sábado, diciembre 29, 2012

Mis discos favoritos del 2012


1. Shields – Grizzly Bear
2. Swing lo magellan – Dirty Projectors
3. Ahora – Pedro Aznar
4. Given to the wild – The Maccabees
5. Solo piano II – Chilly Gonzales
6. Just to feel anything – Emeralds
7. Noel Gallagher’s High Flying Birds – Noel Gallagher
8. How do you do – Mayer Hawthorne
9. Milk famous – White Rabbits
10. Bloom – Beach House
11. Master of my make-believe – Santigold
12. Little broken hearts – Norah Jones
13. Apocalyptic love – Slash
14. Reign of terror – Sleigh Bells
15. Black radio – Robert Glasper
16. Piazzolla plays Piazzolla – Escalandrum
17. Campo – Juan Campodónico
18. Gossamer – Passion Pit
19. Tramp – Sharon Van Etten
20. Le voyage dans la lune – Air
21. Lux – Brian Eno
22. Love this giant – David Byrne & St. Vincent
23. channel ORANGE – Frank Ocean
24. Daltonic now - Trujillo
25. Blunderbuss – Jack White
26. La quema – Famasloop
27. What were you hoping for – Van Hunt
28. Born villain – Marilyn Manson
29. Radio music society – Esperanza Spalding
30. Koi no yan - Deftones
31. Blak and blu – Gary Clark Jr.
32. True EP – Solange
33. Until the quiet comes – Flying Lotus
34. Stunt rhythms – Two Fingers
35. Yellow and green - Baroness

miércoles, diciembre 05, 2012

Mi primer libro de cuentos: “Un café con leche pequeño”



A comienzos de 2010 hizo uno de los inviernos más fuertes en la historia de Nueva York. Ya sabía que a principios de año haría un frío hostil en la ciudad, pero considerando que ése sería el primer invierno que pasaría en La Gran Manzana, tener conocimiento de las bajísimas temperaturas que debía enfrentar era, cuando menos, alarmante.

Por si fuera poco, en el cuarto donde vivía no había calefacción. Durante los días de semana eso no me preocupaba mucho. A fin de cuentas, por la mañana estudiaba y por la tarde trabajaba. Pero los fines de semana eran otra historia. Eso de quedarse en el cuarto estudiando, viendo series por internet o no haciendo nada, terminaba siendo una experiencia tortuosa.


La solución era simple: tenía que salir de casa. Por las tardes siempre se podía hacer algo en la ciudad: en Nueva York siempre hay algo qué hacer; pero en las mañanas los planes eran escasos, así que resolví por salir con mi laptop e instalarme en sitios como Starbucks o McDonald’s para leer, estudiar algo del curso que estaba haciendo o escribir.


Luego de varias mañanas que dediqué a escribir, terminé con dos o tres textos que pensaba postear en mi blog. Sin embargo, al darme cuenta que estos escritos compartían al café como elemento en común -ya sea como palabra, como tema o porque simplemente los relatos tenían lugar en un café-, me pregunté: ¿Por qué en vez de publicarlos en mi blog, no me pongo más bien a trabajar en otros cuentos que incluyan al café y así armo una colección de relatos temáticos?


En efecto, la idea fluyó y pude escribir otros cuentos que incluían al café como eje central, como tema secundario o simplemente que hacían mención de la palabra y que automáticamente lograban entonces pertenecer a dicha colección. Lo curioso es que todos esos relatos terminaron siendo escritos y corregidos, al menos inconscientemente, en diversos cafés de Nueva York. La estrategia para tolerar el invierno neoyorquino rindió sus frutos creativos.


Después de tener armada esta serie de relatos, la siguiente preocupación radicaba en su publicación. Por un momento pensé trabajar en conjunto con un ilustrador que había conocido en Nueva York, con el propósito de producir una especie de libro digital con ilustraciones. El chamo era un tipo muy talentoso, y como muchas personas talentosas en Nueva York, estaba muy ocupado.
You gotta pay the bills. En fin, el proyecto no se dio.

El antecedente más cercano con el que contaba en cuanto a publicaciones estaba representado por mi libro digital
¿A qué suena Caracas?, un conjunto de entrevistas con personalidades destacadas de la escena musical caraqueña que había editado como regalo a mi ciudad antes de dejarla para irme a Nueva York. Aunque pensé que el material sólo iba a tener un interés reducido, al final terminé enviándoselo a casi cien personas alrededor del mundo: venezolanos que estaban interesados en leer sobre la música de mi ciudad natal.

Alrededor de octubre de 2011, que es cuando mi blog cumpliría cinco años, aspiraba publicar el conjunto de relatos, que para entonces ya tenía por título
Un café con leche pequeño, como otro libro digital. Quería celebrar el aniversario del blog publicando estos cuentos como un regalo a todas las personas que durante esos cinco años me habían apoyado con sus lecturas. No obstante, por razones ajenas a mi voluntad, no pude editarlo en esa ocasión. Finalmente, un año después es que puedo ahora, y con profunda emoción, publicar de manera digital este proyecto.

Este blog me ha regalado muchas alegrías, tanto personales como profesionales, pero la que más valoro sin duda es la de haberme permitido conocer personas que se han convertido en seres importantes en mi vida: personas que comenzaron comentándome en el blog, y que luego se convirtieron en amigos muy queridos.


Como Estrella Araque, por ejemplo. Ella es autora de uno de mis blogs favoritos. Comenzamos leyéndonos y comentándonos. Y en una extraordinaria noche en el Centro San Ignacio, la terminé conociendo en persona junto a otra de las blogueras que más quiero: Andreína Rancel.


Como algunos libros de cuentos suelen tener prólogo, pensé inmediatamente en Estrella para que escribiera uno para el mío. Ella generosamente accedió y, como pronto verán, me regaló un texto ciertamente maravilloso. No contenta con eso, Estrella también se dedicó a leer el borrador del libro y me ofreció una serie de agudas correcciones sobre algunas imprecisiones que no había sido capaz de identificar.


Un café con leche pequeño
es un regalo para ti: para quien está leyendo esto ahora. Mi blog cumple seis años y como dicen que la felicidad sólo es posible cuando se comparte, editar este libro es mi manera de compartir esta gran alegría.

Espero de todo corazón que te guste; y que si puedes, te leas estos cuentos tomándote un café -con leche, marrón, negrito, tetero, guayoyo, en fin, como sea de tu mayor agrado. Por mi parte, desde ya te agradezco por eso que has estado haciendo durante los últimos seis años: leerme.


