jueves, febrero 20, 2014

Justin Walter: layering delicate textures of sound



Justin Walter makes music that soothes your senses. His intricate and well-achieved handling of sonic textures makes him one of the most interesting electronic musicians nowadays.
Lullabies and nightmares (2013), his latest album, is a very expressive material in terms of the feelings it evokes –melancholy, quietude, introspection. Walter’s ability to shape sounds is certainly impressive thanks in large part to his forays with the Electronic Valve Instrument –which is some sort of synthesizer controlled by wind. His music manages to compel us to look into our internal and external states of mind. Lullabies and nightmares inspires us to dream, feel and live in a subdued yet intense type of way. 

You can listen to Dream weaving

martes, febrero 11, 2014

Son Lux: when audacity pays off




The convergence between contemporary music and rock is producing great material. It seems as if the distance between those genres were fading thanks to the efforts of talented musicians that are daring to step out of their comfort zones for the sake of making beautiful music. Son Lux, the name of Ryan Lott’s magnificent musical project, works as a solid testament to that will of pushing music forward.. Lanterns (2013) comes off as music that incorporates the songwriting’s structure from rock, some textural sensibilities from the orchestra and the ethereality of electronics. This is one of the boldest musical statements I’ve listened to in the past months. Lanterns is definitely a triumph of talent, risk taking and proficiency. (I hope that makes you want to check out this exceptional material).


This is the video for Lost it to trying

jueves, febrero 06, 2014

El dinamismo de las obras de arte



Una de las cosas que disfruto mucho es cuando vuelvo a experimentar una obra de arte que siempre me ha gustado. Puede que sea un libro, una película o un disco, pero me encanta volver a apreciarlo cada vez que puedo. 


Sin embargo, el placer no siempre se repite. Muchas veces he llegado a cuestionarme por qué me llegó a gustar tanto una película tras no encontrar la misma satisfacción al verla cierto tiempo después.

Pues bien, en estos días conversando con un amigo, con el que discutía sobre este tipo de temas, logramos estar de acuerdo en el carácter dinámico que tienen algunas obras de arte; o mejor dicho, lo verdaderamente dinámico sería la percepción que tenemos de ellas. 

En ese sentido, si consideramos a la obra de arte como un ente estático, la manera en que la percibimos sería lo que cambia con el tiempo. Muchas veces tendemos a asociar el momento –y nuestros sentimientos- en el que nos encontramos cuando vemos alguna obra con lo que ella nos está mostrando. 

Y esa primera impresión es la que o bien se queda con nosotros, o es la que termina cambiando con nosotros

¿Cuántas veces no asociamos cierta canción con una persona o con un momento particular en nuestras vidas? 

El compositor Philip Glass se sorprende a menudo cuando uno de sus admiradores le expresa lo que una de sus piezas le hizo sentir. Él argumenta que lo que esa persona piensa de esa obra dice más sobre ella que sobre dicha obra o su autor. 

Es la reacción que tenemos frente a una obra de arte lo que termina diciendo más sobre nosotros mismos.

A mí a veces se me hace muy difícil decir cuáles son mis discos o mis películas favoritas. Mi respuesta seguro dependerá del momento en que se me pregunta. Puede que cuando intente responder eso me encuentre en una de mis fases de escuchar discos de Bowie, de ver películas de Truffaut o de escuchar piezas de Ravel. 

La relación dinámica que tenemos con el arte es lo que quizá sea su propiedad más poderosa: la de brindarnos una reserva inagotable de sensaciones e interpretaciones.