La vida en un poema escrito en una servilleta. La vida en un Fa sostenido. La vida en una canción reproducida por un iPod. La vida en una nota.

Life on a love poem written on a napkin. Life on a F-sharp. Life on a tune played by an iPod. Life on a note.

martes, octubre 30, 2012

Pedro Aznar: an advocate of now


Pedro Aznar is not your typical rock star. True, he was part of legendary Argentinian rock act Serú Girán, but he has proficiently explored over realms of music. He played in jazz guitar virtuoso Pat Meheny’s band, for example. This sense of adventure in Aznar’s approach to his music has been evident throughout the many records he has edited as a solo artist. Ahora (2012), his latest record, shows once again how this magnificent artist seems to excel at any task he embarks in: he writes great songs, he sings very well, he is an accomplished multi-instrumentalist and he is also a sophisticated arranger. His domain of different genres is also overwhelming: on Ahora you can listen to hard rock songs (Panteras de polvo), ballads (Jazmín, Rencor), folklore (Hydra), classical music arranged tunes (Cuando el amor) and even hip-hop (Ahora). Pedro Aznar has crafted another highlight within his remarkable career. After listening to this record you end up wanting more, but as he makes it clear in this record: let’s not worry about that yet, let’s stick with what we have ahora.

This is a live performance of Rencor

lunes, octubre 29, 2012

Orquesta Filarmónica de Buenos Aires: resumen de un siglo transgresor


El domingo 28 de octubre se dio inicio al Ciclo de Conciertos de Música Contemporánea, con la presentación de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires en el Teatro Colón. El ensamble, dirigido por Alejo Pérez, se dedicó a interpretar tres piezas elocuentes de las diversas corrientes que guiaron la música compuesta en el siglo XX.

El programa comenzó con Jonchaies, de Iannis Xenakis. Nacido en Rumania, de ascendencia griega pero ciudadano francés, este músico (que también tuvo formación de arquitecto) exploró campos como la matemática, la estadística y la informática con el innovador propósito de incorporarlos a la música para replantear al concepto de la composición, no sólo como un mero oficio artístico, sino como una idea más conceptual.

Jonchaies, como muchas de las piezas compuestas por músicos franceses en el siglo XX, cuenta con el rasgo distintivo de un magnífico tratamiento de las texturas. En este caso, llama la atención que la obra requiera la participación de cien instrumentos, cuando más bien la modernidad celebraba la austeridad en contenido e instrumentación.

Los timbres de los inquietantes vientos y la imponente percusión se conjugaron ofreciendo una particular sonoridad, que si bien se siente un tanto calculada, también resulta bastante interesante. Jonchaies, cuya duración alcanza los quince minutos, comienza con agudísimos glissandos en las cuerdas, que si bien al principio resultan incómodas para el oído luego logran cautivar a la audiencia hasta el final, poniendo de manifiesto la habilidad de Xennakis en cuanto al dominio de los timbres, la expectativa y la refinada estructura que sostiene a la obra.

La segunda pieza del concierto fue Tiento del primer tono y batalla imperial, compuesta por el español Cristóbal Halffter, y que ejemplifica la particular propuesta de Halffter de reconciliar elementos musicales españoles con ciertos matices de vanguardia. Sin embargo, la sonoridad de Tiento… que apunta más hacia un romanticismo, en contraste al resto de las piezas que la acompañaron, resultó un tanto caduca. De todas formas la Filarmónica logró lucir con vigor su acoplamiento, en especial en las secciones de cuerdas y metales.

La Sinfonía No. 4 de Charles Ives, cerró magistralmente la velada. Esta ocasión sirvió como el estreno de la pieza en la Argentina. Ives, eminente compositor norteamericano (y también exitoso corredor de seguros), quien para muchos predijo a comienzos del siglo XX el atonalismo de Schoenberg y el serialismo integral de Boulez, escribió una pieza singular cuyo primer movimiento parecía más bien una declaración de principios de vanguardia: la orquesta parecía por momentos dividirse en varias secciones que tocaban pasajes disonantes superpuestos entre ellas. No en vano el director Alejo Pérez contó con el apoyo directorial de Annunziata Tomaro, quien desde el escenario guió a una sección de músicos que tocó desde la sección central de la Cazuela del Teatro.

