lunes, octubre 07, 2013

Manías (IV)


A Tomás le gusta ver sus películas favoritas muchas veces -sobre todo si son de comedia. Él cree que las películas no tienen una edad estática, sino que crecen con el tiempo, junto a él. A veces pasa que a Tomás ya no le gusta una película que amaba cuando tenía quince años, pero también le ocurre que descubre nuevos gustos cinematográficos. Ya se aburrió de las películas de Jim Carrey, por ejemplo, pero hace un par de meses le encontró el gusto a las películas de Wes Anderson.

Marietta sueña con que la entrevisten en Inside the Actor’s Studio. Es actriz y está convencida de que tarde o temprano ganará el Oscar. Y que luego James Lipton la entrevistará. Por eso ya tiene preparadas sus respuestas del cuestionario de Bernard Pivot. Lo memoriza, lo corrige, lo desecha y se lo vuelve a aprender. La única respuesta que nunca cambia es la última, esa que se refiere al momento de llegar a “las puertas doradas del cielo”: prefiere improvisarla cuando finalmente Lipton se la pregunte.

A Ignacio le gusta discutir sobre política. Lee el periódico todos los días y ve el noticiero por las noches. Sin embargo, cuando habla de política con alguien, ha descubierto que se emociona demasiado y se torna un tanto vehemente. Una vez hasta se fue a los puños con alguien que se opuso a lo que él pensaba. Desde entonces, cuando discute con otra persona, él decide averiguar cuál es su posición, luego decide pertenecer a ese bando, pero al extremo. Y entonces se da cuenta que al hacerlo, termina oponiéndose a esa misma ideología. Allí se da cuenta de que los extremos se parecen mucho, que todo es un absurdo, y que no vale la pena ponerse a pelear por ello.

Marta a veces se pelea con sus compositores favoritos. Ya no escucha más a Wagner y se empalagó de Tchaikovsky. Pero también logra reconciliarse con algunos de ellos. Le acaba de pasar con Mahler, por ejemplo. Pasó casi diez años sin escucharlo hasta que una vez, tomando su usual tasa de té con su amiga Olga, la obra del austríaco la sorprendió hasta las lágrimas. Era Das lied vor den erde, una pieza que antes había odiado. Cuando le pasa esto, Marta no puede evitar sentirse desconcertada por este tipo de reacciones, aunque también le maravilla ese fascinante efecto que ejerce la música sobre ella.

Manuel se escribe con su hermana, que vive en otro país, todos los días por email o WhatsApp. Hablan en spanglish y se escriben bromas estúpidas que sólo las hace reír a ellos. Sin embargo, Manuel cree que si escribiera una obra de teatro o un acto de stand-up con todo lo que se dicen, entonces terminaría siendo algo bien gracioso. Una vez abrió un documento en Word y empezó a escribir algo que terminó siendo efectivamente muy cómico. Pero entonces se dio cuenta de que al escribirlo iba a dejar de ser algo de ella y su hermana, así que cerró Word y mandó el borrador a la papelera de reciclaje.

Leonardo siempre fantasea con volver a verse con Susana, una argentina que conoció en Punta Cana en su viaje de graduación de bachillerato. Se enamoraron, mantuvieron una relación de distancia por un tiempo, e incluso se llegaron a encontrar una vez en Chile, pero luego se distanciaron. Sin embargo, Leonardo cree que lo que tuvieron fue especial y que siempre podrá renacer. Cada cierto tiempo chatea con ella en Facebook y le hace saber que todavía está enamorado de ella. Ella, por su lado, sigue con su vida y tiene una relación con un catalán. Pero a Leonardo no le importa, incluso cuando él también tiene su propia novia. Él está convencido de que pueden volver a amarse. De hecho ya compró un pasaje de avión a Buenos Aires para el 27 de mayo del año próximo. La fecha la vio en un sueño donde se reencontraba con su porteña. Por eso todas las mañanas practica una especie de guión que tiene preparado con todas las cosas que quiere decirle. Aunque sabe que lo más seguro es que lo olvide todo apenas la vea.

Fabio pasa todo el día conectado en Twitter. Es un fanático de los deportes y está al tanto de las noticias de lo que pasa en ese campo. Hasta se ha hecho amigo de otros tuiteros deportivos. Los ha agregado incluso en Facebook y hasta hablan por ahí. Sobre todo con algunas chicas. Hay una en especial que le llama la atención. Se llama Karina, es de México y es ferviente hincha de los Pumas. A Fabio le encanta leer los tweets que ella escribe llena de pasión por su equipo. Cada vez que lee una noticia que cree que le pueda interesar, la tuitea y la copia a ella. Pero ella nunca le contesta. Por eso nunca se ha atrevido a pedirle la solicitud de amigos por Facebook. Él no entiende por qué ella es incapaz de contestarle algún tweet, y mucho menos empezar a seguirlo por Twitter. Pero él nunca pierde sus esperanzas y la sigue copiando en algunos tweets. Hasta se aprendió la formación de los Pumas de memoria, por si acaso.

Fernando cree que dormir es morirse un poco. Por eso duerme estrictamente lo necesario. En estos días leyó que el tiempo ideal de sueño eran 6 horas y 15 minutos. Así que programó su despertador para que su tiempo de sueño sea exactamente eso. No importa si es sábado, domingo o día feriado, Fernando no duerme más. Está convencido de que así vivirá más. Pero los demás no lo entienden: su mamá lo regaña, sus hermanos le dicen que es un maniático y su novia le dice que salga del cuarto una vez que se levante, para no interrumpirle el sueño a ella. Entonces Fernando sale del cuarto y prende la televisión, incluso cuando no hay nada interesante para ver. Nadie se ha levantado a esa hora. No hay vida afuera. Pero eso no importa, porque para Fernando, levantarse o seguir durmiendo es cuestión de vida o muerte.

A Romina le gusta dominar en la cama. Le gusta humillar y golpear fuertemente a su novio. Le gusta decir y hacer obscenidades. A Romina le gusta ver películas porno y anotar lo que ve en una libreta. Luego incluye algunas de esas cosas en una lista de tareas pendientes que guarda en su cartera. Y luego obliga a su novio a hacerlas. A Romina le gusta ir a sex shop, estudiar con detalle los artículos que allí se venden y comprarlos. Romina visita con regularidad foros de sexo y comparte sus experiencias bajo el seudónimo de La_Veneca_Calentona. A Romina le gusta masturbarse en baños fuera de su casa: en restaurantes, en casas de amigos, en centros comerciales, incluso en su propia oficina. A Romina le gusta ser en la cama todo eso que nadie, en su vida pública, imagina que puede llegar a ser.

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