martes, mayo 31, 2016

La belleza enfrente


En estos días recibí un email de un amigo de Nueva York con el que trabajé en una de mis pasantías. Profundo conocedor de arte, él me preguntaba en el correo si yo conocía El amor de Berni, una de las obras de arte argentino más importantes de la modernidad. Él daba por sentado que la conocía. La obviedad se debía a que la obra en cuestión podía verse de manera gratuita en un sitio bastante notorio: el shopping Galerías Pacífico.

Yo le pregunté si estaba seguro de que la obra se exhibía allí. Incluso llegué a comentarle si la obra no había sido mostrada en el Centro Cultural Borges, un centro de arte que está en ese shopping. Él mantenía su posición de que, en efecto, la obra estaba en el shopping: en una de sus cúpulas. Yo le admití, con algo de vergüenza, que aunque yo hubiese estado allí muchas veces nunca visto al mural en cuestión.

Mi amigo me imploró a que la viera en cuando tuviera un chance y así fue. En estos días tuve que hacer unas diligencias por microcentro y aproveché de pasar por el shopping. Me puse a buscar la obra de Berni pero no la encontraba. Le pregunté a un vigilante y hasta a dos personas que trabajaba en algunas tiendas si sabían dónde estaba la obra y ninguno supo decirme: tampoco sabían de ella. Lo único que llegué a ver fueron unos carteles promocionando las obras con su ubicación, pero los carteles del shopping no ofrecían orientación alguna. Algunas de las personas a las que le pregunté incluso me vieron como un bicho raro.

Seguí merodeando por el shopping hasta que finalmente encontré la obra. Tenía que mirar arriba, en la cúpula central para verla. En efecto es monumental. Hay tanto por ver que es difícil mantener la mirada hacia arriba para capturar todos los detalles. Es imponente, ambiciosa; es prácticamente una declaración de principios.

Decidí sacar mi celular para tomar unas fotos y en lo que lo hice, la gente que estaba sentada en un café justo debajo del mural empezó a mirarme. Siguieron mi foco y también se maravillaron ante lo que veían. Ellos tampoco sabían que estaban justo debajo de una obra de arte.

¿Cuántas veces no nos ha pasado que tenemos belleza en frente de nosotros y no la vemos? ¿Cuántas veces dejamos que la cotidianidad nos enceguezca y obstaculice para ver lo que está en frente de nosotros?

¿Por qué nos adormecemos ante la belleza?

Ver la obra de Berni fue una revelación en varios sentidos. Por un lado descubrí una obra de maestra que ahora puedo ver cuando quiera, pero por el otro también me mostró esta reflexión sobre estar más atentos a lo que nos rodea, de prestarle atención, de admirar la belleza que tenemos justo enfrente.