La vida en un poema escrito en una servilleta. La vida en un Fa sostenido. La vida en una canción reproducida por un iPod. La vida en una nota.

Life on a love poem written on a napkin. Life on a F-sharp. Life on a tune played by an iPod. Life on a note.

sábado, julio 19, 2014

Lo-Fang: wandering around the tonalities of melancholy



Matthew Hemerlein, aka Lo-Fang, is a hugely talented musician. Not only does he play several instruments, but he also writes and sings skillfully.
Blue film (2014), his first solo album, is a collection of highly stylized, painstakingly crafted and superbly produced tunes. His arrangements are impeccable, and they manage to imbue the songs delicate atmospheres that propel the sentiments its lyrics carry. Blue film is an astonishing material –it makes you go back to it, and it encourages you to discover its precious gems. It doesn’t sound like a debut at all, it comes instead off as a work made by an experienced artist. This is the main surprise of the album: it is so well done you are left wondering how Hemerlein was able to pull this off. You may not get any answer after you listen to his music, but you certainly end up enchanted by it. 

This is the video for Look away

viernes, julio 18, 2014

Nostalgia en blanco y negro: Cruz-Diez en Buenos Aires



Carlos Cruz-Diez es el artista plástico venezolano que más admiro. Y no sólo porque me encanta su fascinante obra, sino porque también hay mucho de su personalidad que resuena en mí: Cruz-Diez es un maestro que me cae muy bien.

En las dos veces que he tenido la oportunidad de estar cerca de él, he quedado profundamente impresionado por su intelecto y por su verbo. Al terminar de escucharlo me provoca ir a abrazarlo como si fuera un familiar cercano o un amigo. 

Sí, a Cruz-Diez lo admiro profundamente, y también lo quiero. 

En estos días me enteré de que en el Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires (MACBA) se estaba exhibiendo un conjunto de fotografías en blanco y negro de Cruz-Diez: una faceta que quizá no sea la más conocida del artista. Sin embargo, no lo pensé dos veces para ir a verla. 

¿Qué se siente ver a Venezuela desde afuera?

Desde que entré al museo las fotografías de Cruz-Diez tuvieron el mismo efecto en mí que cualquier otra de sus obras: me impresionaron. Las piezas fueron tomadas entre los 40 y los 80, período durante el cual el venezolano desarrollaba el discurso artístico que lo ha caracterizado. 

En varias de las imágenes más tempranas ya puede intuirse la sensibilidad visual y el cuidado geométrico de la obra que crearía más tarde. Tanto en términos de composición (paisajes de Holanda, Francia y España) como de los objetos que retrata (campesinos venezolanos, Diablos de Yare), las fotos de Cruz-Diez se me hicieron bastante cercanas al foto-reportaje de Cartier-Bresson.

El color también está presente: hay muchas tonalidades que oscilan entre el blanco y el negro de sus fotografías. Los ángulos y las perspectivas (Washington Bridge, Estatua de la Libertad) también asoman el protagonismo que luego revestiría el movimiento en su propuesta de arte cinético. 

Más allá del delicado manejo estético y la afinada administración de las proporciones, omnipresentes en las fotografías exhibidas, hubo otro componente ineludible que acaparó mi experiencia de ver a Cruz-Diez en Buenos Aires: la nostalgia.

Pronto cumpliré cinco años viviendo fuera de mi país. Y me sigue doliendo. Me ha ido bien viviendo fuera, pero me temo que me siento incompleto. Hay veces en que se me ha hecho emocionalmente abrumador escuchar ciertas canciones de Simón Díaz o leer algunos poemas de Eugenio Montejo; porque así es la nostalgia: ataca como un pinchazo sin previo aviso. 

¿Qué se siente ver a Cruz-Diez en Buenos Aires?

Ver esas fotos en blanco y negro fue más que ver a un país antiguo: fue ver a un país lejano. Cruz-Diez, en un video que muestra una entrevista en la que habla sobre sus fotos, menciona que en los 50 se iba con su amigo Aquiles Nazoa para los barrios de Caracas, pues querían ser testigos y reporteros de la pobreza caraqueña.

Esas fotos en particular ostentan un inquietante tono premonitorio, pues retratan como una especie de advertencia para esa fractura social que ha padecido Venezuela a lo largo de las últimas décadas. 

¿Qué se siente ver a Venezuela en un museo extranjero?

No sé, no puedo describir qué fue lo que sentí al salir del museo. Lo único que puedo hacer es remitirme a hechos y frases cursis pero ciertamente genuinas:

Vi las fotos, a cuatro pasos, con un delgado vidrio de por medio, rodeado por un silencio, a veces interrumpido por pasos de pies sobre madera y gemidos de aire acondicionado. 

