viernes, diciembre 30, 2011

Mi música favorita del 2011


Esta fue la música que hizo que la vida fuese una nota este año.

Esta es la lista de mis discos favoritos del 2011:


1.
Reverie – Luciano Supervielle
2. Fuerteventura – Russian Red
3. Bon Iver – Bon Iver
4. Watch the throne – Jay-Z & Kanye West
5. Forget – Twin Shadow
6. w h o k i l l – Tune yards
7. Take care – Drake
8. Hurry up, we’re dreaming – M83
9. 21 – Adele
10.Wasting light – Foo fighters
11. Destroyed – Moby
12. Blood pressure – The kills
13. Player piano – Memory tapes
14. James Blake – James Blake
15. Belong – The pains of being pure at heart
16. Strange mercy - St. Vincent
17. El debut – Los Crema Paraíso
18. Bravedad – Kapicúa
19. The devil’s walk – Apparat
20. It’s all true – Junior boys
21. Blonde – Coeur de pirate
22. Sabaneando – Bacalao men
23. Playa – Patafunk
24. THE Trio – THE Trio
25. House of balloons – The weeknd

miércoles, diciembre 21, 2011

St. Vincent: the charm of confidence


Annie Clark, better known as St. Vincent is arguably the most interesting female singer/songwriter nowadays. She is not just an accomplished guitar player and proficient composer, she has also shown a remarkable talent when it comes to undertake audacious and mesmerizing artistic pursuits. If Actor (2009) propelled her as one the most innovative artists within the indie rock scene, then Strange mercy (2011) takes her to the level of a well-deserved consolidation. This new collection of songs acts as an astounding testimony of her artistic evolution. Actor was a great record indeed, but it was somewhat difficult to hear. Strange mercy, in contrast, while remaining inventive, comes out more accessible. One can’t help but explain this result in terms of the maturity of her craft. In a way, she sounds more confident and, therefore, her music has ended up being even more endearing. With her third record as a solo artist, St. Vincent seems to go in the right track to greatness. In the meantime, with music like this, our delight is not only a promise –it’s also a warranty.

This is the video for
Cruel

domingo, diciembre 11, 2011

Drake: taking care of hip-hop


Artistically speaking, hip-hop has always been an underestimated genre. Commercial success seems to be its main goal, truth be told. Nonetheless there are some hip-hop artists willing to explore new grounds within this type of music. In doing it, some of them have managed to deliver well-crafted music, like Drake. On Take care (2011), his latest album, the Canadian singer/rapper makes a bold choice by writing fresh, interesting and -one might even add- experimental songs with great support from his producer and creative partner Noah “40” Shebib. Its innovative piano-oriented beats act as the foundation on which Drake sings and raps in a bewildering way. While surely also pleasing more conservative hip-hop enthusiasts, Take care is a fine work of art and it proofs that risk taking, along with talent, often pays its rewards. With the aid of artists like Drake, hip-hop can justly reclaim its status as one of the most important genres in the contemporary music scene.

This is the video for Marvin’s room

sábado, diciembre 03, 2011

Luciano Supervielle: elogio de la sofisticación


En Luciano existe una combinación muy especial:
esa cosa refinada de su formación clásica,
y por otro lado lo de la calle,
lo urbano que te da el hip-hop y el vinilo
GUSTAVO SANTAOLALLA



A mediados de 2009, el Teatro Solís de Montevideo le propone a Luciano Supervielle que programe un concierto con su repertorio. El músico accede proponiéndoles un show acústico. Tomando en cuenta la importante presencia de la electrónica en su música, el recital constituye todo un reto. Supervielle acude entonces a Gustavo Santaolalla y Juan Campodónico, sus compañeros en Bajofondo, para que lo ayuden en la pre-producción de dicho concierto. Los músicos que forman parte de la presentación disfrutan tanto la experiencia, que luego de grabar el audio del concierto en vivo deciden seguir trabajando sobre ese material en el estudio. Seis meses después se edita R
êverie (2011), “ensoñación” en español, y que en palabras del mismo autor “hace referencia a una dualidad de realidades: la del show en vivo y la de ese mundo más imaginario y onírico que está dado por el estudio”.



