u opiniones, diferentes o contrarias a la mías, me han hecho reflexionar mucho sobre mi propia manera de pensar.

Al escucharlos emitir una declaración, en mi opinión un tanto radical ya sea por su contenido o por la distancia que la separa de lo que pienso, mi primera reacción es la de oponerme con fuerza a dicho punto de vista. Casi siempre trato acallar ese primer impulso y no exteriorizarlo, pero el hecho es que lo siento por dentro. A veces no puedo evitar el hecho de preguntarles el por qué de tan particular posición para tratar de no juzgarlos con premura y, en lo posible, de entenderlos.

Como se habrán dado cuenta, en esta reflexión que desarrollo estoy partiendo de que yo también, al menos internamente, he sido practicante de esa intolerancia que en internet se hace pública con tanta frecuencia. Lo que pasa es que así como he sentido ese primer impulso de rebatir lo que el otro me dice, también hago un esfuerzo (que, créanme, no es fácil) para tratar de hacer justamente lo que no estamos haciendo: escuchar al otro.

Los radicalismos sólo engendran más radicalismos, y éstos nunca llevan a nada bueno. Mucho menos cuando ejercemos posiciones extremas con la persona que tenemos al lado. Este es un llamado de atención para que, en vez de estar vociferando nuestras opiniones como autómatas, nos callemos (o dejemos de teclear) y nos tomemos el tiempo de escuchar (o de leer) eso que el otro -el que “no tiene la razón”, el que es “distinto”, el que está “loco”, el que no piensa como nosotros- tiene que decir.

Sigamos el sabio consejo de Larry King y guardemos silencio: ese es el primer paso que debemos tomar para poder escuchar, y escuchar es el siguiente paso para tratar de entendernos. Porque tratar de entendernos, aun cuando resulte difícil, al final termina siendo más barato y enriquecedor que pelear, dividir, juzgar e irrespetar.


Guardemos silencio, escuchemos al otro y tratemos de entendernos. Estoy seguro de que esta es una receta para vivir mejor en un mundo mejor.  

jueves, mayo 10, 2012

Noel Gallagher: this I what I do on my own, and it’s bloody good



I’ve said it many times before: when you hear a solo record from a member of a successful band, you could get a very good idea of how much (and how good) his addition to its sound was. Oasis brought excitement back to brit-rock, and in an extraordinary way. They sold millions of records, they toured the world -they earned legendary status. But the Gallagher brothers had their issues. Marketing oriented or not, their fights caused the separation of the act that had put them together. While Liam formed a new band called Beady Eye, Noel went solo. And his effort, Noel Gallagher’s High flying birds (2011), is quite a surprise. This a baroque, detail-oriented, sophisticated and well-crafted record. And its songs are just great. It’s true: it may still sounds like Oasis, but in the best way possible. What I enjoyed the most about this album is the sense of freedom and confidence that Noel showed off on his tunes. This is a brilliant work made by an accomplished songwriter doing things his way.

This is the video for Dream on

lunes, mayo 07, 2012

Una mesa más, dos solitarios menos (IV)


La vida vuelve a regalarme una conversación maravillosa. En esta ocasión, comiendo en el “patio de comidas” del shopping Alto Palermo, compartí una mesa con una argentina a quien la vida le cambió en muy poco tiempo, pero para mejor. Acá les transcribo las magníficas palabras que compartió conmigo.


A (Argentina): ¿De dónde sos?

Y (Yo): De Caracas, Venezuela.

A: Ah, mirá qué lindo. Venezuela es un país hermoso. Nunca he estado, ¿eh?, pero he visto fotos increíbles de allá.

Y: Sí, es un país hermoso.

A: ¿Lo extrañás?

Y: Claro, y eso que tengo menos de un mes viviendo por acá.

A: Normal... ¿Viniste a estudiar?

Y: Sí, estoy haciendo un posgrado en la UBA.

A: Bárbaro. ¿Y te gusta Buenos Aires?

Y: Sí, es una ciudad muy linda. Y la gente es muy simpática también.

A: Bueno… Aunque debe estar difícil ¿no?, eso de vivir fuera de tu país.

Y: Lo es. Y eso que esta es mi segunda vez, porque también viví en Nueva York por dos años. Pudieras pensar que ya debería estar acostumbrado, pero no. Creo que esta vez hasta se me hizo más difícil volver a irme de mi país.

A: Sí, lo hubiese pensado, pero la verdad no puedo decir mucho. Nunca he vivido afuera y creo que nunca lo podría hacer.