El segundo movimiento, Comedia: Allegretto, continuó trazando la línea que dejó el anterior en términos de las disonancias, pero sin contener las superposiciones que por un momento hacía difícil captar el discurso que Ives intentó proponer con su composición.

En medio de tanta densidad de disonancias, el tercer movimiento, Fuga: Andante moderato con moto, se erigió como una bocanada de aire fresco gracias al clasicismo impuesto tanto por el pausado ritmo que en esta ocasión mantuvo la orquesta, como por las melodías que tocaron las cuerdas, que a ratos sonaron con cierto carácter mozartiano y, en otros, reminiscentes de Brahms.

El último movimiento, Finale: Muy lentamente – Largo maestoso, que de acuerdo al mismo compositor contenía cierta transcendencia espiritual, contó con la participación del Coro Lagun Onak, dirigido por Miguel Ángel Pesce. El coro mixto se encargó de entonar melodías que, en vez de buscar protagonismo, se dedicaron más bien a fungir como una especie de accesorio, proporcionando cierto tono de fondo que ciertamente enriqueció al lenguaje orquestal que Ives dispuso para cerrar esta monumental pieza.

Este trío de composiciones son bastante representativas del espíritu de experimentación y de la búsqueda de transgresión que impulsó la creación musical a lo largo del siglo pasado. Muchos todavía (incluso parte de los presentes) perciben con cierta reticencia a lo que se denomina como música contemporánea. Y la verdad es que no los culpo. Como ya mencioné con anterioridad el inicio de Jonchaies es ciertamente incómodo. Sin embargo, si uno logra disminuir las reservas y escucha con atención lo que la modernidad tiene bien a decirnos, seremos capaces de encontrar maravillas dentro de esta música difícil pero fascinante.

La gran capacidad que desplegó la Filarmónica guiada por la entusiasta y enérgica batuta del director Alejo Pérez hizo posible que, muchos de los que incluso se llegaron a tapar los oídos por las frenéticas notas tocadas por los violines al comienzo de la pieza de Xennakis, fueran los mismos que terminaran aplaudiendo con alegría el buen sabor que dejó el final de la sinfonía de Ives.

miércoles, octubre 24, 2012

Feist: the package may have changed, but the gift remains intact


Many have considered Metals (2011), Feist’s most recent album, as a marked turn in her successful career as a singer/songwriter. And it is certainly hard not to agree with that opinion. On Metals, Feist’s sound has changed indeed. Aesthetically, the album shows us a side we haven’t heard before from this splendid Canadian musician. The instrumentation, the arrangements and even the tone that looms all over her new songs is decidedly different, bur her talent as a remarkable composer and her exquisite voice remain intact. People are often reticent to change, and I would dare to say that music lovers sometimes end up being particularly sensitive on this regard. Nonetheless, when you listen to well-achieved departures like these, you have to welcome it, learn to appreciate it and hopefully enjoy it.

This is a live performance of The bad in each other

lunes, octubre 22, 2012

Ballet Estable del Teatro Colón: cuando el pasado se hace nuevo


El término “neo-clasicismo” hace referencia a un estilo que aplica preceptos utilizados en el pasado: es una especie de lectura contemporánea del arte que se hizo siglos atrás. Por lo tanto, la palabra encierra una apropiación de cualidades antiguas en el momento presente. Más específicamente, en el ballet, el estilo neo-clásico se inspira en los principios de claridad, elegancia y belleza, postulados en la corte de Luis XIV de Francia, en los últimos años de la década del siglo XVII: lugar y fecha de nacimiento del ballet.


A comienzos del siglo XX, el nombre de Mikhail Fokine estalló en la escena de la danza. Formado en la rigurosa escuela del Teatro Mariinksy de San Petersburgo, este bailarín, quien luego se convirtió en uno de los coreógrafos más importantes en la historia del ballet, decidió modernizar el legado de Marius Petipa, un gigante del arte cuyas emblemáticas coreografías reinaron a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX diseñándole pasos a las monumentales piezas musicales compuestas por Piotr Tchaikovsky.

