viernes, marzo 01, 2013

Girls: una inconsistencia amada y odiada en exceso


Si pudiera sintetizar en una sola palabra mi opinión sobre el show Girls utilizaría ‘exceso’: de expectativa, de adulación, de condena. Al saberse que una serie creada y protagonizada por la joven y prometedora Lena Dunham -y producida por el gurú de la comedia Judd Apatow- sería estrenada por HBO, una creciente ola de entusiasmo se evidenció a través de redes sociales y blogs. Dunham, que ganó cierta notoriedad en la escena del cine independiente tras haber escrito, dirigido y protagonizado el film
Tiny furniture, en pocas semanas se convirtió en una figura de culto.

Girls debutó en abril del 2012 con un aceptable nivel de audiencia. Críticas tanto positivas como negativas sumergieron a la serie en aguas de celebración y de rechazo, alcanzando extremos absurdos respectivamente. Si por un lado se aplaudía la “genialidad” precoz de Dunham, por el otro se criticaba lo elitista de la historia (centrada en cuatro chicas blancas de clase media alta), la ventajista condición de privilegiadas de algunas actrices (hijas de destacadas personalidades mediáticas) y la exclusión racial en los personajes (en la primera temporada no hubo personajes de color).

La receptividad de Girls no pareciera conocer medias tintas: la amas y piensas que Lena Dunham es una chica prodigio, o la detestas y te parece que es un show sobrestimado. Permítanme situarme en el medio: yo veo Girls y lo disfruto en suficiente medida como para estar al día con la trama. En otras palabras, me gusta, pero me gusta como me gustó Tiny Furniture: a niveles moderados. Admiro muchísimo a Lena Dunham como creativa, pero sinceramente me parece exagerado considerar su trabajo como “genial”. Y tampoco odio el show; si ése fuera el caso simplemente habría dejado de verlo (algo que al parecer no hacen muchas de las personas que aman odiarlo). Ahora, eso no significa que no pueda criticarlo. Críticas le tengo, y muchas.

Comencemos por lo general: en mi opinión Girls es insoportablemente inconsistente. A mí la serie sí me ha ofrecido momentos brillantes; lo que pasa es que esos picos suelen verse derrumbados por veleidades presentes a lo largo de casi todos los episodios: fallas que se encuentran en la construcción de algunos personajes y en el hilo narrativo de la historia. Lo cual me lleva a lo específico: si bien Dunham ha sido capaz de crear llamativos e interesantes personajes como Shoshanna (Zosia Mamet) y Jessa (Jemima Kirke), también nos presenta a otros con marcados flancos como Adam (Adam Driver), Marnie (Allison Williams) y la misma Hannah. (Vale destacar que la calidad actoral de Lena Dunham también deja mucho que decir: un patrón que uno también encuentra en comediantes que crean sus propios personajes como Jerry Seinfeld, Louis C.K. y Tina Fey).

Así como no me pareció justo criticar a Dunham por la ausencia de personajes negros (¿acaso está obligada a ello?), tampoco me gustó cómo resolvió el incidente al comienzo de la segunda temporada con la inclusión de Sandy, interpretado por Donald Glover: un hipster republicano. Su perfil contradictorio me pareció poco original y el fin de la relación que sostenía con Hannah también se me hizo un tanto intempestivo: una tendencia que se repite de manera incesante en varios quiebres importantes de la trama.

Otro punto álgido que también reprocho es el manejo de la desnudez de Hannah: es posible que Dunham aspire con ello exaltar los cuerpos de las mujeres que según los cánones de la televisión no son perfectos (a mí me gustan las gorditas, si es por eso), lo que pasa es que cuando un recurso como ese se exagera tiende a distorsionarse, y esa distorsión termina entonces en caricatura: algo que difícilmente pueda ser tomado en serio.

La manera en la que Dunham tiende a retratar a la gente de (y por extensión a) la Ciudad de Nueva York también es otro aspecto que me parece que no está bien llevado. Yo amo a Nueva York y también estoy consciente de sus defectos, pero temo que el que no conozca la ciudad (o su gente) pueda llevarse una negativa (e injusta) impresión de ella si se le juzga por el tipo de personas que retrata Dunham: individuos detestables que quizá existan, pero que al inundar el hábitat de la serie pueda terminar por ofrecer una lectura quizá no errada, pero sí incompleta, de La Gran Manzana. Y tampoco se trata de que, como la misma Dunham haya aclarado en diversas oportunidades, se esté describiendo un micro-mundo: una visión de un plano acotado, específico. En tal caso, el micro-mundo termina siendo impreciso dada la homogeneidad negativa de sus integrantes.

Ahora bien, cabría preguntarse (y créanme que lo he hecho): ¿por qué sigo viendo este show si he enumerado tantas fallas? En estos días di con una posible respuesta: porque también Dunham es capaz de ofrecernos momentos de buena televisión. El cuarto capítulo de la segunda temporada es uno de los mejores que he visto, y no fue difícil ilusionarse con que el show siguiera siendo así de bueno. Ahora, ¿qué fue lo que pasó en el capítulo siguiente?, que esa lucidez volvió a desvanecerse: es el peor que he visto.

De todas formas, no pude evitar alegrarme por los recientes Emmy que ganó Dunham y su equipo de trabajo en la serie. Insisto, como intento de escritor que soy, y en consecuencia un individuo con ambiciones creativas, tengo mucho que admirarle a (y aprender de) Dunham. Y si a veces sueno vehemente en mis apreciaciones es simple y llanamente porque me gustaría que la serie fuera mejor. Uno sólo se decepciona de personas, o en este caso obras, que a uno le importan. Y por eso la inconsistencia que he percibido en esta serie me resulta tan incómoda.

A Lena Dunham se le podrá odiar o amar, pero no se le puede dejar de respetar. Con tan sólo 26 años ha sido capaz de ensamblar un catálogo creativo impresionante. No hay que olvidar que los primeros capítulos de series exitosas como Seinfeld y 30 Rock no fueron muy buenos que digamos; sólo con el tiempo sus creadores pudieron mejorarlos y adquirir su estatus de legendarios. Y creo que esa es otra razón por la que sigo viendo Girls: porque mantengo la esperanza de que mejore y porque me hace ilusión seguir siendo testigo cercano de la prometedora carrera de una chama talentosa, ambiciosa y valiente.

1 comentario:

Anónimo dijo...

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