I. Un colectivo rioplatense lanza a un wunderkind

A comienzos de la década pasada, Gustavo Santaolalla y Juan Campodónico se reunieron en un café de Madrid para discutir futuros proyectos. La idea más destacada fue la de formar una agrupación que re-interpretara el tango empleando el vocabulario de la música electrónica. Campodónico ya había trabajado en la fusión de sonidos generados por máquinas con géneros como la milonga y el candombe en la producción de Frontera (1999) y Sea (2001) del cantautor Jorge Drexler. El productor contó con la asistencia de Luciano Supervielle: un joven músico que gozaba de cierta notoriedad en la escena uruguaya gracias a su participación en la agrupación de hip-hop Plátano Macho.

Santaolalla y Campodónico decidieron seguir adelante con su proyecto (cuya propuesta luego fuera catalogada como “electro-tango”), e invitaron a Supervielle a formar parte de esta empresa. Supervielle, quien en ese momento estudiaba piano y composición en París e intentaba consolidarse como músico electrónico en esa ciudad, viajó a España para unirse a la dupla de productores y nace entonces lo que en principio se llamó Bajofondo Tango Club.

El grupo editó su primera placa homónima y alcanzó un notable éxito, no sólo en Argentina, sino en varios países latinoamericanos y europeos. En esta producción se incluyeron tres temas originales de Luciano Supervielle, pero él luego confesó haber trabajado en muchos otros. Este conjunto de piezas descartadas formarían parte de Supervielle (2004), la segunda placa editada por el colectivo rioplatense -y la primera de Supervielle como solista.

Supervielle obtuvo disco de platino en Argentina y numerosos halagos de la crítica. El éxito, si bien merecido, no dejó de ser inesperado. Mientras Bajofondo Tango Club ofrecía una propuesta mucho más accesible, bailable y en definitiva más comercial, Supervielle proponía un concepto más intelectual y sofisticado, representado por la impresionante fusión que su autor logró del legado transgresor de Astor Piazzolla y del lenguaje urbano del hip-hop.

El primer disco solista de Luciano Supervielle lo reveló como una de las voces más resaltantes de la escena alternativa de Latinoamérica. En temas como Centrojá, Miles de pasajeros y Pulso (1000 mares), el músico nacido en Francia despliega una asombrosa madurez en cuanto a composición, arreglos y orquestación. La propuesta sonora de Supervielle pudiera sintetizarse muy bien en el tema Décollage: ostinatos à là Piazzolla, tocados por instrumentos de cuerda, se apoyan sobre la base rítmica de un beat que evoca al hip-hop instrumental de Dj Shadow.


II. Una música soñada

La dualidad de Rêverie no sólo consiste de la adrenalina del directo y la frialdad cerebral de las consolas; este álbum también pudiera dividirse en dos segmentos basados en la naturaleza de sus piezas: originales y versiones. En cada una de ellas vuelve a evidenciarse la destreza de Supervielle en cuanto al balance que hace de la estética y la esencia de su música.

A diferencia de Supervielle, el contexto sonoro de Rêverie es netamente orgánico: el compositor se deshizo de su computadora (considerada su otro instrumento principal) “para tratar de encontrar un componente experimental en mi lenguaje y tratar de ver cuáles eran mis posibilidades a través del piano.”

Habiendo establecido esta inclinación pianística para su nueva producción, Supervielle decidió explotar la marcada influencia de artistas como Bach, los Beatles y Charly García -específicamente la de sus legendarias producciones editadas en los años ochenta como Pubis angelical (1982), Clics modernos (1983) y Piano bar (1984).