Si deseas obtener Un café con leche pequeño, envíame un email a victormarinviloria@gmail ¡Y con mucho gusto te lo haré llegar!

miércoles, noviembre 21, 2012

Un café con leche pequeño (*)


Siempre voy al Juan Valdez que queda en Times Square: es el sitio donde sirven el café con leche más parecido al de las panaderías de Caracas.

Si vengo por la tarde pido un "café con leche pequeño". Así, en español. Y si vengo temprano por la mañana lo que suelo pedir es una "arepa de choclo" -hecha de maíz dulce y servida con un pedazo de queso blanco encima.


A veces traigo mi
laptop, pues ofrecen una conexión a Internet gratis y rápida -a diferencia de Starbucks, donde el café es más caro, no es tan bueno y tienes que pagar algo así como $13 al mes para poder conectarte.

Lo único malo de Juan Valdez es que casi siempre sirven el café muy oscuro. De todas formas, ellos disponen de unas jarras con leche con las que uno puede personalizar la bebida. Luego de recibir mi café, casi siempre vierto un poco en la papelera y le echo más leche para aclararlo.


A mí siempre me han gustado las colombianas; no sólo porque su físico es muy parecido al de las caraqueñas, sino porque su acento se me hace exquisito. Ellas hablan con una decencia que encuentro particularmente sexy, o irónicamente sexy, mejor dicho, pues su educada manera de hablar me hace pensar en cosas perversas y pornográficas.


En lo que descubro un buen sitio donde ir a comer o tomar café, suelo premiarlo con mis asiduas visitas. Esta regularidad me permite saludar a quien me atiende. Así me pasa en el
deli donde voy a desayunar los días de semana cerca del instituto donde estudio, y en el sitio dominicano de parrillas donde también suelo ir a comer con frecuencia. En el deli trabaja Rafael, un mexicano a quien le digo "primo". En el dominicano trabaja Martha, a quien le digo "mami".

En Juan Valdez la mayoría del personal está compuesto por mujeres. Hay dos que resaltan por su belleza, y su manera de hablar. Se llaman Raquel y Esther. La primera es más atractiva que la segunda, pero es más antipática. Cada vez que trato de saludarla, ella me habla como si me viera por primera vez. Esther no es tan bonita, pero es más sexy. Imagino que es porque hace más uso de esa pícara decencia de la que hice mención antes. Esther también es mucho más simpática que Raquel -se acuerda de mí, por lo menos.


En una de estas tardes que vine, lo único que pedí fue un café con leche pequeño.


- ¿Y usted no va a querer arepa hoy? -me dijo Esther, con un tono más de flirteo que de un sincero interés por ofrecerme un aperitivo. Luego de recibir esa inesperada muestra de coqueteo, decidí contra-atacar. Me prometí que la próxima vez que la viera me iba a asegurar de hacerle saber que a mí también me gustaba ella.


Volví a venir dos días después, pero Esther no estaba trabajando. Por un lado me sentí frustrado por no verla esa tarde, pero por el otro me sentí un poco aliviado: estaba bastante nervioso.


Una mañana en la que no tuve clases en el instituto, decidí ir a Juan Valdez con mi
laptop para trabajar en la reseña de un disco que debía entregarle al editor de una página web al final de la semana. Ese día sí estaba Esther. No me atendió en la caja, pero estaba sirviendo las órdenes, así que supe que tendría una oportunidad de decirle algo cuando me diera mi café.

Yo era el único que esperaba en el mostrador. Ella vertió café y leche en el vaso, le colocó la tapa y luego lo introdujo en ese cilindro de cartón que protege las manos del calor. Tomó el vaso, se volteó hacia donde yo estaba y dijo:


- ¡Café con leche pequeño! -y me lo ofreció alargando su brazo izquierdo.


- Hola.


Más nada. Esa única palabra. Seca. Sin puntos de exclamación. No pude flirtearle de vuelta. Me bloqueé. Y lo único que pude decirle fue "Hola". Como un idiota.


Agarré el café derrotado, frustrado conmigo mismo. Había tenido la oportunidad de hablarle y no hice nada. Peor aún, "nada" hubiese sido mejor que haberle dicho "Hola" de la forma en que se lo dije.


Aún decepcionado, me dirigí hacia el mesón donde estaban las jarras con leche. Le quité la tapa al vaso, tomé la jarra que decía
whole milk y en ese momento sentí que alguien se acercaba a mi lado, limpiando el mesón con un trapo...

Era Esther.


Volví a ponerme nervioso. Todo lo que estaba pensando en ese momento se silenció, como si alguien hubiese presionado el botón de
mute en el control remoto de mi cabeza.

- No le eche más leche –sentenció ella.


- ¿Ah? -alcancé a decir, de nuevo, como un idiota. No podía escuchar bien lo que me estaba diciendo de lo nervioso que estaba.


- Que no le eche más leche.


- ¿En serio? ¿Y eso por qué? -respondí desconcertado.


- Mire que se lo hice clarito: como a usted le gusta...



(*) Este cuento forma parte de
Un café con leche pequeño, un libro de cuentos que se editará el 5 de diciembre y que podrás descargar en este blog.

martes, noviembre 20, 2012

Marilyn Manson: when reinventing is about going back


Putting aside the evident, Marilyn Manson is truly a rare artist. After obtaining massive commercial success thanks to his clever mélange of shock art and industrial metal, Manson has been able to deliver solid material. Not all of his records have been good, but most of them remain interesting pieces of music. Eat me, drink me (2007) came out as an impressive collection of gothic-arranged heartbreak tunes, for example. Born villain (2012), his latest record, represents another turn in his career, but one that rather looks back at his own career. I have to admit that I didn’t like it at the first listen, but after giving it a second chance it definitely surprised me. Its simple riffs and catchy rhythms are alluring and the songs are very well produced. Putting aside his persona, if possible, Marilyn Manson comes off as an astute musician. Born villain is a good example of how well can you do musically when you don’t have anything left to prove.    

This is the video for No reflection

lunes, noviembre 19, 2012

Mauricio Kagel: dos músicos intentan sonar como una orquesta

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El compositor Mauricio Kagel es considerado uno de los pioneros del “teatro instrumental”: una propuesta que, como su nombre lo indica, conjuga elementos del performance junto a experimentaciones musicales. Este músico, nacido en Argentina, ganó renombre gracias a su destacada obra como pionero de la música concreta en Latinoamérica. Sucesor de Stockhausen al frente de los prestigiosos Cursos de Nueva Música de Colonia, Kagel logró erigirse también como una prominente figura del post-serialismo.

