Carta a venezolanos que están llegando a Buenos Aires


Cada día llegan más venezolanos a Buenos Aires.

Cada día se hace más frecuente ver gorras tricolores pululando en las calles, escuchar frases solfeadas en acento caraqueño y pieles de esa tonalidad morena ineludiblemente venezolana.

Es fácil identificar a los que acaban de llegar: hay cierta mezcla de ingenuidad, miedo y tristeza en su habla, en su caminar, en sus gestos.

Cuando los veo no puedo evitar sentir compasión por ellos, pues llegan en condiciones muy lejanas de las ideales. Más que emigrar, su éxodo reviste los trapos de la fuga. Por momentos siento ganas de acercarme a ellos para darles alguna palabra de aliento: que los motive o los reconforte en esta nueva (y forzada) etapa.

Llevo seis años viviendo en Buenos Aires y me ha ido muy bien: no sólo a nivel profesional sino también a nivel personal, pues he hecho amistades muy queridas y en general me he sentido muy a gusto en la ciudad. Confieso que tenía tiempo queriendo escribir estos consejos, pero temía sonar como un tipo cursi o un abuelo regañón.

Espero entonces que quien lea esta carta pueda recibirla con el mismo espíritu con la que fue concebida: de ayuda.


Da los buenos días cada vez que te montes en el colectivo, entres a un organismo público o llegues al trabajo. No es mera cortesía, es también un lindo deseo.

Interésate en los demás: pregúntales sobre ese viaje que acaban de hacer, ese familiar enfermo, ese curso que están tomando. Todos queremos atención; todos valoramos esa atención.

Ayuda a quien puedas ayudar: a esa muchacha que entra al subte con un coche, al que intenta abrir la puerta del edificio cargado de bolsas, al que parece que anda perdido por la calle.

Escucha: antes de juzgar las diferencias culturales que te separan del argentino, intenta entenderlas. Ese esfuerzo te recompensará con información valiosa sobre el país al que llegas.

Sé extraordinario en tu trabajo: es muy difícil conseguir empleo, así que cuando lo consigas busca la forma de que tu desempeño sea excepcional. Define lo que consideres extraordinario en el trabajo y practícalo todos los días.  

Disfruta lo que sólo este país puede brindarte: el tango, la carne, el malbec, el mate, el dulce de leche, el teatro independiente.

Dile te quiero, te amo, te extraño, cada vez que puedas, a las personas que no están contigo: te suavizará la melancolía.

Guarda chocolates en tu bolso y dale uno a ese compañero de trabajo que pasa por un mal momento, a esa persona que está llorando en el subte, o a quien extraña su país como tú. El chocolate no les solucionará el problema, pero se los aliviará.

Decide ser feliz acá aunque las condiciones no sean ideales para ello. Dejaste atrás familia, amigos, incluso amores, pero puedes -y debes- ser feliz, así que redefine tu felicidad y disfrútala.

Sé bueno: por sobre todas las cosas, sé bueno. Porque siendo buena persona, buen trabajador y buen ciudadano aumentará las posibilidades de que te vaya bien acá. No va a ser fácil pero vale la pena, créeme.

Comentarios

Gabriela Marin dijo…
lo del chocolate es tan de mi abuelo y mi mama
te amooo mi pelusito
g
Anónimo dijo…
Me encantó, siempre hay que tener una chuchería o snack en la cartera, para comérsela o agradar a alguien. Quise agradecerle a una chica en Migraciones de Lima por su excelente atención y vi cómo palideció y me dijo que no le diera nada porque había cámaras observándola y estaba prohibido.Yo me sentí mas incómoda que ella y le insistí lo agradada que estaba con su trato. Son cosas que pasan.
Ana Sosa M. dijo…
Que lindo amigo. Todo esto aplica en todos lados siempre! Me lo llevo conmigo en mis notas como un recordatorio diario: ser la mejor persona que puedas ser.
Tqm y te extraño. Espero estés pasándola lindo :).

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