Salí con el corazón arrugado, y volviendo a hacer práctica de ese suspiro interminable, de esos que siguen aunque ya no haya aire.

¿Qué es lo que duele cuando se ve a Venezuela desde lejos?

La imposibilidad de regresar. Y no me refiero al hecho concreto de viajar al país de ahora -para eso sólo faltaría un boleto de avión. Me refiero a que esas fotos en blanco y negro me mostraron a un país al que ya no se puede volver: eso es lo que duele. 

jueves, junio 19, 2014

Salir




Uno de los mejores consejos que he recibido en mi vida me lo dio un músico. No recuerdo su nombre, pero sí que era dominicano y que tocaba bajo en un grupo de bachata.

Yo estaba recién llegado a Nueva York, y en lo que él supo eso sintió el impulso de regalarme palabras llenas de una inmensa sabiduría:

“No te quedes en tu casa, Victor. En Nueva York las cosas, o mejor dicho: la vida, pasa afuera.” 

En ese momento yo sólo salía de mi apartamento en Harlem por las mañanas para ir al instituto donde estudiaba. Por las tardes volvía a casa, bien sea para estudiar, trabajar en alguna tarea o simplemente para ver cosas en internet.

Luego de escuchar ese consejo, decidí pasar las tardes afuera, allí donde “la vida pasa”. En ese sentido Nueva York es una ciudad muy generosa: siempre hay algo por hacer, siempre hay un nuevo sitio por conocer. 

Una de esas tardes fui a un café en Williamsburg. El mesero que me atendió me preguntó de dónde era, y yo le dije que de Venezuela. Él me dijo que había tenido una novia venezolana, que le agradaba mucho la gente de ese país. También me preguntó si era escritor, pues me había visto muy concentrado tecleando en mi computadora. Yo le dije que sí, pero que en ese momento estaba buscando trabajo. Él me dio el dato de una página web donde se publicaban vacantes.

Enseguida busqué la página y empecé a enviar CV’s. La semana siguiente obtuve una entrevista para una pasantía en una compañía en Brooklyn. Y tan sólo unos días después me avisaron que había sido seleccionado. 

De ahí en adelante hice varias pasantías y eventualmente fui contratado para trabajar en varias organizaciones. Ese fue el comienzo de los dos mejores años, profesionalmente hablando, que he tenido en mi vida.

Si no hubiese ido a ese café esa tarde y no me hubiese enterado de esa página web… Bueno, no sé, las cosas quizá hubieran sido muy distintas.

Una de las peores semanas que viví en Nueva York fue cuando terminé el curso y casualmente también terminé de trabajar en un par de pasantías. La ansiedad se instaló: no tenía nada qué hacer. Volví a buscar trabajo por varios días, pero sin éxito. Me sentí tan pesimista que hasta pensé en irme de Nueva York. Sin embargo, en ese momento recordé el consejo del dominicano y volví a salir.

Fui a un evento del Festival de Cine de Tribeca y me conseguí con un chamo que había estudiado conmigo. En lo que me acerqué para saludarlo me preguntó qué estaba haciendo. Le dije que nada. Él me dijo que necesitaba ayuda en el festival, así que me incorporé al grupo de voluntarios y viví una semana increíble: en esos días también me avisaron que había sido seleccionado para la pasantía que me llevó a tener el mejor trabajo que he tenido en mi vida.

La vida, en efecto, pasa afuera. Y justamente les escribo esto porque en estos días me acordé de ese maravilloso consejo que me dio el dominicano al ver el capítulo final del programa No reservations de Anthony Bourdain. Antes de despedirse, Bourdain ofreció este sabio consejo:

“Muévanse, tan lejos como puedan, tan seguido como puedan. ¡Levántense del sofá y muévanse!”

Lo que aspiro escribiéndoles este post es motivarlos de corazón a que salgan, a que vayan tras esa vida posible que sólo habita tras el umbral de las puertas de nuestros hogares:


Afuera, allá donde la vida pasa. 

martes, mayo 27, 2014

Lykke Li: a desperate chant to mend a broken heart



Lykke Li is one of the most gifted and interesting female singers nowadays. Her approach to songwriting and the handling of her vocal textures imbue her songs with a very particular stamp. Her latest record,
I never learn (2014), is an outstanding piece of music. The album tells in an endearing way the story of a broken heart –and its writer’s urgent need to heal it. Listening to this music is quite an intense yet rewarding experience. One can almost feel as if Lykke Li were writing and singing these anguished tunes in front of you. These songs will grab you, tear you apart and above all make you feel alive, which is absolutely one of the greatest triumphs any work of art can pull off. I never learn is without a doubt one of the best albums I have listened to this year. 