Esta misma influencia de García, traducida en cierta sonoridad del rock de los ochenta, es evidente en temas como Toco wood, donde unas notas tocadas por un sintetizador descansan sobre un beat inspirado en las pistas de baile. No obstante, Supervielle se encarga de incorporar este sonido en un lenguaje de pop de cámara -música popular tocada por instrumentos típicos de la música de cámara impecablemente tocados por miembros de la tropa Bajofondo: avier Casalla (violín), Martín Ferres (bandoneón) y Gabriel Casacuberta (contrabajo). Supervielle asume esa aparente frivolidad rítmica y melódica propia del rock ochentero y le confiere un notable aura de música académica con sus distinguidos arreglos.

Rêverie inicia con cuatro temas originales: Zizou, tema instrumental que consiste de un riff propio del rock progresivo sobre un beat de hip-hop; Toco wood, alegre, luminoso, bailable; Adónde van los pájaros, canción interpretada y co-escrita por el cantante uruguayo Gonzalo Deniz, de la banda Franny Glass; y Real y mágico, otra pieza donde Supervielle vuelve a hacer gala de su refinado estilo (la parte cantada por un coro de niños suena sencillamente conmovedora).

La primera de las versiones que se escucha en Rêverie es sin duda la más destacada: No soy un extraño, original de Charly García, cantada en sutil francés por el propio Luciano de una manera en la que también le rinde tributo al mítico cantante francés Serge Gainsbourg, considerado por Supervielle como uno de sus grandes referentes musicales.

Los covers fungen, en palabras del propio Supervielle, como “remixes aplicados a los instrumentos acústicos”. La reinterpretación que el uruguayo desarrolla de temas ajenos es otra evidencia de su talento a la hora de establecer una exquisita lectura orientada al detalle. Supervielle es un hacedor de música sofisticada –ya sea propia o apropiada.

El resto de los covers está compuesto por Baldosas mojadas, cantada por Juan Casanova de Los Traidores, una llamativa canción impecablemente arreglada a lo acid jazz. En la enternecedora Canción de muchacho se escucha la voz original del legendario Eduardo Darnauchans, considerado el “Bob Dylan uruguayo”. Gritar, clásico del rock uruguayo de los ochenta y cantada por Gabriel Peluffo, es una irreverente y potente mezcla de tango y punk. Indios, original de la banda brasileña Legião Urbana, e interpretado por Luisa Pereira y Dado Villa-Lobos (guitarrista original de la agrupación) es otro de los triunfos de Rêverie.

El resto de los temas originales de la producción está constituido por Artigas, perteneciente a la banda sonora del film del mismo nombre (la primera experiencia de Supervielle haciéndole música a la gran pantalla); Carrousel y el excelente Forma, donde Supervielle hace gala de un soberbio riff tocado en el piano y apoyado sobre un enérgico ritmo de hip-hop.

El álbum cierra con Un poco a lo Felisberto, una pieza instrumental dedicada al escritor Felisberto Hernández cuyo único protagonista es el piano. Supervielle, quien se confiesa admirador de la música hecha por los “impresionistas” franceses Fauré, Debussy y Satie, quizá le esté rindiendo un tributo a estos compositores, quienes escribieron muchas piezas para piano inspirados por los poemas de algunos escritores galos.


Rêverie es un verdadero testimonio de talento. Luciano Supervielle demuestra, con apenas su segunda placa como solista, una impresionante madurez, un afinado sentido estético y una audacia estilística que enriquece nuestros oídos y revitaliza la maravillosa paleta sonora que colorea el horizonte musical latinoamericano.


Este es el video de Adónde van los pájaros


domingo, noviembre 13, 2011

Lo que nunca te dije


Estos últimos días han sido difíciles.



Pasó. Una de esas cosas que sabes que pasarán, y que temes a que finalmente pasen, pasó. No hay manera de prepararse para algo que te va a hacer sentir mal, incluso cuando sabes que va a pasar. Como cuando sabes que alguien que quieres va a morir pronto: el saberlo no te ofrece consuelo alguno.

Cuando finalmente lo supe sentí algo que escapa el encierro de los adjetivos. Fue algo frío, lo sentí en el pecho, y se quedó allí hasta quién sabe cuándo. Lo único que puedo decir es que me sentí mucho peor que lo que inicialmente esperaba.

