La vida en un poema escrito en una servilleta. La vida en un Fa sostenido. La vida en una canción reproducida por un iPod. La vida en una nota.

Life on a love poem written on a napkin. Life on a F-sharp. Life on a tune played by an iPod. Life on a note.

viernes, junio 22, 2012

Jack White: taking advantage of freedom


During the last couple of years Jack White got divorced from his wife, model/singer Karen Elson, and announced the end of The White Stripes –the group that made him one of the most remarkable rock musicians of our times. Not in vain, White’s first solo effort, Blunderbuss (2012), has been often referred to in the media as a “break-up album”. Nonetheless, these last two years has also been creatively hectic for White –he has produced countless singles and records and he has also been a constant presence in the indie music blogs. Blunderbuss is a good record, but not a very good one. What makes this album interesting to listen to, though, is its sound. Many admirers of his previous music, including me, were curious in finding out what would his own music (with no other project attached) sound like. His first album as a solo artist keeps being fresh, bold and inventive, but at the same time it ends up being a little bit predictable, which didn’t particularly make me glad to encounter. That been said, Blunderbuss sounds very standard-like. However, it is always delightful to hear any new material made by White. It is always rewarding to listen to an artist getting inspired by this particular form of liberty.

This is a live performance of Freedom at 21

miércoles, junio 20, 2012

Cambiando (o de cómo me comporto cuando veo a gente que no quiero ver)


En estos días me topé en la Avenida Corrientes de Buenos Aires con una compañera del liceo que tenía más de diez años sin ver: una que pertenece a ese grupo de personas que, por alguna u otra razón, no quieres ver más nunca. Aún me pregunto qué trató de decirme la vida con este increíble encuentro…

Viví poco más de ocho años en Puerto La Cruz: desde tercer grado hasta quinto año de bachillerato. Allí fui feliz: tuve buenos amigos, una perrita, fui bastante a la playa y tuve más amores platónicos que reales. Y aunque tuve mis conquistas, pues desde pequeño fui inteligente y atractivo, era muy tímido -lo cual es un mero eufemismo para decir que era un pendejo. En efecto, creo que sigo siéndolo, pero un poco menos que antes. (Eso espero.) De esto me di cuenta al ver cómo reaccioné al encontrarme a la chama en cuestión. Aunque pensándolo bien, a lo mejor esta inusual faceta de mi personalidad que pronto conocerán no fue producto de evolución o de crecimiento, sino más bien de cómo me termino comportando cuando me encuentro a personas que no me caen bien...

S: ¿Vitico?

V: ¿Ah? -alcancé a decir confundido porque no la reconocía.

S: ¿Tú no eres Victor? ¿Victor Marín?

V: Sí, y tú eres...

S: ¡Sabrina! ¡Sabrina Ruggieri! ¡De Puerto! -me dijo y me abrazó como si yo estuviese realmente contento de verla...

V: Ah, ok. Claro que me acuerdo de ti -aquí fue donde caí en cuenta de quién era, haciendo un inventario de lo que ella no tenía antes: unas tetas más grandes y una nariz más perfilada.

S: ¡Victor, pero tú sí estás bello!, ¡cómo has cambiado!

V: O sea, que antes era feo.

S: Jajaja, ¡tú siempre con tus cosas, vale! Mira y cuéntame, ¿qué es de tu vida?, ¿qué haces aquí en Buenos Aires?, ¿te graduaste?, ¿te casaste?

V: Sí, bueno, me gradué hace ya tres años de ingeniero electró-

S: ¡Ay, pero deja el misterio, chico! ¡Dime pues!, ¿te casaste?

V: No, todavía no.

S: ¡Qué bien! Bueno, digo, no lo vayas a tomar mal... lo que pasa es que, ¿tú sabes quién está viviendo acá en Buenos Aires también? ¡Verónica! ¡Verónica Méndez!

V: ¿Sí? Oye, no sabía…

S: Sí, vale, nos vimos en estos días y estuvimos recordando un poco de cosas del liceo. Incluso hasta me contó que una vez tú te le habías declarado a ella, ¡qué bolas esa vaina!, ¿no? ¡Lo peor es que ni sabíamos que tú también estabas viviendo aquí!

V: ¿Sí? Oye, tampoco sabía que ustedes fueran tan buenas amigas -"¿ustedes no se odiaban en el liceo pues?", me provocó preguntarle, pero me distraje un poco con el par de tetas mejoradas que parecían querer salirse de su escote.

