viernes, enero 15, 2016

David Bowie y Gustavo Cerati: genios orbitando en paralelo




David Bowie y Gustavo Cerati son dos de mis ídolos absolutos. Escuchar su música y estudiar sus vidas se ha convertido en una obsesión enriquecedora: ambos me inspiran profundamente. Al leer sobre ellos, no puedo evitar por identificar paralelismos en sus vidas, coincidencias que nutren aun más la genuina admiración que siento por ellos. 


Eclécticos desde el principio 

Gustavo Cerati comenzó en la música desde niño, tocando su guitarra para un grupo de su iglesia y contando como influencias tempranas a luminarias del pop latino como Roberto Carlos… hasta que escuchó a Jimi Hendrix. A partir de allí todo cambió, evolucionando como guitarrista en bandas de estilos como folklore, reggae, blues, disco y hasta cabaret. Los primeros pasos de Bowie en la música fueron como saxofonista en bandas de R&B y soul. (A esa edad soñaba con tocar el saxo para la banda de su primer Dios: Little Richard.) Su primera banda la tuvo a los 15 años: the Konrads, y luego formaría parte de los King Bees, the Lower Third, the Manish Boys, the Buzz y the Riot Squad, entre otras. Estas exploraciones sonoras en sus comienzos pavimentaron los arriesgados caminos musicales que luego emprenderían en sus respectivas trayectorias. 

Amantes de la palabra 

Cerati anotaba en un cuaderno palabras que leía en diccionarios y que le llamaban la atención. Bowie tenía un apetito voraz por la literatura. (Compraba tantos libros por Amazon que tuvo que inventarse sobrenombres para que el correo no descubriera quién hacía esas órdenes. Acá pueden leer la ecléctica lista de sus libros favoritos.) Para su penúltimo disco, The next day, el único material que compartió sobre su proceso creativo fue una lista de palabras. A Cerati le costaba muchísimo escribirles las letras a sus canciones porque, entre otras razones, las palabras bajaban la música a tierra, por lo que él apelaba a metáforas y a cierto lenguaje figurado para que la música siguiera volando…Más que meramente compositores, Bowie y Cerati eran sastres de poesía, pues vestían de letras las notas que entonaban. 

Antes que todo, Pop 

Si bien Bowie y Cerati llegaron a armarle trajes llamativos, eclécticos e impresionantes a sus músicas, ambos eran bastante enfáticos en afirmar que lo que ellos hacían era, antes y por encima de cualquier etiqueta, pop. Bowie llegó a afirmar que se consideraba bien conservador al momento de hacer música. De hecho, llegó a confesar que su apego por las melodías tenía su origen en la simpleza de la música hecha en el siglo XIX. Cerati coincide con su ídolo británico en ese respecto: a él lo que le preocupaba era hacer buenas canciones. Por muy complejas que parecieran ser sus canciones a una primera escucha, si uno realmente las analiza en profundidad lo que se encuentra es con temas de pop muy bien hechos.

Crear en conflicto 


Por muchos años, tanto Cerati como Bowie pensaban que sólo podían crear en circunstancias conflictivas. Ambos se obligaban a hacer música en situaciones incómodas, lejos de indulgencias y complacencias. “Me auto-torturé para conseguir una emoción”, llegó a decir el músico argentino; mientras que el inglés reconoció que creaba a partir de conflictos en su propia vida. El resultado quizá se les fue de las manos: ambos confesaron vivir dramas desproporcionados, tanto a nivel personal como profesional. En edades ya más maduras, ambos reconocieron que podían crear en otras condiciones, unas que seguramente les serían menos nocivas.

Directores de (su propio) arte 

Ningún otro artista del pop en los últimos cuarenta años ha tenido tanta conciencia del poder de la imagen (y ha sido tan influyente con ella) como David Bowie. Las portadas de sus discos identifican cada faceta de la carrera del músico británico. Cerati también se esmeró por diseñar una sofisticada apariencia que acompañara cada etapa de su trayectoria. Ésta quizá sea una lectura muy personal, pero encuentro una especie de tributo de Cerati a Bowie en el traje diseñado por Pablo Ramírez que vistió para sus 11 episodios sinfónicos, es como un guiño a la chaqueta que cubre a Bowie diseñada por Alexander McQueen que aparece en la portada de Earthling. Esta atención al detalle en la imagen fue lo que convirtió a este par de genios en mucho más que músicos: íconos.