Creo que eso me pasó contigo desde el principio: nunca sospeché lo importante que serías cuando te conocí. Nunca sospeché lo mucho que te querría luego de conocerte. Nunca sospeché cuánto me dolería no tenerte.

Ya sabía que eras especial para mí, pero realmente caí en cuenta de cuánto lo eras justo cuando no te tuve más. Sí, como que es verdad eso de que nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde.

Me convertí en eso, en un cliché: en una frase pajúa de libro de autoayuda, en eso que te dicen mientras te dan un abrazo lento con cara de lástima. Me convertí en un pendejo que llora al escuchar canciones de Carlos Baute.

Pero lo que más me duele de todo esto es lo que nunca te dije. Que te amaba, por ejemplo. Que me hiciste sentir cosas que nadie más me ha hecho sentir. Que me hiciste volver a creer en el amor. Que pasé de ateo a creyente de esa religión de los que se agarran de manos y se hacen promesas eternas.

Se me acabaron las sonrisas, se me acabaron las ganas de comer dulce a media tarde. Envidio a los que van juntos al cine, a los que aparecen con alguien en la foto de su perfil en Facebook. Me convertí en un cínico al que la vida le sabe a mierda.

Pero lo que más me duele, más incluso que no tenerte, es nunca haberte dicho que te amaba. Cosa que nunca antes le había dicho a alguien. Cosa que nunca antes había podido decirle a alguien. Yo creía que había amado antes, pero para amar verdaderamente necesitas que la otra persona también te ame. Eso del amor one-way no existe: lo que tú y yo teníamos era un viaje compartido que iba y volvía hacia el mismo lugar.

Lo peor de todo es que no te guardo rencor. En situaciones como esta siempre es más fácil agarrarle arrechera a lo demás, pero no. La arrechera es conmigo. Y por nunca haberte dicho lo que nunca te dije.

Que te amaba, por ejemplo.

Lo que más me duele es querer decírtelo ahora: justo cuando ya no sirve para nada.

martes, noviembre 01, 2011

Picasso y Marie-Thérèse: una inspiración apasionada



I see you before me my lovely landscape MT
and never tire of looking at you,

stretched out on your back in the sand,

my dear MT, I love you.

PABLO PICASSO
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El cuerpo desnudo de una mujer acostada: su cabeza reposa sobre su brazo derecho; las líneas de su rostro expresan el éxtasis posterior al amor de los cuerpos; las curvas de sus senos y el triángulo escondido de su pubis completan el primer retrato de placer y sumisión, inocencia y lujuria que muestra Picasso et Marie-Thérèse: L'amour fou en la Gagosian Gallery de Nueva York.


I. El encanto de una explosión creativa

París, 1927: Picasso ve a una chica rubia salir de una estación de metro. Se le acerca y le dice: "Soy Picasso, tú y yo vamos hacer grandes cosas juntos". La chica muestra señales de desconcierto: no conoce a quién le está hablando. Picasso, con el ego ciertamente herido, la lleva a la librería más cercana para mostrarle su trabajo. Ella mira con atención las fotos que el artista le muestra. Al final de este improvisado encuentro, termina fascinada por la obra y deslumbrada por su autor. Días después ella visita a Picasso en su estudio, éste comienza a pintarla y ambos comienzan a amarse. Así se daría inicio a una de las pasiones más prolíficas e influyentes de la historia del arte moderno.

La relación entre Marie-Thérèse Walter y Pablo Picasso duraría poco más de diez años: desde 1927 hasta 1937, pero por décadas permaneció oculta como un secreto muy bien guardado. Walter no sólo fungiría como amante de Picasso (quien estaba casado en ese momento con la bailarina Olga Khokhlova) sino también como una de sus musas más importantes. Tan relevante fue su presencia en la carrera artística de Picasso, que éste llegó a confesar que Marie-Thérèse le había salvado la vida. La frase dista de ser exagerada: basta con mirar el antes y el después de Marie-Thérèse en la obra del pintor malagueño para apreciar el efecto de su inspiración.