S: Sí, y me dijo, "es que Vitico es muy lindo..." -¿Y por qué me rebotó entonces?- Dígame si te viera ahora... ¿qué diría?... ¿tú no la tienes en Facebook a ella?

V: ¿Por qué habría de tener en Facebook a una chama que me rebotó y que nunca me paró bolas en el liceo?

S: Ay, chico, tú sí eres cómico... ¡'tás igualito que en el liceo! -¿no y que había cambiado?

V: Bueno, fino verte, estamos hablando... -alcancé a decir intentando terminar la conversación, pero...

S: Ya va, Vitico, ya va, ¡vamos a cuadrarte a Verónica pues!, mira que está bellísima, y se graduó y todo, ¡pero está más solaaaa!

V: Sí va, ahora yo puedo rebotarla a ella.

S: ¡Ay, sí!, ¡deja que la veas! Se operó... está más flaca... ¡está más bellaaaa!

V: Lamento informarte que a mí no me gustan las tetas operadas.

S: ¿Ah, sí?, ¿y tú crees que no me he dado cuenta que ya van dos veces que te me has quedado viendo las mías?, picarón...

V: Lo que pasa es que se te estaban moviendo como que mucho y pensé por un momento que iba a tener la fortuna de ver aunque sea una de ellas.

S: Ay, Victor, eres terribleeeee... ay chico, y no sé... tienes como algo... mira que si no estuviera comprometida hasta te echo los perros y qué Verónica ni qué nada...

V: Bueno, decídete entonces.

S: Jajaja tú sí eres tremendo, vale, ¿qué te pasó a ti? ¡tú no eras así en el liceo! No vale, yo amo a mi gordo... que no te conté... se llama Roberto, Roberto Gómez y trabaja con una contratista del gobier-

V: Bueno, bueno, ¿me vas a pasar el teléfono de Verónica o qué?

S: Claro, claro es 11 5789 xxxx. Y aprovechemos de una vez ya y me das el tuyo. Mira que me vine sin mi gordo y quién sabe si a una por acá le dan ganas de un desliz, una cosa...

V: Acá estamos a la orden.

S: Jajaja oye la verdad es que he gozado contigo Victor Marín, hay que ver que la gente cambia, vale... la gente cambia...

V: Ujúm...

viernes, junio 15, 2012

Van Hunt: when going mainstream isn’t a concern



Van Hunt is one of R&B’s best kept secrets. The thing is that he might have remained a hidden jewel for too long. Since I first listened to his music, specifically his astonishing
On the jungle floor (2006), one of my favorite records edited in the past decade, I thought he had all of the ingredients to become a mainstream figure. But his path towards more recognition hasn’t been easy. His former label didn’t let him release the record that everyone thought would ultimately propel him to the spotlight. That doesn’t mean he has stopped making music, though. In fact he continues to deliver impressive material, like What were you hoping for? (2011), in which he shows us, through fresh and solid tunes, the great artist he undoubtedly is. And which makes us, once again, concern on the fact that his music should definitely deserve more attention. Apparently, that doesn’t bother him. And, to be honest with you, if he keeps making such wonderful music like this, then I should stop worrying about his delayed arrival to widespread recognition. 


This is a live performance of Eyes like pearls

lunes, junio 11, 2012

Me quitaste el sueño



Desde que te conocí, y te quise, mi vida cambió: para bien y para mal. No pensé poder enamorarme otra vez de una española, justamente cuando me había prometido no volver a hacerlo luego de la última (y lamentable) experiencia que tuve con una chica de ese gentilicio. Pero el hecho es que pasó: me enamoré de ti y luego ya no pude ser el mismo. 


Te conocí y entonces volví a creer en el amor: ese que se canta, que se muestra en el cine con final feliz y que inspira imposibles; ese que sólo se entiende cuando se siente. No sé si te lo llegué a decir, pero al quererte fui capaz de sentir lo trascendental del amor: de que es algo que termina siendo más de lo que sólo siente una persona, algo que termina superando al momento presente. Conocerte no significó sólo quererte ahora, sino querer quererte por mucho más tiempo. 

Nos enamoramos, y muy rápido. En cuestión de días de habernos conocido ya habías decidido quedarte una semana en mi pequeño cuarto en Harlem. Esa fue la primera vez que me quitaste el sueño. Dormí muy poco a lo largo de esas noches: además de que nos tomábamos nuestro tiempo en querernos antes de dormir, luego debía levantarme muy temprano, no sólo porque tenía que salir a trabajar, sino porque antes de hacerlo también debíamos querernos otro rato. 