Voces que contienen a muchas


Yo siento que a la voz de Bowie no se le ha dado el respeto que merece. Debe ser que la parafernalia que él mismo diseñó alrededor de su música opaca al resto de sus talentos, pero su capacidad vocal es extraordinaria (especialmente en temas como
Wild is the wind, Life on Mars, Slip away). La voz de Cerati es igualmente excepcional. Artistas de la talla de Mercedes Sosa y Pedro Aznar elogiaron su dulce timbre. Bowie aplicaba cierta teatralidad en su manera de cantar: en varios de sus temas se pueden escuchar varios personajes (Ashes to ashes, Where are we now, Let’s dance). Cerati también tenía la habilidad de encarnar varios roles con su voz: sexy (Amo dejarte así), desgarrador (Crimen, Té para tres), reflexivo (Vivo), tierno (Otra piel, Puente), épico (Prófugos, Lago en el cielo), onírico (Vuelta por el universo, He visto a Lucy), lúdico (Te llevo para que me lleves). Bowie y Cerati, más que cantantes, eran estupendos intérpretes vocales.

Una genial auto-conciencia

Otra cualidad que comparten Bowie y Cerati es la impresionante lucidez que tuvieron sobre su propia obra. El análisis que hacen de su propia música es ciertamente brillante. Además de que siempre estuvieron abiertos a revelar las fuentes de sus procesos creativos e incluso a ser brutalmente honestos cuando alguno de sus discos llegó a decepcionar a su audiencia. Si se quiere llegar a tener un entendimiento profundo de la obra de estos dos gigantes, no creo que haya mejor táctica que la de recurrir a sus propios testimonios. En las entrevistas y biografías que se han publicado sobre estos dos genios existe una inmensa cantidad de sabiduría y un altísimo nivel intelectual. (Dos ejemplos:
Cerati, Bowie).


La esponja Bowie, la antena Cerati 

Una de las cualidades más llamativas dentro de la noción de artista que comparten Bowie y Cerati era su agudeza. Tanto el inglés como el argentino se consideraban individuos perennemente curiosos y atentos a los tiempos en que vivieron y a los contextos que los rodearon. Bowie admitía que a él le fascinaba absorber y coleccionar elementos que capturaban su interés, mientras que a Cerati le gustaba fungir como una especie de “antena”, recogiendo y por extensión filtrando situaciones, sentimientos y tendencias que percibía en su entorno. Cerati y Bowie fueron caleidoscopios musicales que reflejaron la cultura de la que fueron partícipes.

Exitosos en lo experimental y lo popular 

Bowie y Cerati fueron artistas tan talentosos y atentos al momento en que vivieron que fueron capaces tanto de desafiar las expectativas de sus seguidores (editando material experimental), como de satisfacerlas (editando música ostensiblemente comercial). En el caso de Bowie, sus discos más experimentales (Low, 1. Outside, Blackstar) son consideradas producciones altamente influyentes, mientras que los de Cerati (Colores santos, Bocanada) son considerados hitos del rock en español. Ahora, cuando ambos se propusieron la seducción de grandes públicos, también lo lograron de manera impresionante. No hay un disco más elocuente de la búsqueda (y la obtención) del éxito comercial por parte de Bowie como Let’s dance, la placa que vendió más copias en toda su discografía. En el caso de la carrera de Cerati, ese disco vendría a ser Ahí vamos, cuya cálida respuesta contrastó notablemente con la tibia recepción que tuvo su antecesor Siempre es hoy. Para Bowie y Cerati, el éxito no les fue esquivo en ninguna arena.

Líneas que casi se tocan 

Cerati nunca ocultó la gran admiración que sentía por Bowie. Y sus caminos, aunque no llegaran a cruzarse directamente, estuvieron efectivamente muy cercanos. Estando en Soda Stereo, Cerati trabajó con Carlos Alomar, el guitarrista que participó en la mayor cantidad de grabaciones de Bowie y que fungió como productor del álbum Doble vida, grabado en Nueva York en 1988. En ese disco tocó Lenny Pickett, saxofonista que grabó con Bowie en Tonight y su gira, Heathen y el tema Dancing in the street con Mick Jagger. En las sesiones de grabación de Fuerza natural, el baterista Sterling Campbell participó como músico invitado, quien giró en la banda de Bowie por 14 años. Asimismo, el productor venezolano Héctor Castillo, quien trabajó con Bowie en Earthling y en la mezcla de Heathen y Reality, trabajó con Cerati como productor en Fuerza natural y como ingeniero de mezcla en Ahí vamos. No puedo dejar de sospechar que, para Cerati, trabajar junto a estos músicos fue una manera de acercarse a uno de sus ídolos.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Bravo... Las similitudes son muchas... Bowie Maestro del Gran Cerati... es indudable que se llena el corazón al encontrar en cada disco o video las similitudes y el poder que se encuentra en ellos...