Walter le brindaría un nuevo aliento al discurso de Picasso. Su cuerpo lo inspiraría a la experimentación con nuevas formas. Si bien Picasso comenzó por retratar a Walter de manera bastante realista, éste luego se dedicaría a trabajar con nuevos planos. En este sentido, hasta la silueta física de Walter representa una influencia en sí misma. Basta con ver algunas fotos mostradas en la exhibición para entender cómo el mismo Picasso explotaría sus rasgos -nariz afilada, frente corta, senos y muslos voluminosos- para desarrollar un innovador lenguaje que lo catapultaría como uno de los artistas más originales e influyentes del siglo XX. Picasso, re-imaginando a Walter, terminaría por re-inventar su arte.


II. Exhibición de una pasión oculta

L’amour fou, curada por el notable biógrafo de Picasso, John Richardson, y por la nieta de Marie-Thérèse, la historiadora de arte, Diana Widmaier Picasso, revela las diversas facetas por las que pasó Pablo Picasso a lo largo del período en que amó a Walter. La exhibición pudiera dividirse en tres segmentos: “realista” (compuesta por retratos, dibujos, esculturas), “abstracto” (pinturas que emplean un lenguaje menos lineal) y el “cubista” (los retratos más fascinantes de la muestra). En cada uno de ellos Picasso despliega a la vez un impresionante dominio y una asombrosa versatilidad a la hora de enfocarse en su único objetivo: representar a su objeto amoroso.

A lo largo de estas etapas se siente ese impulso experimental y arriesgado que llevaría a Picasso a convertirse en uno de las figuras más revolucionarias del arte moderno. En algunos de los cuadros realizados a finales de la década de los 20 destaca una marcada aproximación abstracta en la interpretación de Walter pero luego, desde comienzos de los 30 hasta cerca del final de la década, Picasso se inclinaría hacia cierto realismo que muchos han identificado como un antecedente natural de lo que luego se denominó como cubismo.

Los retratos de Walter al final de la década de los 30 son los más hermosos que se muestran en la galería. Aunque fundamentales, estas imágenes sólo logran actuar como complemento a lo que en definitiva es la verdadera esencia de la muestra: la expresión de una pasión. Las obras más impactantes que se exponen en la Gagosian Gallery son las que presentan -en diversas formas, técnicas y colores- la silueta desnuda de Walter: sumisa, placentera, dócil, vulnerable.

Célebre por su condición de mujeriego, Picasso, quien engañó a su esposa con Walter, luego engañaría a esta con Dora Maar -una fotógrafa surrealista. Algunos de los estudiosos de la vida del artista resaltan la importancia de Walter incluso comparando los cuadros que le dedicó a Dora: mientras a ella la pinta en sus retratos con tonos lúgubres y oscuros, a Walter la colorea con tonos mucho más brillantes y luminosos.

La marca que Walter dejó en la obra de Picasso sigue haciéndose sentir. No sólo su rostro aparece en tres ocasiones en el Guernica (1937), una de las pinturas más monumentales e icónicas del artista malagueño, sino que uno de los cuadros que ella inspiró, Nude, green leaves and bust (1932), fue vendida por 106,5 millones de dólares en una subasta de arte realizada en mayo del 2010.



No creo que haya otra exposición de arte que me haya marcado tanto como esta. Cada vez que terminaba de verla (fui a verla en cinco ocasiones), salía de la Gagosian con una extraordinaria sensación de placidez, fascinación y encanto. Un efecto que quizá sólo pueda ser explicado tras haber presenciado una obra maestra dedicada a expresar ese impulso que conduce el amor a la locura, ese instinto que logra anular nuestras mentes, esa fuerza que nos convierte en animales capaces de lograr lo imposible: eso que llaman deseo.