El Ciclo de Conciertos de Música Contemporánea del Teatro San Martín nos brindó la oportunidad de disfrutar de una de las obras más particulares, no sólo dentro del repertorio de Kagel, sino de la música contemporánea en general: Dos hombres orquesta, pieza concebida entre 1971 y 1973, como producto de la comisión de Otto Tomek, director artístico del Festival Donaueschinger Musiktage.

La obra, que al mismo tiempo funge como pieza instrumental e instalación audiovisual, está compuesta para dos intérpretes que también se responsabilizan por la construcción de una especie de maquina que consta de 200 instrumentos musicales y herramientas sonoras. La partitura abierta de Kagel es una especie de invitación al que la toque para que disponga de un complejo armado melódico y rítmico que permitirá la generación de sonidos únicos y ciertamente inéditos.

En esta ocasión, que tuvo lugar en la Sala Bicentenario del Teatro Colón, la interpretación estuvo a cargo de Wilhelm Bruck y Matthias Wursch, cada uno con una notable trayectoria musical a cuestas. Ellos, más que músicos, parecían por ratos una especie de mecánicos o artesanos que se dedicaban a tocar cada uno de los instrumentos con un evidente esfuerzo por sacarle sonidos, incluso bajo demandantes condiciones físicas: jalar cuerdas, levantar instrumentos pesados, tocar artefactos con sus cabezas y pies.

Pianos, guitarras, violines, trombones, clavecines, mangueras, sierras, escobas, cuerdas, tiras de madera, pesadas bolas metálicas, flautas, esculturas, guantes y hasta cascos formaban parte del conglomerado sonoro que, al ser tocado por los músicos, configuraba la imagen de una extraordinaria instalación, una especie de escultura dinámica que impresionaba a la vista y desconcertaba al oído.

Dos hombres orquesta, en palabras del mismo Kagel, aspiraba ser mucho más que una pieza musical. Al ver esta máquina en tarima y al escuchar los sonidos proferidos por los músicos, uno está en presencia de una declaración de principios. En ciertos instantes, la pieza alcanza el nivel del absurdo, pero ésa precisamente era una de las intenciones de Kagel, un músico que si bien era conocido por la intelectualidad de sus composiciones, también gustaba de resaltar cierto aspecto lúdico y cómico, tanto en sus obras musicales como en sus escritos.

“Mi idea era encontrar soluciones a la crisis actual de la orquesta desde una perspectiva tanto artística como social (…) Por fin parecía oportuna la construcción de una verdadera máquina orquestal, un automatófono no automático: en lugar de ochenta músicos apenas dos”, así describía Kagel el propósito de su composición.

En varias ocasiones los músicos no consiguieron obtener los sonidos que buscaban producir. Algunas cuerdas que unían algunos de los instrumentos quedaron muy cortas, o algunos artefactos se trababan entre sí. Muchos de los instrumentos tampoco sonaron en su plenitud por más que los músicos se esforzaron en hacerlo. Estos fracasos, en mi opinión, refuerzan la meta de Kagel: en tiempos como los actuales, donde algunas de las más prestigiosas orquestas están en peligro, es cuando más se necesitan para que musicalicen los tiempos tan dramáticos que estamos viviendo.

Dos hombres orquesta funciona perfectamente como metáfora: el absurdo de que sólo dos hombres reemplacen la magnitud de decenas de músicos, enaltece precisamente su rol como célula fundamental de las orquestas, esas organizaciones que nos ofrecen música trascendental que revitalizan a nuestros espíritus.

lunes, noviembre 12, 2012

Robert Glasper Experiment: this is musical success being tested


Robert Glasper is one of the most remarkable musicians when it comes to materializing the strong and close relationship jazz has with other more contemporary genres. It has been said that, in order to break boundaries, you first need to pay respect to tradition. And Robert Glasper has done just that by offering a series of strong albums that go from straight jazz to more adventurous works like Black radio (2012), his most recent effort. This album comes as a natural sequel to what he started with Double booked (2009), where he divided his discourse into its two main parts: traditional jazz and his electric experiment. Robert Glasper Experiment is an outstanding act that sounds as a modern tribute to black music. Along with a group of prestigious singers and rappers, Robert Glasper Experiment has crafted a notable compilation of tunes that stands as a very reliable and vivid picture of the great moment black music is having nowadays.

This is a live performance of
Always shine featuring Bilal and Lupe Fiasco

domingo, noviembre 11, 2012

Steve Reich en Buenos Aires: …y el minimalismo continuó




En lo que me enteré de que Steve Reich vendría por primera vez a la Argentina, no lo pensé mucho para comprar una entrada y formar parte de la experiencia de escuchar su música. La música de Reich siempre me ha fascinado por su intelectualidad. Más que compositor, se podría decir que Reich es un armador de sonoridades. Y la manera en la que establece la técnica del phasing (ésa que consiste de sofisticadas superposiciones armónicas y rítmicas) para el lenguaje orquestal es ciertamente notable.

La visita de Reich a Buenos Aires formaba parte del Ciclo de Música Contemporánea del Teatro San Martín y constaba de dos conciertos de su música en el Teatro San Martín. Sólo pude asistir a una de esas veladas, pero fue una que se convirtió en una de las experiencias musicales más extraordinarias que he tenido en mi vida.

La noche del concierto hacía calor; en Buenos Aires, la noche del 7 de noviembre hacía mucho calor. Caminando hacia el Teatro San Martín pude ver que tanto la cuadra a la que pertenece el recinto como la que está en frente estaba a oscuras. Al acercarme al teatro me temí que el concierto fuera suspendido por el apagón, pero para mi sorpresa las luces del lobby estaban encendidas.

En el hall del teatro una multitud de jóvenes poblaba el espacio. El ánimo general era elocuente de excitación, ya sea por el calor que inundaba la ciudad o por la incertidumbre de si el concierto se ida a dar o no. A eso de las ocho y veinte, diez minutos antes de la hora estipulada del concierto, se escuchó a través de los parlantes del lobby una voz que anunciaba que el concierto se daría entre 30 y 40 minutos de retraso debido a las maniobras que varios técnicos realizaban para proporcionar de electricidad a la Sala Casacuberta, donde tendría lugar el concierto. La gente aplaudió: primera de las numerosas ovaciones que la noche reservaba.

