La vida en un poema escrito en una servilleta. La vida en un Fa sostenido. La vida en una canción reproducida por un iPod. La vida en una nota.

Life on a love poem written on a napkin. Life on a F-sharp. Life on a tune played by an iPod. Life on a note.

martes, setiembre 25, 2012

Frank Ocean: an endearing chant to vulnerability


R&B is on the most intimate genres in music, and not only because its lyrics often involve references to passion and sex, but because its songs also speak of a deeper intimacy: that of the person who writes and sings them. That being said, Frank Ocean’s is one of the freshest voices in R&B nowadays. His tone is sweet, warm and delicate: a perfect instrument for the type of songs performed by it. channel ORANGE (2012) is a record that works as a glimpse into Ocean’s frustrations, heartbreak and inner turmoil. The overall atmosphere is obscure, but that doesn’t mean it isn’t delightful. In fact, channel ORANGE is a gripping album that encourages reflection and self-analysis, but in a pleasant way. The tunes in this record are catchy pieces of music, due perhaps to their strong and well-achieved rhythmic attributes. Ocean has proven to be a marvelous promise that must definitely be enjoyed until we discover what his next move will sound like.

You can listen to Thinking about you in this YouTube video

domingo, setiembre 23, 2012

Una obra, dos tarimas: Master Class


Nueva York y Buenos Aires son auténticas ciudades de teatro. Ambas ostentan una centenaria tradición de hacer arte sobre las tablas. El teatro es un elemento tan esencial a su identidad que se ha convertido hasta en atractivo turístico: las obras de Broadway representan el segundo motivo de visitas a la Gran Manzana y personas provenientes de todo el mundo vienen a disfrutar del teatro independiente de la capital de Argentina. Tanto en Nueva York como en Buenos Aires se hace mucho y muy buen teatro.  

Cuando viví en Nueva York siempre buscaba la manera de ir al teatro de manera económica. Los precios de los tickets de Broadway son muy altos para alguien que vivía con presupuesto de estudiante como yo. Sin embargo, siempre me las arreglaba para conseguir tickets baratos o ahorraba por un buen tiempo para poder ir a las obras que quería ver.

Pocas semanas antes de dejar Nueva York, me enteré de que se estrenaría Master class: una pieza inspirada (más no basada) en algunas clases que impartió María Callas en Juilliard School of Music. En la obra la soprano, considerada una de las más importantes del siglo XX, más que propiamente lecciones ofreció anécdotas del mundillo de la ópera y reveló algunas de sus inquietudes en el ocaso de su carrera. En ese momento yo estaba yendo con frecuencia a la ópera de Nueva York y estaba interesado por ver cómo el perfil, de por sí dramático de la Callas, sería representada en escena. Asimismo, el papel de María Callas iba a ser representado por Tyne Daly, una renombrada actriz del teatro musical de Nueva York que obtuvo cierto prestigio por su actuación en el mítico musical Gypsy.

Luego de ver a Tyne Daly y a Terrence McNally conversar con Charlie Rose sobre la obra en su programa, me decidí finalmente a comprar el ticket para ir a verla. Master class está puesta en escena como una verdadera clase maestra: el personaje de Callas hasta se dirige al público en más de una ocasión, mientras recibe a una serie de estudiantes que esperan recibir entrenamiento de una leyenda del bel canto. Estos jóvenes cantantes, que oscilan desde el inseguro hasta el prepotente, son los que hacen posible que la Callas despliegue ese divismo que tanto la caracterizó en vida. Las correcciones, reproches o consejos de la cantante parecen venir de la envidia de ver a esta consecución de estudiantes que apenas comienzan su carrera en contraste con el declive de su voz que ella misma experimenta.

Master class fue una obra que disfruté, pero que me dejó igualmente decepcionado. La actuación de Daly y de una de las estudiantes más nerviosas fueron sin duda notables. El problema creo que reside tanto el guión como en la puesta en escena. María Callas es una de esas personalidades que de por sí constituyen un personaje en sí mismo. Su egolatría, motivada por inseguridades que sufrió en su adolescencia y que parece que nunca superó, le proporcionan un matiz muy operático a su hoja de vida. Este elemento en mi opinión no fue explotado y en consecuencia la obra a ratos se me hizo insulsa.

Con tan sólo dos semanas de haber llegado a Buenos Aires, supe que se montaría una versión de Master class protagonizada por nada más y nada menos que Norma Aleandro: una verdadera leyenda del cine y teatro latinoamericanos. Aun cuando sabía que la obra no había respondido mis expectativas decidí volver a verla. No sólo para disfrutar del talento de Aleandro sobre las tablas sino para ver si confirmaba mi impresión inicial de la obra. (Esta sería también mi primera visita al Teatro Maipo, mítica sala del teatro porteño, así que varios pájaros serían matados al mismo tiempo.)

Desafortunadamente confirmé las fallas de la pieza en este segundo montaje que presencié. Aleandro estuvo impecable y también cabe mencionar la destacada actuación del único estudiante masculino que hace de tenor. (Su soberbia interpretación del aria Recondita armonia, perteneciente a Tosca de Puccini arrancó entusiastas aplausos de los presentes.) Sin embargo, salvo unas divertidas líneas que profiere Aleandro, la obra terminó siendo también bastante plana.