viernes, octubre 21, 2011

Jay-Z & Kanye West: a tale of well-earned supremacy


It took me a while to get into Jay-Z and Kanye West’s collaborative effort Watch the throne (2011) –at least me more than I did with Kanye’s masterpiece My dark twisted fantasy (2010). And even though I wish I didn’t have to compare these two records, it’s really hard not to. I guess that’s what happens when you listen to an album that comes after a great one -you kind of expect some sort of continuity to that greatness. But when you end up listening to something different than what you first expected, confusion comes in (and even with a little disappointment). Nonetheless, when you finally start to enjoy what you hear, you can’t but celebrate what these two hip-hop titans have managed to achieve with this record. Watch the throne moves between that ambitious sense of avant-garde present in My dark… and a sound more inclined to Jay-Z and Kanye’s comfort zone. The result comes out as much more than the sum of its parts. That been said, Watch the throne manages to become that sequel of greatness -it’s just a different one from what you were expecting.

This is the video for Otis

martes, octubre 18, 2011

Ocean’s kingdom: un ballet para el reino de los océanos


--> El inicio de la temporada de una organización cultural aspira a ser un acontecimiento que presente el potencial de lo que va a ofrecer a lo largo de ese ciclo. Para esa ocasión suele ofrecerse la première de una producción o, en todo caso, una cuyo carácter sea elocuente de lo que esa compañía representa. Más que una experiencia, el opening night de una compañía cultural es una declaración de principios.

I. Génesis de una colaboración

Durante una de las galas de la School of American Ballet, Peter Martins, Director de esa institución y Ballet Master del New York City Ballet, conoció a Paul McCartney y le preguntó si estaría interesado en componerle la música a un ballet. Aunque el músico británico, una de las personalidades creativas más inquietas e interesantes de las últimas décadas, había ya compuesto música para orquestas (su catálogo incluye dos oratorios, un poema sinfónico y un álbum de piezas cortas), ésta sería la primera vez que escribiría para el arte de la danza.

McCartney había comenzado a trabajar en la música para un film sobre los océanos dirigido por Jacques Perrin, pero dicho proyecto no llegó a materializarse. Luego de aceptar la invitación de colaborar con Martins, quien fungiría como el coreógrafo de la obra, McCartney se dedicó a trabajar sobre el material ya existente para completar el score de Ocean’s kingdom, título del ballet que abriría la temporada 2011-2012 del New York City Ballet.

El ex-beatle confesó sentirse emocionado al asumir el proyecto: “Siempre he estado interesado en aproximarme hacia nuevas direcciones en las que no he trabajado antes, así que la idea comenzó a emocionarme. Lo que me pareció interesante fue escribir una música que narrara una historia en lugar de que solamente fuese una canción. Ese intento de escribir algo que expresara emociones como miedo, amor, ira, tristeza, fue lo que me pareció más excitante y desafiante.”

Peter Martins también aceptó la empresa con entusiasmo. El ex-bailarín ha sido conocido por coreografiar piezas abstractas de compositores contemporáneos como Wynton Marsalis, Esa-Pekka Salonen y John Adams, de manera que contar una historia a través del baile constituyó un interesante reto: “El desafío entonces se trataba de desarrollar escenas dramáticas o románticas a través de la coreografía”, apunta Martins, quien admite la influencia de su maestro George Balanchine y su otrora colega Jerome Robbins en desarrollar bailes con énfasis en movimientos.

Paul McCartney no sólo se dedicaría a componerle la música a este ballet, sino que también escribiría su libreto. El músico de Liverpool incluyó en la producción a su hija, la destacada diseñadora de modas Stella McCartney, para que se encargara del vestuario –su primera experiencia diseñando para las artes escénicas. Ella trabajó de cerca con Martins y sus bailarines para entender sus movimientos, destacar su figura y preservar la visibilidad de sus piernas.

La participación del compositor en el desarrollo del ballet fue extraordinaria desde el principio. No sólo escribió el libreto, dibujó bocetos para el escenario, sugirió detalles para el diseño del vestuario y hasta propuso algunos pasos para la coreografía, sino que también presenció cada uno de los ensayos, donde aprovechó para conversar con los bailarines y escuchar sus impresiones. La estampa de Paul McCartney estaría omnipresente en la producción.