Al entrar a la Sala Casacuberta se podía ver en tarima unas configuraciones de marimbas, bongós y xilófonos, instrumentos con los que sería interpretada Drumming, la única pieza del concierto de aproximadamente 75 minutos de duración, y una de las obras más significativas dentro del catálogo de Reich. Drumming, tributo a la marcada influencia de la percusión africana en la formación de Reich, pareciera más bien un tratado de ritmo y armonía. La obra consiste de patrones repetitivos de notas tocadas por los instrumentos anteriormente mencionados. Hay pasajes que comienzan para cierto grupo de instrumentos y luego se entrelazan con los otros, originando un tono que subyace bajo las melodías. El ritmo resultante y la atmósfera sonora es ciertamente hipnótica.

En lo que calculo serían 25 ó 30 minutos de comenzado el concierto, se fue la luz y automáticamente se prendieron un par de luces de emergencia situadas sobre las puertas de salida, a los lados de la sala. El suceso generó un par de reacciones por parte del público, pero los músicos siguieron concentrados haciendo su tarea. Las luces de emergencia proporcionaban la iluminación suficiente para los músicos pudieran observar sus instrumentos y partituras, pero esta escasa luz no duraría mucho…

Mientras los músicos seguían tocando, se incorporaron a la tarima desde varios lados de la sala varios trabajadores del teatro con linternas, adelantándose al apagado de las luces de emergencia. En efecto, éstas dejaron de iluminar y los músicos tuvieron que tocar bajo la tenue e insuficiente luz que le proporcionaban los empleados del teatro. En ningún momento los músicos dejaron de tocar, parecían inmersos en las mismas notas que tocaban, como si la música los hubiese hechizado para no dejar de tocar.

La imagen era impresionante. Más que un concierto parecía una especie de performance en la que un conjunto de músicos tocan una pieza dificilísima con sus instrumentos, iluminados por personas vestidas de negro que trataban de adivinar dónde debían dirigir sus haces de luz.

La audiencia también parecía ensimismada. El silencio absoluto quizá era la manera más potente de rendirle respeto a la titánica labor que los músicos en tarima estaban haciendo al tocar una pieza tan demandante bajo una penumbra casi total.

La pieza llegó a su fin y la ovación no se hizo esperar. Los aplausos, vítores y gritos del público parecían más bien la celebración de un milagro que la conclusión de un concierto. Steve Reich, quien estaba presente en la sala manejando la consola de audio, bajó hasta la tarima visiblemente emocionado y besó y abrazó a cada uno de los intérpretes de su pieza. La amplia sonrisa que se dibujaba en su rostro expresaba la admiración y la gratitud hacia los músicos que habían emprendido un considerable esfuerzo por concluir, sin importar las circunstancias adversas, lo que habían comenzado.

El compositor se retiró junto a los músicos, pero la euforia de la audiencia lo hizo volver al escenario. Steve Reich levantó sus brazos en muestra de agradecimiento al público, y en dicho instante volvió la luz al Teatro San Martín, como si de otro milagro se tratara. La audiencia aplaudió con más vigor y los gritos de “¡Bravo!” inundaron la Sala Casacuberta bañando al compositor y al notable grupo de músicos.


No exagero al afirmar que ésta ha sido sin duda alguna una de las veladas musicales más inolvidables que he vivido. Esa calurosa y caótica noche del 7 de noviembre, Buenos Aires me brindó una de las experiencias más extraordinarias que he tenido dentro de un teatro. Esa calurosa y caótica noche del 7 de noviembre vivirá por siempre en mi memoria como una noche milagrosa: como la noche en la que el minimalismo continuó.    

martes, octubre 30, 2012

Pedro Aznar: an advocate of now


Pedro Aznar is not your typical rock star. True, he was part of legendary Argentinian rock act Serú Girán, but he has proficiently explored over realms of music. He played in jazz guitar virtuoso Pat Meheny’s band, for example. This sense of adventure in Aznar’s approach to his music has been evident throughout the many records he has edited as a solo artist. Ahora (2012), his latest record, shows once again how this magnificent artist seems to excel at any task he embarks in: he writes great songs, he sings very well, he is an accomplished multi-instrumentalist and he is also a sophisticated arranger. His domain of different genres is also overwhelming: on Ahora you can listen to hard rock songs (Panteras de polvo), ballads (Jazmín, Rencor), folklore (Hydra), classical music arranged tunes (Cuando el amor) and even hip-hop (Ahora). Pedro Aznar has crafted another highlight within his remarkable career. After listening to this record you end up wanting more, but as he makes it clear in this record: let’s not worry about that yet, let’s stick with what we have ahora.

This is a live performance of Rencor

lunes, octubre 29, 2012

Orquesta Filarmónica de Buenos Aires: resumen de un siglo transgresor

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El domingo 28 de octubre se dio inicio al Ciclo de Conciertos de Música Contemporánea, con la presentación de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires en el Teatro Colón. El ensamble, dirigido por Alejo Pérez, se dedicó a interpretar tres piezas elocuentes de las diversas corrientes que guiaron la música compuesta en el siglo XX.

El programa comenzó con Jonchaies, de Iannis Xenakis. Nacido en Rumania, de ascendencia griega pero ciudadano francés, este músico (que también tuvo formación de arquitecto) exploró campos como la matemática, la estadística y la informática con el innovador propósito de incorporarlos a la música para replantear al concepto de la composición, no sólo como un mero oficio artístico, sino como una idea más conceptual.

Jonchaies, como muchas de las piezas compuestas por músicos franceses en el siglo XX, cuenta con el rasgo distintivo de un magnífico tratamiento de las texturas. En este caso, llama la atención que la obra requiera la participación de cien instrumentos, cuando más bien la modernidad celebraba la austeridad en contenido e instrumentación.

Los timbres de los inquietantes vientos y la imponente percusión se conjugaron ofreciendo una particular sonoridad, que si bien se siente un tanto calculada, también resulta bastante interesante. Jonchaies, cuya duración alcanza los quince minutos, comienza con agudísimos glissandos en las cuerdas, que si bien al principio resultan incómodas para el oído luego logran cautivar a la audiencia hasta el final, poniendo de manifiesto la habilidad de Xennakis en cuanto al dominio de los timbres, la expectativa y la refinada estructura que sostiene a la obra.

