jueves, abril 11, 2013

Manías (III)


A Julia le gusta usar emoticones para expresar sus estados de ánimo cuando está chateando por Facebook, Skype o WhatsApp. No sólo por la economía de caracteres que supone su uso, sino porque a veces siente que algunas de esas caritas logran expresar exactamente cómo se siente. La relación con esos dibujitos es tan íntima que las emociones de Julia terminan expresándose como lo muestran esas figuras. Cuando llora, llora fuertemente como la carita que sale en WhatsApp, por ejemplo. También sonríe de tres formas: una donde no muestra los dientes, otra donde muestra los dientes y otra donde muestra los dientes pero cierra sus ojos.

Sophie habla en spanglish, pero no porque quiera o le parezca cool, sino porque no puede evitarlo. Lo que pasa es que Sophie habla cinco idiomas y a veces se les traspapelan. Sophie sueña en francés, piensa en español y grita en italiano. A veces no se da cuenta en qué idioma está hablando y entonces de repente se le intercala el francés con el español, el italiano con el inglés o el alemán con el francés. Una vez Sophie le formó un lío a su novio en alemán, según ella, el idioma oficial de las peleas. Ella terminó la discusión con una pregunta. Él no le respondió pues no había entendido una sola palabra de lo que acababa de escuchar. "¿Ves? ¿Ves que tú no me entiendes?" le reclamó y comenzó a llorar.

A Esteban le gusta usar sombreros cuando viaja a otros países. Cuando se los pone, se siente como si fuera otra persona. Sus preferidos son las boinas y los sombreros a lo Charlie Chaplin. Pero no los usa en Caracas, le da pena. Teme lo que piensen sus amigos cuando lo vean con un sombrero puesto. Es por eso que cuando se toma fotos estando de viaje en esos países, se quita el sombrero que tiene puesto: puede que lo vean cuando las ponga en Facebook.


A Leonardo le gusta el olor de las cosas nuevas. Los carros, los libros y los jeans son las cosas que más le gusta oler cuando están recién compradas. El olor es un aspecto importante de su vida. Desconfía de los que usan demasiado perfume y puede predecir la calidad del servicio de un hotel con tan sólo evaluar el olor del lobby. Su olor favorito es el de su esposa recién bañada. Luego de un viaje que hizo con ella a Margarita, supo que era la mujer de su vida por el olor que percibió en su cuello cuando venían en el carro de regreso de Playa Parguito. Hasta ese momento, él creía que nadie podía oler bien después de un día de playa: ella sí.

Manuel Alejandro escucha algunas partes de su día a día narradas por la voz de Morgan Freeman, en español. Cuando está en el Metro, en el ascensor o cuando está por acostarse, la voz cálida y señorial de Freeman narra sus pensamientos. Aunque quiera, a Manuel Alejandro le resulta imposible controlar esta fantástica situación. Lo que más le afecta es la manera en la que Morgan Freeman narra los errores de Manuel Alejandro. Como cuando le echó un chiste malísimo a María Fernanda en su primera cita, cuando levantó la mano en una de las reuniones de la compañía para proponer algo que todos ignoraron o cuando decidió comer comida china casi de madrugada haciéndolo pasar una noche terrible. Todas esas lamentables decisiones fueron apropiadamente comentadas por Freeman, en perfecto caraqueño: "Y de nuevo, y de manera irremediable, Manuel Alejandro la ha vuelto a cagar..."

Amanda fantasea con viajar a París. Con frecuencia se mete en la página de American Airlines para averiguar cuánto le sale el pasaje desde Maiquetía. Así supo que la primera semana de Abril y la segunda de Octubre es cuando sale más barato. Amanda ha hecho tres veces el nivel dieciséis (el último) en la Alianza Francesa de La Castellana por temor a olvidar el idioma; se compró un reproductor de LP’s sólo para escuchar un vinil de Serge Gainsbourg que le regaló su padrino; y sus sueños son en blanco y negro como si los dirigiera Truffaut. Amanda ha soñado tanto con París que teme visitarla. Lo que le da miedo es que la realidad se le quede corta a una fantasía que ha estado alimentado por tantos años.

A Heliana le encanta comerse la tapa superior e inferior de los pan de sandwich: esas que son las más tostadas. En lo que se entera que su madre hace mercado, ella se ofrece para ayudarle a acomodar las cosas con el único propósito de guardar el paquete de los pan de sandwich en un sitio que sólo ella conoce. En medio de la noche, cuando todos duermen, ella saca el paquete de su escondite y lo abre, pone la tapa superior en un plato, saca con orden el resto del pan y lo pone en una bandeja y finalmente saca la tapa inferior y la pone en el plato donde está la otra. Heliana guarda estas tapas en una bolsa Ziploc, listas para comérselas al día siguiente y formar parte de su desayuno favorito.

Julie no puede dormir sin tener su novio al lado. Tiene que tocarle al menos una de las partes de su cuerpo mientras duerme: un brazo, una pierna, la espalda. De esto se dio cuenta cuando viajó sola a Buenos Aires. Cuando le comentó esto a su novio, este también le confesó que le pasaba lo mismo. De ahora en adelante, Julie siempre viaja con una franela de su novio. Así, cuando sabe que va a dormir sin su novio, pide una almohada extra, la forra de la camisa de su novio y la pone al lado, paralela a su cuerpo. Allí puede alcanzarle una de sus piernas o uno de sus brazos y procurará soñar con él para imaginar que lo tiene al lado y así poder dormir en paz.


Acá puedes leer la primera y la segunda entrega de esta serie

2 comentarios:

Ora dijo...

¡Me encanta esto! Sonreí todo el tiempo.

Anónimo dijo...

Está buenísimo esto, como siempre, my lil bro

Love ya
G