II. Un espectáculo aburrido

Al leer en el programa la trama de la pieza resulta evidente que la obra intenta recrear un ballet clásico del siglo XIX, de esos que inmortalizara la mítica dupla Petipa-Tchaikovsky. Sin embargo, la manera en la que está planteada dicha narrativa también ofrece algunos indicios de la inconsistencia de la producción. En pocas palabras, no hacía falta ni siquiera ver el ballet para sospechar su carácter plano, confuso y débil.

Ocean’s kingdom consiste de un clásico cuento de hadas en el que habitantes de un mundo acuático se ven amenazados por intrusos de un mundo terrestre. En medio de esa tensa atmósfera, Princess Honorata (hija del King Ocean) y Prince Stone (hermano del King Terra), personajes del mundo del mar y la tierra respectivamente, se enamoran desencadenando un enfrentamiento entre los dos mundos.

La historia de por sí presenta muchos flancos. El personaje ambiguo de Scala, quien primero denuncia la relación entre Honorata y Stone, pero que luego lucha (y hasta muere) para que se consolide su amor, no estuvo bien construido en términos de libreto, música y hasta de vestuario. El carácter “siniestro” de su personaje, indicado en el programa, nunca se hace sentir.

La falta de conexión entre libreto (simplista), música (plana) y coreografía (mediocre) constituye la falla más notable del ballet. Ninguno de esos elementos pareció estar en sincronía con el otro. El vestuario fue uno de los pocos aspectos de la producción que ofreció ciertas conquistas. Salvo la escogencia del color de los vestidos en el segundo movimiento (demasiado vistosos), me parece que en general la propuesta estilística de Stella McCartney logró conferirle cierta modernidad y una atención al detalle que ni la música ni la coreografía supieron ofrecer.

El escenario consistió de proyecciones digitales desarrolladas por S. Katy Tucker, quien ha trabajado en instalaciones de arte y producciones teatrales. El diseño de dichas proyecciones estuvieron basadas en ilustraciones que Paul McCartney hizo “mientras viajaba sobre el océano en un vuelo transatlántico”. Aunque la iluminación y las proyecciones cumplieron su función de establecer el marco visual de la obra, debe destacarse que para un ballet cuyos costos de producción bordearon los 800 mil dólares, uno esperaba observar un montaje más llamativo.

El score de McCartney, cuyos 48 minutos de duración están divididos, en vez de actos, en cuatro “movimientos”, hizo buen uso de los vientos-madera, pero los arreglos para la percusión estuvieron mal planteados (el uso de la pandereta en un pasaje de la obra terminó siendo excesivo y la imponente presencia de los timpani rara vez fue aprovechada.) Tampoco se explotó el potencial expresivo del resto de los recursos orquestales. En conclusión, no se administraron de manera eficiente los matices sonoros que pone a disposición un ensamble sinfónico.

Aunque la música ofrezca algunos buenos momentos (el principio del primer y tercer movimiento, la mayoría del cuarto), la mayoría de la pieza es irrelevante, blanda, nada memorable. Además, el carácter expresivo de la música es débil: en los pocos momentos de suspenso o tensión, el score no cumple su función de dictar el contexto emocional de la historia. Si bien en el pas de deux del tercer movimiento el romanticismo de McCartney se hace sentir, en los pasajes que demandaban cierta oscuridad la música tiende a ser insuficiente. A esta música le faltó malicia.

Jennifer Homans, ex-bailarina, historiadora y autora del best-seller Apollo’s angels, catalogó de “aburrida” la coreografía de Peter Martins. Difícilmente exista otro adjetivo más apropiado para describirla. Aún en el pas de deux, uno de los pocos momentos notables del score, la coreografía de Martins no le hizo justicia: resultó sosa y falló por expresar la magnificencia que la música y la historia demandaban. Salvo en los pocos momentos acrobáticos, hubo pocas oportunidades para desplegar el indudable talento del cuerpo de bailarines del New York City Ballet.