Fokine decide entonces emprender un nuevo rumbo en la danza, pero sin olvidar la influencia de Petipa. La magnífica trayectoria de Fokine tiene sus inicios en las filas de Les Ballets Russes, la extraordinaria tropa de baile comandada por Sergei Diaghilev. La influencia de Fokine se hace sentir en coreógrafos como Vaslav Nijinsky y su hermana Bronislava Nijisnka, Leonide Massine y Frederick Ashton.

Trilogía Neoclásica II, un espectáculo que tuvo lugar en el Teatro Colón en varias fechas de octubre y que estuvo interpretado por el Ballet Estable del Teatro Colón, le rindió tributo al ballet neoclásico que tanto deslumbró a audiencias lo largo del último siglo.

El trío de piezas comenzó con Margarita y Armando, una pieza que Frederick Ashton coreografiara para la pareja más popular de la danza en la segunda mitad del siglo XX: Rudolf Nureyev y Margot Fonteyn. Esta obra, musicalizada por la Sonata en Si menor de Franz Liszt (con arreglo orquestal de Dudley Simpson), estuvo inspirada en el clásico de la literatura La dama de las camelias escrito por Alexandre Dumas. Por lo tanto, es un ballet de narrativa -en efecto fue la única pieza del programa que contara alguna historia.

Margarita y Armando fue el ballet más neo-clásico de la noche. La pareja principal, conformada por Juan Pablo Ledo y Natalia Pelayo, hicieron gala de un clasicismo sofisticado y elegante: sus posturas, gestos y movimientos fueron hechos con admirable fineza. Los pas de deux que interpretaron también derrocharon romanticismo y sensibilidad. El resto del cuerpo de bailarines no tuvo una destacada participación, quizá a efectos de apoyar a la pareja protagonista de la historia.

El segundo ballet fue FugA_technic@, con coreografía del belga Éric Frédéric y música de Alexander Balanescu, compositor y violinista que participó activamente en la presentación de esta pieza. En la parte central posterior de la tarima estuvo dispuesto un paralelepípedo negro que funcionaba como base para un cuarteto de cuerdas acompañado por un baterista, ensamble que tocó la música más dinámica del programa.

FugA_technic@ fue el ballet que hizo el mejor manejo de los grupos de baile, logrando disponer también de una balanceada ocupación de la tarima. En esta pieza se reconoció la influencia de algunos de los nombres más importantes de la danza contemporánea: algunos pasos eran muy característicos de la dimensión física de George Balanchine, la manera en que algunos bailarines movían sus hombros hizo pensar en el desenfado de Twyla Tharp y algunas marchas eran muy similares a las que empleaba Jerome Robbins.

Un sentido de colectividad muy bien logrado se percibió a lo largo de esta pieza, donde la geometría de los cuerpos, tanto a nivel individual como grupal, constituyó uno de sus mayores atributos. Asimismo la precisión, el orden y la sobriedad fueron los pilares en que se sostuvo la coreografía de Frédéric: todos los recursos estuvieron muy bien administrados, nada parecía sobrar.

La música de Balanescu, quien merece una mención especial gracias a su destacada interpretación como violinista, tenía visos de un minimalismo que ofreció tensión y energía. La única crítica que le tengo a esta producción reside en términos de la iluminación, que en mi opinión no complementó de manera apropiada a los otros elementos que estuvieron implacables, como el vestuario y el austero escenario.

FugA_technic@ fue mucho más emocionante que Margarita y Armando, y si bien fue una de las cumbres de la noche, tan sólo serviría como preludio para lo que vendría a continuación…

El cierre de la trilogía estuvo a cargo de Before nightfall, con coreografía del holandés Nils Christe. Esta maravillosa obra ofreció un balance entre lo neoclásico y lo abstracto. Si en Margarita y Armando el énfasis recayó en una sola pareja, en esta pieza el acento estuvo en varias parejas. De igual manera, la coreografía de Christe resultó ser la más original de la noche. Hubo un momento en el que varios bailarines danzaron en puntillas hacia atrás y hacia delante: estos pasos mostraron una gracia muy cercana a la genialidad. De igual manera hubo varias piruetas, realizadas por algunos bailarines masculinos que alcanzaron niveles acrobáticos, lo cual dice mucho de la alta exigencia técnica que la coreografía demandaba.

