sábado, noviembre 29, 2014

Manías (V)




Gustavo es un apasionado del teatro. Y es una pasión que se toma muy en serio: todo el tiempo lee guiones, libros y críticas; va a ver obras al menos dos veces por semana. Y siempre va acompañado por su esposa. Dentro del teatro, ellos tienen un código para hacerse saber qué piensan de la obra: se toman de la mano y se la aprietan. Si la aprietan una vez, les gusta. Si la aprietan dos veces, no les gusta. Y si la aprietan por un número indefinido de veces entonces deben salir del teatro lo más pronto posible. 


Ramón se levanta muy temprano todos los días y lee la prensa mientras desayuna. Luego de leer algunas noticias, las comenta en voz alta. “Sí, Luis, la inflación va palo abajo, ¡ponte a creer!”/ “Sí, ajá, sigue hablando mal de los gringos, ¡pero cómo te encanta ir a Miami!”/ “Coño, cualquiera que te escucha piensa que eres un santo, ¡dime adónde quieres que te prenda una velita!” Su esposa lo escucha pero no dice nada, más bien le presta atención. Luego de escucharlo ya no tiene por qué leer la prensa ni ver los noticieros. 

Por cuestiones de trabajo, Melina ha vivido en San Francisco, Bogotá, Buenos Aires, Marsella y Málaga. De cada país que ha vivido trata de quedarse con un poco de su cultura. Nada es más evidente que su manera de hablar, pues se le mezclan el acento paisa con el porteño, aderezado con frases españolas, palabras en francés y en inglés. Del argentino se le quedó el “pasala lindo”, del español el “me hace ilusión”, del francés el “voilà!” y del colombiano el tratar de “usted” a los demás. Cuando Melina conoce a alguien, ésta siempre trata de adivinar de dónde es. Pero nadie, absolutamente nadie, logra acertar. 

A Alejandra le gusta hablar con Matías, su perro. Al llegar a su casa del trabajo, Alejandra le echa un recuento pormenorizado del día, convencida de que su mascota le escucha con atención. Pero ella también lo escucha a él. En lo que se sienta a cenar, ella comienza a interrogarle sobre su día y se queda callada. Ella también está convencida de que Matías tiene mucho qué decirle. Y entonces Alejandra se le queda viendo, mientras él le “habla” ladeando la cabeza, diciéndole todo lo que le tiene que decir con sus grandes ojos marrones.

A Omar le encanta el pollo de Arturo’s, pero le da pena que lo vean comiéndose ese manjar con las manos. A él le encanta dejar las piezas de pollo peladas, sin que les quede ningún pedacito de harina frita anaranjada. Omar va a sucursales de Arturo’s en zonas alejadas de donde vive, asegurándose que nadie que lo conozca lo pueda ver. Su mujer a veces compra este pollo para llevar y lo trae a casa, pero a Omar no le gusta: dice que viene sudado y que las papas no le saben igual.

Estela es una fanática del arte. Se graduó de ingeniera en computación, pero su verdadera pasión son los cuadros. Estela va todas las semanas a galerías y museos y visita diariamente páginas web para ver algunas obras, leer sobre ellas y averiguar hasta en cuánto la venden en las subastas. Pero esta pasión es secreta. Nadie de su familia, ni siquiera su esposo, la conoce. A medida que su pasión crece también aumenta su esfuerzo por ocultarla. Le inventa excusas a su marido, se le pierde a sus amigas y hasta le dice a su jefe que está enferma para no ir al trabajo y poder ir sola a ver arte. Cuando ve cuadros por internet se ufana porque nadie se entere, algo similar a lo que debe sentir su esposo cuando ve pornografía. Para Estela, ése es el secreto de los placeres más profundos: que sigan siendo secretos.

Liliana es agnóstica, pero le interesa mucho la religión; tanto, que está haciendo un diplomado sobre “Creencias, cultos y fe”. A Liliana le gusta visitar templos para ver a los creyentes. Disfruta verlos arrodillarse, rezar, cerrar sus ojos, cantar y agarrarse de manos. Uno de sus rituales en Navidad es ir a la Catedral de Saint Patrick en Nueva York y estar unos minutos allí, mirando a los demás. Liliana los observa, intenta entenderlos, los envidia. No puede creer que ella no pueda creer en algo. Y por eso llora cuando escucha el Gloria, justo cuando los creyentes hacen lo propio.


Acá puedes leer las entregas anteriores de esta serie:





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