La segunda pieza del concierto fue Tiento del primer tono y batalla imperial, compuesta por el español Cristóbal Halffter, y que ejemplifica la particular propuesta de Halffter de reconciliar elementos musicales españoles con ciertos matices de vanguardia. Sin embargo, la sonoridad de Tiento… que apunta más hacia un romanticismo, en contraste al resto de las piezas que la acompañaron, resultó un tanto caduca. De todas formas la Filarmónica logró lucir con vigor su acoplamiento, en especial en las secciones de cuerdas y metales.

La Sinfonía No. 4 de Charles Ives, cerró magistralmente la velada. Esta ocasión sirvió como el estreno de la pieza en la Argentina. Ives, eminente compositor norteamericano (y también exitoso corredor de seguros), quien para muchos predijo a comienzos del siglo XX el atonalismo de Schoenberg y el serialismo integral de Boulez, escribió una pieza singular cuyo primer movimiento parecía más bien una declaración de principios de vanguardia: la orquesta parecía por momentos dividirse en varias secciones que tocaban pasajes disonantes superpuestos entre ellas. No en vano el director Alejo Pérez contó con el apoyo directorial de Annunziata Tomaro, quien desde el escenario guió a una sección de músicos que tocó desde la sección central de la Cazuela del Teatro.

El segundo movimiento, Comedia: Allegretto, continuó trazando la línea que dejó el anterior en términos de las disonancias, pero sin contener las superposiciones que por un momento hacía difícil captar el discurso que Ives intentó proponer con su composición.

En medio de tanta densidad de disonancias, el tercer movimiento, Fuga: Andante moderato con moto, se erigió como una bocanada de aire fresco gracias al clasicismo impuesto tanto por el pausado ritmo que en esta ocasión mantuvo la orquesta, como por las melodías que tocaron las cuerdas, que a ratos sonaron con cierto carácter mozartiano y, en otros, reminiscentes de Brahms.

El último movimiento, Finale: Muy lentamente – Largo maestoso, que de acuerdo al mismo compositor contenía cierta transcendencia espiritual, contó con la participación del Coro Lagun Onak, dirigido por Miguel Ángel Pesce. El coro mixto se encargó de entonar melodías que, en vez de buscar protagonismo, se dedicaron más bien a fungir como una especie de accesorio, proporcionando cierto tono de fondo que ciertamente enriqueció al lenguaje orquestal que Ives dispuso para cerrar esta monumental pieza.

Este trío de composiciones son bastante representativas del espíritu de experimentación y de la búsqueda de transgresión que impulsó la creación musical a lo largo del siglo pasado. Muchos todavía (incluso parte de los presentes) perciben con cierta reticencia a lo que se denomina como música contemporánea. Y la verdad es que no los culpo. Como ya mencioné con anterioridad el inicio de Jonchaies es ciertamente incómodo. Sin embargo, si uno logra disminuir las reservas y escucha con atención lo que la modernidad tiene bien a decirnos, seremos capaces de encontrar maravillas dentro de esta música difícil pero fascinante.

La gran capacidad que desplegó la Filarmónica guiada por la entusiasta y enérgica batuta del director Alejo Pérez hizo posible que, muchos de los que incluso se llegaron a tapar los oídos por las frenéticas notas tocadas por los violines al comienzo de la pieza de Xennakis, fueran los mismos que terminaran aplaudiendo con alegría el buen sabor que dejó el final de la sinfonía de Ives.

miércoles, octubre 24, 2012

Feist: the package may have changed, but the gift remains intact


Many have considered Metals (2011), Feist’s most recent album, as a marked turn in her successful career as a singer/songwriter. And it is certainly hard not to agree with that opinion. On Metals, Feist’s sound has changed indeed. Aesthetically, the album shows us a side we haven’t heard before from this splendid Canadian musician. The instrumentation, the arrangements and even the tone that looms all over her new songs is decidedly different, bur her talent as a remarkable composer and her exquisite voice remain intact. People are often reticent to change, and I would dare to say that music lovers sometimes end up being particularly sensitive on this regard. Nonetheless, when you listen to well-achieved departures like these, you have to welcome it, learn to appreciate it and hopefully enjoy it.