La música, compuesta por Bohuslav Martinu, tuvo rasgos misteriosos, incluso enigmáticos y en mi opinión alcanzó a tener el mejor uso coreográfico de la velada. La conjunción entre el escenario y el vestuario también estuvo muy bien dada. Si en el término neo-clásico, la apropiación y el tributo son las palabras claves en su definición, entonces los dos últimos ballets fueron los que exudaron más contemporaneidad sin dejar nunca de mirar hacia el pasado.

Trilogía neoclásica II resultó ser una maravillosa oportunidad para apreciar la altísima calidad interpretativa del Ballet Estable del Teatro Colón. Pocas veces había sido testigo de un acoplamiento colectivo tan impecable. No en vano los bailarines argentinos han hecho historia tanto en el pasado como en la actualidad, donde siguen siendo solicitados por las mejores compañías de ballet del mundo.  

domingo, octubre 21, 2012

Passion Pit: the fun of naïveté


Critics tend to underestimate fun music. Happiness in art, apparently, is elusive to high quality. The thing is that when you listen to colorful tunes that are well crafted, made after evident effort and good amounts of attention, you can’t but appreciate those cheerful chants. Passion Pit is a band that has already proven its proficiency at making flamboyant music. They may have not earned the respect from some music experts, but they have won enthusiastic and warm praise from their fans. Gossamer (2012) is a remarkable feast. Michael Angelakos’ voice sounds triumphant along the catchy songs that fill this diverting album. Joyful music may not be serious, but after listening to this uplifting music I am sure you won’t even care about it. When you experience bliss, you just have to lose yourself to it -without giving it too much thought. 

This is the video for Take a walk

viernes, octubre 19, 2012

Breaking pointe: revelando el drama dentro del arte de la danza



El ballet vuelve a estar de moda; al menos mediáticamente. El reciente éxito del film independiente Black swan, dirigido por Darren Aronofsky y protagonizado por Natalie Portman, junto a la controversial reacción que obtuvo desde la escena del ballet norteamericano, hizo que el ballet volviera a la palestra del entretenimiento. No al nivel que alcanzó en las décadas de los 60 y los 70, claro está, pero no puede negarse que el arte de la danza vive uno de sus mejores momentos.

El impacto del largometraje, inspirado en el clásico del ballet The Swan Lake, con música de Tchaikovsky y coreografía original de Marius Petipa, se ha evidenciado en la exitosa venta de entradas para las producciones de compañías como el New York City Ballet (que incluso se vio obligado a extender las presentaciones por demandas de su audiencia al final de la temporada 2010-2011) y el American Ballet Theater, que agotó todas las funciones ofrecidas en su temporada de verano en el Metropolitan Opera de Nueva York en el año 2011.

Asimismo, el llamado “Black swan effect” ha dejado su impronta en la producción de documentales como First position y de programas de televisión como Breaking Pointe, un reality show que por seis semanas tuvo acceso a la preparación de una temporada de una de las compañías de ballet más respetadas en los EEUU: Ballet West.

Luego de haber redescubierto al ballet durante los dos años que viví en Nueva York gracias al magnífico trabajo del New York City Ballet, y a la lectura de excelentes libros sobre la historia de esa forma de arte, debo admitir que estaba verdaderamente entusiasmado por ver este programa.

Sin embargo, luego de ver el primer par de capítulos (de un total de seis) no pude evitar por preguntarme si esta inserción del ballet en la pantalla chica podía terminar generando más efectos negativos que positivos en la percepción que la sociedad tiene de este arte escénico. Y digo esto porque a fin de cuentas la serie, en reiteradas ocasiones, cayó en el lamentable cliché de la producción de programas de reality TV: resaltar (e incluso exagerar) algunos dramas personales y conflictos entre algunos de los integrantes de la compañía de ballet.