Ocean’s kingdom generó expectativas muy altas. Tanto en blogs de música clásica, danza y moda podía sentirse un genuino entusiasmo por cómo la música de McCartney iba a expresarse usando el lenguaje de la danza. Es muy probable que el New York City Ballet lo haya escogido para abrir su temporada por el prestigio de las figuras involucradas. La producción en efecto logró una buena asistencia, pero la crítica castigó su mediocridad generalizada a lo largo de severas reseñas.

Debo reconocer que sentí una profunda decepción al salir del teatro. Nunca esperé tener las impresiones acá registradas. El mismo renombre de personalidades como McCartney y Martins, y de instituciones como el New York City Ballet, fue en definitiva lo que motivó a que esperara por unos altos estándares de calidad artística que Ocean’s kingdom ni siquiera estuvo cerca de cumplir.


Acá pueden ver un video donde Paul McCartney y Peter Martins discuten su colaboración
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jueves, septiembre 29, 2011

Theophilus London: a matter of form


In these days of the Internet age, you can get to know a musician’s work without even hearing his first LP. Artists nowadays can just edit tracks, post videos and EP’s through their websites or blogs without the aid or large conglomerates. Theophilus London gained notoriety releasing a series of EP’s before editing his first official album: Timez are weird these days (2011). This production sounds like a natural sequel to what London has offered us before. His sophisticated-stylish-glamorous hip-hop remains strong and fearless. However, it lacks the freshness and inventiveness found in his previous efforts. Timez are weird these days is not a bad record, it’s actually very good, but after being witness of the originality present in his first work, one can’t help but feel a little disappointed. That being said, this record, more than a statement, works best as a promise. Don’t get me wrong, London has made very good music –I’m afraid we would just have to wait for “great”.

This is the video for Why even try featuring Sara Quin

martes, septiembre 27, 2011

O algo


Ahí viene.

Sí, es ella.

¿Le digo algo?

¿La saludo?

Pero es que si no la conozco.

Mejor no digo nada (como siempre)

Haz algo (como nunca)

Está más cerca.

No mires hacia abajo.

Casi, casi.

"Hola".

"Hola", dice ella.

Y sigue de largo.

Y yo me quedo ahí, parado.

"¡Hey!"

Ella voltea.

No tiene muy buena cara.

¡Di algo, pues!

"Sólo quería presentarme, me llamo Victor y trabajo en el departamento de Producción".

No dice nada.

Me mira algo confundida.

Pero no de mala manera.

Me dice su nombre.

"Mucho gusto".

Sigue allí, aunque parece que estuviera a punto de irse.

"Si quieres tomarte un café... uno de estos días... o algo..."

Saco de mi cartera y le doy una tarjeta de presentación.

"Ok", dice.

Y se va.

¿"Uno de estos días"?

¿"O algo"?

¿Qué coño es "o algo"?

¿Para cuándo más o menos es eso de "uno de estos días"?

¿Por qué coño dijiste "o algo”?

¿Qué carajos se supone que significa eso?

¿Que coño va a pensar de ti ahora?

¡Mejor no hubieses dicho un coño!

¡Un coño hubiese sido mejor que "o algo"!


El jurado emite su veredicto:

eres un estúpido.


El estúpido está contento:

sigue caminando orgulloso de su inesperada y arriesgada estupidez.

domingo, septiembre 04, 2011

Russian Red: music of certain freshness


Naturalness seems to be an underestimated feature in music. We just don’t appreciate very much those songs that seem to have been written with easiness and spontaneity. This is all very speculative, I’m afraid. In the end, we could just guess how a musician writes his songs. But listening works as a great tool to theorize. Sometimes, when you listen to certain songs, you just know how they could have been written. Take, for instance, the group of songs included in Russian Red’s magnificent latest record, Fuerteventura (2011). Its heart-wrenching songs, sang by her enchanting voice seem to have come out from the definitive impulse of honesty. Fuerteventura is one of the most captivating records I’ve listened to this year: these songs refresh our feelings and relief our sorrows. This is art as a product of the sensibility of truth.

This is the video for I hate you but I love you