This is a live performance of The bad in each other

lunes, octubre 22, 2012

Ballet Estable del Teatro Colón: cuando el pasado se hace nuevo

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El término “neo-clasicismo” hace referencia a un estilo que aplica preceptos utilizados en el pasado: es una especie de lectura contemporánea del arte que se hizo siglos atrás. Por lo tanto, la palabra encierra una apropiación de cualidades antiguas en el momento presente. Más específicamente, en el ballet, el estilo neo-clásico se inspira en los principios de claridad, elegancia y belleza, postulados en la corte de Luis XIV de Francia, en los últimos años de la década del siglo XVII: lugar y fecha de nacimiento del ballet.
A comienzos del siglo XX, el nombre de Mikhail Fokine estalló en la escena de la danza. Formado en la rigurosa escuela del Teatro Mariinksy de San Petersburgo, este bailarín, quien luego se convirtió en uno de los coreógrafos más importantes en la historia del ballet, decidió modernizar el legado de Marius Petipa, un gigante del arte cuyas emblemáticas coreografías reinaron a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX diseñándole pasos a las monumentales piezas musicales compuestas por Piotr Tchaikovsky.
Fokine decide entonces emprender un nuevo rumbo en la danza, pero sin olvidar la influencia de Petipa. La magnífica trayectoria de Fokine tiene sus inicios en las filas de Les Ballets Russes, la extraordinaria tropa de baile comandada por Sergei Diaghilev. La influencia de Fokine se hace sentir en coreógrafos como Vaslav Nijinsky y su hermana Bronislava Nijisnka, Leonide Massine y Frederick Ashton.
Trilogía Neoclásica II, un espectáculo que tuvo lugar en el Teatro Colón en varias fechas de octubre y que estuvo interpretado por el Ballet Estable del Teatro Colón, le rindió tributo al ballet neoclásico que tanto deslumbró a audiencias lo largo del último siglo.
El trío de piezas comenzó con Margarita y Armando, una pieza que Frederick Ashton coreografiara para la pareja más popular de la danza en la segunda mitad del siglo XX: Rudolf Nureyev y Margot Fonteyn. Esta obra, musicalizada por la Sonata en Si menor de Franz Liszt (con arreglo orquestal de Dudley Simpson), estuvo inspirada en el clásico de la literatura La dama de las camelias escrito por Alexandre Dumas. Por lo tanto, es un ballet de narrativa -en efecto fue la única pieza del programa que contara alguna historia.
Margarita y Armando fue el ballet más neo-clásico de la noche. La pareja principal, conformada por Juan Pablo Ledo y Natalia Pelayo, hicieron gala de un clasicismo sofisticado y elegante: sus posturas, gestos y movimientos fueron hechos con admirable fineza. Los pas de deux que interpretaron también derrocharon romanticismo y sensibilidad. El resto del cuerpo de bailarines no tuvo una destacada participación, quizá a efectos de apoyar a la pareja protagonista de la historia.
El segundo ballet fue FugA_technic@, con coreografía del belga Éric Frédéric y música de Alexander Balanescu, compositor y violinista que participó activamente en la presentación de esta pieza. En la parte central posterior de la tarima estuvo dispuesto un paralelepípedo negro que funcionaba como base para un cuarteto de cuerdas acompañado por un baterista, ensamble que tocó la música más dinámica del programa.
FugA_technic@ fue el ballet que hizo el mejor manejo de los grupos de baile, logrando disponer también de una balanceada ocupación de la tarima. En esta pieza se reconoció la influencia de algunos de los nombres más importantes de la danza contemporánea: algunos pasos eran muy característicos de la dimensión física de George Balanchine, la manera en que algunos bailarines movían sus hombros hizo pensar en el desenfado de Twyla Tharp y algunas marchas eran muy similares a las que empleaba Jerome Robbins.
Un sentido de colectividad muy bien logrado se percibió a lo largo de esta pieza, donde la geometría de los cuerpos, tanto a nivel individual como grupal, constituyó uno de sus mayores atributos. Asimismo la precisión, el orden y la sobriedad fueron los pilares en que se sostuvo la coreografía de Frédéric: todos los recursos estuvieron muy bien administrados, nada parecía sobrar.
La música de Balanescu, quien merece una mención especial gracias a su destacada interpretación como violinista, tenía visos de un minimalismo que ofreció tensión y energía. La única crítica que le tengo a esta producción reside en términos de la iluminación, que en mi opinión no complementó de manera apropiada a los otros elementos que estuvieron implacables, como el vestuario y el austero escenario.
FugA_technic@ fue mucho más emocionante que Margarita y Armando, y si bien fue una de las cumbres de la noche, tan sólo serviría como preludio para lo que vendría a continuación…
El cierre de la trilogía estuvo a cargo de Before nightfall, con coreografía del holandés Nils Christe. Esta maravillosa obra ofreció un balance entre lo neoclásico y lo abstracto. Si en Margarita y Armando el énfasis recayó en una sola pareja, en esta pieza el acento estuvo en varias parejas. De igual manera, la coreografía de Christe resultó ser la más original de la noche. Hubo un momento en el que varios bailarines danzaron en puntillas hacia atrás y hacia delante: estos pasos mostraron una gracia muy cercana a la genialidad. De igual manera hubo varias piruetas, realizadas por algunos bailarines masculinos que alcanzaron niveles acrobáticos, lo cual dice mucho de la alta exigencia técnica que la coreografía demandaba.
La música, compuesta por Bohuslav Martinu, tuvo rasgos misteriosos, incluso enigmáticos y en mi opinión alcanzó a tener el mejor uso coreográfico de la velada. La conjunción entre el escenario y el vestuario también estuvo muy bien dada. Si en el término neo-clásico, la apropiación y el tributo son las palabras claves en su definición, entonces los dos últimos ballets fueron los que exudaron más contemporaneidad sin dejar nunca de mirar hacia el pasado.
Trilogía neoclásica II resultó ser una maravillosa oportunidad para apreciar la altísima calidad interpretativa del Ballet Estable del Teatro Colón. Pocas veces había sido testigo de un acoplamiento colectivo tan impecable. No en vano los bailarines argentinos han hecho historia tanto en el pasado como en la actualidad, donde siguen siendo solicitados por las mejores compañías de ballet del mundo.  

domingo, octubre 21, 2012

Passion Pit: the fun of naïveté


Critics tend to underestimate fun music. Happiness in art, apparently, is elusive to high quality. The thing is that when you listen to colorful tunes that are well crafted, made after evident effort and good amounts of attention, you can’t but appreciate those cheerful chants. Passion Pit is a band that has already proven its proficiency at making flamboyant music. They may have not earned the respect from some music experts, but they have won enthusiastic and warm praise from their fans. Gossamer (2012) is a remarkable feast. Michael Angelakos’ voice sounds triumphant along the catchy songs that fill this diverting album. Joyful music may not be serious, but after listening to this uplifting music I am sure you won’t even care about it. When you experience bliss, you just have to lose yourself to it -without giving it too much thought. 

This is the video for Take a walk

viernes, octubre 19, 2012

Breaking pointe: revelando el drama dentro del arte de la danza

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El ballet vuelve a estar de moda; al menos mediáticamente. El reciente éxito del film independiente Black swan, dirigido por Darren Aronofsky y protagonizado por Natalie Portman, junto a la controversial reacción que obtuvo desde la escena del ballet norteamericano, hizo que el ballet volviera a la palestra del entretenimiento. No al nivel que alcanzó en las décadas de los 60 y los 70, claro está, pero no puede negarse que el arte de la danza vive uno de sus mejores momentos.

El impacto del largometraje, inspirado en el clásico del ballet The Swan Lake, con música de Tchaikovsky y coreografía original de Marius Petipa, se ha evidenciado en la exitosa venta de entradas para las producciones de compañías como el New York City Ballet (que incluso se vio obligado a extender las presentaciones por demandas de su audiencia al final de la temporada 2010-2011) y el American Ballet Theater, que agotó todas las funciones ofrecidas en su temporada de verano en el Metropolitan Opera de Nueva York en el año 2011.

Asimismo, el llamado “Black swan effect” ha dejado su impronta en la producción de documentales como First position y de programas de televisión como Breaking Pointe, un reality show que por seis semanas tuvo acceso a la preparación de una temporada de una de las compañías de ballet más respetadas en los EEUU: Ballet West.

Luego de haber redescubierto al ballet durante los dos años que viví en Nueva York gracias al magnífico trabajo del New York City Ballet, y a la lectura de excelentes libros sobre la historia de esa forma de arte, debo admitir que estaba verdaderamente entusiasmado por ver este programa.