De todas formas esto era predecible. Ahora bien, debo admitir que luego de ver toda la serie creo que el balance final del programa terminó siendo positivo. Estoy consciente que la intención de producciones como esta es la de hacer programas que intenten obtener la mayor audiencia posible a través de una oferta interesante. Lo que pasa es que, sobre todo en reality shows, ese interés muchas veces es sinónimo de controversia.

No obstante, lo que más rescato y celebro de Breaking pointe es ese atisbo que nos permitió tener a los que nos gusta el ballet de saber cómo opera internamente una compañía de ballet enfrentada día a día a ofrecer excelencia. En ese sentido resultó enriquecedor ser testigo cercano de los verdaderos dramas que deben enfrentar los bailarines, no sólo en sus exhaustivos ensayos, sino en sus vidas personales.

Muchas veces como miembros de la audiencia no estamos conscientes del duro trabajo y de las exigencias que demanda un arte tan sacrificado como el ballet. En uno de los episodios más memorables de la serie, Allison, una de las bailarinas más destacadas de Ballet West, confiesa que con todo lo mal que se sintió al bailar una de las piezas con un ritmo a su juicio demasiado lento, aún tuvo que sonreír al final de ella con el objetivo de ocultarle al público esta falla.

La serie también dejó entrever algunos de los dramas que también ocurren en el nivel administrativo de la compañía. En varias ocasiones pudimos ver de cerca cómo Adam Sklute, el Director Artístico de Ballet West, tuvo que tomar difíciles decisiones con el propósito de mantener e idealmente incrementar el nivel técnico de sus bailarines.

Más allá de la evidente intención de resaltar algunos conflictos, sobre todo los sentimentales entre los bailarines Rex y Allison, quienes a lo largo de la temporada sostuvieron una turbulenta relación, creo que también habría que agradecer que uno como espectador tenga noción de lo difícil que resulta para estos artistas sostener una relación de pareja bajo condiciones tan difíciles como las que les exige su arte.

De acuerdo a Alastair Macaulay, crítico de danza del New York Times, el ballet es el más etéreo de las artes escénicas, condición explicada por lo abstracto de su discurso y porque generalmente trata una temática relacionada a los sueños, los dioses, los fantasmas y los amores imposibles. Visto desde ese punto de vista considero que Breaking pointe fue una producción exitosa en cuanto a la humanización de un arte tan místico como el ballet.

Luego de terminar de ver el último capítulo de la temporada de Breaking pointe no sólo quedé más consciente de la humanidad inherente a ese arte tan artificial del ballet, sino que sentí muchísimas ganas de ver actuar al Ballet West. Al final terminé con gran curiosidad de ver bailar a esos bailarines en cuyo proceso creativo me inmiscuí durante seis programas.

Y eso, en cuanto a términos de construcción de identidad de una organización y marketing, también debe ser considerado exitoso. Yo sólo espero que sean muchas otras las personas que, como yo, hayan sido cambiadas luego de ver esta serie; que sean muchos los que le adjudiquen más valor a ese arte tan perfecto, pero a la vez tan humano, del ballet.

domingo, octubre 14, 2012

Grizzly Bear: focused to greatness



Grizzly Bear makes challenging music. (And I mean this in a good way –in the best, actually.) It took me more than a year to finally grasp the magnificent music they made on Veckatimest (2009). The superficial beauty of their songs initially appealed to me, but getting a deeper comprehension of the sophisticated nature of their work proved to be a harder task. However, on their latest record Shields (2012), the band has made a surprising choice: they are now turning away from complexity and decided to go the other way, delivering in the end a marvelous work of art. These new tunes convey precision and focus, the vocal harmonies remain alluring despite (or because) of its austerity and the general tone of the record is a concise delight. Though simple in its appearance, the approach they have now made on songwriting is eloquent of the proficiency they have managed to obtain as one of the most remarkable acts in indie rock nowadays. Grizzly Bear may have taken a different route in their artistic quest, but it has led them to musical greatness nonetheless. I really hope I have made my point here: Shields is, without a doubt, the best record I have listened to this year.

This is the video for Yet again

sábado, octubre 13, 2012

Te espero


Te espero.

No te preocupes, estoy acostumbrado a esperar.

La paciencia es una de las pocas virtudes que ostento. No me estreso en las colas de los bancos, ni me inquieto cuando me toca hacer alguna diligencia en alguna oficina pública.

