lunes, septiembre 01, 2008

De lo que le pasa a un adicto al chocolate cuando decide hacer dieta porque su abuela le dijo que estaba gordo y cuando las abuelas dicen eso…


Cuando tu abuela te dice que estás gordo es porque en verdad estás gordo. Las abuelas siempre te suben el autoestima cuando las visitas. Te dicen cosas como: “¡Ay, pero mi Vitico sí está lindo! ¿Cuántas muchachas estarán detrás de ti?” Y luego te dan tremendo beso en el cachete. Por eso es que, si te dicen que estás “lindo” -cuando en verdad pareces un mamarracho- porque te están viendo con los ojos del cariño, también vienen y te dicen que estás “un poco gordito” es porque estás gordo y punto. Reconociendo entonces que en efecto había ganado unos kilos durante las últimas semanas, decidí comer mejor y hacer un poco de ejercicio para bajar de peso.

Al comienzo de la semana todo iba bien. No tomé refrescos, ni comí chucherías. Tampoco tomé muchas birras y hasta troté un par de veces. Pero el viernes fui al San Ignacio para comprarle un libro a mi mamá. En lo que pasé frente a Tecniciencia, hubo un olor que mandó al carajo de un solo trancazo toda mi determinación de no comer porquerías. El olor venía de una bandeja de brownies que sacaba del horno una de las empleadas de Chip-A-Cookie; me hice el loco y entré rápido a la librería. Compré el libro y, al salir de la librería, el olor seguía pululando por el aire. Debió haberme hipnotizado como en las comiquitas porque luego me encontré frente a la caja de Chip-A-Cookie.

La empleada me preguntó como tres veces que qué quería. Yo tartamudeaba porque no sabía qué pedir:

- Yo… quiero… un… perdón… una… un agua mineral –dije finalmente evitando caer en la tentación de pedir un brownie.
- Son 3 bolívares -me dijo ella. Pero el olor seguía afectándome. Le pagué el agua mineral con un billete de 5. Ella me dio el vuelto y no pude más…
- ¡Un brownie! -le grité eufórico.
- ¡A mí tú no me grites! ¿Pero qué te pasa animal? -y me dio una cachetada.
- Discúlpame, nunca fue mi intención gritarte de esa forma –le respondí enseguida mientras acariciaba mi cachete izquierdo que palpitaba de ardor-. Lo que pasa es que fui víctima de un capricho incontrolable de chocolate. El domingo pasado fui a almorzar donde mi abuela y me dijo que estaba gordo, y cuando las abuelas te dicen eso es porque es verdad, ¿sabes?, y entonces decidí comer bien, es decir, nada de chocolates. Pero no sé qué pasó con este olor de los brownies y terminé pidiéndote uno, ¿sabes? Aun así me pareció que lo de la cachetada fue exagerado, ¿no te parece?
- ¡Es que hay que ver que todos los hombres son una mierda! Seguro le hablas así a tu novia ¿verdad?
- La verdad es que no tengo. De hecho nunca le grito así a las personas, todo es culpa de los brownies… o del olor de los brownies, mejor dicho.
- Hay que ver… ¡y después dicen que el cliente siempre tiene la razón!… todos los hombres son igualitos: ¡una cuerda de animales!
- Ya va, pero ¿tú estás arrecha con los hombres o con los clientes?
- ¡Todos son la misma mierda! -la tipa gritaba tanto que se acercó un seguridad del centro comercial y nos preguntó:
- ¿Se puede saber qué pasa aquí?
- Bueno, señor vigilante -hay que ver que uno si suena ridículo cuando está nervioso-, lo que pasa es que le grité sin querer a la señorita y le pedí disculpas, ella se alteró con toda razón, pero igual le ofrecí disculpas, ¿me entiende?
- ¿Y por qué le gritó?, si se puede saber…
- Porque quería un brownie.
- ¡¿Y usted le gritó por un brownie?!
- Sí, y le pedí disculpas. Lo que pasa es que el domingo pasado visité a mi abuela y me dijo que estaba gordo y sabes que cuando las abuelas dicen eso…

En eso, la tipa mandó al vigilante “¡que se fuera para el carajo!” porque, como era hombre me iba a defender a mí, “¡los bomberos no se pisan la manguera entre ellos!”, creo que fue lo que dijo. El vigilante se retiró del lugar, diciéndonos a los dos:

-¡Ustedes lo que son es un par de locos!

La tipa seguía gritando y vociferando contra los hombres, mientras una de sus compañeras me entregaba el brownie de la discordia. Lo agarré y me alejé del lugar para comérmelo.



¿Ven lo que le pasa a las personas que no pueden dejar nunca de comer chocolate pero que, al hacer dieta y no poder comerlo, terminan gritándole a los demás y actuando como locos?


5 comentarios:

*Mari dijo...

JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA!! Qué trauma tan grande con las abuelas, eh! Bueno yo he aprendido a sustituir el chocolate por frutas o el de St moritz endulzado con Splenda. Dieta por problemas de glicemia, sux! (Btw, yo tb le gritaría a alguien por un brownie de Chip-a-Cookie!!!!! =P)

Karina Pugh Briceño dijo...

Jajajajajaja!!!

Si comes chocolate bitter El Rey, no engordas, le hace bien al corazón y no le gritas a nadie.

santiajh dijo...

Salud.

Definitivamente, me gusta haber descubierto este blog!

ciao ciao

Acid Jazz Hispano

mafalda dijo...

jajajajaja amo tu blog!! en serio jajajajaja

Calliopea dijo...

Mi abuela nunca me dijo que estaba gorda, incluso cuando estaba engordando, siempre me trató como su precioso tesoro (suspiro, la extraño).

A las dietas (y sus defensores acérrimos) los mandé pal carajo, estoy sana, tengo curvas, sabor y sazón, y me siento divina, por eso cuando me provoca algo, me doy el gusto, sin pensarlo dos veces.