La segunda vez que me quitaste el sueño fue cuando te fuiste a España: tampoco podía dormir, pero esta vez gracias a una bizarra mezcla entre tristeza de que te habías ido, alegría de haberte conocido e impaciencia por volverte a ver. 

Y nos vimos por segunda vez, y pude quererte aún más. Aunque en verdad tendría que decir que en ese momento ya te amaba, cosa que nunca te dije y que en consecuencia me ha valido un arrepentimiento eterno. El hecho es que quería seguir queriéndote, pero ya no se pudo. 

Me hiciste saber que ya no me querías, que todo se había acabado. Al menos para ti, porque yo te seguí queriendo, alimentado además por esa reserva inexplicable de la esperanza: esa ilusión que tenía de volverte a ver y de que me volvieras a querer. Sin embargo, la misma esperanza me haría saber que hasta ella tenía fecha de expiración. Pronto llegaría un email que aniquilaría tanto la ilusión de volver a verte como lo que aún sentía por ti. 

Ésa fue la tercera vez que me quitaste el sueño. No sólo el que te permite dormir y descansar por las noches, sino ese sueño más importante de volver a amar. Porque cuando se ama se sueña, y porque cuando se sueña también se ama. Pero ya yo no podía ni lo uno ni lo otro, ni viceversa. 

Sin embargo, en estos días me he dado cuenta de que poco a poco estoy volviendo a ser yo: el mismo que llegaste a conocer en Nueva York. Ese que es capaz de enamorarse en cuestión de minutos de varias mujeres, y varias veces durante el mismo día: de la que me sirve el café en Starbucks, la compañera de clases de irresistible acento porteño o la chica que canta tangos en un bar de Corrientes. Y con esto no me refiero a que me esté describiendo como mujeriego, sino simplemente como un enamoradizo volátil: un sujeto que lentamente vuelve a creer en el amor. 

Creo que lo peor ya ha pasado. Ya no lloro al escuchar a Adele, ni al ver a Harry besando a Sally en la víspera de año nuevo; tu nombre incluso va apareciendo menos en mis relatos; ya no me da arrechera cuando escucho a una chica que habla con acento español. Y aunque nunca te guardé rencor, (porque recuerda que seguía enamorado de ti y que no se puede tener ningún sentimiento oscuro bajo ese estado), creo que cada vez te quiero menos. 


Me quitaste el sueño, pero poco a poco vuelvo a soñar. Y sueño sueños, porque la pesadilla de no tenerte más, ya la viví. Y si no podía amar en ese momento era sencillamente porque no podía amar a nadie sino a ti. También tenía miedo de no poder amar otra vez, pero fíjate que hasta eso se me está pasando. 

Cuestión de tiempo. A fin de cuentas, era sólo cuestión de tiempo: como el final de un largo viaje que pensabas que nunca terminaría, como el amanecer de una noche difícil, como enamorarme de ti y ahora comenzar a dejar de quererte.



Me quitaste el sueño, es verdad, y varias veces, pero cada noche que pasa duermo mejor.

sábado, junio 02, 2012

Santigold: a tale of refined artistry



Santigold hates labels; she prefers to think of her music as a collage of genres.
Master of my make-believe (2012), her sophomore record, is a good example of what she aims to accomplish with her work. This new collection of songs excels at creating a delightful ambience in which different types of sounds merge into a cohesive discourse. When I listen to her great songs, it seems to me as if trying to describe her music has no sense at all since her ability lies in the way that she seamlessly assembles a myriad of several genres into one that grabs your attention and pleases your ears. It is really hard not to fall into her irresistible groove. This music doesn’t make you dance, it dances within you. Master of my make-believe is a remarkable anthology of rhythm and catchy hooks. You may wonder why did Santigold take almost four years to make this record. Well, you can only figure it out after experiencing this exquisite work of art.


viernes, junio 01, 2012

Las (nuevas) formas de escuchar música


Jonathan Berger, compositor y profesor de la Universidad de Stanford, realizó un estudio a lo largo de ocho años que consistía en reproducirle, a una muestra de sus estudiantes (en su mayoría jóvenes), una canción en distintos formatos -CD, Vinyl y MP3. La premisa de dicha encuesta era sencilla, pero pronto se sabría reveladora: ¿cuál de estos formatos preferían escuchar los encuestados? Una abrumadora mayoría prefería el sonido del iPod por encima de otros medios de comprobada mayor calidad sonora. No sólo sus estudiantes no consideraron al MP3 como algo de baja calidad, sino que la tendencia de preferencia por este formato aumentó conforme pasaban los años que duró dicho estudio.