Siempre llevo conmigo una revista, un libro, o mi iPod cuando la circunstancia lo permite. A veces le busco conversación a quien está a mi lado. Así el tiempo parece pasar más rápido y entonces termino con prontitud el trámite que tenía pendiente. El hecho es que yo veo cómo me las arreglo.

Yo sé esperar.

Lo he hecho muchas veces en mi corta vida. En algunas ocasiones la espera ha dado sus frutos, en otras no. Pero eso no me desalienta. Cuando sé que tengo que esperar, me preparo. Me armo de paciencia y busco algo qué hacer.

A la mente hay que mantenerla ocupada. En eso ayudan mucho los libros -ellos evitan que la mirada se nos vaya a los lados, al techo, al reloj. Uno tiene que procurar por hacer un sensato consumo del tiempo. Por eso es que muchos caen en desesperación.

Así que cuando te prometí que te iba a esperar, es porque no tengo ningún problema en hacerlo. Claro que me gustaría tenerte acá, eso no lo niego. Pero esperarte se me hará mucho más posible gracias a lo que siento por ti.

Sé que tampoco fue que nos prometimos exclusividad. Si llegas a conocer a alguien que te guste y con el que te gustaría tener algo, sólo avísame para darle fin a esta espera. Me dolerá, pero créeme que eso se me pasa con vino, buenas canciones y tiempo. Luego, desde acá, te desearé todo lo mejor. De corazón.

Pero la decisión de esperarte sigue en pie. Por algo quiso la vida que nos conociéramos cuando lo hicimos. No creo que la sonrisa que llegó a mi vida cuando te conocí haya sido en vano. Asimismo, si llego a conocer a alguien por acá, te lo haré saber. Me dolerá, créeme que decírtelo también me dolerá, pero recuerda que nada puede ir mal cuando se es sincero.

Te espero.

Y tranquila que nos irá bien. Yo seguiré haciendo lo que vine a hacer por acá y terminaré lo que empecé. Seguiré viviendo este sueño que cada día que pasa toma más forma de realidad.

Insisto: no te preocupes, yo estoy acostumbrado a esperar. Confía en mí, esta promesa es sincera. Recuerda que cuando uno es sincero nada puede ir mal, ¿vale? Pase lo que pase, si tú y yo actuamos con sinceridad, nunca nos podrá ir mal.

Y yo, cuando te digo que te espero, estoy siendo sincero.

Te espero.

viernes, octubre 05, 2012

Tom Waits: this is wisdom singing


The most special reward one gets after listening to any of Tom Waits’ records is the warmth you find within his weirdness. Tom Waits cannot be compared with any other performer -he embodies a unique kind of artist. Bad as me (2011) is another proof of his rare talent; it contains marvelous songs that can enrage you at one moment, and make you dance or break your heart at others. In this outstanding range of emotions is where his appeal as a songwriter lies in. The great thing about this album is that ends up being more precise and focused than many of his previous efforts. Not only are these new songs shorter –they’re also more concise in their content. Its overall atmosphere is definitely entrancing. Bad as me is like a book that reads easily, one that distills some sort of wisdom that is exclusive to experience, but also to an untamable talent.

This is the video for Satisfied

 

lunes, octubre 01, 2012

La nada de John Cage según Robert Wilson: nunca antes el silencio había dicho tanto


Este año se cumple el centenario del nacimiento de John Cage: figura seminal de la vanguardia del siglo XX. La mayoría de su legado para muchos residió en el campo musical. No obstante este pionero de las artes (también incursionó en la escritura y en la pintura) dejó una huella tan importante en la escena cultural que aun hoy, a veinte años de su muerte, su influencia sigue vigente –y dando mucho de qué hablar.

Sería impreciso considerar a John Cage sólo como compositor. Arnold Schoenberg, quien fue su profesor de composición en Los Ángeles, se refería a él como un inventor. Esto quizá se deba a que la verdadera pasión de John Cage estaba representada, no por la música, sino por algo mucho más amplio: el sonido. Lo verdaderamente revolucionario de Cage no fue la música que escribió (que en honor a la verdad es difícil de escuchar y fácil de olvidar) sino la manera en cómo la hizo. John Cage, cambiando la manera en que se hace música, también afectó para siempre la manera en cómo la escuchamos.

