jueves, noviembre 22, 2007

In a creative mood


Estoy sentado tomándome un tall latte en el Starbucks que está en la 79 con Broadway. Me gusta esto de sentarme a escribir y escuchar estas voces que me hablan en otro idioma. Esto de estar en un sitio en el que nadie me conoce. Esto de saber que, si miro hacia los lados, todo lo que aguarda es completamente desconocido.

En frente tengo a un negro que viste un flux gris y con una pollina bastante rara, como si estuviese pegada a su frente por una exorbitante cantidad de gelatina. Debo reconocer que nunca antes había visto una pollina así. Su novia, o al menos eso parece, es hindú. Ella le habla, él no la mira a los ojos; más bien finge escucharla mientras tiene su mirada fija en la mesa.

Diagonal y a mi izquierda tengo a dos mujeres que parecen ser muy amigas. Sonríen, mueven exageradamente las manos como para hacerse entender o darle aun más énfasis a ciertas partes de su conversación. Una tiene el pelo negro, la otra es una catira natural. La de pelo negro tiene un pantalón negro bastante corto. Buenas piernas. La otra tiene una falda atigrada. Buenas piernas también.

A mi izquierda tengo otra pareja, ambos negros. Sus rostros dejan ver cierta tensión. Se ve que el tipo no es ningún chamo; aún así tiene una gorra de los Yankees a lo hip hop -visera plana, cubriendo la mitad de sus orejas. Abundan tipos como estos aquí en Nueva York.


Le estoy agarrando más cariño a Nueva York. Siempre me toma un par de días sentirme así con una ciudad. Lo mismo me pasó con Venecia, Florencia y Berlín. Nunca pensé que podía disfrutar tanto una ciudad estando totalmente solo. Nunca pensé que estaría bajo el efecto de una extraña pero agradable sensación de mood creativo. Cuando una ciudad te hace sentir esto, definitivamente te cautiva.


En un par de mesas que están al lado de la puerta están dos negros con sus laptops. Parecieran que estuvieran jugando algo en red. Sinceramente no le veo sentido a venirte a un café para jugar algo en computadora. A lo mejor pensarán lo mismo de mí. ¿Qué hace un tipo escribiendo en un café?

Estos cafés de Starbucks sí son grandes. Y eso que lo pedí “pequeño”. Bueno, mejor, así me da chance para escribir más. Aunque creo que aquí no le paran mucho a los que se quedan un rato largo luego de haber terminado lo que han pedido. Bueno, ya veremos si me hace falta quedarme después de haberme terminado este café, porque la verdad es que por ahora se me hace interminable.

Ha llegado más gente. Son más los que hablan, es menos lo que se escucha. Sigo pensando en la de las Islas Vírgenes, no lo puedo negar. Pensé que era puro queso, por lo de lo que me dijo de sus boobs y vaina, pero no. Y eso que a mí nunca me habían gustado las chinas, qué bolas.

El café se acaba. El mood también. Ni modo, saldré para seguir conversando con la ciudad. Y de la forma que más me gusta: caminándola. Termino el café. En el fondo de este vaso sólo quedan restos de espuma. Me voy.

Thank you for choosing Starbucks.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Starbucks es un sitio peculiar, especialmente por aquello de que que rico huele y se ve un cafe alli, pero que mal sabe! Me hiciste acordar de eso cuando tenìa que desayunar a juro alli y no me podia tomar mi conlechito ni comer una empanadita. Nueva York? a mi me mete miedo y me gusta que tu le hayas conseguido la nota. Describes tan pero tan bien que yo me sentìa tomando tambien ese cafe horroroso y viendo ese poco de gente especial.
Por eso te quiero tanto, y te admiro
Liz

Dan! dijo...

Diversidad...como me diverte, te hace unico, convierte todo en perfecto...porque nada es un error, y nos ayuda a estar comodos hasta en el vestítulo del infierno.