Los resultados de este estudio, aunque alarmantes, no sorprenden. Los jóvenes han crecido en un ambiente dictado por avances tecnológicos ajenos a previas generaciones. La omnipresencia de dispositivos electrónicos portátiles determina a la vez un estilo de vida que incluye a una experiencia auditiva portátil, siendo el iPod su máximo estandarte.

A principios del siglo XX, la música que se escuchaba provenía de conciertos de cámara, recitales de ópera y de música clásica. Pocas familias contaban con la fortuna de tener un piano en sus casas para musicalizar sus veladas. En ese entonces, la música se escuchaba en directo.

En la década de los 30, con la aparición de los primeros reproductores de música y de la radio, la música comenzaría a ser reproducida por artefactos eléctricos. La familia se reunía entera a escuchar grabaciones o conciertos en vivo transmitido por estaciones de radio. La música comenzaría entonces a experimentarse a través de altavoces.

Con la consolidación del LP, la música sería experimentada de manera un poco más individual. Los reproductores de vinyl, al hacerse más económicos y accesibles, ya no se encontraban exclusivamente en la sala de la casa. No era extraño que algún miembro de la familia lo tuviera en su cuarto. Esto hizo que la experiencia auditiva comenzara a perder mucho de su colectividad para convertirse en un encuentro más individual.

La aparición del Walkman, inventado por Sony en 1979, redefiniría para siempre el acto de escuchar música. Para ese entonces ya existían audífonos que hacían posibles una experiencia más íntima, pero el tamaño y la practicidad de este nuevo dispositivo le añadiría a la experiencia auditiva una cualidad mucho más íntima.

Una década luego vería el nacimiento del CD y, consecutivamente, del Discman. La digitalización de la música le añadiría más control al oyente. Este dispositivo facilitaría enormemente la opción de controlar lo que el oyente quería en efecto escuchar: cambiar de manera manual la posición de la aguja en el LP, y adelantar o retroceder en el cassette se vería reemplazado por un solo botón en el Discman.

La aparición del iPod en el año 2001 revolucionaría profundamente el acto de escuchar música. El impacto de este nuevo dispositivo tuvo mucho más fuerza que sus antecesores. La revolución tendría como base el almacenamiento de memoria. (El iPod no es más que un disco duro pequeño.) Sin embargo, la memoria implicaría un aspecto importante e inédito para la nueva experiencia auditiva: la compresión.

El MP3 de una canción no es más que una versión reducida de esa misma canción en un CD. Dicha reducción se basa en términos de resolución. Lo que se gana en términos de almacenamiento se traduce en pérdidas de calidad sonora. La filosofía del iPod podría resumirse en: "más espacio, menos calidad."

La preferencia de los jóvenes por escuchar una versión desmejorada de la música arrastra serias repercusiones en términos de tecnología. Muchos ingenieros de mezcla han alzado válidos gritos de protesta: su ocupación de refinar los sonidos mediante jornadas intensas de trabajo y la utilización de equipos muy costosos, se siente cada vez menos relevante.

De todas formas, lo que valdría la pena destacar acá es la omnipresencia que tiene la música en el estilo de vida de los jóvenes de la actualidad. El hecho de poder cargar en tu bolsillo miles de canciones y de poder escucharlas mientras caminas o vas en el Metro dice mucho del interés de los jóvenes por escucharlas cuando les sea posible, y también dice mucho de la importancia que tiene la presencia de la música en su día a día. 

Asimismo, como la historia misma ha registrado en numerosas tendencias tecnológicas, la sociedad parece comportarse de manera pendular: justo cuando parece decantarse por la peor calidad sonora como se evidencia al comienzo de esta nota, ella misma también comienza por acercarse a otros medios que proporcionen una mejor experiencia auditiva: el 2011 ha sido el año que ha registrado más ventas de vinyl en este milenio que apenas comienza.

La cultura de escuchar música, aunque disminuida en términos de calidad, ha visto un repunte exponencial en términos de cantidad gracias a las ventajas que ofrecen las nuevas tecnologías del sonido. Si bien la excesiva compresión del audio merece una profunda evaluación por parte de instituciones especializadas que deben ocuparse de tomar decisiones determinantes respecto a esta situación, no debe dejar de celebrarse el hecho de que la música esté presente más que nunca en nuestras vidas.