El compositor norteamericano John Adams llegó a afirmar que a la obra de John Cage se le conoce más que lo que realmente se le escucha. Y la verdad es que no resultaría muy difícil compartir dicha aseveración. Ahora bien, eso no implica una reducción de la importancia de su obra y del efecto que tuvo sobre varias generaciones de artistas provenientes de varias disciplinas en la segunda mitad del siglo XX.

Alrededor del mundo se le han rendido numerosos tributos al artista que le dio un nuevo sentido al silencio. Muchas de sus piezas, que en su momento fueron ridiculizadas, forman parte ahora de los programas de conciertos de los recintos más prestigiosos. En Buenos Aires, el mítico actor y director de teatro Robert Wilson hizo lo propio interpretando la Conferencia sobre nada, una especie de charla que John Cage “compuso” a manera de pieza musical, sobre una partitura donde se establece el tempo y la entonación de las palabras allí escritas. La pieza consiste de una serie de reflexiones en las que John Cage abarca sus temas predilectos desde la composición, el serialismo y la tonalidad, pasando por el sonido y el silencio, hasta concluir en el paroxismo conceptual de la nada.

Robert Wilson es un revolucionario del arte dramático. “El teatro es luz”, llegó a afirmar alguna vez, expresando de esta manera el papel vital que en su opinión juega la iluminación en la narrativa que se da sobre la tarima. Otro de los atributos esenciales en su propuesta es la extensión de las obras que dirige: CIVIL WarS duró doce horas, mientras que The life and times of Joseph Stalin duró siete días, escenificada en el tope de una montaña en Irán. Esta conjunción de luz y de drama a largo aliento le han permitido a Wilson no sólo mostrar cosas nunca antes vistas sobre la tarima sino también, como Cage, redefinir lo que significa una puesta escena en el teatro contemporáneo.

El evento comenzó con hora y media de retraso, pero en el lobby del Teatro San Martín, que congregaba a selectos miembros de la bohemia porteña, no se percibió una sola muestra de incomodidad. Al contrario: la única tensión que se sentía era sintomática de la expectativa latente por estar a punto de presenciar un acto que reuniría a dos leyendas de las artes escénicas de nuestros tiempos.

El performance, dirigido y protagonizado por Wilson, fue característico de su estilo en lo que respecta a los dos grandes cualidades anteriormente descritas. El blanco predominaba la vista: en unos carteles verticales que colgaban desde el techo, en las bolas de papel arrugado dispersas sobre el escenario, en el atuendo y en el rostro maquillado de Wilson. El color omnipresente sólo parecía estar desafiado por el negro de las letras de los mensajes estampados en esos carteles y la tenue luz azul que sumergía a la escena en una atmósfera hipnótica y cautivante.

En el centro de la tarima estaba dispuesto un escritorio (también blanco), en el que Robert Wilson llevó a cabo la conferencia interpretando con su voz varios personajes que se sucedían a lo largo del contenido del discurso: primero un predicador, de tono pausado y reflexivo; luego un profesor, de verbo pedagógico; y por último un tirano que repetía frases con ademanes de maníaco.

Hacia el final de la Conferencia sobre nada se repite un ciclo de frases, a manera de letanías, donde el narrador reconoce en tono de irónica confesión que, desde que dio inicio a leer el texto hasta su inminente final, no ha llegado a ningún lugar. Un fragmento de esa retahíla anuncia: “la irritación no consiste en estar en el lugar donde se está, sino de querer estar en otro lado. Ese sentimiento de que no se llega a ninguna parte es un placer que continuará.”

En efecto: ninguno de los presentes quería estar en otro lugar, y así el placer continuó, incluso mucho tiempo después de que la conferencia hubiese terminado. Al salir del Teatro San Martín me atrevo a afirmar que pocos performance a los que he asistido han sido tan placenteros como estos. Esto de no llegar a ninguna parte, disertando sobre la nada, jamás se había sentido tan bien.


Nunca antes la nada me había llenado tanto.