La vida en un poema escrito en una servilleta. La vida en un Fa sostenido. La vida en una canción reproducida por un iPod. La vida en una nota.

Life on a love poem written on a napkin. Life on a F-sharp. Life on a tune played by an iPod. Life on a note.

sábado, diciembre 29, 2012

Mis discos favoritos del 2012


1. Shields – Grizzly Bear
2. Swing lo magellan – Dirty Projectors
3. Ahora – Pedro Aznar
4. Given to the wild – The Maccabees
5. Solo piano II – Chilly Gonzales
6. Just to feel anything – Emeralds
7. Noel Gallagher’s High Flying Birds – Noel Gallagher
8. How do you do – Mayer Hawthorne
9. Milk famous – White Rabbits
10. Bloom – Beach House
11. Master of my make-believe – Santigold
12. Little broken hearts – Norah Jones
13. Apocalyptic love – Slash
14. Reign of terror – Sleigh Bells
15. Black radio – Robert Glasper
16. Piazzolla plays Piazzolla – Escalandrum
17. Campo – Juan Campodónico
18. Gossamer – Passion Pit
19. Tramp – Sharon Van Etten
20. Le voyage dans la lune – Air
21. Lux – Brian Eno
22. Love this giant – David Byrne & St. Vincent
23. channel ORANGE – Frank Ocean
24. Daltonic now - Trujillo
25. Blunderbuss – Jack White
26. La quema – Famasloop
27. What were you hoping for – Van Hunt
28. Born villain – Marilyn Manson
29. Radio music society – Esperanza Spalding
30. Koi no yan - Deftones
31. Blak and blu – Gary Clark Jr.
32. True EP – Solange
33. Until the quiet comes – Flying Lotus
34. Stunt rhythms – Two Fingers
35. Yellow and green - Baroness

miércoles, diciembre 05, 2012

Mi primer libro de cuentos: “Un café con leche pequeño”



A comienzos de 2010 hizo uno de los inviernos más fuertes en la historia de Nueva York. Ya sabía que a principios de año haría un frío hostil en la ciudad, pero considerando que ése sería el primer invierno que pasaría en La Gran Manzana, tener conocimiento de las bajísimas temperaturas que debía enfrentar era, cuando menos, alarmante.

Por si fuera poco, en el cuarto donde vivía no había calefacción. Durante los días de semana eso no me preocupaba mucho. A fin de cuentas, por la mañana estudiaba y por la tarde trabajaba. Pero los fines de semana eran otra historia. Eso de quedarse en el cuarto estudiando, viendo series por internet o no haciendo nada, terminaba siendo una experiencia tortuosa.


La solución era simple: tenía que salir de casa. Por las tardes siempre se podía hacer algo en la ciudad: en Nueva York siempre hay algo qué hacer; pero en las mañanas los planes eran escasos, así que resolví por salir con mi laptop e instalarme en sitios como Starbucks o McDonald’s para leer, estudiar algo del curso que estaba haciendo o escribir.


Luego de varias mañanas que dediqué a escribir, terminé con dos o tres textos que pensaba postear en mi blog. Sin embargo, al darme cuenta que estos escritos compartían al café como elemento en común -ya sea como palabra, como tema o porque simplemente los relatos tenían lugar en un café-, me pregunté: ¿Por qué en vez de publicarlos en mi blog, no me pongo más bien a trabajar en otros cuentos que incluyan al café y así armo una colección de relatos temáticos?


En efecto, la idea fluyó y pude escribir otros cuentos que incluían al café como eje central, como tema secundario o simplemente que hacían mención de la palabra y que automáticamente lograban entonces pertenecer a dicha colección. Lo curioso es que todos esos relatos terminaron siendo escritos y corregidos, al menos inconscientemente, en diversos cafés de Nueva York. La estrategia para tolerar el invierno neoyorquino rindió sus frutos creativos.


Después de tener armada esta serie de relatos, la siguiente preocupación radicaba en su publicación. Por un momento pensé trabajar en conjunto con un ilustrador que había conocido en Nueva York, con el propósito de producir una especie de libro digital con ilustraciones. El chamo era un tipo muy talentoso, y como muchas personas talentosas en Nueva York, estaba muy ocupado.
You gotta pay the bills. En fin, el proyecto no se dio.

El antecedente más cercano con el que contaba en cuanto a publicaciones estaba representado por mi libro digital
¿A qué suena Caracas?, un conjunto de entrevistas con personalidades destacadas de la escena musical caraqueña que había editado como regalo a mi ciudad antes de dejarla para irme a Nueva York. Aunque pensé que el material sólo iba a tener un interés reducido, al final terminé enviándoselo a casi cien personas alrededor del mundo: venezolanos que estaban interesados en leer sobre la música de mi ciudad natal.

Alrededor de octubre de 2011, que es cuando mi blog cumpliría cinco años, aspiraba publicar el conjunto de relatos, que para entonces ya tenía por título
Un café con leche pequeño, como otro libro digital. Quería celebrar el aniversario del blog publicando estos cuentos como un regalo a todas las personas que durante esos cinco años me habían apoyado con sus lecturas. No obstante, por razones ajenas a mi voluntad, no pude editarlo en esa ocasión. Finalmente, un año después es que puedo ahora, y con profunda emoción, publicar de manera digital este proyecto.

Este blog me ha regalado muchas alegrías, tanto personales como profesionales, pero la que más valoro sin duda es la de haberme permitido conocer personas que se han convertido en seres importantes en mi vida: personas que comenzaron comentándome en el blog, y que luego se convirtieron en amigos muy queridos.


Como Estrella Araque, por ejemplo. Ella es autora de uno de mis blogs favoritos. Comenzamos leyéndonos y comentándonos. Y en una extraordinaria noche en el Centro San Ignacio, la terminé conociendo en persona junto a otra de las blogueras que más quiero: Andreína Rancel.


Como algunos libros de cuentos suelen tener prólogo, pensé inmediatamente en Estrella para que escribiera uno para el mío. Ella generosamente accedió y, como pronto verán, me regaló un texto ciertamente maravilloso. No contenta con eso, Estrella también se dedicó a leer el borrador del libro y me ofreció una serie de agudas correcciones sobre algunas imprecisiones que no había sido capaz de identificar.


Un café con leche pequeño
es un regalo para ti: para quien está leyendo esto ahora. Mi blog cumple seis años y como dicen que la felicidad sólo es posible cuando se comparte, editar este libro es mi manera de compartir esta gran alegría.

Espero de todo corazón que te guste; y que si puedes, te leas estos cuentos tomándote un café -con leche, marrón, negrito, tetero, guayoyo, en fin, como sea de tu mayor agrado. Por mi parte, desde ya te agradezco por eso que has estado haciendo durante los últimos seis años: leerme.


Si deseas obtener Un café con leche pequeño, envíame un email a victormarinviloria@gmail ¡Y con mucho gusto te lo haré llegar!