Sin embargo, luego de ver el primer par de capítulos (de un total de seis) no pude evitar por preguntarme si esta inserción del ballet en la pantalla chica podía terminar generando más efectos negativos que positivos en la percepción que la sociedad tiene de este arte escénico. Y digo esto porque a fin de cuentas la serie, en reiteradas ocasiones, cayó en el lamentable cliché de la producción de programas de reality TV: resaltar (e incluso exagerar) algunos dramas personales y conflictos entre algunos de los integrantes de la compañía de ballet.

De todas formas esto era predecible. Ahora bien, debo admitir que luego de ver toda la serie creo que el balance final del programa terminó siendo positivo. Estoy consciente que la intención de producciones como esta es la de hacer programas que intenten obtener la mayor audiencia posible a través de una oferta interesante. Lo que pasa es que, sobre todo en reality shows, ese interés muchas veces es sinónimo de controversia.

No obstante, lo que más rescato y celebro de Breaking pointe es ese atisbo que nos permitió tener a los que nos gusta el ballet de saber cómo opera internamente una compañía de ballet enfrentada día a día a ofrecer excelencia. En ese sentido resultó enriquecedor ser testigo cercano de los verdaderos dramas que deben enfrentar los bailarines, no sólo en sus exhaustivos ensayos, sino en sus vidas personales.

Muchas veces como miembros de la audiencia no estamos conscientes del duro trabajo y de las exigencias que demanda un arte tan sacrificado como el ballet. En uno de los episodios más memorables de la serie, Allison, una de las bailarinas más destacadas de Ballet West, confiesa que con todo lo mal que se sintió al bailar una de las piezas con un ritmo a su juicio demasiado lento, aún tuvo que sonreír al final de ella con el objetivo de ocultarle al público esta falla.

La serie también dejó entrever algunos de los dramas que también ocurren en el nivel administrativo de la compañía. En varias ocasiones pudimos ver de cerca cómo Adam Sklute, el Director Artístico de Ballet West, tuvo que tomar difíciles decisiones con el propósito de mantener e idealmente incrementar el nivel técnico de sus bailarines.

Más allá de la evidente intención de resaltar algunos conflictos, sobre todo los sentimentales entre los bailarines Rex y Allison, quienes a lo largo de la temporada sostuvieron una turbulenta relación, creo que también habría que agradecer que uno como espectador tenga noción de lo difícil que resulta para estos artistas sostener una relación de pareja bajo condiciones tan difíciles como las que les exige su arte.

De acuerdo a Alastair Macaulay, crítico de danza del New York Times, el ballet es el más etéreo de las artes escénicas, condición explicada por lo abstracto de su discurso y porque generalmente trata una temática relacionada a los sueños, los dioses, los fantasmas y los amores imposibles. Visto desde ese punto de vista considero que Breaking pointe fue una producción exitosa en cuanto a la humanización de un arte tan místico como el ballet.

Luego de terminar de ver el último capítulo de la temporada de Breaking pointe no sólo quedé más consciente de la humanidad inherente a ese arte tan artificial del ballet, sino que sentí muchísimas ganas de ver actuar al Ballet West. Al final terminé con gran curiosidad de ver bailar a esos bailarines en cuyo proceso creativo me inmiscuí durante seis programas.

Y eso, en cuanto a términos de construcción de identidad de una organización y marketing, también debe ser considerado exitoso. Yo sólo espero que sean muchas otras las personas que, como yo, hayan sido cambiadas luego de ver esta serie; que sean muchos los que le adjudiquen más valor a ese arte tan perfecto, pero a la vez tan humano, del ballet.

domingo, octubre 14, 2012

Grizzly Bear: focused to greatness



Grizzly Bear makes challenging music. (And I mean this in a good way –in the best, actually.) It took me more than a year to finally grasp the magnificent music they made on Veckatimest (2009). The superficial beauty of their songs initially appealed to me, but getting a deeper comprehension of the sophisticated nature of their work proved to be a harder task. However, on their latest record Shields (2012), the band has made a surprising choice: they are now turning away from complexity and decided to go the other way, delivering in the end a marvelous work of art. These new tunes convey precision and focus, the vocal harmonies remain alluring despite (or because) of its austerity and the general tone of the record is a concise delight. Though simple in its appearance, the approach they have now made on songwriting is eloquent of the proficiency they have managed to obtain as one of the most remarkable acts in indie rock nowadays. Grizzly Bear may have taken a different route in their artistic quest, but it has led them to musical greatness nonetheless. I really hope I have made my point here: Shields is, without a doubt, the best record I have listened to this year.

This is the video for Yet again

sábado, octubre 13, 2012

Te espero


Te espero.

No te preocupes, estoy acostumbrado a esperar.

La paciencia es una de las pocas virtudes que ostento. No me estreso en las colas de los bancos, ni me inquieto cuando me toca hacer alguna diligencia en alguna oficina pública.

Siempre llevo conmigo una revista, un libro, o mi iPod cuando la circunstancia lo permite. A veces le busco conversación a quien está a mi lado. Así el tiempo parece pasar más rápido y entonces termino con prontitud el trámite que tenía pendiente. El hecho es que yo veo cómo me las arreglo.

Yo sé esperar.

Lo he hecho muchas veces en mi corta vida. En algunas ocasiones la espera ha dado sus frutos, en otras no. Pero eso no me desalienta. Cuando sé que tengo que esperar, me preparo. Me armo de paciencia y busco algo qué hacer.

A la mente hay que mantenerla ocupada. En eso ayudan mucho los libros -ellos evitan que la mirada se nos vaya a los lados, al techo, al reloj. Uno tiene que procurar por hacer un sensato consumo del tiempo. Por eso es que muchos caen en desesperación.

Así que cuando te prometí que te iba a esperar, es porque no tengo ningún problema en hacerlo. Claro que me gustaría tenerte acá, eso no lo niego. Pero esperarte se me hará mucho más posible gracias a lo que siento por ti.

Sé que tampoco fue que nos prometimos exclusividad. Si llegas a conocer a alguien que te guste y con el que te gustaría tener algo, sólo avísame para darle fin a esta espera. Me dolerá, pero créeme que eso se me pasa con vino, buenas canciones y tiempo. Luego, desde acá, te desearé todo lo mejor. De corazón.

Pero la decisión de esperarte sigue en pie. Por algo quiso la vida que nos conociéramos cuando lo hicimos. No creo que la sonrisa que llegó a mi vida cuando te conocí haya sido en vano. Asimismo, si llego a conocer a alguien por acá, te lo haré saber. Me dolerá, créeme que decírtelo también me dolerá, pero recuerda que nada puede ir mal cuando se es sincero.

