jueves, mayo 20, 2010

Productores y cineastas se reúnen para hablar sobre el poder comunicacional de las imágenes en el cine


-->La imagen es la esencia misma del cine. La reproducción de una serie de fotografías con una determinada frecuencia, es lo que termina transformando a un conjunto de imágenes estáticas en esa entidad dinámica que termina por convertirse en una película.
Ahora bien, ¿cómo lograr que esa serie de imágenes cuenten una determinada historia?
Un panel conformado por destacados productores, cinematógrafos y directores se reunieron en el Village East Cinema, en el marco del Festival de Cine de Tribeca 2010, para responder a esa y otras interrogantes y ahondar en ese fascinante reto de hacer una película.
El jóven director Lee Isaac Chung (Lucky life) inició el encuentro afirmando: "cuando empiezo a hacer una película, lo primero que pienso es en la imagen y en las consideraciones técnicas que ésta implique -el tipo de cámara que tengo que utilizar o el color que debo emplear para lograr la fotografía que he imaginado en mi cabeza".
Sobre este mismo punto, la cinematógrafo Nancy Schreiber (Every day) añadió: "lo más importante de comenzar a hacer una película es saber cómo quieres que se vea. De eso dependerá la selección de las herramientas que vas a utilizar."
El célebre productor Jon Kilik (Dead man walking, Le scaphandre et le papillon, Babel) fue enfático al establecer que "la cámara debería ser el primer elemento determinante para la calidad de la película, no el primer elemento a considerar para reducir costos."
Una vez cubierto el aspecto tecnológico detrás del rodaje de una película, el panel se dedicó a reflexionar sobre la importancia de nunca perder el enfoque sobre el más importante de los objetivos al momento de hacer un film: contar una historia.
La cinematógrafo Ellen Kuras (Blow, Eternal sunshine of the spotless mind, Be kind rewind) precisó: "cuando filmamos, estamos contando historias. Y esa historia tiene que tener significado. Nuestro trabajo como cineastas es hacer que el espectador experimente lo que queremos contar."
Kilik apuntó: "hay que incorporar la visión del director con el resto del equipo. Hay que buscar la verdad detrás de la historia. Como espectador, uno sabe muy bien cómo encontrar una mentira en la historia. El público es muy sofisticado y sabrá cuándo el film falla. Así que todo tiene que funcionar. Nuestro trabajo como productor es ayudar y limitar los excesos del director, del guionista y de los actores. Somos nosotros quienes debemos trazar los límites de esa historia que queremos contar y no dejar que nadie se salga de allí, porque es muy fácil distraerse. Hay mucha gente trabajando, muchas opiniones, muchas presiones."
Jacob Tierney, actor de TV y director de The Trotsky, film recientemente estrenado en el Festival, fue categórico al destacar la importancia de un buen guión: "debería haber más énfasis en la escritura en estos días. Hay demasiados guiones mediocres. Y nosotros en el cine estamos perdiendo muchos escritores porque se van a la TV. Cuando tienes un buen guión es poco probable que termines haciendo un mal film. Mientras que cuando tienes un mal guión seguramente vas a terminar haciendo un mal film. El cineasta debería incluirse en la realización del guión primero porque es necesaria su supervisión y, segundo, porque es necesaria su corrección. Cada problema del guión revivirá en la sala de edición, así que hay que arreglarlo antes. Y para eso, tienes que tener mucha paciencia y mucha disciplina."
La parte del foro que despertó más curiosidad en la audiencia fue cuando el galardonado cinematógrafo Lance Accord (Being John Malkovich, Lost in translation, Where the wild things are), Kuras y Kilik revelaron interesantes anécdotas sobre su participación en sus películas más conocidas.
Accord, refiriéndose a su trabajo en Where the wild things are, confesó: "las criaturas fueron todo un reto: cómo se verían, cuáles eran sus limitaciones, qué es lo que no podían mostrar. Todo eso era un gran misterio para nosotros, porque tan sólo dos semanas antes de comenzar a rodarla, fue que supimos todo eso para entonces comenzar a hacerle la fotografía a tan particulares bestias. Así que tuvimos que resolver rápidamente. Tuvimos que trabajar muchísimo y en muy poco tiempo, cuando yo típicamente dedico de 6 meses a un año discutiendo con los directores cuestiones técnicas, fotografía, narrativa, estilo."
Kilik remarcó la diferencia entre los estilos de cada uno de los directores con los que ha trabajado: "Los hermanos Coen son unos tipos que están obsesionados con el detalle. Todo, absolutamente todo, está planificado antes de grabar. Mientras que Julian Schnabel (Basquiat, Le scaphandre et le papillon) no planifica nada, en lo más mínimo. Cuando filmó Basquiat, su primera película, Julian no quiso aprender nada antes sobre cómo hacer cine. Él tomó al set como un canvas en blanco sobre el que comenzó a pintar, como el artista que es. ¿Y qué le iba a decir uno? Ése era su estilo -y de hecho sigue siéndolo- pero al principio le costó mucho y tuvo que aprender de eso."
Ellen Kuras cerró el encuentro revelando la frenética manera de trabajar con el reconocido director Michel Gondry: "Si sabes que vas a trabajar con Michel, tienes que saber que tienes que estar en muy buena forma física. Sus productores siempre están corriendo para arriba y para abajo, pues él es muy impulsivo y se le suelen ocurrir cosas justo antes de filmar una determinada escena. Por eso es que en el set siempre vas a ver a un montón de gente corriendo como loca tratando de complacer sus caprichos creativos."

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