This is the video for I never learn

viernes, mayo 16, 2014

Un reclamo de altura




En estos días viajé por avión y tuve la magnífica oportunidad de escuchar una particular conversación que se dio minutos antes que despegáramos. Un tipo, que me imagino bordeaba sus treinta años, llamaba para despedirse de su novia. El sujeto no sólo hablaba como si nadie lo estuviera escuchando, sino que también dijo algunas cosas que fueron ciertamente hilarantes –y hasta conmovedoras. Acá les comparto un recuento de lo que alcancé a escuchar.  

- Hola, cariño, ¿ya te habías levantado? 
-…
Bueno nada, que quería decirte que el vuelo está en tiempo y a punto de despegar. Te vuelvo a llamar en lo que llegue a Maiquetía. Te quiero mucho.
-…
- ¿Qué pasa, cielo? ¿Y esa vocecita? ¿Estás bien?
-…
- Sí, mi vida, yo también, pero son seis días apenas. Eso pasa volando. 
-…
¿Y por eso fue que no pudiste dormir bien? 
-…
- Yo sé, cielo. Sí, es difícil, pero tú bien sabes que yo tengo que hacer estos viajes cada cierto tiempo.
-…
- Ajá, ¿y entonces cómo pretendes que haga plata? Julieta, tú bien sabes que tengo que ocuparme de los negocios que tengo allá en Caracas.
-…
- Ya va, Julieta, tú como que lo que quieres es pelear... 
-…
- Coño, ¡pero si es por eso yo tampoco dormí nada! Además me siento mal del estómago, estoy estresado por viajar a Caracas… ¿y entonces vienes y me empiezas a formar un peo ahorita? ¿Tan temprano?
-…
- No, Julieta, ya va, porque este mismo peíto me lo formas cada vez que viajo. ¿Acaso yo no puedo viajar en paz? ¿Tomar un avión con calma? ¿Es mucho pedir acaso?
-…
- Verga, ya te dije que tengo que reunirme con esta gente, vale, especialmente con todo este peo ahorita armado en Caracas.
-…
- Yo sé, cielo, yo me cuido, te lo prometo, voy a estar pendiente. No me va a pasar nada, tranquila.
-…
- ¿Ah? ¿Rosita? Coño, ¡¿otra vez Julieta?! ¡Que no me voy a ver con Rosita! ¿Cómo quieres que te lo explique?
-…
- Mira, tú como que no estás preocupada nada por mí sino porque me vea con Rosita, qué vaina…
-…
- Coño, que ya te dije que no. Además, ella ya no está viviendo en Caracas. 
-…
- Coño, porque me lo dijo por Facebook. Digo, lo puso en Facebook.
-…
- Ah vaina, ¿y ahora yo no puedo hablar con nadie por Facebook?
-….
- Ya te dije que lo puso en su muro, puso unas fotos de unas despedidas que le hicieron.
-…
- Coño, que yo no me metí a ver las fotos, simplemente me aparecieron en Facebook y las vi, eso es todo.
-…
- Julieta, ¿por qué siempre son un peo estos viajes, ah? ¿Por qué siempre tenemos que ponernos a pelear? ¿No podemos ser una pareja normal, ah? Mira, ahorita una chama que tengo al lado se despidió de su esposo de lo más cariñosa, le decía lo mucho que lo iba a extrañar, lo mucho que lo quería, ¿por qué tú no me dices esas cosas?
-…
- Ah vaina, Julieta, ¿y ahora qué carajos estás diciendo? Coño, que se lo escuché. No, no le estoy puteando, pero qué vaina contigo, coño.
-…
- Yo sí, Julieta, ¿sabes? Yo sí te quiero y sí te voy a extrañar; ¡y sí, lo digo bien duro para que todo el mundo me escuche!
-….
- ¿Y tú? ¿Tú no me vas a decir nada?
-…
- Ah no, bueno, así obligada tampoco… Tienes que sentirlo, tiene que ser de verdad. 
-…
- Ajá, ¡así sí!
-…
- Yo también te amo. Y te voy a extrañar mucho.
-…
- Sí, te voy a llamar todos los días.
-…
- Sí, me voy a cuidar mucho, te lo prometo.
-…
- Está bien, pues, no me voy a meter en Facebook. Te dejo que ya vamos a despegar.
-…
- Te amo.
-…
- ¡Te amo!