Te espero.

Y tranquila que nos irá bien. Yo seguiré haciendo lo que vine a hacer por acá y terminaré lo que empecé. Seguiré viviendo este sueño que cada día que pasa toma más forma de realidad.

Insisto: no te preocupes, yo estoy acostumbrado a esperar. Confía en mí, esta promesa es sincera. Recuerda que cuando uno es sincero nada puede ir mal, ¿vale? Pase lo que pase, si tú y yo actuamos con sinceridad, nunca nos podrá ir mal.

Y yo, cuando te digo que te espero, estoy siendo sincero.

Te espero.

viernes, octubre 05, 2012

Tom Waits: this is wisdom singing


The most special reward one gets after listening to any of Tom Waits’ records is the warmth you find within his weirdness. Tom Waits cannot be compared with any other performer -he embodies a unique kind of artist. Bad as me (2011) is another proof of his rare talent; it contains marvelous songs that can enrage you at one moment, and make you dance or break your heart at others. In this outstanding range of emotions is where his appeal as a songwriter lies in. The great thing about this album is that ends up being more precise and focused than many of his previous efforts. Not only are these new songs shorter –they’re also more concise in their content. Its overall atmosphere is definitely entrancing. Bad as me is like a book that reads easily, one that distills some sort of wisdom that is exclusive to experience, but also to an untamable talent.

This is the video for Satisfied

 

lunes, octubre 01, 2012

La nada de John Cage según Robert Wilson: nunca antes el silencio había dicho tanto

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Este año se cumple el centenario del nacimiento de John Cage: figura seminal de la vanguardia del siglo XX. La mayoría de su legado para muchos residió en el campo musical. No obstante este pionero de las artes (también incursionó en la escritura y en la pintura) dejó una huella tan importante en la escena cultural que aun hoy, a veinte años de su muerte, su influencia sigue vigente –y dando mucho de qué hablar.

Sería impreciso considerar a John Cage sólo como compositor. Arnold Schoenberg, quien fue su profesor de composición en Los Ángeles, se refería a él como un inventor. Esto quizá se deba a que la verdadera pasión de John Cage estaba representada, no por la música, sino por algo mucho más amplio: el sonido. Lo verdaderamente revolucionario de Cage no fue la música que escribió (que en honor a la verdad es difícil de escuchar y fácil de olvidar) sino la manera en cómo la hizo. John Cage, cambiando la manera en que se hace música, también afectó para siempre la manera en cómo la escuchamos.

El compositor norteamericano John Adams llegó a afirmar que a la obra de John Cage se le conoce más que lo que realmente se le escucha. Y la verdad es que no resultaría muy difícil compartir dicha aseveración. Ahora bien, eso no implica una reducción de la importancia de su obra y del efecto que tuvo sobre varias generaciones de artistas provenientes de varias disciplinas en la segunda mitad del siglo XX.

Alrededor del mundo se le han rendido numerosos tributos al artista que le dio un nuevo sentido al silencio. Muchas de sus piezas, que en su momento fueron ridiculizadas, forman parte ahora de los programas de conciertos de los recintos más prestigiosos. En Buenos Aires, el mítico actor y director de teatro Robert Wilson hizo lo propio interpretando la Conferencia sobre nada, una especie de charla que John Cage “compuso” a manera de pieza musical, sobre una partitura donde se establece el tempo y la entonación de las palabras allí escritas. La pieza consiste de una serie de reflexiones en las que John Cage abarca sus temas predilectos desde la composición, el serialismo y la tonalidad, pasando por el sonido y el silencio, hasta concluir en el paroxismo conceptual de la nada.

Robert Wilson es un revolucionario del arte dramático. “El teatro es luz”, llegó a afirmar alguna vez, expresando de esta manera el papel vital que en su opinión juega la iluminación en la narrativa que se da sobre la tarima. Otro de los atributos esenciales en su propuesta es la extensión de las obras que dirige: CIVIL WarS duró doce horas, mientras que The life and times of Joseph Stalin duró siete días, escenificada en el tope de una montaña en Irán. Esta conjunción de luz y de drama a largo aliento le han permitido a Wilson no sólo mostrar cosas nunca antes vistas sobre la tarima sino también, como Cage, redefinir lo que significa una puesta escena en el teatro contemporáneo.

El evento comenzó con hora y media de retraso, pero en el lobby del Teatro San Martín, que congregaba a selectos miembros de la bohemia porteña, no se percibió una sola muestra de incomodidad. Al contrario: la única tensión que se sentía era sintomática de la expectativa latente por estar a punto de presenciar un acto que reuniría a dos leyendas de las artes escénicas de nuestros tiempos.

El performance, dirigido y protagonizado por Wilson, fue característico de su estilo en lo que respecta a los dos grandes cualidades anteriormente descritas. El blanco predominaba la vista: en unos carteles verticales que colgaban desde el techo, en las bolas de papel arrugado dispersas sobre el escenario, en el atuendo y en el rostro maquillado de Wilson. El color omnipresente sólo parecía estar desafiado por el negro de las letras de los mensajes estampados en esos carteles y la tenue luz azul que sumergía a la escena en una atmósfera hipnótica y cautivante.

En el centro de la tarima estaba dispuesto un escritorio (también blanco), en el que Robert Wilson llevó a cabo la conferencia interpretando con su voz varios personajes que se sucedían a lo largo del contenido del discurso: primero un predicador, de tono pausado y reflexivo; luego un profesor, de verbo pedagógico; y por último un tirano que repetía frases con ademanes de maníaco.

Hacia el final de la Conferencia sobre nada se repite un ciclo de frases, a manera de letanías, donde el narrador reconoce en tono de irónica confesión que, desde que dio inicio a leer el texto hasta su inminente final, no ha llegado a ningún lugar. Un fragmento de esa retahíla anuncia: “la irritación no consiste en estar en el lugar donde se está, sino de querer estar en otro lado. Ese sentimiento de que no se llega a ninguna parte es un placer que continuará.”

En efecto: ninguno de los presentes quería estar en otro lugar, y así el placer continuó, incluso mucho tiempo después de que la conferencia hubiese terminado. Al salir del Teatro San Martín me atrevo a afirmar que pocos performance a los que he asistido han sido tan placenteros como estos. Esto de no llegar a ninguna parte, disertando sobre la nada, jamás se había sentido tan bien.


Nunca antes la nada me había llenado tanto.