Si esta inconsistencia recae en el guión, una de las posibles razones que la explican está representada en el hecho de que McNally no transcribió literalmente las grabaciones que existen de dichas clases magistrales, sino que se tomó la libertad de ficcionarlas. En realidad, María Callas actuó con diligencia y hasta notaba verdadera preocupación por transmitirle sus conocimientos a los nóveles cantantes. Habiendo dicho eso, la dramaturgia de McNally en mi opinión fracasa. Si a eso añadimos que ambos montajes contaron con la participación de auténticas expertas de la actuación como Daly y Aleandro, dicho fallo llega a niveles de una profunda decepción.

Si bien mi experiencia con esta obra de teatro no resultó ser la más positiva, debo reconocer que la oportunidad de verla teniendo lugar en dos urbes teatrales del prestigio de Nueva York y Buenos Aires es ciertamente maravillosa. El teatro a fin de cuentas es una experiencia instantánea, sólo vive en el momento en que transcurre, así que el hecho de presenciar y recordar su inmediatez con acento neoyorquino y porteño es una oportunidad única en sí misma.

miércoles, setiembre 19, 2012

La extraña vigencia del gusto


En estos días me encontré con una chama que no veía desde hace cuatro años. A ella la conozco desde el año 2000. Y, desde que la conocí, me gustó.


Hace un par de semanas la vida volvió a ponernos en contacto, y también se encargó de hacerme sentir cosas a las que todavía les busco explicación.

La vi de lejos, sabía que era ella, y sabía que en cuestión de minutos nos re-encontraríamos, pero si les soy sincero en ese momento no sentí nada fuera de lo normal.

En ese momento pensé que lo que yo alguna vez llegué a sentir por ella ya se había evaporado. Fue entonces cuando calculé el número de años que tenía sin verla, cantidad que era más que suficiente para que mis sentimientos se hubiesen desvanecido. Pero no: la realidad me hizo saber algo muy distinto.

Debo haberme distraído luego de haberla visto pensando en lo que acabo de describirles. El punto es que dicho re-encuentro me tomó desprevenido. Una voz anunció mi nombre en un sincero tono de alegría: era ella. En el momento en el que volteé a verla, en tan sólo cuestión de segundos, mi cuerpo volvió a sentir lo mismo que sentí cuando la conocí: que me gustaba; que me seguía gustando.

Le respondí emocionado e intentamos actualizarnos: qué es de tu vida; yo esto, ella lo otro. Al final, ella expresó su intención de que nos viéramos, de que hablásemos con más calma, y sugirió que nos tomásemos un café. Yo, ilusionado, le pedí entonces su teléfono y juntos prometimos que nos veríamos pronto.

Al despedirla, seguía nervioso. No puedo negarles que me emocioné profundamente no sólo al verla, sino también por esa promesa de un futuro re-encuentro. Luego de que las aguas revueltas de la emoción lograron calmarse, el pequeño pero letal juececillo de mi cabeza entró en acción.

Si bien esa chama siempre me ha gustado nunca me dio reales muestras de que ella también estuviese interesada en mí. Hace años recuerdo que salimos en un par de ocasiones, pero en ninguna de ellas fui capaz de leer que sus intenciones pertenecieran a un lugar ajeno a la amistad. Luego de la última vez que salimos, al sentirme defraudado de que quizá ella no sentía lo mismo que yo, decidí no contactarla más.

Y no era cuestión de que yo le guardase rencor ni nada por el estilo. A fin de cuentas nadie está obligado a sentir nada por nadie, y menos se le puede reprochar que no te respondan sentimentalmente de la misma manera que tú lo haces por ella. Creo que mi decisión respondió a efectos de mi bienestar emocional. Primero que nada, yo no necesito, ni quiero, a más amigas mujeres y segundo, sabía que si seguía en contacto con ella mis ilusiones de que surgiera algo entre los dos me haría daño.

Ahora bien, ¿qué pasó entonces? ¿Cómo puede seguirme gustando? ¿Acaso el tiempo y la distancia no se encargan de enfriar las cosas que uno puede sentir hacia otra persona? ¿Por qué me puse nervioso cuando la vi? ¿Por qué volví a ilusionarme cuando me dijo que quería tomarse un café conmigo? ¿Será que los sentimientos no conocen fecha de expiración? ¿Será que en verdad uno no cambia? ¿Que en realidad uno sigue siendo el mismo de antes?

¿Por qué estoy tan emocionado por verla de nuevo?

sábado, setiembre 15, 2012

Dirty Projectors: the mastery of keeping it simple


Achieving simplicity is quite a complex undertaking. When you hear simple music made by proficient musicians, an array of elements are generally involved. On their latest record, Swing lo magellan (2012), Dirty Projectors have taken a route contrary to that of their previous efforts –they have taken a turn to simple. Bitte orca (2009) was a magnificent, sophisticated –and often difficult to hear- record that was eloquent of David Longstreth’s ability to handle intricate rhythms and elaborate structures into his songwriting. Swing lo magellan is another testament of his great musical talent –only this time his focus has relied on evading complexity. The aesthetic choices, mainly based on the development of well-crafted vocal harmonies, and the sober development of rhythms fill this record with a stunning amount of allure. This music is like a beautiful naked body: one that is not afraid to show all of its purity.

This is the video for Gun has no trigger