miércoles, septiembre 04, 2013

David Bowie: maestro de intriga



Pocos artistas del pop han tenido tanta conciencia del poder de la imagen como David Bowie.

Nacido en Brixton, Inglaterra, David Jones siempre quiso ser artista. Lo que resulta más admirable de su historia es que quien luego hiciera llamarse David Bowie no era un chico excepcionalmente talentoso. Al contrario, al reconocer esta condición, su verdadera hazaña está representada en el trabajo duro que invirtió en convertirse en artista. Desde muy joven, Jones hizo gala de una férrea ética de trabajo.

Esta intencionalidad de transformarse en lo que quería convertirse supone una planificación consciente. Y esta faceta no sólo es exclusivo de su música, sino también de su imagen. Lo que quizá haga a Bowie uno de los artistas más importantes de los últimos tiempos fue su inquieta curiosidad, que logró materializarse en constantes cambios a lo largo de su carrera. Su música mutó muchas veces, pero también la manera en cómo la presentó.

Con tan sólo ver una determinada fotografía de Bowie puede intuirse en qué período se encontraba: cantautor bohemio (Space oddity, The man who sold the world, Hunky dory), el personaje de kabuki a lo ciencia ficción de Ziggy Stardust (The rise and fall of Ziggy Stardust, Aladdin sane, Diamond dogs, Pin ups), el clásico ejemplar de la era de Weimar de The Thin White Duke (Station to station), adulto rockero (Tin Machine), yuppie (Let´s dance, Tonight), gótico (Earthling, 1. Outside) y elegante cincuentón (Reality, Heathen).

La edición del The next day (2013), el primero disco que edita en diez años, es digno de tomarse como caso de estudio por cualquier escuela de marketing. Bowie, una de las personalidades más mediáticas de la música de repente optó por encarnar un bajo perfil durante la última década. Su anterior entrega, Reality, fue editada junto a una gira que se interrumpió y que luego se canceló debido a un ataque cardíaco que amenazó seriamente su vida.

Desde entonces, así como Bowie decidió hacer un voto de silencio, los rumores gozaron de una importante vitalidad. En reiteradas ocasiones se llegó a decir que la salud de Bowie estaba tan deteriorada que llegó a estar al borde de la muerte. Aunque dicho rumor no resulta para nada descabellado, considerando que Bowie sufrió de una fuerte adicción a la cocaína a lo largo de la década de los 70, varios allegados a él, entre ellos Tony Visconti (productor de muchos de sus álbumes más consagrados), aseguraban que estaba bien de salud.

El cine y la televisión se convirtieron en una especie de refugio mediático, y la única plataforma pública, para el enigmático artista. Participó en los films Basquiat (donde interpretó a Andy Warhol), The prestige y Zoolander. En la televisión tuvo participaciones muy destacadas, como la hilarante actuación que ofreció en el show Extras, de Ricky Gervais, y su inesperada inclusión en la tira animada Bob Esponja.

Los únicos indicios de alguna información de Bowie estaban representados por imágenes tomadas por paparazzi que mostraban a Bowie paseando con su hijo o caminando con su esposa, la supermodelo y empresaria Iman por SoHo, el barrio neoyorquino donde actualmente viven. En fin, Bowie aparentemente vivía una vida familiar, tranquila. Su esposa llegó a decir que el actual interés creativo de Bowie era la pintura, oficio que nunca llegó a abandonar.

Para ser justos Bowie nunca anunció su retiro, más bien fue una decisión que se infirió. Aquí es cuando empieza a surgir cierta intriga, centrada alrededor de una interrogante que angustiaba a sus seguidores y fanáticos de la música en general: ¿acaso Bowie no escribirá más música nueva?

Esta intriga ostenta, desde mi opinión, muchas fortalezas: primero te mantiene interesado por cualquier información, veraz o no, de la persona que permanece en silencio. Más en tiempos como estos en los que gracias a cuentas de Twitter, actualizaciones en Facebook o recurrentes bombardeos de promoción, la información sobre los quehaceres de cualquier artista llegan a saturar el interés que se pueda tener sobre él.

Bowie, siempre el innovador, se mantuvo en el otro extremo: el del más denso misterio.

De repente, en los primeros días de febrero del presente año, Bowie anuncia el lanzamiento de un disco inédito junto a la publicación de un video del primer single: Where are we now? El anunció sorprendió y emocionó a millones de personas que nunca perdieron la esperanza, a lo largo de una década, de escuchar música nueva de su ídolo. Mientras más se sabía del álbum, más eran las interrogantes que surgían: ¿cómo hizo Bowie para mantener en total secreto un disco que tomó dos años en hacerse?

Acá otra muestra de la maestría de la intriga de Bowie: hasta el momento no ha expresado ni una palabra sobre su nuevo trabajo. Luego de solicitarle a sus colaboradores silencio absoluto sobre las sesiones de grabación, le dio luz verde a ellos mismos para que compartieran la información con los medios. Inmediatamente salieron publicadas numerosas entrevistas con el productor Tony Visconti y algunos de los músicos que tocaron en las sesiones de grabación. Los datos son reveladores, pero nutren aún más el misterio. Sus testimonios son interesantes, pero incompletos. Ellos sólo estuvieron presentes en dos semanas de grabación. Del resto no sabemos, y quién sabe si alguna vez lo haremos.

A todo esto se añade la exposición en Inglaterra de una selección de más de 75 mil accesorios de la carrera de Bowie: vestuarios, zapatos, fotos, videos, instrumentos, etc. La exposición se inauguró el 23 de marzo y fue anunciada hace apenas seis meses antes del evento. ¿Fue todo esto parte de una estrategia orquestada detalladamente por Bowie? ¿Casualidad o causalidad?

De nuevo, la intriga es infinita y funciona perfectamente como una fuente de curiosidad que pareciera nunca saciarse. Con todo esto, Bowie ha demostrado que aún sin editar un disco nuevo nunca perdió relevancia ni notoriedad. Allí reside la maestría de su manejo de la intriga, en la formación de preguntas, inquietudes y misterios.

Mientras tanto, la intriga nos mantiene expectantes. Si a las estrellas las rodea cierto aura, el de Bowie es uno de encantador e irresistible misterio.

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