miércoles, agosto 06, 2008

Cocina y música


A Karina Pugh


A mí me gusta comer bien. Es uno de mis mayores placeres. Y como a mí me gusta comer sabroso, me tuve que poner las pilas con la cocina desde el momento en que dejé de vivir con mi mamá o con mi abuela, las mejores cocineras del mundo. Comencé con lo básico y también me temo que termino con lo básico, en lo que a mis habilidades culinarias se refiere. El detalle está en que si me hago un bistec a la plancha, una arepa con Diablitos o cualquier otro plato por más sencillo que parezca, pues más vale que me quede bien. Si ya de por sí soy una ladilla cuando me auto-critico, incluso soy peor cuando cocino.

Eso sí: me esmero un poco más en la creación de mis platos si tengo tiempo y las ganas de hacerlo. Cuando ése es el caso, pongo buena musiquita y reúno con paciencia los ingredientes que formarán parte de mi comida. Me dedico a lavar los vegetales acariciándolos con abundante agua, a rasgarles su piel asiendo con firmeza el cuchillo y, por último, a cortarlos. La cosa es hasta terapéutica y todo. La mayoría de las veces me relajo bastante mientras pelo una papa y me pongo a cantar por encima de la música que está sonando.

Cuando cocino me gusta escuchar a Masseratti 2lts, Herbie Hancock, Norah Jones o más recientemente el unplugged de Julieta Venegas. Música tranquila, ya que he descubierto que si pones heavy metal u otra música acelerada, el ritmo pareciera apurar las hornillas. Como todas las cosas buenas en esta vida, cocinar también debe hacerse despacito.

En estos días traté de cocinar con mi iPod puesto. No terminé de escuchar ni dos canciones cuando me tuve que quitar los audífonos. Se me hacía muy incómodo el colocar una tierna milanesa de pollo sobre una sartén caliente y no escuchar ese maravilloso sonido que produce ese choque entre esas dos superficies disímiles pero, en poco tiempo, cómplices. He allí la razón del título de este post. La cocina puede terminar siendo música, y de la mejor que hay.

De hecho, hay cocineros que afirman tener un oído tan afinado para la cocina, que son capaces de saber si un risotto está listo con sólo “escuchar” la olla donde se está gestando su cocción. Aseguran que “la comida les habla, que ella se encarga de avisarles cuándo está lista”. Pareciera entonces que no sólo hubiese oído absoluto para los músicos, sino que también existe uno para los cocineros.

Y es que la cocina no es sólo un deleite para el paladar y para los oídos, como ahora he argumentado. La cocina da para todos los demás sentidos. La miríada de colores que ofrecen unos trozos picados de pimentón y zanahoria junto a unos cuantos maíces sobre el fondo negro de una sartén; el brillo que esplende una tocineta cuando se posa sobre una plancha bañada con un toque de aceite; el magnífico olor del ajo sofriéndose en mantequilla junto a unos trozos de cebolla; la textura que ofrece la piel de la zanahoria o la de esos pequeños arbolitos que coronan a los brócolis. Todos los sentidos están invitados para celebrar de esa maravillosa fiesta que es la comida.

En un episodio de Seinfeld, George Constanza se encarga de mezclar las dos grandes pasiones de su vida: la comida y el sexo. En medio de una relación sexual, George se aparta de su amante y busca en una de las gavetas de su mesita de noche un sándwich de pastrami. Los orgasmos, según él, resultaban mucho más placenteros cuando hacía el amor ingiriendo una de sus comidas predilectas.

De manera que no estoy diciendo nada nuevo con todo esto. De hecho, no es ésa mi intención. Sólo decidí postear lo maravilloso que resulta cuando dos placeres, en apariencia ajenos, se juntan hasta consolidar una experiencia extraordinaria.

Buen provecho.

2 comentarios:

Calíope dijo...

El arte de la cocina, y el buen comer, se ha perdido. Estos tiempos acelerados, intensos, la rutina, el ir y venir, una sociedad cada vez más exigente, una vida cada vez más cara, nos hace perdernos de cosas maravillosas. El poco tiempo libre que existe, generalmente es para descansar, o la gran mayoría así lo usa.

Cocinar es crear, es llevar amor, pasión, dedicación, es dejar una parte de uno en los alimentos. Soy fan de la cocina, sí, de COCINAR, lo heredé de mis abuelas y tías, las mujeres de mi familia, que guardan en sus manos el secreto de una sazón inigualable. Nada mejor para mí que cocinar para mi enorme familia, o invitar a mis amigos un fin de semana, a alimentar sus cuerpos así como sus almas, poniendo en cada uno de los pasos todo el amor que pueda, para que cuando los degusten se lleven un trozo de mí en ellos.

El primer consejo que me dieron mis tías cuando aprendí y descubrí mi amor por la cocina, fue que siempre utilizara las manos, siempre, y en el proceso, al manipular los alimentos tuviera siempre presente la imagen de mis comensales gozando con lo que comían, siempre pensando en positivo…es la única manera en que la comida realmente te queda muy bien, y es la gran diferencia entre un plato hecho mecánicamente, y los platos que prepara tu mamá…el amor con el que se hacen.

Karina Pugh Briceño dijo...

Mi querido Victor...

Estoy conmovida hasta las lágrimas. No puedo explicarte bien cuán conmovida y agradecida estoy por la dedicatoria de esta bellísima nota.

Conmovidísima.

He dado clases de cocina durante varios años y pocos alumnos míos han encontrado con tal sensibilidad, tal sentido estético y tal disfrute el acto de cocinar; que es brusco si lo miras bien: aceite caliente, armas blancas (cuchillos), cadáveres (sé que uno no piensa en el pollo o el pescado como cadáveres, pero al final eso es lo que son), riesgos de quemarse/cortarse... En fin, un oficio que demanda esfuerzo físico y fortaleza mental.

Pero al mismo tiempo, cocines un paté con trufas o una arepa con diablitos, la verdad es que estás transformando, y transformar es delicioso. Convertir una cosa en otra (y además poder comértela) es un placer y al mismo tiempo un canto de independencia (mucha gente quiere aprender a cocinar para poder comer lo que ellos quieren).

Víctor, estoy feliz de que encuentres sentido, belleza y satisfacción cuando cocinas. Yo encuentro exactamente lo mismo.

Gracias de nuevo, bellísimo post.