Y: ¿Por qué?

A: No sé, creo que no lo soportaría. No creo que tenga el valor como para tomar una decisión así.

Y: ¿Te parece?

A: Pero claro… ¿Vivir lejos de mis padres? ¿Vivir fuera de casa? Es que no me lo puedo ni imaginar…

Y: Y tú, ¿qué haces?

A: Bueno, que ¿qué hago? Pues hago de madre.

Y: ¿Ah, sí? Qué bueno, pero me imagino que harás algo aparte de eso, ¿no?

A: No, ahora no. Viste que acabo de tener un nene. Se llama Pablo, como su papá.

Y: Felicidades.

A: Gracias, aunque lo mejor de todo es que no fue planificado.

Y: Ah…

A: Bueno, que no me lo esperaba. Salí una noche con un amigo a ver una película. Luego nos fuimos a un bar a tomarnos algo, yo qué sé, y luego bueno… luego pasó exactamente lo que está pasando ahora por tu cabeza… y a los nueve meses nació Pablo.

Y: ¡Qué bien!

A: Y al principio no lo fue, no vayas a creer. Mi vida pasó a ser algo… pasó a ser una cosa que ya no era mía, no sé si me entendés. Viste que tenía trabajo, vivía en un departamento para mí sola... Mi vida era perfecta, pero ponele que perfecta entre comillas, porque perfecta de verdad es la vida que tengo ahora. Al principio todo fue crisis, claro, contárselo a mis padres, a mis amigas, decirles que iba a tener un hijo de alguien que no era mi novio, siquiera.

Y: ¿Y ahora estás con él?

A: Claro, y nos enamoramos… Y no vayas a pensar que fue que nos juntamos para criar al nene. No, nos juntamos porque nos enamoramos, y en las circunstancias más particulares del mundo, ¿viste? Yo con mi panza, él con su miedo terrible de ser papá. Nos mostramos tal y como éramos, porque no teníamos de otra, y nos gustó lo que vimos, y nos enamoramos y estamos felices.

Y: Qué bella historia.

A: Sí, pero te repito: al principio no lo fue. Al principio me quería morir... Los pocos días que podía dormir luego me despertaba preguntándome que por qué me pasaba esto. Luego me fui enamorando del Pablo y enamorándome de mi panza, y entonces un día dejé de preguntarme el por qué… viste que después lo que estaba era desesperada porque naciera mi nene.

Y: ¡Qué lindo!

A: ¡Pero si ya hablás como nosotros!

Y: Jajaja.

A: A lo que apunto con todo esto, es que vos pensás que podés controlar tu vida… pero no es así. Vos tenés que dejar que la vida te lleve a ti, y ya está. Viste que la vida es como si te tomara de los hombros y te levantara, y luego te dejara en un sitio, y luego te tomara otra vez y así… Vos lo que tenés que hacer es quedarte allí flojito y dejar que te levante y que te lleve, porque al final ella te va a dejar en el mejor sitio. Sólo recordá: quedate flojito.

Y: Lo recordaré entonces.

A: Bueno venezolano, pasala lindo por acá. Ha estado bueno esto de compartir mi merienda contigo, pero me tengo que ir, mira que no es uno sino dos los hombres que me esperan ahora en casa…



Acá puedes leer las tres primeras entregas de esta serie:


Una mesa más, dos solitarios menos (I)

Una mesa más, dos solitarios menos (II)

Una mesa más, dos solitarios menos (III)

jueves, mayo 03, 2012

The Roots: making a masterpiece out of an experiment


In order to create a successful experiment in music, an artist must possess many traits. Talent is certainly necessary, but experience also plays a very important role. If a band decides to get out of their comfort zone and still manage to deliver a good material, its members must own -and deliver- a high level of proficiency to make art under the conditions that any experiment establishes. Undun (2011), the latest record by The Roots, is a great example of how an act excels at going over unexplored territories. This album is a conceptual work that follows a certain narrative, and it stands out as a brilliant accomplishment. This outstanding suite of songs supports itself on a steady groove: it just never wanders outside the magnificent path it set out from the beginning. The otherside (featuring the great nu-soul singer Bilal), just to give an example, is one of the finest songs The Roots has ever written. Undun can be read –and listened to- as another peak of that amazing journey The Roots has embarked on: becoming one of the best bands, not only in current hip-hop, but in music in general. Have I just implied that this is The Legendary’s best record yet? Well, I’m afraid I have indeed.

This is the video for Make my